viernes, 2 de enero de 2026

Micropaisajes VIII: el universo en una célula (orgánulos: entre núcleos y vacuolas)

Continuamos la anterior entrada -dedicada a la morfología celular- explorando las interioridades de la célula, sus orgánulos y todas esas cosas que flotan, cual bebé en la tripa de su madre, en los confines de la pared celular. Como siempre, estamos siguiendo el hilo argumental del magnífico y enciclopédico libro de Bruno P. Kremer Manual de Microscopía


Disclaimer de turno: como siempre, todas las fotos son de un servidor a menos que se diga lo contrario, y en la redacción de esta entrada no hay IA ni se la espera. 

La primera experiencia explicada en el libro también es la más fácil e inmediata: rascarse el interior de la mejilla con el dedito (limpio y con las uñas cortadas, si puede ser) o con una cucharilla. Un servidor elige la segunda opción, por eso de recoger la mayor cantidad de epitelio bucal posible.

Coloco el espeso líquido en un porta y procedo a la tinción, de izquierda a derecha, con los colorantes rojo Congo, azul de metileno y solución de Lugol, para comparar observaciones. Por añadir rapidez, pongo el porta en el calientatazas para evaporar el agua, y después lo enjuago con agua limpia, para eliminar el exceso de colorante.

Epitelio bucal: preparación con rojo Congo, azul de metileno y Lugol
Primero observamos las células escuamiformes, laminares y arrugadas, del epitelio bucal, teñidas con Lugol. La solución de Lugol es un colorante que reacciona con las proteínas y el almidón volviéndolos marrones y azules, y es muy efectivo en células vegetales. En este caso tenemos una célula animal, por lo que el efecto de coloración es prácticamente nulo.

Al microscopio se observa una célula típicamente animal, rodeada de su membrana plasmática, muy delicada con multitud de arrugas y pliegues, y con un núcleo celular muy marcado. Parecen pequeños huevos fritos, por sacar la analogía chorra del día.

Epitelio bucal como huevos fritos, bajos aumentos, tinción de Lugol

Con azul de metileno la cosa cambia: las células se colorean pudiéndose apreciar mejor el núcleo, muy oscuro, y las formas recortadas y caprichosas de las células.

Epitelio bucal, bajos aumentos, tinción con Azul de Metileno  

Subiendo los aumentos se observa que, además del núcleo, también aparecen diferentes orgánulos. El azul de metileno tiñe especialmente los núcleos celulares y las bacterias, que circulan, a millones, por toda la preparación, como bastoncillos mucho más diminutos que las propias células epiteliales. 

La muestra teñida con rojo Congo es ligeramente diferente: el tinte muestra más afinidad por el citoplasma que por el núcleo, de forma contraria a la tinción con azul de metileno. 

Epitelio bucal, aumentos medios, tinción con rojo Congo

A mayores aumentos, encuentro una especie de cabeza de perro que me hace gracia: sus vivos ojillos me observan con curiosidad, aunque realmente se trate de dos núcleos celulares casi superpuestos.

Perro mirando a izquierda, altos aumentos, tinción con rojo Congo
Con iluminación de contraste de fase la membrana celular es mucho más patente, ya que se destaca contra el fondo, casi negro. En su interior los núcleos brillan como un sol, y alrededor se arremolinan cadenas de orgánulos, visualmente más oscuros.

Epitelio bucal, altos aumentos, iluminación de contraste de fase

Proseguimos con un clásico de la microscopía de células vegetales: la observación de la epidermis de la escama de cebolla. Encuentro, en mi colección personal, una preparación casera de cebolla, teñida con eosina, y otra de muda de reptil, una de esas interesantes guarrerías con las que uno se topa ya sea en el campo o en su propia keli. Además, estos dos tejidos poseen ciertas similitudes, aunque una esté compuesta de células vegetales y la otra de células animales.

Preparaciones caseras de mi colección personal
Las células de epidermis de cebolla semejan hexágonos aplastados; las membranas plasmáticas son extremadamente finas, conteniendo un líquido acuoso en el que flota el núcleo -que se aprecia como una mancha ovalada algo más oscura- además de otras pequeñas esferas móviles llamadas vacuolas. 

