miércoles, 9 de noviembre de 2022

Rutas vintage: 1926, Sierra de Guadarrama (I) Hans Cloos in memoriam

Tras el éxito de crítica y público de nuestra anterior entrada sobre XIV Congreso Geológico Internacional, que se celebró en Madrid en 1926, volvemos a la carga con otra ruta de esas de las que hacen época, nunca mejor dicho: la excursión B-2 desde Madrid capital a la Sierra de Guadarrama.

Libro y cuadernillo

Además, hay de detrás de esto una historia muy curiosa, de esas serendipias que pasan de vez en cuando e inspiran otros temas, que salen tangenciales sin que uno se lo proponga. Resulta que, al recibir el libro desde una librería de Alemania (compré el libro por Abeboks, y en francés por equivocación), me percaté de que estaba firmado por el anterior propietario: H. Cloos. Coño, me dije, si tengo un libro de un tal Hans Cloos en la estantería, llamado Diálogo con la Tierra.

Esto es para nota
Y, efectivamente, el libro me ha venido directamente de la biblioteca de Hans Cloos, uno de los geólogos alemanes más prominentes, que hizo estudios pioneros en las fallas tectónicas, además de ser un viajero y explorador avezado. Como no podía ser menos y dada la extraña casualidad, tengo el honor de dedicarle estas entradas. Espero que no se me queje el amigo Hans, desde el otro barrio.

La guía de la excursión está escrita por Hugo Obermaier y Juan Carandell Pericay: el primero prehistoriador, paleontólogo y cofundador de la arqueología española; el segundo geólogo y catedrático, sabio de todo un poco. Un par de buenos ejemplares a la altura de otros eruditos-exploradores que triscaban los campos en aquella época, como Henri Breuil, Juan Cabré, Teilhard de Chardin o Norbert Casteret.

Vista de la Sierra desde un aeroplano: justo debajo la Casa de Campo, al fondo las cumbres dibujadas en el gráfico de arriba

Partimos de la Estación del Norte o de Príncipe Pío, donde partía la línea ferroviaria Madrid-Irún que, más o menos, vamos a tratar de seguir hasta alcanzar la Sierra de Guadarrama. Nos situamos frente a la entrada sur de la estación, de aspecto afrancesado y edificado sobre las terrazas aluviales cuaternarias ligadas al río Manzanares, que tenemos a nuestra espalda. A lo Phileas Fogg comprobamos la hora en el reloj que corona la fachada, ya que es bien sabido que a los viajeros vintage nos va tal costumbre, por eso de tratar de revivir -aunque sea un ratito- un pasado ya pasado, valga la redundancia: son las 9:28 de un 31 de octubre de 2022.

Iniciamos la ruta

Sin más dilación cogemos la denominada Senda Real o GR-124, un presunto camino que serviría para salir de Madrid de forma peatonal, esquivando la maraña de autovías, líneas férreas, muros pintarrajeados, vallados insalvables u otros elementos de mal agüero que, con toda probabilidad, saldrán a nuestro paso ¿o no?

Lugar divertido

Cogemos el paseo de la Florida en dirección NO, por la orilla derecha, hasta llegar a un edificio de dos alturas que parece una muralla, con su pared inclinada: se trata de Casa Mingo, una antigua pollería situada en los antiguos almacenes de la Estación del Norte. Sin duda es uno de los comedores más costumbristas de Madrid: lugar cachondo donde los haya para culminar -si se hace a la inversa- la ruta que nos ocupa.

Rodeo las ermitas gemelas de San Antonio de la Florida y, por detrás, asciendo a una plataforma junto a las vías del tren. Me encuentro con lo esperable: un espacio de transición rodeado de los inevitables muros "decorados", un espacio multifuncional en el más amplio de los sentidos, incluso como punto limpio. Urbanpunk, me viene, y me acabo de inventar un término a mayor gloria del Imperio Británico.

Urbanpunk

Estamos en el parque de la Bombilla. Hacia el noroeste una pasarela salta las vías hacia el cementerio de la Florida, lugar ignoto e interesante donde los haya. No cruzamos, nos quedamos a la izquierda de las vías, recorriendo un camino bordeado de parterres tapizados de truños de perro: un lugar ideal para aliviarse, seguro que habilitado a tal efecto. Ante la invitación procedo frente a un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.

Kiosko algo sucio

Pasa el cercanías, un grupo de niños los contemplan alborotados. De frente, un kiosko con cartones y enseres variados, junto a unas pistas deportivas. Sigo por la Senda del Rey, entre buenos ejemplares arbóreos, y asciendo a la derecha por un bulevar hasta encontrar una marchita pérgola, con una somera lámina de agua detrás.

Parterre suburbano

Observo lo más interesante del conjunto: una Wisteria sinensis o glicina, de vainas parecidas a algarrobas que albergan judías tóxicas.

Edificio del complejo deportivo "La Bombilla"

Avanzamos cruzando una llamativa plaza, algo dura, hasta un interesante edificio perteneciente al complejo deportivo del parque de la Bombilla. Bajo una fina lámina de hormigón se articulan muros de ladrillo y ventanales, con interesantes patios de luz y un pinpón vandalizado, seguramente transformado en mesa de botellones. Una castaña se me cae encima, como el que no quiere la cosa.

Bernardo O'Higgins

Las vías del tren viran hacia el suroeste, por lo que no tenemos más remedio que cruzarlas por debajo. Llegamos a una estatua situada en un lugar que parece no pertenecerle, presidiendo una maraña de carreteras y puentes. Se trata de Bernardo O'Higgins, un general chileno considerado padre de su patria.

Los dos puentes de los Franceses, el viejo y el nuevo

Cruzo la avenida de Séneca por debajo del puente nuevo de los Franceses, sostenido en su vano ventral por unos pilares de hormigón en V bajo la M-500; al fondo el puente de los Franceses original, de 1862, con sus cinco arcos de medio punto que salvan el Manzanares.

Sendero de incorporación


Prosigo a la derecha del carril de incorporación a la M-30, donde encuentro un sendero -bastante agradable, quién lo diría- entre el recinto de la UNED y la propia carretera. Al otro lado un recinto que pone "Escuadrón de la Policía", o algo así.

Un conejo, raudo como el rayo, se introduce en su madriguera. Le he cortado el rollo, qué le vamos a hacer: rewilding a tope. A mi izquierda encuentro una sucesión de edificios interesantes cortesía de la UNED, la universidad más grande de España. Un servidor la ha probado, y es un buen sitio siempre y cuando uno tenga estómago. Queda dicho.

