lunes, 29 de abril de 2019

Incursiones cotidianas: pedruscos por el norte de Madrid

En esta nueva entrega de las incursiones cotidianas, aptas para un día de asueto, de dolce far niente, vamos a ver más pedruscos. Y es que a uno le gusta observarlos porque presentan una gran ventaja respecto a otros elementos naturales como las plantas y, sobre todo, los animales, esquivos como ellos solos excepto para el ojo entrenado, que los hay: no se mueven; siempre estáticos, dóciles. Esperando a ser contemplados o analizados.

Por aquí pasaremos: vistas desde el puerto de Arrebatacapas (La Gaceta de Gea)
Como el que suscribe siempre ha pensado que en esta vida hay que ser agradecido, voy a dar las gracias al IGME, el Instituto Geológico y Minero de España, por publicar este itinerario geológico que es el que seguiremos en esta entrada, con algunas obligadas modificaciones.

El documento presenta una buena introducción a la geología de Madrid, con lo que voy a hacer un esfuerzo de condensación. Por un lado tenemos la Sierra de Madrid y aledaños, al noroeste, territorio presionado antrópicamente como pocos aunque se conserve, excepto en algunas zonas, milagrosamente bien. Por otro, la denominada Cuenca de Madrid al sur de la región, que ya comentamos en la entrega I y II de la ruta vintage por esta interesante área con aires de estepa mongola.

A grandes rasgos, la primera está formada por rocas muy antiguas; las más vetustas las metamórficas y siempre heterogéneas esquistos y gneises, seguidas de las pizarras arcillosas y las cuarcitas. Después observamos lo que el imaginario colectivo define la Sierra de Guadarrama: el granito en todas sus formas paisajísticas: bolos, berrocales, pedrizas o canchales, entre otros. Realmente no hay tanto granito: es una leyenda urbana, pues compite seriamente en abundancia con el gneis, pero éste no forma paisajes tan llamativos y reconocibles. En realidad el gneis es la versión metamórfica del granito, por lo que presenta una estructura en bandas denominada foliación, siendo el granito más homogéneo por no haber estado sometido a grandes presiones y temperaturas, por lo que es una roca magmática o plutónica.

Itinerario (IGME)
La Cuenca de Madrid es una depresión formada mediante materiales depositados por lagos o antiguas corrientes de agua, de mayor o menor antigüedad dependiendo de la zona en concreto. Suele componerse de rocas sedimentarias.

Tipos de rocas (Pinterest)
Entre la Sierra y la Cuenca tenemos una zona de transición: en ella aparecen sedimentos arenosos depositados por los cauces de los riachuelos que bajaban de las cumbres serranas, como los que vamos a observar en la primera parada.

Parada 1 (La Gaceta de Gea y Google Maps)
Según nuestra guía, el orden de las paradas va en función de la edad de las rocas: de las más modernas hacia atrás en el tiempo, por lo que comenzaremos con las rocas sedimentarias y finalizaremos con las magmáticas.

La parada 1 se sitúa nada más pasar San Agustín de Guadalix, en dirección a Burgos. Hay dos opciones para alcanzar el talud, que se aprecia muy bien desde la carretera, a la izquierda. Una posibilidad que no contempla la guía es aparcar en la explanada que queda pasado el restaurante "Las Cubas", visible por el puentecillo peatonal que alcanza la otra orilla, donde nos recibe un bareto abandonado y, vigilando la infumable y asquerosa escombrera, nuestro sufrido y arenoso objetivo. El acceso que recomienda la guía es con cambio de sentido más adelante, pero creo que es más práctico el que propongo ya que después debemos dirigirnos al norte, hacia la siguiente parada.