Epidermis de cebolla, bajos aumentos
Elevando aumentos se aprecia mejor el núcleo, de color rojizo, la membrana plasmática y las diminutas vacuolas, pequeños depósitos que contienen sustancias fundamentales para la vida del vegetal como sales, metabolitos y pigmentos. Además rellenan la célula otorgándola turgencia y estabilidad.

Epidermis de cebolla, altos aumentos

La muda de reptil -la exuvia o capa córnea- es una epidermis al igual que la de la cebolla, con las particularidades de la célula animal: la principal diferencia es su forma, más o menos redonda en lugar de hexagonal. En este caso son células escamosas, ya muertas, cuyas gruesas membranas está compuestas de queratina, una proteína fibrosa muy dura y resistente.

Muda de reptil, bajos aumentos

La mayoría de las escamas son planas, como corresponden a un pellejo, un recubrimiento. Sin embargo, también se distinguen escamas tridimensionales que parecen salientes, como pinchos: se trata de escamas carenadas o quilladas, típicas de las lagartijas y culebras de toda la vida. 

Escama carenada en muda de reptil, altos aumentos

Seguimos con las células animales. Nuestro manual indica que debemos coger una muestra de panceta fresca, pero un servidor es fit y no ingiere semejante bomba calórica salvo fiestas de guardar. Lo sustituyo por un trozo de saludable y magra carne de pavo, que corto transversalmente con el bisturí, coloco sobre el portaobjetos y observo bajo luz polarizada. Se aprecian las fibras musculares, longitudinales, así como los glomérulos de grasa que parecen recubrirlas.

Carne de pavo, bajos aumentos, luz polarizada con analizador sin cruzar
Girando el prisma analizador, las membranas celulares se tiñen ópticamente de un azul violáceo, dando la sensación de que estas células poseen una morfología tubular.

Carne de pavo, misma vista que la anterior, luz polarizada con analizador cruzado

Volvemos a las células vegetales, donde nuestro manual hace hincapié en la detección de vacuolas, utilizando para ello pulpa de baya de aligustre. Como no dispongo de este material, voy a utilizar una rica y sana compota de manzana además de unas bayas de Juniperus que birlé en un parque de mi ciudad.

Las células de la manzana asada, vistas al microscopio, aún se muestran lo suficientemente turgentes y definidas, y son vagamente esféricas u ovaladas. Los núcleos celulares no son patentes.

Compota de manzana, bajos aumentos
Subiendo aumentos, salta a la vista una bella célula poligonal que encierra un arrugado amiloplasto, una vacuola especializada que almacena gránulos de almidón.

Célula con amiloplasto, compota de manzana, altos aumentos
Pasamos a la pulpa del Juniperus communis, un arbusto ornamental también conocido como enebro. Sus pequeños frutos -o más técnicamente gálbulos- al ser machacados en un mortero, desprenden un olor muy característico, y se emplean para fabricar ginebra y como aderezo culinario

Juniperus communis de parque urbano
Tras machacar las bayas y degustar su aroma embriagador, coloco algo de la pulpa sobre el portaobjetos, iluminando con polarización. A bajos aumentos y analizador cruzado, se aprecian unas células rellenas de un fluido birrefringente, posiblemente los aceites esenciales que otorgan al fruto su olor tan característico. 

Pulpa de baya de Juniperus, bajos aumentos, polarización
A mayores aumentos se aprecia la diferencia de coloración óptica del interior de la célula, cuya vacuola ocupa la práctica totalidad de la misma.

Pulpa de baya de Juniperus, altos aumentos, polarización

Continuamos con las vacuolas con un producto rico y sano a más no poder: el pepinillo agridulce, un básico de cualquier nevera que se precie. 

Corto el pepinillo en sentido transversal, cerca de un extremo, y me como el resto del pepinillo pidiendo salud para el amable lector o la amabla lectora. De la puntita, con un bisturí corto una delgada capa y al microscopio. 

Pepinillo, bajos aumentos

Aparecen multitud de hermosas y abultadas células esféricas llenas de agua, que se apretujan unas contra otras en un denso tejido húmedo. Dentro de cada una encontramos un núcleo de gran tamaño -en el que se puede apreciar el pequeño nucleolo en su interior- así como su membrana plasmática, similar a un globo lleno de agua que se aplasta contra los que tiene a su alrededor.