Observamos el cubo de la biblioteca de la UNED, un presunto hito de la arquitectura madrileña que me parece soso y carcelario a morir, cuestión de gustos. 

Brutalismo on fire

La cosa mejora al alcanzar la Facultad de Humanidades, antes Colegio Mayor Siao-Sin, destinado originalmente a alumnos chinos (!). Se trata de un templo al brutalismo más burro, con su toque Le Corbusier y sus enormes jácenas en U, de claro influjo metabolista. Arquitectura para paladares exigentes.

Chopo y bujero

Llegamos a un edificio con planta en peine, lo que aumenta la superficie acristalada, y una cubierta con óculos que da luz a los patios: se trata de la Facultad de Económicas y Empresariales, un interesante edificio especialmente en su parte trasera, que es la que estamos observando.

La Senda Real se ensancha

Más allá el campus universitario da paso a una zona de huertas y cultivos, con lo que la zona de la Senda -bordeada por poderosos chopos y fresnos que evidencian un bosque de galería- se ensancha dejando a la derecha el Palacio de la Moncloa, donde mora el apolíneo y vacuo presidente del Gobierno de España. Me fijo en su muro perimetral y en el propio palacio, edificado en 1949 sobre los terrenos del Real Sitio de la Moncloa, una finca agrícola perteneciente a la aristocracia allá por el siglo XVII.

Muro de la Moncloa

Un estruendo de disparo seco corta el viento, dándome un susto de muerte. Infiero que viene de la Moncloa ¿qué estarán haciendo? Visualizamos el mapa geológico: estamos en un terreno formado por cantos y gravas sobre terraza de arenas, arcillas y limos.

Llegamos al cruce con la calle que lleva a la entrada del palacio, la cruzamos y seguimos por la Senda Real. A la izquierda nos encontramos un cartel de interpretación, de esos que casi nadie mira.

Cartel

Nos informa que la Senda Real que estamos transitando data de la época de Enrique III de Castilla, cuando a éste se le ocurrió construir un pabellón de caza en el cercano monte de El Pardo. Aquí se encuentra el Centro de Experimentación de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, una lugar dedicado a cultivos, laboratorios agronómicos y naves ganaderas, todo ello dedicado a la investigación.

Pasado este complejo aparece in austero edificio de ladrillo rojo, perteneciente al complejo de Veterinaria de la Complutense: se trata del Hospital Clínico Veterinario, seguramente lo mejor de Madrid en cuidados veterinarios. 

Me han alegrado el día

En un lateral un vallado y una tolva con paja. Me acerco y, al otro lado de la verja, unas ovejas se acercan, quizás esperando su ración de pienso, luego existo. Sus bocas esbozan una ligera sonrisa y su mirada, fija en mí, brilla con la fina inteligencia que solo puede otorgar el herbivorismo gregario.

Sigo hasta que llego a una pasarela que cruza la M-30. Huele bastante mal, y me da por pasar al otro lado. La razón es que aquí se encuentra la EDAR "Viveros de la Villa", una estación depuradora de gran plasticidad visual.

Con razón olía mal

Se trata de una obra del arquitecto Javier Feduchi Benlliure, finalizada en 1985. La repetición de sus piscinas, algunas cubiertas y otras no, unidas al olor a alcantarilla, crean un efecto lisérgico, hipnótico. Como telón de fondo los pinares del Club de Campo, un selecto club solo apto para prohombres y promujeres.

Regreso por la pasarela y cruzo por debajo de un ramal de la M-30, para encontrarme con la Granja Docente de la Complutense, que ocupa el espacio intersticial entre la M-30 y la A-6, junto a un nudo de comunicaciones en toda regla. Unas vacas blancas con manchas pastan ajenas a todo el tinglado.

Granja

Cruzamos la A-6 por debajo, alcanzando un punto limpio. Después volvemos a pasar por debajo de un ramal de autovía; vaya lío, aunque sin pérdida. A nuestra izquierda, un pinar de pino piñonero. Encontramos otra pasarela, que esta vez cruza la carretera de la Dehesa de la Villa. Al otro lado encontramos otro bosquecillo.

Bosquecillo

Sigo por la Senda Real pegado al carril de incorporación a la M-30, en una vorágine mareante de asfalto: carriles, autovías, carreteras y coches, muchos coches. A la izquierda se halla la pequeña y elegante Puerta de Hierro, en un espacio de acceso prácticamente imposible. Construida en 1751 como puerta de acceso al monte de El Pardo en estilo barroco francés, resiste empequeñecida al desarrollismo rampante aunque necesario en una ciudad de este tamaño, no nos pongamos tremendos.

La Puerta de Hierro, de acceso imposible

Seguimos por la Senda hasta alcanzar otra pasarela peatonal, ya en pleno Anillo Verde Ciclista, por lo que extremo las precauciones y cruzo al otro lado hasta llegar al histórico puente de San Fernando, construido en 1749, donde finaliza la primera etapa de la ruta.

Sobre el puente de San Fernando

Observo las dos estatuas que flanquean los pretiles: se trata de San Fernando y Santa Bárbara, es decir, el rey Fernando VI y su señora Bárbara de Braganza. Un pelotón de ciclistas senior me pide que les haga una foto de grupo: les echo más de 70 tacos de vellón, y parecen gozar de una lozanía y una alegría envidiables. Así da gusto, oiga.

El Manzanares

Observo el río: una bandada de ánades reales nada sin preocupación. Me pregunto cómo será la siguiente etapa de nuestro camino a la Sierra de Guadarrama, guiados por una antigua guía geológica. Supongo que, al salir de Madrid, el paisaje y sus características se irán haciendo más naturales, aunque no más interesantes. Porque lo más importante, como nos gusta recordar, no es lo que miras, sino cómo lo miras.

Y en eso estamos...

CONTINUARÁ

domingo, 16 de octubre de 2022

Unboxing literario: Lübke y la exploración espeleológica (I)

Continuamos la entrada anterior sobre el precioso libro generalista de Anton Lübke, editado en 1961 y plagado de evocadoras imágenes, en blanco y negro sobre fondo amarilleado y envejecido, que tengo el placer de desvelar para asueto y solaz de mis presuntos lectores.