Nuestro objetivo en su bellísimo entorno. (La Gaceta de Gea)

Nos acercamos al talud con cuidado, ya que en el suelo puede haber cristales rotos y otros potenciales peligros. Lo observamos de arriba a abajo, apreciándose una cierta estratificación interrumpida por pequeñas cárcavas, fruto de la erosión del agua, además de ubicuas matas de fragante tomillo (Thymus), que consolidan en cierto modo la arena, aunque se deshace fácilmente mostrando pequeños granos de cuarzo, feldespato y mica, testimonio de un estrato superior de rocas graníticas disgregadas, procedentes del arrastre de cauces fluviales que se han ido filtrando hacia abajo.

La arcosa en detalle (La Gaceta de Gea)


Realmente estas arenas se denominan arcosas de la Facies Madrid, areniscas rojizas ricas en feldespatos, típicas de climas secos como el que nos ocupa. Lo que más se aprecia, al menos en la zona baja del talud, son pequeños trozos irregulares de cuarzo translúcido y feldespatos, observándose escasa cantidad de mica.

El paisaje queda constituido por pequeños cerros, algunos hirsutos y otros con pequeños bosquetes de encina que descienden, entre secos arroyos y caminos carreteros, hacia los escarpes del río Jarama y su fértil vega, en las inmediaciones de la localidad de Fuente el Saz de Jarama.

Posición de la parada 2, pasado El Espartal (La Gaceta de Gea)



Una vez examinado el afloramiento, cogemos el coche y nos dirigimos hacia El Vellón, desde donde tomamos una carreterilla que desciende, entre laderas y pequeños valles, hacia el poblado de El Espartal. En el PK 4,5 nos fijamos, a la derecha, en la prominente figura de la atalaya del Vellón, una torre vigía circular construida por los musulmanes en el siglo XI. Actualmente es una torre de vigilancia de los Servicios Forestales.

Más allá de El Espartal y justo antes del puente de Malacuera, sobre el arroyo homónimo, surge una granja y una pista bien marcada a la izquierda, donde podemos dejar el coche. Tomamos el camino hasta que nos encontramos con un sendero que asciende, hacia la derecha, por la ladera del talud. Antes de una curva pronunciada, encontramos el afloramiento a la izquierda.

Afloramiento de la parada 2, se aprecia la capa superior de conglomerado y la inferior, remetida, de arenisca erosionada por el agua (La Gaceta de Gea)
Se trata de una roca de conglomerado, compuesta de fragmentos irregulares de otras rocas o minerales, cementados mediante carbonatos. En este caso se aprecia perfectamente cómo el conglomerado se apoya en una capa de arenisca, que además se encuentra erosionada por un riachuelo que debía existir antes de que se depositara la capa que dio origen al conglomerado.

Rodeando el afloramiento se sigue apreciando el paleocanal (la parte inferior erosionada) y unas fracturas verticales de roca más alterada.

Vista del conglomerado mostrando los clastos (fragmentos) de minerales, especialmente cuarzo (La Gaceta de Gea)
Desde este punto podemos apreciar una bonita vista del Jarama, sus bosques de galería y campos de cereal.

Cogemos de nuevo el vínculo para enfilar hacia Torrelaguna, al norte, donde podemos comer o, si aún es demasiado pronto, comprar unos churros (hay una excelente churrería) y disfrutar de su cuidado casco histórico, donde destaca la iglesia gótica de Santa María Magdalena, con su decoración gótica, especialmente en las puertas y pináculos, además de su algo extraña configuración exterior, causada por la profusión de capillas laterales que envuelven sus tres naves.

Curiosa planta de la iglesia de Santa María Magdalena, en Torrelaguna (torrelagunaweb.es)

Cogemos la carretera que se dirige hacia El Berrueco, la M-131, que asciende a media ladera hasta alcanzar el puerto de Arrebatacapas, donde se puede dejar el coche en una pista junto a una torreta metálica. Allí se aprecia la Sierra de Guadarrama en todo su esplendor; si se continúa por el sendero que surge hacia el oeste, en descenso, se puede acceder a la atalaya árabe de Arrebatacapas, similar a la de El Vellón pero sin uso en la actualidad.

