Continuamos con nuestro periplo aguas abajo del Tajo donde lo dejamos en la entrada anterior, en la localidad de Malpica de Tajo, hogar de un imponente castillo y de un aún más interesante puente metálico, que salva las aguas del río que estamos siguiendo con inusitada fruición y autocomplacencia. Huelga decir que las fotos -mejores o peores- son de mi propiedad a menos que se diga lo contrario, y que aquí no hay rastro de IA ni de otras fruslerías tecnológicas.
Desde el puente metálico sobre el Tajo avanzo hacia el N, superando la CM-4000 en dirección a Erustes. A unos pocos cientos de metros, a la izquierda, se divisa una gran ruina, el castillo de Villalba o de Bolobras, una imponente fortaleza islámica del siglo XIII. Dejo el coche, pues, en una pista abierta en el precioso olivar, y tiro hacia la fortaleza por una pista bien marcada, en pendiente hacia un orgulloso altozano, de esos que pirraban a los aún más orgullosos musulmanes medievales.
| Castillaco |
Rodeo el castillo de forma levógira observando su gruesa muralla, en ladrillo y piedra, y sus potentes torres que amenazan ruina, como especifican los de Hispania Nostra. Una pasada de lugar, evocador a más no poder; en el lado noroeste, tras una puerta con arco, el interior se tapiza con los ubicuos y floridos matojos primaverales, quizás ocultando el peine de oro de la mora, que todavía no ha sido encontrado por mucho que las leyendas insistan en su realidad.
| Ruina y barranco |
En el lado suroeste del otero, grandes vistas de Malpica y del Tajo hasta Talavera de la Reina, a donde nos dirigimos. El lienzo de muralla en este punto es más extenso, parcialmente derruido: un espectáculo en vías de extinción.
| Lienzo SO |
Regreso a Malpica de Tajo. Tras el puente metálico tiro a la derecha, cogiendo la TO-1151 en dirección a Bernuy. Al final del pueblo, junto a una rotonda que da acceso a unas naves, aparece una báscula municipal, elemento favorito del que escribe junto con los prácticamente desaparecidos fielatos. Quizás por la cercanía a un bosquete de pinos piñoneros, una tranquila perdiz roja estira su cuello al final de la rampa de pesaje; báscula y perdiz, patrimonio y símbolo del agro español.
| Báscula y perdiz al fondo |
Sigo por la TO-1151 en dirección NO. Tras el puente sobre el río Pusa -afluente del Tajo- cojo una pista a la derecha, entre el cauce del arroyo y una plantación infinita. Al fondo, recortada contra el horizonte, la sierra de Gredos.
| Por la pista |
La pista gira abruptamente a la izquierda; desmonto mi metálico corcel y tiro por la vereda que circula a la izquierda del río, cuya vegetación aledaña se va espesando progresivamente mediante eucaliptos, carrizal y demás vegetación de ribera. Huele a flores y agua, y mogollón de aves se agolpan en las ramas más elevadas, compitiendo por el sonido más fino o el más estruendoso, a elegir.
| Sendero idílico |
La senda se desvanece a la altura de una pequeña playa fluvial, junto a la desembocadura del río Pusa en el Tajo.
| Encuentro Pusa-Tajo |
Regreso al coche, para continuar por la pista en dirección O. Junto al camino encuentro una nave ventilada por celosías de ladrillo.
| Nave bien ventilada |
Echo un vistazo al interior: particiones de ladrillo alterno con huecos, que no llegan hasta el techo: un secadero de tabaco en toda regla, posiblemente sin uso a estas alturas. Estos secaderos, al menos en la zona de Talavera, se consideran patrimonio agrícola, y entidades como la Real Academia de Toledo los tienen catalogados como patrimonio cultural en peligro.
| Interior del secadero |
Prosigo por el camino de San Martín de Pusa a Cebolla, hacia el O. A la izquierda el terreno comienza a elevarse, y a la derecha surgen unos puentes y tirolinas en un paisaje de fresca vega fluvial.
| Para romperse la crisma |
La pista gira abruptamente a la izquierda, en ascenso hacia el poblado de Bernúy, destruido completamente durante la Guerra Civil y reconstruido posteriormente (1944) por el Instituto Nacional de Colonización, aprovechando su potencial agrario al encontrarse en la vega del Tajo.
