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miércoles, 22 de junio de 2022

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX (I)

"Cada vez es más rico el hombre en sanos y poderosos conocimientos, cada vez más perseverante, más osado y más activo; cada vez más instruido, más avisado por la experiencia y por la de los que le precedieron, enseñoreándose cada vez más de la materia y sujetándola á su voluntad, va levantando, aunque pequeño y débil, el gigantesco monumento de sus adelantos, monumento que con su gratitud eleva al cielo, monumento imperecedero del que ni las edades ni los hombres venideros podrán destruir ni borrar los eternos caractéres que en él graba con profunda huella"

De esta forma tan lírica -como era costumbre en tiempos pretéritos- comienza una publicación que encontré tonteando en la magnífica Biblioteca Digital Hispánica: las Maravillas y Progresos del siglo XIX, publicación en 12 entregas datada en 1876, redactada por una sociedad literaria (no se especifica cual) y profusamente ilustrada con preciosos grabados, muy del gusto de la época.

Prestaron sus plumas los científicos, escritores y aventureros más famosos de la época: el astrónomo Camille Flammarion, el químico Louis Figuier, los escritores Wilfrid de Fonvielle, Julio Verne y Thomas Mayne-Reid, el divulgador Gastón Tissandier, el geógrafo Élisée Reclus, el médico y polímata Agustín Stahl, los exploradores David Livingstone (sí, el que se perdió), John Hanning Speke (descubridor del Lago Victoria). Richard Francis Burton (el que hablaba 29 lenguas), James Augustus Grant (recogió bichos por África ecuatorial) y Henry Morton Stanley (Livingstone, supongo), entre otros.

Por poner en contexto esta publicación, veamos algunos acontecimientos de interés que sucedieron en 1876: Alexander Graham Bell patenta el teléfono, la expedición Challenger -que sentó las bases de la oceanografía (temperatura, densidad, salinidad)- toca a su fin, Nicolaus Otto construye el primer motor de explosión de 4 tiempos, Williard Gibbs inventa la chunguísima termodinámica, se funda la gran universidad Johns Hopkins, en Filadelfia se presenta la primera feria mundial de las Artes y de las Ciencias, Oscar Hertwig describe la meiosis, Edison inventa la primera fotocopiadora, el mimeógrafo; en España se bota el insigne cañonero Cocodrilo, uno de los primeros barcos oceanográficos españoles, y el gran Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza.

Fue una época revolucionaria en casi todos los aspectos, y conformó que lo hoy es la cultura occidental, la de nosotros los europeos y de los pueblos que han tenido a bien adoptarla. Por ello vamos a ir leyendo esta publicación como el que se sumerge en esos años de asombro, de descubrimientos, de exploración en bruto, siempre desde la mirada del hoy, que -aunque a veces no lo parezca- es mucho mejor que aquel entonces.

Las fases de Venus, según Camille Flammarion (Las Tierras del Cielo)

Comenzamos con algo de astronomía, a cargo del interesantísimo astrónomo y polímata francés Camille Flammarion: unas efemérides programadas para 1876 relacionadas con los planetas Venus, Júpiter y Saturno. Me viene a la cabeza la obra del cachondísimo escritor don Diego de Torres Villarroel, que se dedicó a hacer almanaques astrológicos (que no se creía ni él pero acertaba) y venderlos como si no hubiera un mañana, dos siglos antes que Flammarion. Evidentemente Flammarion era astrónomo, no astrólogo, aunque se metió en camisa de once varas con el espiritismo y otras excentricidades magufas de la época, aunque sin muchas consecuencias para su persona, afortunadamente.

"El 7 de agosto podrá observarse un raro y curioso fenómeno: el planeta Saturno se acercará a la luna hasta el punto de tocarla, y pasando por detrás de ella sadrá por el otro lado. La inmersión ó contacto del anillo de Saturno con la luna se efectuará a las 5 y 22 minutos de la mañana; estará oculto cerca de una hora y saldrá a las 6 y 11 minutos. Muy interesante sería este espectáculo si ocurriera de noche, pero como el sol sale el 7 de agosto a la 4 y 43 minutos, ya será muy claro el día en el momento del fenómeno."

Seguimos con una gesta aventurera y deportiva, esta vez en globo aerostático: de París a Noruega con Paul Rolier, ingeniero francés cuya aventura inspiraría a Julio Verne en su obra La Isla Misteriosa.

Todo está perdido

En pleno Sitio de París por las tropas prusianas, a las 10 de la noche del 24 de noviembre de 1870, Rolier y otro militar, Leon Bezien, embarcaron en un globo aerostático para llevar unos importantes despachos (mensajes) fuera de París. Había poco viento, y los aeronautas, al poco de partir, ascendieron a los 800 metros de altitud, donde se quedaron atascados debiado a la densidad de la capa de aire. Para poder ascender más, soltaron lastre y llegaron hasta los 2.700 metros. A las tres y media de la madrugada oyeron un ruido, que Rolier pensó que era el de un tren de los que había en Bélgica pero, mosqueado, decidió descender y observó lo que parecía nieve a medio derretir. Más hacia tierra descubrió la realidad: eran los borreguillos de las olas del mar hacia las que iban derechos, por lo que pensó en los seres queridos que iba a dejar atrás:

"Los rayos de sol, que ya habían herido directamente al globo con su luz, hicieron se escapara de este cierta cantidad de gas, de modo que su parte superior, floja y plegada, sacudía el aerostato, aumentando la fuga de hidrógeno. Este nuevo incidente apresuraba su pérdida, y M. Rolier confiera que, al considerar su propia impotencia, sintió por un momento que su razón se extraviaba, hasta el punto que, dominado por la desesperación, cogió un fósforo con intención de pegar fuego al globo, que se hubiera hecho pedazos en la explosión consiguiente."

