jueves, 18 de agosto de 2022

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX (y II)

Continuamos la entrada anterior sobre la publicación "Maravillas y Progresos del Siglo XIX", donde hemos vivido un peligroso periplo en globo, el último grito en tecnología eléctrica, la imaginación de Julio Verne y las últimas expediciones naturalistas por América entre otros interesantes temas, siempre narrados desde la maravilla por el progreso, de dejar atrás siglos y siglos en los que las cosas evolucionaban de forma relativamente lenta -a veces a cuentagotas- para tomar carrerilla de forma exponencial, como podrían decir el tecnólogo e inventor Ray Kurzweil o el psicólogo evolucionista flower power Steven Pinker.

El rey de los coleópteros

Seguimos pues con un artículo sobre la incipiente ciencia de la entomología, iniciada no mucho antes de esta publicación por William Kirby e impulsada por la potente Royal Entomological Society, una de esas inestimables sociedades científicas que, desgraciadamente, sólo suelen aparecer en países anglosajones, quizás por el prestigio que otorgan a sus miembros, y éstos a sus comunidades.

Pues bien, el autor hace una cariñosa defensa de la vida de los insectos, que se creía baladí y despreciable en otro tiempo, y que, a finales del XIX, se pone en valor su estudio y conocimiento:

"Desde el Goliath gigante, ese rey de los coleópteros, el mayor de los insectos conocidos, que impera en las abrasadas regiones del Africa equatorial, hasta esos insectos microscópicos y casi sin nombre , que en número indecible pululan por do quiera hay vida vegetal ó animal, ¡cuántos obreros dia y noche funcionan en nuestro provecho, y cuántos también apartados de su centro natural, ó llamados involuntariamente por el hombre, trabajan en nuestro daño ó ruina."

Se centra especialmente en el interés del conocimiento de los insectos para el control de plagas, ya que llegue un dia en que ese noble deseo de averiguar las causas primeras, nos dé á conocer las de horribles pestes y espantosos contagios que no nosotros tan sólo, sino muchos de los que á estos estudios se dedican, creen deber hallar en los insectos microscópicos.

Demodex, el verdadero animal de compañía (Formaciondentalfones)

Podría quizás referirse nuestro autor a los ácaros, esas arañitas que son los verdaderos animales domésticos, de más compañía que perros y gatos ya que siempre los llevamos encima, incluso en las pestañas. Por cierto, estos animalillos -ya se habrá escandalizado el avezado lector- no son insectos ya que tienen ocho patas en lugar de seis: es un arácnido, no un insecto. Es tan importante ésto como saber que se dice alminar o minarete, no alminarete.

También los hay benéficos: los mimáridos, unas pequeñas y benéficas avispas cuya máxima -o más bien mínima- expresión es Dicopomorpha echmepterygis, que parasita otras especies que suelen considerarse pestes de las cosechas. Como vemos no hace falta tenerle tanto miedo a lo pequeño, ya que es más apasionante que casi cualquier otra cosa y merece la pena conocerlo y, como ya hemos intuido, sólo lo que se conoce se puede amar.

Cambiamos de tercio, recordando que estamos revisando una publicación generalista de 1876 que podría asimilarse a la estadounidense Popular Mechanics o a la española Muy Interesante, con la diferencia que -en esa época y al menos en España- el porcentaje de analfabetos era superior al 70%, lo que infiere que la difusión de estas publicaciones estaba reservada únicamente a los estratos más cultos y pudientes. Ahora mismo Internet -y, por tanto, todo el conocimiento de la historia de la Humanidad- llega, de forma barata, a unos 5 billones de personas en el mundo, a un 62% de la población mundial ¿quién tiene las agallas de decir que el mundo va a peor, a pesar de los problemas a los que nos enfrentamos?

Un músculo sano que necesita acción

 "El corazon y el cerebro, bien que convergiendo cada uno a dos grandes funciones absolutamente diferentes, tienen entre si y a cada instante relaciones forzosas y necesarias al funcionamiento normal del organismo. El cerebro, en primer lugar, ó al menos el sistema encefalico, da al corazon la órden de contraerse y dilatarse alternaivamente y dispone sábiamente estos movimientos alternativos. El corazon, a su vez, envia al cerebro la sangre necesaria á su nutricion y á la reparacion de las pérdidas que experimenta incesantemente, como todos los demás órganos, por el hecho mismo de su funcionamiento fisiológico. De otra parte, toda sensación un poco viva percibida por el cerebro, determina, como es sabido, una aceleración rápida de los movimientos del corazon: el temor, la cólera, la alegría, el amor, y hacen, como se dice, palpitar el corazón, lo que significa que los latidos son más rápidos."