Vamos pues, siguiendo el guión de este libro aunque sin copiar -eso denota incapacidad y mal gusto a partes iguales- a recorrer la historia de la espeleología desde la Edad Media hasta la fecha de edición del libro. Y no nos referimos al uso de las cuevas como refugio o vivienda, tan antiguo como la Humanidad, sino al momento en el que las cuevas fueron exploradas por su valor científico, estético o, simplemente, por pura curiosidad. En esta entrada (de dos, por lo menos) vamos a recorrer esta historia desde sus primeros albores, algo magufos como corresponde la la época (siglo XV) hasta el comienzo de la investigación propiamente científica de las cavernas (siglo XIX).

Una exploración espeleológica literaria: Don Quijote en la sima, defendiéndose de los animales (Grabado de Gustavo Doré, Cervantes Virtual)

Comenzamos en 1490, Alemania: Hans Breu exploró la cueva de Sofía, con el objetivo de encontrar salitre para fabricar pólvora, uno de sus componentes. En esa época estaba de moda buscar la terre nitreuse (los nitratos y fosfatos del salitre) en cuevas horizontales, donde también se encontraban -ya que estamos- oro, plata y otros elementos útiles.

La cueva de Sofía (Frankenjura)   

De 1535 nos ha llegado un legajo de un tal Berthold Buchner, en el que se narra la exploración de la cueva de Breitenwinner acompañado de otros lugareños de Amberg, Alemania. Un dato curioso es que, por primera vez, se enumera el material que se emplea para la exploración: linternas, yesca, cuerdas, escalas, martillos, picos y, cómo no, pan y vino, para que todo se haga más llevadero.

Huesos en la cueva de Breitenwinner (greaterancestors)

También describe la exploración, donde lo principal era asegurarse la salida mediante una cuerda, a lo hilo de Ariadna, y, para horror de las almas más sensibles, esto se conseguía marcando con señales las paredes de la cueva. Descendieron la friolera de dos mil metros, para encontrarse una sala llena de huesos, que ellos tomaron como "de gigantes". Más allá otra sala, con esqueletos humanos empotrados en la roca, lo que engoriló a la peña haciéndolos picar como locos para llevarse lo que pudieran, cosa que yo también hubiera hecho en su lugar y época, qué coño. Tras ésta, varias salas más llenas de huesos hasta que encontraron una cascada de un río subterráneo y, adyacente a ésta, una especie de capillas con esculturas y una fuente, donde refrescaron el vino, y otros elementos curiosos descritos por Buchner. Afortunadamente y tras no pocos accidentes, todos consiguieron salir de la cueva más o menos ilesos.

treppe in der maximiliansgrotte schauhöhle
La cueva de Maximiliano, hogar de la estalactita más tocha de Alemania (Maximiliansgrotte)

En 1596, también en Alemania, se exploró la cueva de Maximiliano, con el objeto de conseguir oro a partir de placeres auríferos y salitre, desmenuzando estalactitas y estalagmitas. Parece ser que este objetivo tan poco ecológico fracasó, pero se descubrieron cosas interesantes. De las paredes -a modo de limpieza- se retiró la capa más blanda denominada nihilum album, vendiéndose después como ungüento medicinal, al igual que los dientes de oso de las cavernas, que trituraron para ese mismo fin, y la terra sigillata, un barro excelente para la piel. Pragmatismo germánico: del cerdo, hasta los andares.

Portada de Le Monde Sousterrein, del extraño Jacques Gaffarel

Poco después pululaba por este mundo el gran polímata y jesuita excéntrico Athanasius Kircher -al cual prometo una entrada dedicada a su figura-, que escribió Mundus Subterraneus en 1646, basándose en la obra de Jacques Gaffarel, un curioso cura experto en Cábala que escribió Le Monde Sousterrein. A la moda de entonces nos presenta el siguiente título, algo calenturiento:

"El mundo subterráneo, o descripción histórica y filosófica de los más bellos antros y las más raras grutas de la Tierra, cavidades, agujeros, bodegas, guaridas secretas, construcciones ocultas de diversos animales, tribus desconocidas; de los abismos, gargantas, maravillosas hendiduras de montañas; fosas memorables, minas famosas de toda clase; habitaciones subterráneas, criptas, catacumbas, templos tallados en la roca, pozos de mina, fuentes extraordinarias, peñas colgantes, cisternas, depósitos de agua y, en general, de todas las cavernas, cuevas y cavidades más famosas del mundo, con todas las notabilidades que encierran."

En sus páginas -que no he podido ojear al no encontrarse más que en la Biblioteca Nacional de Francia- cuenta las peripecias de todo tipo de personajes y lugares extraños: profetas, cabalistas, filósofos, poetas y santos, entre acontecimientos extraños y fuerzas misteriosas que predisponen al regocijo o al llanto, a la locuacidad o taciturnidad, a la sanación o a la muerte. Todo muy mágico y nada científico, lo que corresponde a un amante de la Cábala, la astrología y la alquimia, que era lo que se llevaba entonces.

El milagro de San Genaro: fenocristales de augita expelidos por el Vesubio (Prodigiosis Crucibus)

En cuanto al amigo Kircher, uno de sus mayores éxitos -que fueron muchos; éste era un auténtico genio, el puto amo- es el Diatribe de Progidiosis Crucibus, un texto de 1661 (anterior al Mundus Subterraneus), en que trata de obtener conclusiones basadas en demostraciones empíricas, refutando las explicaciones sobrenaturales o mágicas. El objeto de este libro es desmontar, mediante la observación racional, la opinión popular de que los cristales en forma de cruz que aparecieron tras la explosión del Vesubio de 1660 eran una señal de que San Genaro, el patrón de Nápoles, los iba a proteger del volcán, aunque otros pensaban que era un signo de la ira de Dios.