Y es que extraña pasión es el miedo, según nos dice Michel de Montaigne en su ensayo "Sobre el miedo": quizás nuestro protagonista se acordó de sus nefastas consecuencias, se recompuso y pudo salvar su vida. Si el lector quiere conocer el final, esta narración continúa en varios números de la revista, muy al estilo de las pretéritas colecciones por fascículos.

Otra sección es la de Crónicas Científicas, donde aparecen las últimas noticias y adelantos relacionados con la luz eléctrica, entre otros temas:

"En Berlín se ha efectuado otra série de ensayos para la aplicación del alumbrado eléctrico, destinado á las operaciones militares, que han tenido lugar en el techo de la fábrica de Siemens-Halske. Esta vez se trata de un nuevo aparato de alumbrado pyro-eléctrico, destinado á las operaciones militares. Asistían á los experimentos varios físicos y algunos jefes de ingenieros, de artillería y marina. Una locomotora hacía funcionar el aparato, que producía una luz tan intensa, que á la distancia de un kilómetro se podía vez se podía leer un manuscrito. Delante del aparato se colocó un espejo, inclinado de manera que se reflejase hacia el cielo los rayos de luz; y visto de lejos este centro luminoso, ofrecía el aspecto de un cometa, en cuyo luminoso surco se reproducían las señales que se hacían ante el espejo. Este curioso experimento, que duró cerca de dos horas, atrajo la multitud que invadió todas las calles vecinas."

El primer capítulo de Miguel Strogoff

Como buena revista generalista, también la ficción tenía su lugar. Y nada menos que publicaba -en tiempo real- el genio Julio Verne a través de su novela Miguel Strogoff, que trata del accidentado viaje del mensajero del zar cruzando Siberia, desde Moscú a Irkutsk. Lo mejor es, sin duda, una nota al pie que nos aclara las motivaciones del novelista:

"La mayor parte de nuestros lectores, sobre todo los más jóvenes, apénas pueden viajar si no es por medio de los libros. Para obviar este inconveniente, Julio Verne ha tomado á su cargo darles á conocer la tierra entera. Con este guía seguro, incansable y seductor, no quedará sin explorar el más pequeño rincón de nuestro globo. Bien sabidos son sus profundos conocimientos geográficos, pues por si sólo valen tanto como todos los tratados de geografía reunidos; nadie como él conoce el mundo en que habita. Esta cualidad tan rara, este don especial del saber, unido á su fecunda imaginación, da á sus ficciones tal grado de certidumbre, como no pueden ofrecernósle los narradores más autorizados ni aún los mismos viajeros. Después de haber conducido a sus lectores, en diferentes obras, al África, América y Oceanía, va ahora a llevarlos al centro de Asia con Miguel Strogoff, su última producción."

Pues amén. Y es que, en opinión del editor del blog, cualquiera que se considere a sí mismo civilizado debería haberse leído al menos una obra de Verne. Y también conminar amablemente al retoño (o retoña) a que haga lo mismo por el bien de la Humanidad y el de sí mismo, si es que eso le importa.

Montañas de Grecia

Otra sección interesante es La Naturaleza y el Hombre, donde el ingeniero Félix Foucou nos hace una introducción al estudio de las ciencias con especial énfasis en la geografía económica, tan en boga en aquellos tiempos debido a la Segunda Revolución Industrial, impulsada principalmente por el desarrollo de la tecnología eléctrica y los nuevos materiales como el acero, el aluminio o el cobre, precursores de la incipiente industria química.

Aquí el ingeniero Foucou nos recuerda la influencia que las montañas de Europa han ejercido en la sucesión de los movimientos históricos. Hablando de Grecia -ese país fascinante, cuna de nuestra cultura- nos dice con ese tufillo belicista tan propio de la época, que hay que entender antes de criticar:

"El genio federativo de la Grecia está marcado en esa variada naturaleza que ofrece á la vista tantas cadenas de montañas, valles, desfiladeros, golfos y estrechos en un espacio sumamente reducido. Y, por fortuna, ese espacio une la Europa con el Asia por medio de una sucesión de islas encantadoras, pobladas por millares de séres activos y pensadores, que entrando en la vida en plena luz, se dedican á la guerra y al comercio por la gloria de lo ideal más bien que por amor al lucro. Por esta razón merecen nuestro aprecio esos artistas inimitables, á pesar de los defectos que les ha dejado la vida rústica de que acababan de salir."

 
Un nenúfar enorme y bello

Continuamos con la sección naturalista de la publicación donde, de forma novelada, se dan cita los últimos hallazgos de flora y fauna. Con el heraclíteo título Contraste: atracción y repulsión, se refiere a las características de dos flores:

"Vamos a ocuparnos de dos existencias notables en el campo de las ciencias naturales, de dos fenómenos sorprendentes en el mundo de las flores, de dos productos singulares del suelo en donde el agua y el calor engendran maravillas, de un sér por demas atractivo y de otro no ménos repulsivo; el primero llamado hoy por los botánicos Victoria regia, y el segundo Rafflesia arnoldi, ambos dignos, por su forma, grandeza, hermosura el uno, y fealdad el otro, de especialísima mención."

Es curiosa -en una publicación de las consideradas más o menos "científicas" en esa época- la distinción entre algo tan subjetivo como lo bonito y lo feo relativo al medio natural. Sin embargo es parte de la evolución de las cosas, que se van destilando según avanza la Historia. Por tanto, las cosas pasadas bien pasadas están, y es obligación no volver atrás sino para coger fuerzas para avanzar, como hicieron estos grandes personajes.