Aquí tenemos un artículo sobre anatomía, por eso de ilustrar y educar a la par que divertir. Viene con dos grabados: el primero del corazón, con sus ventrículos, válvulas, venas y arterias, así como un esquema del intercambio gaseoso de la sangre; y el otro referido al cerebro, con sus lóbulos, el infundíbulo hipotalámico, el quiasma óptico y el cerebelo.

El cerebro, órgano presente en algunos humanos

Regresamos a lo que más nos suele motivar: la exploración de lugares recónditos, a ser posible oscuros y húmedos; y, para ello, nada mejor que un bosque primitivo:

"¿Debemos llamar bosque virgen ó primitivo á toda clase de bosque espeso y silvestre, cubierto de árboles vigorosos sobre los cuales jamás puso el hombre su mano destructora? Este nombre no puede convenir á un gran número de comarcas diferentes bajo la zona templada y hasta bajo la zona glacial. Pero sí se quiere particularmente designar con este nombre la impenetrabilidad de una vasta selva, la imposibilidad de abrirse paso con el hacha por entre los árboles que á veces tienen de ocho á diez pies de diámetro, los bosques vírgenes pertenecen exclusivamente á las regiones tropicales. Y no debe creerse tampoco que sean siempre, como asi se imagina generalmente en Europa, que sean las robustas enredaderas y espinosos zarzales los que hacen impenetrables las selvas vecinas al Ecuador. Estos inconvenientes son por lo común los menos. El obstáculo principal lo ofrecen las plantas arborescentes, que no dejan ningún espacio vacío en un suelo en donde casi todos los vejetales pasan á ser leñosos."

Lugar algo tétrico

La verdad es que este artículo no podría empezar mejor ya que, en el mejor tono de ecólogo -que no ecologista- conservacionista nos dice que estos bosques son, en primer lugar, ponderadores químicos de la atmósfera para la cual renuevan de continuo el oxígeno que la respiración de los animales y los fenómenos de combustión transforman en ácido carbónico; y en segundo lugar, para ser, en cierto modo, el conservatorio de una multitud de animales de todas clases : mamíferos, aves y reptiles, que hallan reunidos en ellos los dos principios esenciales de su existencia: el alimento y el abrigo.

Y no se queda allí sino que, ya en 1876, se tiene una vaga idea de lo que, más de un siglo después y con una población mundial que pasa de 1.500 millones a 8.000 millones de habitantes, sería la preocupación medioambiental:

"En la América del Norte, la civilización ha destruido en 300 años, lo que veinte ó mas siglos habían acumulado en el antiguo continente. Tan solo en la América meridional y central, en las grandes islas del Océano Pacifico, como Borneo, Sumatra, Madagascar y Java, puede contemplarse aun, con toda su silvestre majestad la prodigiosa flora de los trópicos, reunida en masas profundas e impenetrables, dignas todavía del nombre de bosques virgenes ó primitivos."

Siendo este artículo tan bonito y profundo, no me resisto a trasladar el epílogo del mismo, un canto a la belleza y salvajismo de la vida natural, a su vitalidad y contradicciones, a su intensidad: una experiencia similar a la experimentada por Kurtz en la novela de Joseph Conrad:

"A la luz de los primeros rayos del sol, los insectos, las aves, los monos y sus congeneres, despiertan y se ponen en movimiento, se ocupan de su desayuno, después juegan, gritan, cantan ó saltan. Aquella exuberancia de vida va menguando á medida que los rayos solares van siendo mas ardientes, para reanimarse á puesta de sol y cesar al cerrar la noche. Entonces el espectáculo cambia: de un Edén lleno de alegría y de movimiento que antes era, pasa á ser una Tebaida triste y silenciosa. Es la hora en que los carniceros salen de sus antros; estos no juegan, ni gritan, ni saltan; pero es preciso que coman, y lo peor es que se comen á los otros. Entonces empieza la caza sin compasión; por doquiera las ramas crujen bajo el peso de unos y otros; en todas partes la hojarasca que cubre el suelo suena bajo los pasos precipitados de perseguidores y perseguidos; sombras fugitivas, formas indecisas, se cruzan en la oscuridad; ojos sanguinolentos brillan como carbunclos entre las matas; rugidos de furor hacen estremecer los ecos de la selva, mezclados con gritos de espanto de los que sucumben, gemidos de agonía de los que son devorados palpitantes."