Pepinillo, aumentos medios

Nuestra última experiencia por hoy corresponde a un objeto que ha pasado a los anales de la historia de la microscopía: el corcho, tal y como lo observó un de los padres de la microscopía: el insigne Robert Hooke en su obra magna, la Micrographia. Por cierto, Hooke fue el primero en utilizar la palabra célula (cell) al observar la sección del corcho con su rudimentario microscopio, comparando sus estructuras a las celdas de los panales de abejas, y a las habitaciones de los monjes en los monasterios.

Abro, pues, la observación XVIII de la Micrografía (edición en español del Círculo de Lectores): "De la estructura o textura del corcho y de las celdas o poros de algunos cuerpos esponjosos semejantes"

Corcho en la Micrographia
Nos dice Hooke;

Cogí un trozo bien claro de corcho y con un cortaplumas tan afilado como una navaja de afeitar, corté un trozo, dejando su superficie extraordinariamente lisa. Al examinarlo luego con mucha diligencia con un microscopio pensé que podía ver cómo aparecía un poco poroso, pero no era capaz de distinguir los poros con la suficiente claridad como para estar seguro de que lo eran, y mucho menos para estar seguro de cuál era su forma. Sin embargo, juzgando por la ligereza y blandura del corcho que sin duda su textura no podía ser tan delicada que, de recurrir a una mayor diligencia, no pudiera quizá hallar el modo de discernirla con un microscopio, con el mismo cortaplumas afilado separé de la anterior superficie lisa un trozo extraordinariamente delgado y, colocándolo en un portaobjetos negro, dado que se trataba de un cuerpo blanco, y proyectando sobre él luz con una gruesa lente plano-convexa, pude percibir con enorme claridad que estaba todo perforado y poroso, muy a la manera de un panal, aunque sus poros no eran regulares.

Con el bisturí, y cierta dificultad por la dureza del corcho, corto una fina sección longitudinal, que se desmenuza parcialmente. Al microscopio observo lo mismo que Hooke: multitud de celdillas con sus membranas plasmáticas lignificadas: al tratarse de un tejido muerto, no posee contenido celular alguno.

Corcho, sección longitudinal, bajos aumentos

De esta forma tan histórica finalizamos esta entrada sobre células y vacuolas. En las siguientes continuaremos repasando el manual de Kremer, para observar paredes celulares y demás apasionantes materias.

CONTINUARÁ 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Rutas anárquicas: el Tajo, de la Puebla de Montalbán a Malpica de Tajo

Continuamos con nuestro periplo aguas abajo del Tajo donde lo dejamos en la entrada anterior, junto al puente sobre el canal de Castrejón, al sur de La Puebla de Montalbán. Como de costumbre, las fotos son del que escribe a menos que se diga lo contrario y -todo hay que decirlo-, en este blog en general y en esta entrada en particular, no hay rastro de IA y todo es más que humano, falible hasta la extenuación.

Desde el puente cojo la CM-4009 en dirección N, hasta alcanzar una gasolinera a la izquierda. Tomo, en diagonal y dirección SO, la carretera de San Martín de Montalbán o camino del Calvario, que discurre junto al arroyo de los Cañares. Hace frío y está húmedo y neblinoso, lo que hace prever una jornada harto dificultosa.

Empezamos bien

Avanzo por la carretera hasta alcanzar la enorme fábrica de conservas "El Cidacos" (1980). Pegado al gran solar de logística, un cobertizo de toda la vida resiste ahora y siempre al invasor.

Cobertizo superviviente

Al final del gran complejo industrial, cojo la pista de la derecha. Al poco, entre la niebla aparece la EDAR de La Puebla (2005), con un bonito azulejo -típicamente manchego- adornando su puerta principal.

EDAR con gracia

Unos metros más adelante, en un paisaje de retamas y monte bajo, la carretera se interrumpe por obras, lo que me fuerza a regresar y tomar un camino alternativo que nos vuelva a acercar al canal de Castrejón, que trataremos de recorrer hasta Malpica de Tajo, donde volveremos a encontrarnos con nuestro gran río ibérico.

Media vuelta

Regreso a la gasolinera y cojo la carretera en dirección al pueblo. En la primera rotonda, tomo la calle Soto Redondo a tope y después el camino de la Florida, una pista de tierra bastante ancha, apta para mi 4x2.

Otro intento

Prosigo cómodamente hasta alcanzar una muy bonita finca con casona de labor "La Florida" (1990), dotada de balcón central y ventanas con arcos, majo ejemplo de la singular arquitectura popular manchega.