Esquema de la peligrosa parada 3: extremar las precauciones en fin de semana (La Gaceta de Gea)
Hay que extremar las precauciones: los fines de semana esta ruta es muy transitada por ciclistas y moteros, lo que, unido a la cantidad de curvas sin visibilidad, afilados quitamiedos y estrechos arcenes, la hacen extremadamente peligrosa para quien ose cruzarla o caminar por sus laterales. Hecha la obligada advertencia, seguimos la carretera a pie hasta que, a la izquierda, aparece el talud, tras la ruina de una antigua construcción del Canal de Isabel II.

Afloramiento de la parada 3: de arriba a abajo dolomía, arenisca y arena (La Gaceta de Gea)
Se compone de estratos, bastante marcados, de dolomía (similar a la caliza pero añadiendo magnesio a su composición), arenisca y arenas provenientes de un antiguo lecho marino. En la curva siguiente el talud deviene en negruzco, evidenciando la presencia de pizarra, roca que se origina por metamorfismo de bajo grado (presión y temperatura no especialmente elevada) de rocas sedimentarias de grano fino. Hay de todo en esta parada, desde luego.

Seguimos la carretera en dirección a El Berrueco, la siguiente parada del itinerario. Sin embargo, nos llama la atención el desvío a la presa del Atazar, que cogemos. En las arboladas laderas de la derecha aparece la pizarra en ingentes cantidades, en masa y en lajas, de las que tradicionalmente se han utilizado para la construcción de los edificios de los conocidos Pueblos Negros, algunos en la provincia de Madrid y muchos más en la de Guadalajara.

Lajas sueltas de pizarra cerca de la presa del Atazar (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la presa del Atazar, una presa de tipo bóveda (de "pared" curvada) construida sobre pizarras. Como me chiva mi cuñada, excelente ingeniera de Caminos, Canales y Puertos (y presas): el estribo izquierdo está apoyado sobre pizarras con los planos de esquistosidad inclinados. Eso hizo que se resbalara por lo que hubo que aplicarle un cosido de bulones. Probablemente por esta razón la presa no se puede llenar del todo.

Presa del Atazar, en el recuadro el estribo que hubo que reparar para evitar males mayores (La Gaceta de Gea)
En cristiano, esto quiere decir que la pizarra, al estar inclinada de forma similar a un tejado, hacía que el hormigón se deslizara, por lo que hubo que asegurarlo con bulones -unos tornillos gigantes- a la roca.

Proseguimos hasta el pequeño pueblo de El Atazar, uno de los más remotos de la provincia, dotado de una plaza muy agradable donde destaca la espadaña de su iglesia, construida enteramente de pizarra.

La animada (en un soleado sábado) plaza principal de El Atazar (La Gaceta de Gea)

Desandamos el camino hacia El Berrueco, pueblo granítico y serrano por excelencia, como su nombre indica ya que un berrueco es un bolo de granito. Poco antes de llegar al desvío que antes hemos tomado para ir al Atazar, a mano izquierda surge otra torre vigía, la de Torrepedrera, similar a las anteriores.

Aparcamos en la plaza principal de El Berrueco, donde nos espera el Museo de la Piedra al Aire Libre, un itinerario etnográfico muy original que muestra las distintas formas y usos en los que puede ser trabajado el granito. Hay de todo: ruedas de molino, potro de herrar, abrevadero y una hornilla palomera escultórica, muy bonita.

Fuente con pilón tallada en granito, en El Berrueco (La Gaceta de Gea)
Por cierto, nuestro itinerario nos indica que hay dos tipos de granito: el leucogranito, más duro y claro por poseer mucho cuarzo y feldespato (félsico), y el monzogranito, más blando y oscuro al tener menos cuarzo y más magnesio (máfico). Sutilezas para entendidos, aficionados y legos en la materia, porqué no. Seguro que el lector es capaz de diferenciarlos.