Depósitos subterráneos de magma (Libro V Mundus Subterraneus)

Kircher se dio cuenta de que esos cristales cruciformes únicamente se encontraron sobre ciertas ropas húmedas, con lo que pudo inferir que la ceniza volcánica, al posarse sobre la tela, cristalizaba ortogonalmente siguiendo las fibras de la misma. Hizo él mismo el experimento, y pudo comprobar que se formaban cristales de augita

Vamos a simular el fuego subterráneo (Libro VIII Mundus Subterraneus)

Pues bien, este mismo espíritu racional quedó plasmado en el Mundus Subterraneus, gran obra en 12 libros en los que, más que de espeleología propiamente dicha, trata temas variados: en el Libro I, el centro de la Tierra, su paradoja y geometría; Libro II, geografía y accidentes de la Tierra; Libro III, hidrografía, náutica, mareas; Libro IV, denominado "pirología" (estudio sobre el fuego, relacionado con el vulcanismo); Libro V, sobre el origen de los lagos, manantiales y ríos; Libro VI, del elemento Tierra, que produce el mundo subterráneo (química, trata sobre el nitrógeno, aluminio, etc); Libro VII, de los minerales que forman la corteza terrestre; Libro VIII, sobre piedras talladas, animales de las cavernas, hombres y demonios; Libro IX, sobre venenos, plantas y sustancias medicinales; Libro X, sobre metalurgia; Libro XI, sobre alquimia; Libro XII, sobre temas variados, incluyendo numerosos experimentos científicos.

El dragón de las cavernas, como lo mires te deja petrificado (Libro VIII Mundus Subterraneus)
Es muy reseñable que, en cada capítulo, se explican los procedimientos para hacer experimentos caseros sobre el tema en cuestión. Se trata de una obra que no ha sido nunca traducida: únicamente se encuentra en latín, con la dificultad que eso entraña. Es por ello todavía más apasionante, y constituye todo un reto a cualquiera que se quiera acercar a esta obra magna, misteriosa a más no poder.

Corales y demás "frutos marinos" (Libro IX Mundus Subterraneus)

Un tiempo más tarde, hacia 1771, el párroco naturalista y curioso Johann Friedrich Esper exploró la cueva de Gailenreuth, en la que encontró multitud de huesos de animales extintos además de una mandíbula y una "paletilla" humana. Esto le llevó a pensar, en plan científico, que los osos de las cavernas -unos bichos del pleistoceno- convivían con estos humanos de buen rollito, lo que desató una polémica agria con el sabio de referencia de aquella época, Georges Cuvier, que argumentó que esa coexistencia era imposible.

Cueva de Gailenreuth, según Esper (Lindhall)

Sin embargo, por primera vez, nuestro cura detectó que un fémur, de los que sacó de la cueva, estaba horriblemente deformado, infiriendo que el dueño tuvo cáncer de huesos; por tanto, quizás el primer paleoforense, el creador de la paleopatología.

Sección de la cueva de Maximiliano, por Adalbert Neischl (Lochstein)

Los trabajos de Esper revolucionaron la espeleología de la época, y entre 1789 y 1827 aparecieron numerosos trabajos sobre exploración de cuevas en Alemania, Francia y Suiza, destacando Adalbert Neischl, que estimó la conveniencia de levantar planos de las cuevas como condición previa de la exploración científica, inaugurando la espeleología moderna.

Finalizamos esta entrada sobre la exploración de las cuevas justo antes de poderse llamar espeleología, antes de ser propiamente científica. En la próxima entrega repasaremos la espeleología clásica, ya a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

CONTINUARÁ

jueves, 18 de agosto de 2022

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX (y II)

Continuamos la entrada anterior sobre la publicación "Maravillas y Progresos del Siglo XIX", donde hemos vivido un peligroso periplo en globo, el último grito en tecnología eléctrica, la imaginación de Julio Verne y las últimas expediciones naturalistas por América entre otros interesantes temas, siempre narrados desde la maravilla por el progreso, de dejar atrás siglos y siglos en los que las cosas evolucionaban de forma relativamente lenta -a veces a cuentagotas- para tomar carrerilla de forma exponencial, como podrían decir el tecnólogo e inventor Ray Kurzweil o el psicólogo evolucionista flower power Steven Pinker.

El rey de los coleópteros

Seguimos pues con un artículo sobre la incipiente ciencia de la entomología, iniciada no mucho antes de esta publicación por William Kirby e impulsada por la potente Royal Entomological Society, una de esas inestimables sociedades científicas que, desgraciadamente, sólo suelen aparecer en países anglosajones, quizás por el prestigio que otorgan a sus miembros, y éstos a sus comunidades.

Pues bien, el autor hace una cariñosa defensa de la vida de los insectos, que se creía baladí y despreciable en otro tiempo, y que, a finales del XIX, se pone en valor su estudio y conocimiento:

"Desde el Goliath gigante, ese rey de los coleópteros, el mayor de los insectos conocidos, que impera en las abrasadas regiones del Africa equatorial, hasta esos insectos microscópicos y casi sin nombre , que en número indecible pululan por do quiera hay vida vegetal ó animal, ¡cuántos obreros dia y noche funcionan en nuestro provecho, y cuántos también apartados de su centro natural, ó llamados involuntariamente por el hombre, trabajan en nuestro daño ó ruina."

Se centra especialmente en el interés del conocimiento de los insectos para el control de plagas, ya que llegue un dia en que ese noble deseo de averiguar las causas primeras, nos dé á conocer las de horribles pestes y espantosos contagios que no nosotros tan sólo, sino muchos de los que á estos estudios se dedican, creen deber hallar en los insectos microscópicos.

Demodex, el verdadero animal de compañía (Formaciondentalfones)

Podría quizás referirse nuestro autor a los ácaros, esas arañitas que son los verdaderos animales domésticos, de más compañía que perros y gatos ya que siempre los llevamos encima, incluso en las pestañas. Por cierto, estos animalillos -ya se habrá escandalizado el avezado lector- no son insectos ya que tienen ocho patas en lugar de seis: es un arácnido, no un insecto. Es tan importante ésto como saber que se dice alminar o minarete, no alminarete.

También los hay benéficos: los mimáridos, unas pequeñas y benéficas avispas cuya máxima -o más bien mínima- expresión es Dicopomorpha echmepterygis, que parasita otras especies que suelen considerarse pestes de las cosechas. Como vemos no hace falta tenerle tanto miedo a lo pequeño, ya que es más apasionante que casi cualquier otra cosa y merece la pena conocerlo y, como ya hemos intuido, sólo lo que se conoce se puede amar.

Cambiamos de tercio, recordando que estamos revisando una publicación generalista de 1876 que podría asimilarse a la estadounidense Popular Mechanics o a la española Muy Interesante, con la diferencia que -en esa época y al menos en España- el porcentaje de analfabetos era superior al 70%, lo que infiere que la difusión de estas publicaciones estaba reservada únicamente a los estratos más cultos y pudientes. Ahora mismo Internet -y, por tanto, todo el conocimiento de la historia de la Humanidad- llega, de forma barata, a unos 5 billones de personas en el mundo, a un 62% de la población mundial ¿quién tiene las agallas de decir que el mundo va a peor, a pesar de los problemas a los que nos enfrentamos?