La Victoria amazonica, o maíz de agua, es un nenúfar de gran porte originario del Amazonas. El explorador y botánico Robert Hermann Schomburgk, primer europeo en avistarlo, nos deja su testimonio:

"Era, dice sir Roberto Schomburg, el día 1º de enero de 1837, mientras luchábamos con las dificultades que nos oponía la naturaleza bajo diversas formas, para detener nuestra navegación por el rio Berbero, cuando llegamos á un lugar en donde la corriente forma un tranquilo y ancho estanque. Un objeto colocado en el extremo meridional de aquella especie de lago llamo mi atención. Animando á nuestros remeros con la esperanza de una recompensa, pronto llegamos junto al objeto que excitaba mi curiosidad y pude contemplar una verdadera maravilla. Era botánico, y al punto todos los sufrimientos que venia soportando desde muchos dias, quedaron olvidados. Flotantes y extendidas por la superficie del agua habia alli unas hojas gigantescas de cinco á seis piés de diámetro, de anchos bordes, de un verde brillante por encima y de un color carmesí vivo por debajo; luego, en relación con aquellas maravillosas hojas, vi unas soberbias flores, formada cada una de numerosos pétalos, pasando por gradaciones alternativas desde el blanco puro hasta el rojo y púrpura. El agua tranquila estaba cubierta de aquellas flores, y pasando de una á otra hallaba cada vez nuevas maravillas que admirar."

Qué cosa más fea, pardiez

Su némesis es la Rafflesia arnoldii, una planta parásita que hoy en día está en peligro de extinción, ergo mucho más valiosa que la Victoria, de forma bastante paradójica, como si quisiera decir que los últimos serán los primeros, o algo así.

Posee unas flores gigantescas, de más de un metro de diámetro, y que además huelen a carne podrida, quizás para mimetizarse y atraer insectos beneficiosos. Nos la describe el profesor y escritor naturalista Édouard Grimard, autor de l'Esprit des plantes:

"Nos hallamos en Java, no léjos de aquel siniestro Valle emponzoñado, especie de osario en el que continuas emanaciones de ácido carbónico amontonan los cadáveres, -el del tigre al lado de los del coleóptero y de la mariposa- y en donde se extienden sombrías enramadas de impenetrables bosques vírgenes.. Procuremos abrirnos pasos; evitemos esas palmeras cubiertas de aguijones, esos zarzales de hojas cortantes, esas grandes ortigas cuya picada envenenena, esas temibles hormigas negras cuya mordedura quema, esas nubes de insectos, en fin, que ciegan y devoran; apartémonos de esas espesuras de bambues cuya capa silicuosa resiste á los más formidables hachazos; inclinémonos para no tocar la corteza pringosa y empozoñada del Upas de los malayos; salvemos, en fin, todos los obstáculos, penetremos en ese hueco sombrío parecido a una madriguera...¿Veis allí en la oscuridad, sobre una capa de tierra negra, aquella forma extraña, aquella criatura equívoca, aquella corona color de carne, aquella flor, -al menos así lo parece- que enorme, densa y ancha de más de un metro, os presenta sus pétalos carnosos y nauseabundos? Sí, nauseabundos ¡Acercaos y oled! Este olor es el de una materia en putrefaccion: esta horrible flor huele á cadáver; ¡y las moscas, atraidas por tan repugnantes emanaciones, acuden en tropel y zumban en torno suyo como alrededor de una bestia muerta!"

Terminamos esta entrada con la seguridad de que seguiremos leyendo esta publicación, sumergiéndonos en la aventura del descubrimiento que tanto caracterizó el último cuarto del siglo XIX.

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miércoles, 5 de febrero de 2020

Impactos ambientales: el esquí (I)

Comenzamos una nueva sección en nuestro blog: los impactos ambientales. No se pretende, con esta sección, demonizar nada, ni siquiera a nosotros mismos ya que todos, queramos o no, ejercemos una presión sobre el medio.

Sin embargo, es bueno recordar las actividades que se pueden disfrutar al aire libre, de forma que estimemos una gradación -siempre sujeta a discusión- de las que más y menos agreden al medio, por pura curiosidad malsana. O por investigar, influir o incluso adoctrinar, aunque ésto último no me lo creo mucho, por la escasa proyección mediática de este blog. Y que yo prefiero que la gente piense un poco, tenga algo de independencia, lo consulte con la almohada. Y si ésta responde, tanto mejor.

Comenzamos esta serie con un deporte invernal muy popular, mediático y que reparte mucha pasta en ciertas zonas de alta montaña: el esquí en todas sus modalidades.

Estación de Valdesquí, entre Madrid y Segovia (Wikipedia)
Ciertamente, el esquí es una actividad humana antigua, tanto como la propia caza, ya que el hombre ha necesitado desplazarse en todo tipo de terrenos, en medios hostiles como los territorios nevados y helados, más abundantes en tiempos pretéritos que en la actualidad, cortesía de nuestro querido e ignorado cambio climático. De hecho, el ser humano ya sabía desplazarse de esta forma antes de la invención de la rueda, allá por el cuarto milenio antes de Cristo. De hecho hay evidencias arqueológicas, corroboradas por algunos historiadores griegos como Plinio o Heródoto, que mencionan rudimentarias raquetas, pieles o calzados especiales. En el norte de Noruega, más concretamente en la isla de Rooya, se encuentra uno de los testimonio más antiguos del uso de esquíes en forma de petroglifo.