La última parada del itinerario (parada 5) se sitúa junto a la autovía A-1, en la salida de hacia Cabanillas de la Sierra pero tomando la vía de servicio hacia el norte. Como el que escribe es sincero y de donde crece la palma, dirá que no pudo aparcar en las inmediaciones.

Aloramiento de gneis de la parada 5 (La Gaceta de Gea)
El afloramiento de gneis del Paleozoico es de los más antiguos de la Comunidad de Madrid. En este caso, se trata de gneises glandulares, lo que quiere decir es que posee una estructura en bandas, típica de estas rocas, con inserciones más o menos extensas de cristales de otros minerales.

Parada 5: afloramiento de aparcamiento complicado (Street View)
Como esta roca es muy importante en la geología madrileña, voy a dejar un gráfico muy explicativo de las "50 sombras del Gneis", como se expone en el excelente librito, muy recomendable Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama, de Ediciones La Librería.

Tipos de gneis (Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama)

De esta forma tan gráfica, exponiendo taxativamente que el gneis -contrariamente a lo que la mayoría de la gente piensa, incluso yo- es la piedra más ubicua de la Sierra de Madrid, en todas sus variedades, finalizamos este interesantísimo itinerario cortesía del IGME.

¡Hasta la próxima!

lunes, 15 de abril de 2019

Territorios filatélicos (II)

Continuamos la entrada anterior dedicada a la filatelia y su relación con el paisaje y los monumentos españoles, que hay muchos y muy valiosos, por si alguien todavía duda de todas las atracciones interesantes que jalonan nuestro hermoso país.

Si más dilación comenzamos en Galicia, más concretamente en la poco visitada ciudad de Orense, en la que se encuentra el importante convento de San Francisco, que se refleja en este sello de 2 Ptas. de 1970.

Sello con el claustro del convento de San Francisco (La Gaceta de Gea)
Se trata de un importantísimo monumento; su claustro gótico es lo más sobresaliente del complejo, ya que la fachada y cabecera de la iglesia fue trasladada a un parque de la ciudad, quedando el claustro adosado a sus restos y al Museo Arqueológico Provincial. Sus 65 arcos soportados por columnas dobles exhiben capiteles decorados con seres fantásticos y motivos vegetales, a la usanza románica, que se pueden apreciar con bastante detalle en el propio sello.

De la cosecha de 1977 nos llega este sello de 2 Ptas. que representa el acueducto romano de la granadina Almuñécar, del siglo I dC, que abastecía de agua la antigua ciudad romana de Sexi. Es el mejor conservado de Andalucía y muestra cinco tramos a lo largo de más de 7 Km de recorrido.

Sello con el acueducto de Sexi, en Almuñécar, Granada
El sello nos muestra el tramo III del acueducto con dos arcadas sobre el cauce del río Seco. El contraste entre la vegetación y el cauce del río, dibujada con pequeñas rayitas en todas direcciones, el acueducto en perspectiva y el cielo en un gris más degradado con nubes, a rayas horizontales, me parece muy sugerente.

De 1964 nos llega este sello de 1 Pta., que nos muestra las famosas cuevas del Drach, en la isla de Mallorca, cerca de Manacor, patria chica del gran Rafa Nadal.

Sello mostrando espeleotemas de las cuevas del Drach, en Mallorca (La Gaceta de Gea)
Se trata de un complejo de cuatro cavidades que albergan en su interior una verdadera maravilla geológica: el lago Martel, uno de los lagos subterráneos más extensos del mundo, en el que, incluso, se ofrecen diariamente conciertos de música clásica mientras se puede disfrutar de un agradable recorrido en barca. En el sello únicamente se aprecian estalactitas y estalagmitas a doble tinta, dibujadas con líneas y cuadraditos. Una delicia.

Volvemos a Andalucía con este ejemplar de 1964, en el que se representa el interior de la Mezquita de Córdoba, uno de los monumentos más conocidos y visitados de toda España.