Un músculo sano que necesita acción

 "El corazon y el cerebro, bien que convergiendo cada uno a dos grandes funciones absolutamente diferentes, tienen entre si y a cada instante relaciones forzosas y necesarias al funcionamiento normal del organismo. El cerebro, en primer lugar, ó al menos el sistema encefalico, da al corazon la órden de contraerse y dilatarse alternaivamente y dispone sábiamente estos movimientos alternativos. El corazon, a su vez, envia al cerebro la sangre necesaria á su nutricion y á la reparacion de las pérdidas que experimenta incesantemente, como todos los demás órganos, por el hecho mismo de su funcionamiento fisiológico. De otra parte, toda sensación un poco viva percibida por el cerebro, determina, como es sabido, una aceleración rápida de los movimientos del corazon: el temor, la cólera, la alegría, el amor, y hacen, como se dice, palpitar el corazón, lo que significa que los latidos son más rápidos."

Aquí tenemos un artículo sobre anatomía, por eso de ilustrar y educar a la par que divertir. Viene con dos grabados: el primero del corazón, con sus ventrículos, válvulas, venas y arterias, así como un esquema del intercambio gaseoso de la sangre; y el otro referido al cerebro, con sus lóbulos, el infundíbulo hipotalámico, el quiasma óptico y el cerebelo.

El cerebro, órgano presente en algunos humanos

Regresamos a lo que más nos suele motivar: la exploración de lugares recónditos, a ser posible oscuros y húmedos; y, para ello, nada mejor que un bosque primitivo:

"¿Debemos llamar bosque virgen ó primitivo á toda clase de bosque espeso y silvestre, cubierto de árboles vigorosos sobre los cuales jamás puso el hombre su mano destructora? Este nombre no puede convenir á un gran número de comarcas diferentes bajo la zona templada y hasta bajo la zona glacial. Pero sí se quiere particularmente designar con este nombre la impenetrabilidad de una vasta selva, la imposibilidad de abrirse paso con el hacha por entre los árboles que á veces tienen de ocho á diez pies de diámetro, los bosques vírgenes pertenecen exclusivamente á las regiones tropicales. Y no debe creerse tampoco que sean siempre, como asi se imagina generalmente en Europa, que sean las robustas enredaderas y espinosos zarzales los que hacen impenetrables las selvas vecinas al Ecuador. Estos inconvenientes son por lo común los menos. El obstáculo principal lo ofrecen las plantas arborescentes, que no dejan ningún espacio vacío en un suelo en donde casi todos los vejetales pasan á ser leñosos."

Lugar algo tétrico

La verdad es que este artículo no podría empezar mejor ya que, en el mejor tono de ecólogo -que no ecologista- conservacionista nos dice que estos bosques son, en primer lugar, ponderadores químicos de la atmósfera para la cual renuevan de continuo el oxígeno que la respiración de los animales y los fenómenos de combustión transforman en ácido carbónico; y en segundo lugar, para ser, en cierto modo, el conservatorio de una multitud de animales de todas clases : mamíferos, aves y reptiles, que hallan reunidos en ellos los dos principios esenciales de su existencia: el alimento y el abrigo.

Y no se queda allí sino que, ya en 1876, se tiene una vaga idea de lo que, más de un siglo después y con una población mundial que pasa de 1.500 millones a 8.000 millones de habitantes, sería la preocupación medioambiental:

"En la América del Norte, la civilización ha destruido en 300 años, lo que veinte ó mas siglos habían acumulado en el antiguo continente. Tan solo en la América meridional y central, en las grandes islas del Océano Pacifico, como Borneo, Sumatra, Madagascar y Java, puede contemplarse aun, con toda su silvestre majestad la prodigiosa flora de los trópicos, reunida en masas profundas e impenetrables, dignas todavía del nombre de bosques virgenes ó primitivos."

Siendo este artículo tan bonito y profundo, no me resisto a trasladar el epílogo del mismo, un canto a la belleza y salvajismo de la vida natural, a su vitalidad y contradicciones, a su intensidad: una experiencia similar a la experimentada por Kurtz en la novela de Joseph Conrad:

"A la luz de los primeros rayos del sol, los insectos, las aves, los monos y sus congeneres, despiertan y se ponen en movimiento, se ocupan de su desayuno, después juegan, gritan, cantan ó saltan. Aquella exuberancia de vida va menguando á medida que los rayos solares van siendo mas ardientes, para reanimarse á puesta de sol y cesar al cerrar la noche. Entonces el espectáculo cambia: de un Edén lleno de alegría y de movimiento que antes era, pasa á ser una Tebaida triste y silenciosa. Es la hora en que los carniceros salen de sus antros; estos no juegan, ni gritan, ni saltan; pero es preciso que coman, y lo peor es que se comen á los otros. Entonces empieza la caza sin compasión; por doquiera las ramas crujen bajo el peso de unos y otros; en todas partes la hojarasca que cubre el suelo suena bajo los pasos precipitados de perseguidores y perseguidos; sombras fugitivas, formas indecisas, se cruzan en la oscuridad; ojos sanguinolentos brillan como carbunclos entre las matas; rugidos de furor hacen estremecer los ecos de la selva, mezclados con gritos de espanto de los que sucumben, gemidos de agonía de los que son devorados palpitantes."

Nada más que añadir; volvemos a cambiar de tercio hacia un lugar civilizado, quizás en exceso: ese lugar rebosante de cuantas bancarias opacas, evasión de impuestos, chocolates y pelucos de lujo: Suiza.
"Entre las maravillas de la Suiza, ninguna mueve en tan alto grado la sorpresa y curiosidad como la vista de los glaciares. Vivísimas son las sensaciones que experimenta el viajero que los vé por vez primera recorriendo el dilatado trecho que va desde Berna á Lausana ó mejor á Ginebra. Allí los elevados Alpes alzan sus cimas cubiertas de nieve de una blancura deslumbradora, brillando de un modo admirable á la luz del sol. Al caer de la tarde, cuando la llanura ya hace rato que está envuelta en las sombras del crepúsculo, aquellas alturas se pintan de un color rosáceo; pero apenas dejan de dar en ellas los rayos solares, se oscurecen de repente y acaban por desaparecer en la oscuridad de la noche."
De los que ya no quedan

Pues bien, la Suiza también tiene altas montañas y glaciares, de los que cada día quedan menos. Pero que no cunda el pánico: el ser humano común -vamos a poner el 80% de la población- no es reactivo ni mucho menos proactivo, porque sabe que ya llegará el 20% restante a sacarle las castañas del fuego. Si el lector es de los segundos, pues ya sabe.