Petroglifo de la isla de Rooya, en Noruega, ahora vandalizado (Smithsonianmag)
Desgraciadamente, el lugar ha sido vandalizado y destrozado por unos simpáticos jóvenes. Como vemos, esto no ocurre únicamente en España, sino también en determinados países que fardan de civilizados, de hygge, de minimalismo guay, de sociedades fetén. Aquí todos tenemos defectos, unos y otros, en nuestra civilizada Europa. Si no que se lo digan a los de las islas Feroe, con sus carnicerías de ballenas.

Hablando de arqueología, en Hoting (Noruega) apareció un trozo de madera de 4.500 años de antigüedad, supuestamente un esquí, aunque algunos autores sostienen que el primitivo esquí se originó en Asia Central, en la región de Altai, desde donde radió a otros lugares.

Ya en la época contemporánea, las primeras carreras de esquí se celebraron en Noruega entre 1850 y 1860, tras las innovaciones de Sondre Nordheim realizadas en Telemark.

Nordheim esquiando al estilo Telemark (historia del esquí)
 A partir de este momento empezó a popularizarse este deporte, gracias a la travesía de Nansen en 1888, a través de Groenlandia, toda una gesta de este gran personaje. Después hubo otros pioneros, como Mathias Zdarsky o Arnold Lunn, el inventor del slalom, en 1911. Desde entonces se han creado federaciones y multitud de campeonatos, lo que ha generado una gran afición de carácter puramente estacional. En todo el territorio español existen más de 40 estaciones de esquí alpino y de fondo.

Hay multitud de modalidades de esquí, la más conocida (y agresora del medio) es el esquí alpino, ya que depende de la estaciones de esquí. Esta modalidad se desarrolla en pistas descendentes de diferente dificultad, de muy fáciles (verdes), fáciles (azules), difíciles (rojas) y muy difíciles (negras). Para acceder a la parte superior de estas pistas es imprescindible la ayuda de los remontes mecánicos, con telesillas, telesquís y telecabinas.

También tenemos el esquí de travesía, que es un paseo, más bien horizontal, por el campo nevado, sin ayudas. Muy parecido al puro montañismo, y no tan lesivo para el medio ambiente. Otra modalidad parecida es el esquí de fondo o nórdico, en el que el deportista se desliza con esquíes y bastones por circuitos ya trazados. Para ello también existen estaciones especializadas. Hay otras modalidades menos conocidas y practicadas:  snowboard,  monoesquí, heliesquí, motoesquí, Telemark, trineos o parapente con esquíes. Nos vamos a centrar especialmente en los impactos del esquiador alpino y de fondo y, especialmente, en las estaciones de esquí.

En invierno, el suelo de algunas zonas en altitud se cubre de una gruesa capa de nieve, que lo protege de las actividades humanas de otras épocas del año. De la misma forma, también la vegetación queda protegida y aislada del viento gélido y las bajas temperaturas, favoreciendo su conservación y "descanso". Sin embargo, todas las benéficas propiedades protectoras de la nieve únicamente ocurren cuando su espesor es suficientemente grande.

Gruesa capa de nieve en Sierra Nevada (Pixabay)
Sin embargo, en la línea de árboles, zona de transición entre la vegetación baja de alta montaña, cubierta, y los grandes árboles alpinos, el espesor de la nieve desciende, y algunas plantas afloran sobre la nieve. Aquí es donde los jóvenes y tiernos rebrotes pueden ser arrancados por los esquiadores, cuando pasan por lugares cercanos a este límite, lo que incide en la correcta regeneración del bosque, y en la huida del los animales que allí viven, por la desaparición de su hábitat. Un ejemplo sería el topillo nival o neverón, que puede vivir cerca de estos entornos, en Sierra Nevada o en el Sistema Central.

El topillo nival, un auténtico superviviente (El Guadarramista)
Esta fauna también puede verse afectada por la práctica del esquí fuera de pistas o caminos acondicionados para esta actividad. El invierno es un periodo crítico para muchas especies animales, ya que la temperatura es muy baja y escasea la comida. Algunas han resuelto el problema hibernando, reduciendo su metabolismo al mínimo, lo que les permite vivir a expensas de sus reservas de grasa durante los meses invernales.

Otros animales presentan diferentes estrategias, como ralentizar sus actividades vitales con el fin de ahorrar el máximo de energía.

De esta forma, la presencia continuada de esquiadores en su hábitat puede resultar en la huida del animal y abandono de su refugio, con el gasto energético extra que esto le supone, lo que compromete su propia supervivencia.

Esquí de fondo en España (Mundo Deportivo)
Según algunos estudios realizados en países alpinos, la incursión de esquiadores en algunos bosques ha provocado alteraciones en determinadas poblaciones de urogallos, rebecos y corzos. En España este hecho no es tan habitual debido a que las prácticas de esquí suelen confinarse a las propias estaciones.

En cuanto a la práctica del esquí en pista o circuitos señalizados, los esquiadores pueden causar escasos daños, puesto que el impacto ambiental ya se ha producido antes, durante la fase de construcción de las mismas. De todas formas, en España tenemos el problema ubicuo, que comparten esquiadores, excursionistas, ciclistas, cazadores, organizadores de carreras y todo lo que se menee en el campo, es el abandono indiscriminado de basura. Es, por ello, necesario tener presente que toda la basura dejada sobre la nieve emergerá milagrosamente cuando ésta ya no exista, dejando un panorama verdaderamente desolador, ya que la materia orgánica y los restos biodegradables tardan mucho más en descomponerse en suelos nevados.

Volveremos a insistir sobre el impacto ambiental del esquí en una próxima entrada dedicada a las estaciones de esquí, lugar de peregrinaje de tantos y tantos aficionados.

lunes, 20 de enero de 2020

Elogio de lo pequeño (II)

Continuamos nuestra anterior entrada "Elogio de lo pequeño", que finalizamos mostrando el juego que dan las preparaciones microscópicas ya preparadas, valga la redundancia, ya sea compradas nuevas, en tiendas especializadas, o antiguas, en plataformas como Ebay. Para los novatos recomiendo adquirir las primeras, en las que suele rotularse cada preparación con el especimen, tipo de sección y de tinción, entre otros datos.