Qué chula

Un poco más adelante, a la izquierda entronca la carretera que no hemos podido continuar antes, tras la EDAR. Por tanto, hemos superado el primer escollo; veremos los siguientes. 

La pista gira abruptamente a la derecha, alcanzando el embalse de Cañares, un engrosamiento del canal de Castrejón. 

En el canal, por fin

La pista junto al canal ya no es tan cómoda, sino más estrecha y embarrada. Entre la fresca bruma aparece un puente, que se refleja en las aguas verdosas y tranquilas del canal. Huele a tierra húmeda, qué gozada.

Puente en la bruma

Agarrada a la barandilla del puente, una telaraña se dibuja con gotitas de rocío, mientras un bicho indeterminado se agita en el carrizal, como asustado por el improbable intruso.

Telaraña engalanada

De vuelta a la pista -denominada colada de Majadas y Posturas en el mapa del IGME-, una nutrida bandada de paseriformes, muy quietas ellas, está suspendida en el tendido eléctrico, como anticipando un desenlace incierto a la aventura.

Pájaros de mal agüero

Sigo rodando por la pista, en un terreno compuesto de arenas de la terraza inferior del Tajo con cantos rodados diseminados.

Junto al canalillo

Otro puente cruza el canal, internándose en los enormes olivares hasta el cauce del Tajo.

Puente y barro

Alcanzo el arroyo de la Vega, convertido en torrente por las recientes lluvias, que discurre bajo el canal de Castrejón. Probablemente el vado no sea impracticable para mi 4x2, pero las exploraciones en solitario y en el culo del mundo requieren dosis extra de prudencia: más vale regresar sin daños que hacer el canelo y que salga muy caro.

Torrente insalvable

Doy media vuelta haciendo multitud de maniobras, hasta enfilar por otra pista que, ascendiendo a la izquierda, discurre entre olivares en dirección NO, hacia al arroyo de la Vega aguas arriba: la cañada del Moledor

Junto al cauce del arroyo, encuentro una finca agrícola (1970) decorada con neumáticos de tractor. Silencio sepulcral entre la niebla. El camino se embarra, y las huellas hundidas de gigantescos tractores forman charcos amenazadores. Tras atravesar un estrechamiento flanqueado de retamas y enebros, observo que la progresión es imposible, por el estado precario de la vereda. No way, media vuelta.

Mala pinta

Vuelvo a alcanzar el camino del Canal, en dirección E. Al rato, en un amplio cruce de varias pistas tomo la que se dirige al NO, a la altura del paraje "Fuente Baja". Esta pista también nos lleva al puto arroyo de la Vega, que intentaremos vadear si es que se deja.

Tercera intentona

Alcanzo, no sin cierto canguelo, otra finca de labor (2000) junto al arroyo de la Vega, a la izquierda. El camino, cada vez más embarrado, presupone la tragedia.

Granja chunga, beware

Efectivamente: algo más adelante el firme, muy pisoteado por los tractores, se encuentra en ocasiones anegado, y el coche no hace más que patinar y pegarse golpes contra los bajos. Media vuelta, así no hay manera.

No me la juego

Desando el camino hasta la intersección con la pista del canal, para tomar otra pista en dirección NE: el camino de las Huertas. Al poco encuentro otra finca, esta vez equipada con una plaza de toros (2000); sin duda, las mejores fiestas camperas de la comarca.

Plaza de toros en la nada

Llego, entre potentes olivares, al cruce con el camino del Moledor, que tomo en dirección N.

Olivar de nivel

A los pocos kilómetros -y alguna dificultad- llego a la CM-4000, que tomo en dirección O. Cojo el desvío a El Carpio del Tajo, donde en lugar de neblina luce un resol mañanero.

Civilización

Entro al pueblo por el camino de Ronda donde, tras unos talleres y naves, encuentro un chalé de parné (1992), con torreta octogonal.

Chaletaco

Ya en la calle de la Aviación, mucho más rústica con sus viviendas encaladas de una sola planta, una almazara (1968) -espacio publicitario ad hoc- me recuerda lo excepcionales que son los aceites de esta zona de Castilla-La Mancha, suaves y de matices equilibrados en boca, como sus aceitunas arbequina y cornicabra.

Algo más adelante encuentro un clásico del agro español: una hermosa báscula municipal (1970), de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas: una delicia vintage para los sentidos. 