Nada más que añadir; volvemos a cambiar de tercio hacia un lugar civilizado, quizás en exceso: ese lugar rebosante de cuantas bancarias opacas, evasión de impuestos, chocolates y pelucos de lujo: Suiza.
"Entre las maravillas de la Suiza, ninguna mueve en tan alto grado la sorpresa y curiosidad como la vista de los glaciares. Vivísimas son las sensaciones que experimenta el viajero que los vé por vez primera recorriendo el dilatado trecho que va desde Berna á Lausana ó mejor á Ginebra. Allí los elevados Alpes alzan sus cimas cubiertas de nieve de una blancura deslumbradora, brillando de un modo admirable á la luz del sol. Al caer de la tarde, cuando la llanura ya hace rato que está envuelta en las sombras del crepúsculo, aquellas alturas se pintan de un color rosáceo; pero apenas dejan de dar en ellas los rayos solares, se oscurecen de repente y acaban por desaparecer en la oscuridad de la noche."
De los que ya no quedan

Pues bien, la Suiza también tiene altas montañas y glaciares, de los que cada día quedan menos. Pero que no cunda el pánico: el ser humano común -vamos a poner el 80% de la población- no es reactivo ni mucho menos proactivo, porque sabe que ya llegará el 20% restante a sacarle las castañas del fuego. Si el lector es de los segundos, pues ya sabe.

El artículo, más adelante, versa sobre las características geomorfológicas del paisaje glaciar: lenguas, neveros, circos y cantos erráticos: una delicia.

Lindo gatito

Vamos a analizar uno de los sentidos, la vista, y el animal que lo ejemplifica: el lince. Es por esta analogía que algunos sabios fundaron en Italia la Academia del Lince, porque, al adoptar esta denominación, quisieron únicamente indicar, aludiendo á una fábula generalmente conocida, que se proponían, en sus investigaciones, de no limitarse á la superficie, sino ver cuanto fuera posible el fondo de las cosas. Curiosísimo.

"Varias especies de animales vén muy bien en la oscuridad; así es que la vista penetrante que los antiguos atribuyen al lince no nos daría por sí solo una indicación suficiente para asegurarnos de la identidad del animal en cuestión, y tanto podria ser una zorra como un gato; pero nos dicen también que el lince cubre con tierra sus orines, y este hábito no nos deja ya duda sobre su identidad y á cual de los dos géneros debemos colocarlo."

Nos acaba de dar una pista para reconocer, sobre el terreno, la presencia de linces como el insigne lince ibérico, orgullo peninsular dotado de un fino instinto para morir aplastado en carretera. Nos recreamos en sus costumbres deyectoras:

"Es muy probable que el lince, lo propio que el gato doméstico, si cubre sus orines es por temor de manchar su piel; pero los antiguos no se contentaban con una explica­ción tan sencilla. Suponían pues, que si lo hacia era por pura malicia, á fin de privar de ellos á los hombres, porque en efecto, según Plinio, era un excelente remedio para ciertas enfermedades. No se limitaron á esto únicamente, sino que no tardaron en decir que aquellos orines se cristalizaban y transformaban en una piedra preciosa."

Efectivamente, una costumbre muy humana ha sido restregarse con los orines de diversos animales; de hecho, la abuela del que suscribe, en su juventud, usaba el pis de tortuga para el acné, y las piedras bezoares siempre han sido bastante buscadas. El artículo pasa del lince a las piedras preciosas orgánicas, y nos habla del succino: "el ámbar amarillo, ó succino, se pescaba en otro tiem­po, como se receje todavía al presente, en las costas de Prusia, y desde allí iba, después de haber pasado por muchas manos, hasta los países mas apartados; porque siempre ha sido un objeto de adorno para ciertos pueblos."

Dama del Sáhara
Terminamos en un lugar exótico, el litoral mediterráneo de África, donde se nos narran algunas impresiones de viajeros por Argelia, visitando lugares como Cydama o Ghadames:

"Algunas veces la mirada se hunde en una especie de antros profundos, gigantescos embudos de bordes redondeados y obtusos, abiertos por los torbellinos del simun, y cuyo fondo está salpicado, revuelto y algunas veces lleno de restos informes de animales. Otras veces, penetrando el sol en ello a su fondo brilla con un fulgor plateado, y en ciertas ocasiones tiene todas las apariencias de un lago de superficie reverberante. Es una capa caliza mas ó menos extensa, puesta en descubierto, la que presenta aquella falaz ilusión. Un silencio de muerte reina en aquella inmensa desolacion, infierno, en el cual la ardiente imaginación de Dante hubiera podido arrojar á sus condenados. Y cuando el poderoso soplo de simun, levantando las olas con indecible furor, cambia en incandescente horno todo aquel caos, solo se oyen alaridos y horribles sollozos por do quiera; y es porque tan solo gemidos y rechinamientos puede exhalar aquel mundo que parece haber vivido."

Con esto terminamos nuestro unboxing de esta peculiar revista, de una época en la que la humanidad asistía a una revolución que no ha parado hasta hoy. Si nuestros tatarabuelos pudieran estar hoy aquí darían fe de ello, a buen seguro.
 

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