Por cierto, no he hablado todavía del arte de la tinción, que no es otra cosa que teñir, con diversos colorantes, nuestro espécimen, de forma que se resalten algunos componentes del mismo. Los colorantes básicos más utilizados son el azul de metileno, eosina, violeta de genciana, fucsina, safranina y Lugol. El azul de metileno, por ejemplo, puede teñir organismos sin matarlos, conociéndose esta técnica como coloración vital. También se puede dar rienda suelta a la imaginación y teñir con tinta china, de bolígrafo, colorantes alimentarios, pinturas varias y demás productos. Aquí es donde la ciencia deja paso al arte ¡quizás algún lector descubra una tinción que sirva para alguna novedosa aplicación!

Muestra teñida (Wikipedia)

Seguimos con los especimenes muertos, que son pocos y cobardes. A partir de este momento, todas las imágenes y vídeos están tomados por un servidos, con su modesto, algo arcaico pero eficaz equipamiento.

Y no hay nada más muerto que un producto químico. Aunque no tan muerto, oiga, porque si ese producto se disuelve en agua, se deposita sobre el portaobjetos y se deja secar, suele cristalizar de una manera u otra, dejando bellísimas maclas de colores cuando se observan al microscopio de polarización. Veamos algunos ejemplos.


En este vídeo podemos apreciar ácido ascórbico recristalizado sobre el portaobjetos. Al girar el filtro polarizador, del microscopio de polarización, vemos cómo los cristales van cambiando de color, según las características de sus diferentes moléculas, creando un efecto muy estético. Incluso, me atrevería a decir que se puede hacer arte, como demostré en las entradas Micropaisajes (I) y Micropaisajes (II).

Otro ejemplo, más llamativo, es la cristalización del oxalato de hierro, producto que obtuve al limpiar hierro oxidado con ácido oxálico. Simplemente se diluye una pequeña cantidad del polvo naranja en agua, se deja una gota en el portaobjetos y voilá, un precioso mosaico multicolor que se obtiene girando el prisma polarizador del microscopio.


Dejamos los especímenes inertes para centrarnos en la observación in vivo. Indudablemente es mucho, muchísimo, lo que se puede observar en una gota de agua bien escogida. Casi en cualquier muestra de agua -exceptuando la del grifo y el agua embotellada- posee microorganismos dignos de observación. Hay que buscar, especialmente, aguas naturalmente "sucias", con detritos y materia orgánica en descomposición: muestras de estanques, lagunas con vegetación de ribera, pilones de fuentes, abrevaderos, charcos de aguas turbias y demás. Estas muestras son especialmente valiosas en primavera, cuando miles de millones de algas colonizan la superficie de las aguas más eutrofizadas.

Comenzamos con lo más abundante que uno se puede encontrar en nuestra querida gota: algún ciliado. Los hay de todas la formas y tamaños posibles, desde el famoso paramecio hasta ejemplares de formas extrañas, incluso poligonales, que bien parecen cualquier otra cosa antes que un animal minúsculo. Incluso, ¡creo que no sería muy difícil encontrar una nueva especie!

Observemos un hermoso paramecio al contraste de fases. Se trata de un organismo muy interesante, especialmente por su vacuola pulsátil.


De vez en cuando se pueden observar ciliados curiosos, como este posible Linolotus (es difícil tener plena seguridad con tal cantidad de especies, ya lo comprobará el lector si se aficiona). Así, en imágenes, es difícil hacerse una idea del gran interés de los ciliados y otros protistas microscópicos, ya que lo más curioso e hipnótico es, sin duda, su comportamiento.

Posible Linolotus, al contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Vamos a observar este singular animalillo en el siguiente vídeo. Sus movimientos -salvando las distancias- recuerdan vagamente a los de una comadreja olisqueando en el campo ¡cuánta ternura puede despertar un organismo tan sencillo!


Vamos a dejar los ciliados para introducirnos en uno de los animales microscópicos más comerciales: la ameba. Es un organismo que suele habitar los fondos de las charcas, donde se dedica a buscar alimento entre los detritos, mediante sus famosos pseudópodos.

Algunas amebas pueden causar enfermedades, pero no es lo habitual. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido contacto con estos animales tan abundantes ¡y aquí seguimos! Por tanto, que no cunda el pánico. Aquí observamos una hermosa Amoeba proteus buscándose la vida, al microscopio de contraste de fase.


En una próxima entrada seguiremos mostrando más maravillas microscópicas extraídas de mi archivo personal. Espero que el posible lector quede interesado por este aparato que es símbolo de la ciencia, de la curiosidad y del deseo, casi infantil aunque profundamente humano, de ver lo que no se ve, de atisbar lo que se intuye, de poner luz en la tiniebla.

lunes, 27 de mayo de 2019

Incursiones cotidianas: flores del San Pedro


De todos es conocido que la primavera, la sangre altera. En mi caso para bastantes cosas: la alergia se abate sobre mí, es mi cumpleaños, hay fluctuaciones del tiempo -unos años llueve copiosamente, otros no- y, que por mayo era por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor apetece salir a ver estas últimas, como hice hace casi un año, en esta entrada tan colorida.

Esta vez toca otra montañita madrileña, quizás la más cercana a la capital: el conocido cerro de San Pedro. Hace unos diez años, en una excursión organizada por la Sociedad Geográfica Española, el gran montañero Pedro Nicolás, persona excepcional a la que tengo un gran aprecio (a pesar de haber compartido con él pocas experiencias), me descubrió esta pelada cima compuesta de gneis, como describimos en el itinerario geológico por la Sierra de Madrid.