El artículo, más adelante, versa sobre las características geomorfológicas del paisaje glaciar: lenguas, neveros, circos y cantos erráticos: una delicia.

Lindo gatito

Vamos a analizar uno de los sentidos, la vista, y el animal que lo ejemplifica: el lince. Es por esta analogía que algunos sabios fundaron en Italia la Academia del Lince, porque, al adoptar esta denominación, quisieron únicamente indicar, aludiendo á una fábula generalmente conocida, que se proponían, en sus investigaciones, de no limitarse á la superficie, sino ver cuanto fuera posible el fondo de las cosas. Curiosísimo.

"Varias especies de animales vén muy bien en la oscuridad; así es que la vista penetrante que los antiguos atribuyen al lince no nos daría por sí solo una indicación suficiente para asegurarnos de la identidad del animal en cuestión, y tanto podria ser una zorra como un gato; pero nos dicen también que el lince cubre con tierra sus orines, y este hábito no nos deja ya duda sobre su identidad y á cual de los dos géneros debemos colocarlo."

Nos acaba de dar una pista para reconocer, sobre el terreno, la presencia de linces como el insigne lince ibérico, orgullo peninsular dotado de un fino instinto para morir aplastado en carretera. Nos recreamos en sus costumbres deyectoras:

"Es muy probable que el lince, lo propio que el gato doméstico, si cubre sus orines es por temor de manchar su piel; pero los antiguos no se contentaban con una explica­ción tan sencilla. Suponían pues, que si lo hacia era por pura malicia, á fin de privar de ellos á los hombres, porque en efecto, según Plinio, era un excelente remedio para ciertas enfermedades. No se limitaron á esto únicamente, sino que no tardaron en decir que aquellos orines se cristalizaban y transformaban en una piedra preciosa."

Efectivamente, una costumbre muy humana ha sido restregarse con los orines de diversos animales; de hecho, la abuela del que suscribe, en su juventud, usaba el pis de tortuga para el acné, y las piedras bezoares siempre han sido bastante buscadas. El artículo pasa del lince a las piedras preciosas orgánicas, y nos habla del succino: "el ámbar amarillo, ó succino, se pescaba en otro tiem­po, como se receje todavía al presente, en las costas de Prusia, y desde allí iba, después de haber pasado por muchas manos, hasta los países mas apartados; porque siempre ha sido un objeto de adorno para ciertos pueblos."

Dama del Sáhara
Terminamos en un lugar exótico, el litoral mediterráneo de África, donde se nos narran algunas impresiones de viajeros por Argelia, visitando lugares como Cydama o Ghadames:

"Algunas veces la mirada se hunde en una especie de antros profundos, gigantescos embudos de bordes redondeados y obtusos, abiertos por los torbellinos del simun, y cuyo fondo está salpicado, revuelto y algunas veces lleno de restos informes de animales. Otras veces, penetrando el sol en ello a su fondo brilla con un fulgor plateado, y en ciertas ocasiones tiene todas las apariencias de un lago de superficie reverberante. Es una capa caliza mas ó menos extensa, puesta en descubierto, la que presenta aquella falaz ilusión. Un silencio de muerte reina en aquella inmensa desolacion, infierno, en el cual la ardiente imaginación de Dante hubiera podido arrojar á sus condenados. Y cuando el poderoso soplo de simun, levantando las olas con indecible furor, cambia en incandescente horno todo aquel caos, solo se oyen alaridos y horribles sollozos por do quiera; y es porque tan solo gemidos y rechinamientos puede exhalar aquel mundo que parece haber vivido."

Con esto terminamos nuestro unboxing de esta peculiar revista, de una época en la que la humanidad asistía a una revolución que no ha parado hasta hoy. Si nuestros tatarabuelos pudieran estar hoy aquí darían fe de ello, a buen seguro.
 

miércoles, 22 de junio de 2022

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX

"Cada vez es más rico el hombre en sanos y poderosos conocimientos, cada vez más perseverante, más osado y más activo; cada vez más instruido, más avisado por la experiencia y por la de los que le precedieron, enseñoreándose cada vez más de la materia y sujetándola á su voluntad, va levantando, aunque pequeño y débil, el gigantesco monumento de sus adelantos, monumento que con su gratitud eleva al cielo, monumento imperecedero del que ni las edades ni los hombres venideros podrán destruir ni borrar los eternos caractéres que en él graba con profunda huella"

De esta forma tan lírica -como era costumbre en tiempos pretéritos- comienza una publicación que encontré tonteando en la magnífica Biblioteca Digital Hispánica: las Maravillas y Progresos del siglo XIX, publicación en 12 entregas datada en 1876, redactada por una sociedad literaria (no se especifica cual) y profusamente ilustrada con preciosos grabados, muy del gusto de la época.

Prestaron sus plumas los científicos, escritores y aventureros más famosos de la época: el astrónomo Camille Flammarion, el químico Louis Figuier, los escritores Wilfrid de Fonvielle, Julio Verne y Thomas Mayne-Reid, el divulgador Gastón Tissandier, el geógrafo Élisée Reclus, el médico y polímata Agustín Stahl, los exploradores David Livingstone (sí, el que se perdió), John Hanning Speke (descubridor del Lago Victoria). Richard Francis Burton (el que hablaba 29 lenguas), James Augustus Grant (recogió bichos por África ecuatorial) y Henry Morton Stanley (Livingstone, supongo), entre otros.

Por poner en contexto esta publicación, veamos algunos acontecimientos de interés que sucedieron en 1876: Alexander Graham Bell patenta el teléfono, la expedición Challenger -que sentó las bases de la oceanografía (temperatura, densidad, salinidad)- toca a su fin, Nicolaus Otto construye el primer motor de explosión de 4 tiempos, Williard Gibbs inventa la chunguísima termodinámica, se funda la gran universidad Johns Hopkins, en Filadelfia se presenta la primera feria mundial de las Artes y de las Ciencias, Oscar Hertwig describe la meiosis, Edison inventa la primera fotocopiadora, el mimeógrafo; en España se bota el insigne cañonero Cocodrilo, uno de los primeros barcos oceanográficos españoles, y el gran Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza.