Monumento a la gravedad

Prosigo por la calle de la Marina, con sus casas de una planta con zócalos de fantasía: lisos, con azulejos, de piedra, de todos los colores.

Salgo del pueblo y vuelto a tomar la CM-4000. A la izquierda, el bosque de galería del Tajo emerge de la estepa cerealista. Pasado el PK 46, cojo el desvío a Malpica de Tajo, en dirección S. Al poco, junto al la salida del sendero GR-113 -el Camino Natural del Tajo- encuentro un original y colorido letrero cerámico en una pared de ladrillo con almenas, indicándome que ya me encuentro en Malpica de Tajo, la última parada de esta ruta.

Malpica

Dejo el coche y, a pie, avanzo por la escueta acera. A la derecha, un pedazo castillo, equipado con alargadas ventanas góticas, se refleja en las tranquilas y verdosas aguas del Tajo. Se trata del castillo de Malpica, una antigua fortaleza árabe acondicionada como palacio en el siglo XVII; hoy en día el almenado mamotreto pertenece al ducado de Arión,  a quien Dios dé un castillo, san Pedro se lo bendiga.

Castillaco con derecho de pernada

Cruzo un espectacular puente de hierro con arco parabólico (1893), obra de ingeniería civil tan notable como desconocida que, en mi deshonesta opinión, deja en bragas al castillo de marras. Absolutamente divino, un vado místico: el puente poseía originalmente tres tramos parabólicos y fue parcialmente volado durante la Guerra Civil, siendo reconstruido entre 1945 y 1984.

A lo Eiffel

Henchido de satisfacción vital avanzo hacia el pueblo, bordeando el opaco muro del recinto palaciego. Giro a la derecha, para encontrar, frente a un estrecho bulevar con sauces llorones, unas antiguas y grandes naves con tejado a dos aguas (1920) y muros en ladrillo y revoco crema. 

Naves guapas

Sigo bordeando las naves y el castillo, a la derecha, por la calle San Sebastián. Tras pasar el portón del castillo y sus enhiestos cipreses, desciendo al río por una senda ad hoc, con barandilla de madera.

P'al río

El aire se torna fresco y húmedo; un marchito cartel de interpretación informa de la fauna, flora y paisanaje que se puede observar por aquí; el río, un espejo.

Pasarela

Un poco más adelante, una bacanal estruendosa: una bandada de gansos, sin temor alguno, me da la bienvenida agitando sus alas, mirándome con esa expresión equidistante entre la agresividad y el cachondeo: animal más punk no lo hay.

Tras unos patos semidormidos que no me hacen ni puto caso, unas pilas pétreas emergen de las aguas del Tajo, a buen seguro los restos de un antiguo puente que no he localizado en ningún mapa. Pero serlo, es, palabrita del Niño Jesús.

Amigos y pilas de puente

Detrás, la fuente del venero "el Peñón" (2023) recuerda al parque Güell, con sus trozos de azulejos rotos. Rincón idílico, para ver el sunset o lo hacer lo que haiga falta.

Gaudí inspiration

Subo por la escalinata de madera, por eso de volver a la civilización.

Me voy p'al pueblo

Tiro a la izquierda, alcanzando la iglesia de San Pedro Apóstol (siglo XVII), con fachada en ladrillo y blanco, entrada frontal y equilibrados volúmenes, muy agradable y armónica.

Iglesia equilibrada

Está abierta, cosa desgraciadamente no tan común en  los templos de España: el interior respira paz y silencio, por lo que aprovecho para echar una breve meditación.

Silencio místico

Con el puntito puesto, avanzo por la calle Iglesia hasta encontrar el arco de entrada a la plaza de la Constitución, corazón del pueblo. Un círculo de azulejos muestra un mapa de los diferentes municipios de la zona.

Portón con mapa

La plaza es francamente dura, sin un árbol que alivie el posible calorazo estival, y el reloj del Ayuntamiento (1941) marca la hora que es, cosa que no todos hacen: sorprende la torre con campana y megafonía, para que todo el mundo se entere de los edictos municipales.

Plaza desierta

Aquí finaliza esta entrada, en la que hemos recorrido -como hemos podido- el camino entre la Puebla de Montalbán y Malpica de Tajo. En próximas entregas seguiremos el periplo aguas abajo del Tajo, de forma anárquica, como se pueda sin más.

CONTINUARÁ 

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