Situación del cerro de San Pedro, al este de la carretera M-625 (Base mapa IGN)
Se trata de un cerro testigo u otero, que ha quedado como testimonio de un aplanamiento geológico de sus alrededores. Por tanto, goza de vistas panorámicas de 360º: hacia el oeste, el embalse de Manzanares el Real y La Pedriza; hacia el norte, la Sierra de la Cabrera; hacia el este, los cerros que descienden hacia la Dehesa de Moncalvillo y, hacia el sur, una vista espectacular de Madrid, con sus Cuatro Torres y su perpetua boina de contaminación, sumamente apreciable desde este magnífico mirador.

La ruta comienza junto a una antigua casilla de peón caminero, de las pocas que quedan en pie. Lo que más me gusta es su letrero vintage, que nos habla de épocas pasadas con esa tipografía tan de mitad del siglo XX. Decorado con los ubicuos y repugnantes grafitis, como no podía ser menos, desgraciadamente.

Casilla de peón caminero, con su asqueroso grafiti, una vergüenza (La Gaceta de Gea)
Comenzamos el ascenso: en la subida nos concentraremos en la geología y en si vemos algún animalillo chulo. Al principio el sendero discurre tendido, salpicado por arbolado disperso: poca sombra, por si a alguien se le ocurre venir en pleno verano. Después un repecho, quizás la cuesta más pronunciada, que nos lleva al cerro de la Prestancia, donde atravesaremos el murete de la divisoria.

Ascendiendo... (La Gaceta de Gea)
Aquí aparecen interesantes acúmulos de gneis, que se estratifican creando unas curiosas formaciones laminadas. Recordemos que el gneis es una roca bandeada, y unas bandas son más blandas que otras. La meteorización y erosión diferencial habrá hecho de las suyas en este entorno.

Meteorización que forma lajas en el gneis (La Gaceta de Gea)
De repente, observo por el rabillo del ojo que algo se mueve en una roca cercana: una hermosa lagartija. Aquí prefiero que hablen los expertos en el tema de Twitter: me confirman que se trata de un macho de Psammodromus algirus (lagartija colilarga), cuya identificación a cargo de @Sergio_Mazarro, @DrBioblogo y @SerpenIllus. Muchas gracias a todos, si se me olvida alguien que me disculpe.

Lagartija colilarga (La Gaceta de Gea)
Un poco más arriba una línea blanca dibujada en el suelo pétreo me llama la atención: es una vena de cuarzo, un pequeño filón hidrotermal dentro del gneis.

Vena de cuarzo en el gneis (La Gaceta de Gea)

Ascendiendo, ya cerca de la cumbre, me detengo junto a una gran roca cercana, Quizás el lector recuerde -aunque fue una de mis primeras entradas- lo ya comentado sobre los líquenes y su importancia. Pues a ello, hay varios tipos aunque me voy a detener en los líquenes crustáceos, que parecen pintar la piedra con sus vivos colores. Me dicen por aquí que parece una foto aérea, puede ser.

El amarillo parece un Rhizocarpon geographicum, bioindicador de una buena calidad del aire. Así que dónde veas un liquen amarillo, respira hondo. El gris de tamaño grande probablemente sea del género Lecidea, sin tener ni idea de la especie en concreto.



Llego a la cima, donde encuentro varios compañeros de fatigas, observando el magnífico paisaje. Me acerco al buzón de cumbre, de los pocos que quedan. Lo abro y escribo en el cuaderno fecha, nombre y frasecilla a lo Paulo Coelho, de esas que piden mármol. Me siento un ratito y emprendemos la bajada, que hay que ver flores.

Cima del cerro, mi mochila roja y buzón de cumbre (La Gaceta de Gea)
Lo primero que observo es una bonita flor blanca, de cinco pétalos, con una parte central amarilla. Puede tratarse de Helianthemum apenninum. Nótese que no he utilizado ninguna aplicación de móvil, simplemente foto y guía de identificación en papel, a la vieja usanza.


Helianthemum apenninum (La Gaceta de Gea)
Bajando con cuidado por el resbaladizo camino, observo a mi derecha algo que revolotea. Me quedo quieto, con la vana esperanza de que el bicho se quede quieto y lo pueda inmortalizar con mi compacta. Va descendiendo y, finalmente, se posa sobre una piedra del sendero, moviendo sus alas ligeramente, como amenazando largarse. Meto el zoom a tope, para no acercarme, y disparo como un loco, a ver si sale algo. Pues sí, qué suerte.

Issoria lathonia (La Gaceta de Gea)
Consulto en Twitter, y me responde rápidamente @Sergio_Mazarro, un monstruo de la identificación animal, al quite como si le fuera la vida en ello. Me comenta que se trata de Issoria lathonia, también conocida como "Sofía y espejitos", por los reflejos del envés de las alas. Preciosa, sin duda.

Un poco más abajo me fijo en unas pequeñas flores amarillas arracimadas: puede tratarse de Lotus pedunculatus, aunque no estoy muy seguro, ya que soy más curioso que experto.

¿Lotus pedunculatus? (La Gaceta de Gea)
Muy cerca, una bella composición de flores blancas y violeta: podría tratarse de Erodium cicutarium la violeta y la blanca una Anthemis cotula o manzanilla hedionda, porque huele fatal, aunque a mí no me parecía tanto; será cosa de la alergia.

Erodium cicutarium y Anthemis cotula (La Gaceta de Gea)
Al otro lado del camino me encuentro unos ejemplares de Ranunculus montanus, con sus flores tan características.