Fue una época revolucionaria en casi todos los aspectos, y conformó que lo hoy es la cultura occidental, la de nosotros los europeos y de los pueblos que han tenido a bien adoptarla. Por ello vamos a ir leyendo esta publicación como el que se sumerge en esos años de asombro, de descubrimientos, de exploración en bruto, siempre desde la mirada del hoy, que -aunque a veces no lo parezca- es mucho mejor que aquel entonces.

Las fases de Venus, según Camille Flammarion (Las Tierras del Cielo)

Comenzamos con algo de astronomía, a cargo del interesantísimo astrónomo y polímata francés Camille Flammarion: unas efemérides programadas para 1876 relacionadas con los planetas Venus, Júpiter y Saturno. Me viene a la cabeza la obra del cachondísimo escritor don Diego de Torres Villarroel, que se dedicó a hacer almanaques astrológicos (que no se creía ni él pero acertaba) y venderlos como si no hubiera un mañana, dos siglos antes que Flammarion. Evidentemente Flammarion era astrónomo, no astrólogo, aunque se metió en camisa de once varas con el espiritismo y otras excentricidades magufas de la época, aunque sin muchas consecuencias para su persona, afortunadamente.

"El 7 de agosto podrá observarse un raro y curioso fenómeno: el planeta Saturno se acercará a la luna hasta el punto de tocarla, y pasando por detrás de ella sadrá por el otro lado. La inmersión ó contacto del anillo de Saturno con la luna se efectuará a las 5 y 22 minutos de la mañana; estará oculto cerca de una hora y saldrá a las 6 y 11 minutos. Muy interesante sería este espectáculo si ocurriera de noche, pero como el sol sale el 7 de agosto a la 4 y 43 minutos, ya será muy claro el día en el momento del fenómeno."

Seguimos con una gesta aventurera y deportiva, esta vez en globo aerostático: de París a Noruega con Paul Rolier, ingeniero francés cuya aventura inspiraría a Julio Verne en su obra La Isla Misteriosa.

Todo está perdido

En pleno Sitio de París por las tropas prusianas, a las 10 de la noche del 24 de noviembre de 1870, Rolier y otro militar, Leon Bezien, embarcaron en un globo aerostático para llevar unos importantes despachos (mensajes) fuera de París. Había poco viento, y los aeronautas, al poco de partir, ascendieron a los 800 metros de altitud, donde se quedaron atascados debiado a la densidad de la capa de aire. Para poder ascender más, soltaron lastre y llegaron hasta los 2.700 metros. A las tres y media de la madrugada oyeron un ruido, que Rolier pensó que era el de un tren de los que había en Bélgica pero, mosqueado, decidió descender y observó lo que parecía nieve a medio derretir. Más hacia tierra descubrió la realidad: eran los borreguillos de las olas del mar hacia las que iban derechos, por lo que pensó en los seres queridos que iba a dejar atrás:

"Los rayos de sol, que ya habían herido directamente al globo con su luz, hicieron se escapara de este cierta cantidad de gas, de modo que su parte superior, floja y plegada, sacudía el aerostato, aumentando la fuga de hidrógeno. Este nuevo incidente apresuraba su pérdida, y M. Rolier confiera que, al considerar su propia impotencia, sintió por un momento que su razón se extraviaba, hasta el punto que, dominado por la desesperación, cogió un fósforo con intención de pegar fuego al globo, que se hubiera hecho pedazos en la explosión consiguiente."

Y es que extraña pasión es el miedo, según nos dice Michel de Montaigne en su ensayo "Sobre el miedo": quizás nuestro protagonista se acordó de sus nefastas consecuencias, se recompuso y pudo salvar su vida. Si el lector quiere conocer el final, esta narración continúa en varios números de la revista, muy al estilo de las pretéritas colecciones por fascículos.

Otra sección es la de Crónicas Científicas, donde aparecen las últimas noticias y adelantos relacionados con la luz eléctrica, entre otros temas:

"En Berlín se ha efectuado otra série de ensayos para la aplicación del alumbrado eléctrico, destinado á las operaciones militares, que han tenido lugar en el techo de la fábrica de Siemens-Halske. Esta vez se trata de un nuevo aparato de alumbrado pyro-eléctrico, destinado á las operaciones militares. Asistían á los experimentos varios físicos y algunos jefes de ingenieros, de artillería y marina. Una locomotora hacía funcionar el aparato, que producía una luz tan intensa, que á la distancia de un kilómetro se podía vez se podía leer un manuscrito. Delante del aparato se colocó un espejo, inclinado de manera que se reflejase hacia el cielo los rayos de luz; y visto de lejos este centro luminoso, ofrecía el aspecto de un cometa, en cuyo luminoso surco se reproducían las señales que se hacían ante el espejo. Este curioso experimento, que duró cerca de dos horas, atrajo la multitud que invadió todas las calles vecinas."

El primer capítulo de Miguel Strogoff

Como buena revista generalista, también la ficción tenía su lugar. Y nada menos que publicaba -en tiempo real- el genio Julio Verne a través de su novela Miguel Strogoff, que trata del accidentado viaje del mensajero del zar cruzando Siberia, desde Moscú a Irkutsk. Lo mejor es, sin duda, una nota al pie que nos aclara las motivaciones del novelista:

"La mayor parte de nuestros lectores, sobre todo los más jóvenes, apénas pueden viajar si no es por medio de los libros. Para obviar este inconveniente, Julio Verne ha tomado á su cargo darles á conocer la tierra entera. Con este guía seguro, incansable y seductor, no quedará sin explorar el más pequeño rincón de nuestro globo. Bien sabidos son sus profundos conocimientos geográficos, pues por si sólo valen tanto como todos los tratados de geografía reunidos; nadie como él conoce el mundo en que habita. Esta cualidad tan rara, este don especial del saber, unido á su fecunda imaginación, da á sus ficciones tal grado de certidumbre, como no pueden ofrecernósle los narradores más autorizados ni aún los mismos viajeros. Después de haber conducido a sus lectores, en diferentes obras, al África, América y Oceanía, va ahora a llevarlos al centro de Asia con Miguel Strogoff, su última producción."