Sello mostrando las dobles arquerías de la Mezquita de Córdoba (La Gaceta de Gea)
¿Qué decir de este importantísimo edificio? Poco que no se haya dicho ya, por lo que describiré someramente el sello, en el que se representa el bosque de columnas de piedras nobles sobre las que descansan los arcos dobles de herradura con dovelas multicolores, formando un enorme entorno en el que es bastante fácil perder la orientación, especialmente si se está algo alejado de la zona catedralicia, en mi humilde opinión de bastante menor interés que el primitivo edificio islámico. La doble tinta degrada las arquerías traseras intentando aportar perspectiva de distancia aunque, en mi opinión, la zona más lejana queda muy empastada.

Nos vamos a Castilla-La Mancha, en concreto a su capital, la imperial Toledo, ciudad laberíntica, misteriosa y apasionante como pocas, para admirarla desde el Puente de San Martín, representado en este sello de 2 Ptas. de 1975.

Sello mostrando una vista de Toledo (La Gaceta de Gea)
Desde este puente gótico-mudéjar, que salva las aguas del Tajo para acceder al centro histórico de la ciudad, se aprecian las lejanas torres de sus múltiples iglesias, además de la imponente aguja de la Catedral Primada, que salpican la ciudad entre sus apretadas y retorcidas calles. El elemento dominante es la torre del monasterio de San Juan de los Reyes, una obra maestra del gótico isabelino dotado de un claustro de gran ornamentación y filigrana decorativa; sin duda, uno de los edificios más bellos de la ciudad.

De 1975 nos llega este curioso sello un tanto diferente a los demás: la prisión de Miguel de Cervantes o, lo que es lo mismo, el sótano del Museo Casa de Medrano, un caserón típicamente manchego en Argamasilla de Alba (Ciudad Real).

Sello con la presunta prisión de Cervantes (La Gaceta de Gea)
Es una historia curiosa: la tradición afirma que Don Miguel comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha encerrado entre estos enjabelgados muros blancos. En la actualidad, la estancia únicamente se decora con un poyo o banco de piedra, una sencilla mesa castellana con su silla además de espada, lanza y bacín (yelmo) -los símbolos de Don Quijote- en la pared del fondo. El sello muestra muchos más elementos: jarras y copas encima de la mesa, barriles y otros elementos etnográficos manchegos, mucho menos espartano y más agradable, a mi juicio. El color azulado del frente del sello enmarca la perspectiva de la cueva, dejando una estampa bastante fotogénica.

Continuamos con otra visión bucólico-etnográfica: este sello de 5 Ptas. de 1975, mostrándonos una calle del famoso pueblo blanco de Mijas, en plena Costa del Sol, en Málaga.

Sello con una calle de Mijas, Málaga (La Gaceta de Gea)
No le falta de nada: viviendas blancas con sus típicas rejas y sus macetas floreadas colgando de la pared, el farol en forma de arco con su retorcido emparrado o buganvilla, el empedrado de la calle y, para rematar la imagen típica y tópica, un paisano avanzando hacia el espectador, tocado con gorra y montando un sufrido borrico. Igual es un burro-taxi.

Finalizamos la serie filatélica con un sello de 2 Ptas. que representa una curiosa vista aérea del Campo de Gibraltar.

Sello con vista aérea de Gibraltar (La Gaceta de Gea)
Sin duda un sello peculiar por dos razones: la perspectiva tan elevada, ya que en casi todos los sellos analizados la vista se sitúa a la altura del espectador y, además, no se aprecia construcción alguna en el propio Peñón. La ciudad de Algeciras, entonces un pueblo pesquero, se recorta abruptamente contra una "tierra de nadie" que lo separa de la Roca, que carece de todas las infraestructuras y edificaciones que posee en la actualidad. Es realmente curioso que el entorno se presente tan desértico, quizás hubiera alguna razón oculta para ello. Vaya usted a saber.

Finalizamos con esta curiosidad histórica la serie filatélica de paisajes y monumentos españoles.