Ranunculus montanus (La Gaceta de Gea)
Muy cerca unas flores grandes, amarillentas, muy llamativas, como pequeños soles: podría tratarse de una especie de Tephroseris, aunque no estoy seguro del todo.

Seguimos descendiendo; hace una solana tremenda. Es lo que tiene este cerro, la espiritualidad se paga con el abrasamiento en la nuca.

Descenso con vistas... (La Gaceta de Gea)
Un poco más abajo encuentro un par de plantas que no reconozco. Por cierto, a través de Twitter me dice la bióloga que hay una aplicación de identificación de plantas que se denomina PlantNet. Muchas gracias, lo probaré.



Pos ni idea, oiga (La Gaceta de Gea)

La primera es una flor blanca, arracimada, muy llamativa. @DrBioblogo me comenta que puede ser del género Armeria, con muchas subespecies. El amigo @SteppeRunner me dice es un ajo (Allium sp.). Pues no soy capaz de elegir, oiga ¡muchas gracias a los dos!

Crucífera seguro ¿Coincya o Arabis? (La Gaceta de Gea)

De esta crucífera me contestan los dos tuiteros anteriores, dos naturalistas de raza. @DrBioblogo me dice que puede ser Coincya monensis subsp. orophila. La verdad es que se parece mucho. El amigo @SteppeRunner  me la identifica como del género Arabis, dentro de las crucíferas (con cuatro pétalos en forma de cruz). Yo creo que puede ser cualquiera de las dos ¡muchas gracias de nuevo!

En cualquier salida al campo, por estos lares, siempre aparecen las lavandas. En este caso un aromático cantueso, Lavandula stoechas, del que el insigne botánico Pío Font Quer dice que la esencia, mezclada con agua, sirve para lavar las heridas.

Cantueso (La Gaceta de Gea)
 Otro clásico es un espinoso cardo, en este caso parece un Carduus platypus.

Carduus platypus (La Gaceta de Gea)
Más abajo, una Tuberaria guttata, con su preciosa flor amarilla con manchitas negras. Una preciosidad.

Tuberaria guttata (La Gaceta de Gea)
Ya estamos casi abajo; empezamos a ver zarzas y enebros (Juniperus). Por cierto, hay uno con una curiosa forma de animal, muy llamativo. No hay que acercarse a acariciarlo, que pincha.

Enebro con forma de animal, muy curioso (La Gaceta de Gea)
Ya estamos llegando a nuestro destino final, aquí aparecen ya las florecillas amarillas de la Genista florida, o simplemente retama. Arbusto sencillo pero que me encanta por su coraje, resistiendo lo que le echen. Todo un ejemplo de superación y resiliencia.

Me acordaba, por otras veces que he ascendido este cerro, de que había un pilón muy cerca del aparcamiento. Veo un montón de zarzas a la izquierda, según bajo. Me acerco y poco queda del pilón, está derruido por uno de sus lados. Encuentro un poquito de agua al lado y cojo una muestra, para que no pare la afición microscópica. Luego veremos lo que hay.

De esta forma volvemos a nuestro punto de partida, sabiendo que podemos volver en cualquier momento. En momentos de bajón, de agobio o de todo lo contrario, la montaña es un bálsamo para el cuerpo y la mente.

Y qué montaña más accesible a Madrid hay que este no tan humilde cerro. Es un secreto, así que no se lo digáis a nadie...


PD: Ponemos nuestra muestra de agua en la platina de mi microscopio Zeiss Jena de los años 50, a 200 aumentos con la técnica de contraste de fase, para encontrarnos unas ubicuas algas verdes, como corresponde a la primavera. En este caso unos hermosos ejemplares de Cystococcus, que parecen rotar sobre sí mismos...

lunes, 1 de abril de 2019

Incursiones cotidianas: los cactus del Jardín Botánico de Madrid

Un día de principios de marzo. Hace un calor inusual para esta época del año, lo que podría presagiar una primavera lluviosa o, más bien, torrencial. Pero como uno no es de la Aemet pero en su terraza los abejorros ya se dedican pacientemente a libar las todavía escasas flores, estima que todavía no es primavera, aunque lo parezca. Sin embargo, a uno le apetece observar plantas, sean o no coloridas.

Y en la ciudad de Madrid hay muchas, en los numerosos parques y jardines que la adornan. Pero hay un enclave especial, realengo a la vez que científico; no en vano es uno de los centros punteros del CSIC. Con estas pistas es fácil inferir que me refiero al Real Jardín Botánico de Madrid.

Los cactus del Botánico (La Gaceta de Gea)
Lo que sí diré, a modo de introducción, es que posee cuatro terrazas diferenciadas: la inferior terraza de los Cuadros, que linda con el Paseo del Prado, las centrales Terrazas de las Escuelas Botánicas y de la Flor, y la superior es la de los Laureles. La primera se dedica a plantas ornamentales, medicinales y de huerta, la segunda a la clasificación taxonómica botánica, la tercera es un jardín romántico, y la cuarta está dedicada a una exposición de bonsais. Además, hay un par de pabellones muy interesantes y menos conocidos situados a la izquierda según se entra por la puerta de Murillo, la entrada principal: la estufa de Graells, un invernadero del siglo XIX muy atmosférico, que alberga especialmente palmeras tropicales, y el invernadero Santiago Castroviejo Bolívar, que posee tres recintos diferenciados con otras especies tropicales, desérticas y semidesérticas, cada cual con su climatización ad hoc.