Pues amén. Y es que, en opinión del editor del blog, cualquiera que se considere a sí mismo civilizado debería haberse leído al menos una obra de Verne. Y también conminar amablemente al retoño (o retoña) a que haga lo mismo por el bien de la Humanidad y el de sí mismo, si es que eso le importa.

Montañas de Grecia

Otra sección interesante es La Naturaleza y el Hombre, donde el ingeniero Félix Foucou nos hace una introducción al estudio de las ciencias con especial énfasis en la geografía económica, tan en boga en aquellos tiempos debido a la Segunda Revolución Industrial, impulsada principalmente por el desarrollo de la tecnología eléctrica y los nuevos materiales como el acero, el aluminio o el cobre, precursores de la incipiente industria química.

Aquí el ingeniero Foucou nos recuerda la influencia que las montañas de Europa han ejercido en la sucesión de los movimientos históricos. Hablando de Grecia -ese país fascinante, cuna de nuestra cultura- nos dice con ese tufillo belicista tan propio de la época, que hay que entender antes de criticar:

"El genio federativo de la Grecia está marcado en esa variada naturaleza que ofrece á la vista tantas cadenas de montañas, valles, desfiladeros, golfos y estrechos en un espacio sumamente reducido. Y, por fortuna, ese espacio une la Europa con el Asia por medio de una sucesión de islas encantadoras, pobladas por millares de séres activos y pensadores, que entrando en la vida en plena luz, se dedican á la guerra y al comercio por la gloria de lo ideal más bien que por amor al lucro. Por esta razón merecen nuestro aprecio esos artistas inimitables, á pesar de los defectos que les ha dejado la vida rústica de que acababan de salir."

 
Un nenúfar enorme y bello

Continuamos con la sección naturalista de la publicación donde, de forma novelada, se dan cita los últimos hallazgos de flora y fauna. Con el heraclíteo título Contraste: atracción y repulsión, se refiere a las características de dos flores:

"Vamos a ocuparnos de dos existencias notables en el campo de las ciencias naturales, de dos fenómenos sorprendentes en el mundo de las flores, de dos productos singulares del suelo en donde el agua y el calor engendran maravillas, de un sér por demas atractivo y de otro no ménos repulsivo; el primero llamado hoy por los botánicos Victoria regia, y el segundo Rafflesia arnoldi, ambos dignos, por su forma, grandeza, hermosura el uno, y fealdad el otro, de especialísima mención."

Es curiosa -en una publicación de las consideradas más o menos "científicas" en esa época- la distinción entre algo tan subjetivo como lo bonito y lo feo relativo al medio natural. Sin embargo es parte de la evolución de las cosas, que se van destilando según avanza la Historia. Por tanto, las cosas pasadas bien pasadas están, y es obligación no volver atrás sino para coger fuerzas para avanzar, como hicieron estos grandes personajes.

La Victoria amazonica, o maíz de agua, es un nenúfar de gran porte originario del Amazonas. El explorador y botánico Robert Hermann Schomburgk, primer europeo en avistarlo, nos deja su testimonio:

"Era, dice sir Roberto Schomburg, el día 1º de enero de 1837, mientras luchábamos con las dificultades que nos oponía la naturaleza bajo diversas formas, para detener nuestra navegación por el rio Berbero, cuando llegamos á un lugar en donde la corriente forma un tranquilo y ancho estanque. Un objeto colocado en el extremo meridional de aquella especie de lago llamo mi atención. Animando á nuestros remeros con la esperanza de una recompensa, pronto llegamos junto al objeto que excitaba mi curiosidad y pude contemplar una verdadera maravilla. Era botánico, y al punto todos los sufrimientos que venia soportando desde muchos dias, quedaron olvidados. Flotantes y extendidas por la superficie del agua habia alli unas hojas gigantescas de cinco á seis piés de diámetro, de anchos bordes, de un verde brillante por encima y de un color carmesí vivo por debajo; luego, en relación con aquellas maravillosas hojas, vi unas soberbias flores, formada cada una de numerosos pétalos, pasando por gradaciones alternativas desde el blanco puro hasta el rojo y púrpura. El agua tranquila estaba cubierta de aquellas flores, y pasando de una á otra hallaba cada vez nuevas maravillas que admirar."

Qué cosa más fea, pardiez

Su némesis es la Rafflesia arnoldii, una planta parásita que hoy en día está en peligro de extinción, ergo mucho más valiosa que la Victoria, de forma bastante paradójica, como si quisiera decir que los últimos serán los primeros, o algo así.

Posee unas flores gigantescas, de más de un metro de diámetro, y que además huelen a carne podrida, quizás para mimetizarse y atraer insectos beneficiosos. Nos la describe el profesor y escritor naturalista Édouard Grimard, autor de l'Esprit des plantes:

"Nos hallamos en Java, no léjos de aquel siniestro Valle emponzoñado, especie de osario en el que continuas emanaciones de ácido carbónico amontonan los cadáveres, -el del tigre al lado de los del coleóptero y de la mariposa- y en donde se extienden sombrías enramadas de impenetrables bosques vírgenes.. Procuremos abrirnos pasos; evitemos esas palmeras cubiertas de aguijones, esos zarzales de hojas cortantes, esas grandes ortigas cuya picada envenenena, esas temibles hormigas negras cuya mordedura quema, esas nubes de insectos, en fin, que ciegan y devoran; apartémonos de esas espesuras de bambues cuya capa silicuosa resiste á los más formidables hachazos; inclinémonos para no tocar la corteza pringosa y empozoñada del Upas de los malayos; salvemos, en fin, todos los obstáculos, penetremos en ese hueco sombrío parecido a una madriguera...¿Veis allí en la oscuridad, sobre una capa de tierra negra, aquella forma extraña, aquella criatura equívoca, aquella corona color de carne, aquella flor, -al menos así lo parece- que enorme, densa y ancha de más de un metro, os presenta sus pétalos carnosos y nauseabundos? Sí, nauseabundos ¡Acercaos y oled! Este olor es el de una materia en putrefaccion: esta horrible flor huele á cadáver; ¡y las moscas, atraidas por tan repugnantes emanaciones, acuden en tropel y zumban en torno suyo como alrededor de una bestia muerta!"

Terminamos esta entrada con la seguridad de que seguiremos leyendo esta publicación, sumergiéndonos en la aventura del descubrimiento que tanto caracterizó el último cuarto del siglo XIX.

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