Continuaremos, en algún momento, con otros interesantes sellos aunque, como es costumbre en esta bitácora, iremos por otros derroteros.

lunes, 1 de abril de 2019

Incursiones cotidianas: los cactus del Jardín Botánico de Madrid

Un día de principios de marzo. Hace un calor inusual para esta época del año, lo que podría presagiar una primavera lluviosa o, más bien, torrencial. Pero como uno no es de la Aemet pero en su terraza los abejorros ya se dedican pacientemente a libar las todavía escasas flores, estima que todavía no es primavera, aunque lo parezca. Sin embargo, a uno le apetece observar plantas, sean o no coloridas.

Y en la ciudad de Madrid hay muchas, en los numerosos parques y jardines que la adornan. Pero hay un enclave especial, realengo a la vez que científico; no en vano es uno de los centros punteros del CSIC. Con estas pistas es fácil inferir que me refiero al Real Jardín Botánico de Madrid.

Los cactus del Botánico (La Gaceta de Gea)
Lo que sí diré, a modo de introducción, es que posee cuatro terrazas diferenciadas: la inferior terraza de los Cuadros, que linda con el Paseo del Prado, las centrales Terrazas de las Escuelas Botánicas y de la Flor, y la superior es la de los Laureles. La primera se dedica a plantas ornamentales, medicinales y de huerta, la segunda a la clasificación taxonómica botánica, la tercera es un jardín romántico, y la cuarta está dedicada a una exposición de bonsais. Además, hay un par de pabellones muy interesantes y menos conocidos situados a la izquierda según se entra por la puerta de Murillo, la entrada principal: la estufa de Graells, un invernadero del siglo XIX muy atmosférico, que alberga especialmente palmeras tropicales, y el invernadero Santiago Castroviejo Bolívar, que posee tres recintos diferenciados con otras especies tropicales, desérticas y semidesérticas, cada cual con su climatización ad hoc.

Al traspasar la puerta de Murillo observo que aún, como es lógico, muchas especies no están en su todo esplendor, debido a las escasas lluvias y al cambio climático. Parterres que se desperezan del invierno, donde los jardineros se afanan diligentemente plantando nuevos ejemplares que alegrarán la próxima temporada a los visitantes. Los árboles, muchos de hoja caduca, todavía no están en su punto, habrá que esperar un poco.

Como siempre me han gustado mucho los cactus, esos Rambos de la botánica, prácticamente indestructibles, algunos curiosísimos en sus formas caprichosas, me dirijo al invernadero: hoy tocan especies desérticas.

Accedo al mismo por la zona tropical; la lente de la cámara se me empaña rápidamente, evidenciando la humedad reinante. En la subtropical cede algo y, por fin, atisbamos el jardín de cactus, donde éstos comparten espacio con plantas crasas y suculentas.

Cleistocactus winteri (La Gaceta de Gea)
Vamos a comenzar por el boliviano Cleistocactus winteri, un cactus muy verde de aspecto algo despeluchado, que cuando crece no soporta su propio peso y se vence, como sin energías. Su género es endémico de Argentina, Chile y Bolivia, donde crece silvestre en zonas desérticas y pedregosas. Se cubre por unas más bien gruesas espinas doradas y, cuando cada tallo es lo suficientemente extenso, se ramifica formando multitud de tallos rastreros que tapizan el suelo.

Cleistocactus ritteri (La Gaceta de Gea)
Seguimos con el género para observar el espectacular Cleistocactus ritteri, el cual forma, cuando los tallos se expanden, unas lianas que podrían semejarse a las de la selva más enmarañada. Procede, al igual que el anterior, de Bolivia. Sus flores, aunque este ejemplar no las muestre, son muy curiosas, amarillas y con forma de tubo.

Haageocereus sp. (La Gaceta de Gea)
Pasamos a otra especie: el columnar Haageocereus chosicensis, endémico de Perú y Chile. De hecho, su nombre deriva de la soleada ciudad de Chosica, en la provincia de Lima. Es un cactus erecto, de pequeñas espinas radiales que parecen agujas. Las flores brotan de la parte más alta y nueva de la planta, y suelen ser rosadas.