Al traspasar la puerta de Murillo observo que aún, como es lógico, muchas especies no están en su todo esplendor, debido a las escasas lluvias y al cambio climático. Parterres que se desperezan del invierno, donde los jardineros se afanan diligentemente plantando nuevos ejemplares que alegrarán la próxima temporada a los visitantes. Los árboles, muchos de hoja caduca, todavía no están en su punto, habrá que esperar un poco.

Como siempre me han gustado mucho los cactus, esos Rambos de la botánica, prácticamente indestructibles, algunos curiosísimos en sus formas caprichosas, me dirijo al invernadero: hoy tocan especies desérticas.

Accedo al mismo por la zona tropical; la lente de la cámara se me empaña rápidamente, evidenciando la humedad reinante. En la subtropical cede algo y, por fin, atisbamos el jardín de cactus, donde éstos comparten espacio con plantas crasas y suculentas.

Cleistocactus winteri (La Gaceta de Gea)
Vamos a comenzar por el boliviano Cleistocactus winteri, un cactus muy verde de aspecto algo despeluchado, que cuando crece no soporta su propio peso y se vence, como sin energías. Su género es endémico de Argentina, Chile y Bolivia, donde crece silvestre en zonas desérticas y pedregosas. Se cubre por unas más bien gruesas espinas doradas y, cuando cada tallo es lo suficientemente extenso, se ramifica formando multitud de tallos rastreros que tapizan el suelo.

Cleistocactus ritteri (La Gaceta de Gea)
Seguimos con el género para observar el espectacular Cleistocactus ritteri, el cual forma, cuando los tallos se expanden, unas lianas que podrían semejarse a las de la selva más enmarañada. Procede, al igual que el anterior, de Bolivia. Sus flores, aunque este ejemplar no las muestre, son muy curiosas, amarillas y con forma de tubo.

Haageocereus sp. (La Gaceta de Gea)
Pasamos a otra especie: el columnar Haageocereus chosicensis, endémico de Perú y Chile. De hecho, su nombre deriva de la soleada ciudad de Chosica, en la provincia de Lima. Es un cactus erecto, de pequeñas espinas radiales que parecen agujas. Las flores brotan de la parte más alta y nueva de la planta, y suelen ser rosadas.

Thelocactus macdowelii (La Gaceta de Gea)
El Thelocacus conothelos var. macdowellii es un cactus levemente columnar cuyo hábitat es muy restringido: se limita a una zona pequeña de los estados mexicanos de Coahuila y Nuevo León, donde aparece sobre bancales y grietas de piedra caliza. Es pequeño, no suele superar los 15 cm de altura, y se cubre de espinas blancas de tal forma que no es posible apreciar su piel. Sus flores son muy bonitas, de color violeta rojizo.

Ferocactus (La Gaceta de Gea)
Los Ferocactus son un género que posee forma  globosa y de barril; denominándose popularmente biznagas en México. Aquí tenemos dos: el globoso Glaucescens, de tallos aislados y arracimados revestidos de una verde capa cerosa que contrasta con sus pajizas espinas, y el Victoriensis, de tallo columnar, alto, hasta 60 cm, dividiéndose en 15 costillas estrechas y abiertas en abanico, con espinas delgadas de color pardo.

Cereus uruguayanus "Monstrosus" (La Gaceta de Gea)
El enorme Cereus uruguayanus "Monstrosus" es una mutación única que se produjo en un Cereus peruvianus que desarrolló un tallo deformado, de tal forma que cada una de sus costillas se abre por varios sitios, formando tubérculos irregulares. No produce flores y es un cactus muy curioso, se le nota que no es muy normal que digamos.

Euphorbia resinifera (La Gaceta de Gea)
Vamos con las Euphorbias. Se trata de unos cactus de distribución mundial, siempre en zonas cálidas y templadas. Suelen ser suculentas -en alguna de sus partes almacenan agua, son más blanditas- y producen látex, esa sustancia acuosa, tóxica e irritante que segregan algunas plantas a modo de defensa. La especie resinifera es un endemismo de Marruecos, y se caracteriza por sus tallos poco ramificados y caras cóncavas.

Opuntia rufida "Cristata" (La Gaceta de Gea)
La Opuntia rufida "Cristata" es un cactus arbustivo y crestado, es decir, de forma caprichosa, retorcida. Posee unas almohadillas ovales o redondeadas, dotada de pequeñas y molestas espinas muy finas, y es verdaderamente bonita. Es oriunda del norte y centro de México, donde crece tanto en el llano como en la montaña. Parece ser que raramente florece cuando no se encuentra en su hábitat original.

Mientras observo y fotografío los ejemplares, una diligente y encantadora profesional del Botánico se afana en una rocalla de cactus del género Mammilaria. Me asegura que va a quedar preciosa, no lo dudo.
 
Rocalla de Mammilaria (La Gaceta de Gea)

Este género comprende muchas especies muy diversas en formas y colores: los hay columnares, arracimados, globosas o aplastados, con flores más grandes o chicas, blancas, verdes o grises. Para todos los gustos.

Finalizamos con una curiosidad: las piedras vivas, unas pequeñas plantas del género Lithops que se mimetizan en el entorno, se forma que esquivan hábilmente sus potenciales depredadores.

Piedras vivas del género Lithops (La Gaceta de Gea)
Me recuerdan pequeñas pezuñitas de color verde azulado que muestran unos patrones en su superficie. Por la hendidura entre las dos hojas surge la flor, que suele ser, como en muchos cactus y suculentas, de vivos colores.

Finalizo esta entrada que no pretende más que animar al posible lector a que, cuando se acerque al Jardín Botánico de Madrid, no solo admire lo que se encuentra en sus terrazas y parterres, que ya es mucho y muy interesante, sino que explore su periferia con los ojos bien abiertos, colofón y guinda de un entorno único, irrepetible, de la ciudad de Madrid.

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