Thelocactus macdowelii (La Gaceta de Gea)
El Thelocacus conothelos var. macdowellii es un cactus levemente columnar cuyo hábitat es muy restringido: se limita a una zona pequeña de los estados mexicanos de Coahuila y Nuevo León, donde aparece sobre bancales y grietas de piedra caliza. Es pequeño, no suele superar los 15 cm de altura, y se cubre de espinas blancas de tal forma que no es posible apreciar su piel. Sus flores son muy bonitas, de color violeta rojizo.

Ferocactus (La Gaceta de Gea)
Los Ferocactus son un género que posee forma  globosa y de barril; denominándose popularmente biznagas en México. Aquí tenemos dos: el globoso Glaucescens, de tallos aislados y arracimados revestidos de una verde capa cerosa que contrasta con sus pajizas espinas, y el Victoriensis, de tallo columnar, alto, hasta 60 cm, dividiéndose en 15 costillas estrechas y abiertas en abanico, con espinas delgadas de color pardo.

Cereus uruguayanus "Monstrosus" (La Gaceta de Gea)
El enorme Cereus uruguayanus "Monstrosus" es una mutación única que se produjo en un Cereus peruvianus que desarrolló un tallo deformado, de tal forma que cada una de sus costillas se abre por varios sitios, formando tubérculos irregulares. No produce flores y es un cactus muy curioso, se le nota que no es muy normal que digamos.

Euphorbia resinifera (La Gaceta de Gea)
Vamos con las Euphorbias. Se trata de unos cactus de distribución mundial, siempre en zonas cálidas y templadas. Suelen ser suculentas -en alguna de sus partes almacenan agua, son más blanditas- y producen látex, esa sustancia acuosa, tóxica e irritante que segregan algunas plantas a modo de defensa. La especie resinifera es un endemismo de Marruecos, y se caracteriza por sus tallos poco ramificados y caras cóncavas.

Opuntia rufida "Cristata" (La Gaceta de Gea)
La Opuntia rufida "Cristata" es un cactus arbustivo y crestado, es decir, de forma caprichosa, retorcida. Posee unas almohadillas ovales o redondeadas, dotada de pequeñas y molestas espinas muy finas, y es verdaderamente bonita. Es oriunda del norte y centro de México, donde crece tanto en el llano como en la montaña. Parece ser que raramente florece cuando no se encuentra en su hábitat original.

Mientras observo y fotografío los ejemplares, una diligente y encantadora profesional del Botánico se afana en una rocalla de cactus del género Mammilaria. Me asegura que va a quedar preciosa, no lo dudo.
 
Rocalla de Mammilaria (La Gaceta de Gea)

Este género comprende muchas especies muy diversas en formas y colores: los hay columnares, arracimados, globosas o aplastados, con flores más grandes o chicas, blancas, verdes o grises. Para todos los gustos.

Finalizamos con una curiosidad: las piedras vivas, unas pequeñas plantas del género Lithops que se mimetizan en el entorno, se forma que esquivan hábilmente sus potenciales depredadores.

Piedras vivas del género Lithops (La Gaceta de Gea)
Me recuerdan pequeñas pezuñitas de color verde azulado que muestran unos patrones en su superficie. Por la hendidura entre las dos hojas surge la flor, que suele ser, como en muchos cactus y suculentas, de vivos colores.

Finalizo esta entrada que no pretende más que animar al posible lector a que, cuando se acerque al Jardín Botánico de Madrid, no solo admire lo que se encuentra en sus terrazas y parterres, que ya es mucho y muy interesante, sino que explore su periferia con los ojos bien abiertos, colofón y guinda de un entorno único, irrepetible, de la ciudad de Madrid.

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX (y II)

Continuamos la entrada anterior sobre la publicación "Maravillas y Progresos del Siglo XIX", donde hemos vivido un peligroso peri...