Aparco en la calle Cruz, junto a su campo de deportes con palomar incorporado, que no molesta sino embellece. Una lugareña me mira con curiosidad, como todas las lugareñas, lugareños y lugareñes.
| Campo de deportes con palomar |
Encuentro una cruz en la calle de la Cruz; tras ella unas viviendas de estética particular, muy toledanas con su aparejo consistente en paños encalados en blanco y fábrica de ladrillo visto.
Me filtro por un tunelillo que me lleva a una amplia plaza porticada: la plaza de la Libertad, con su reloj, fuente con bola e iglesia, todo con la misma estética de poblado de colonización. Qué bonito, oiga, si parece un decorado de película de Almodóvar.
| Bola e iglesia |
Rodeo la iglesia; en el torreón trasero encuentro un cartel cerámico, que ilustra que doña Emilia fue la primera en nacer en el pueblo, allá por 1948.
En una esquina se encuentra la campana conmemorativa de la construcción de la iglesia, fundida en Carabanchel Bajo en 1947; por cierto, esto me recuerda la exploración que hicimos de este interesante distrito madrileño.
| Esquinazo nostálgico |
Regreso al coche y circunvalo Bernúy por la evocadora calle Transformador, hasta coger la TO-1151 a la derecha. Cojo el primer cruce a la derecha, por el camino de servicio de la margen izquierda del canal de Castrejón, también llamado calle Pueblanueva.
| Camino del canal |
El camino avanza en dirección O por un paisaje de monte bajo, con amarillas retamas, encinas y matorral. De vez en cuando aparecen pequeñas esclusas y desvíos del canal hacia las fincas colindantes.
| Esclusa |
Sigo hasta encontrar, de frente, una señal de fondo de saco. A los lados hay sendas salidas; tomo la de la derecha hasta divisar, tras un olivar, la finca Cotanillo, perteneciente a la almazara Valderrama, productora de AOVE de alta calidad.
| Almazara |
Por la pista de la izquierda vuelvo a encontrarme con la TO-1151, que sigo por unos 800 metros hasta girar de nuevo a la izquierda, por el camino del ya conocido canal de Castrejón.
Al poco, un transformador vintage ejerce de centinela de una finca con balsa de agua, canto de ranas y parque solar.
| Finca equipada |
Un poco más adelante, tras cruzar la TO-1151 y a la derecha, una gran balsa de agua de forma semicircular, que refleja un cielo nuboso, algo dramático.
| Balsa |
Alcanzo una rotonda y sigo recto en dirección NO, en un paisaje de extenso regadío. Al poco me interno en Las Vegas de San Antonio, otro poblado del Instituto de Colonización no tan peculiar, en su arquitectura, como Bernúy, pero sí decorado con arbustos, flores, parterres y fuentes, haciéndolo muy fresco y sombrío.
La carretera, que marca su final aquí, lleva a la plaza Mayor, donde se encuentra la torre del reloj, la tienda multiusos y la iglesia y colegio, todo encalado en blanco con toques de ladrillo visto: una estética de pueblo de toda la vida.
| Reloj de Las Vegas |
La iglesia de San Isidro Labrador (1955) posee el diseño clásico del Instituto Nacional de Colonización, con detalles regionalistas como el pequeño campanario exento y sus múltiples carteles cerámicos, unos piadosos y otros que dan la bienvenida a Las Vegas, recordando la gran ciudad de las tragaperras en versión low-cost.
| Diseño retro |
Enfilo la avenida de Las Vegas en dirección N, entre blancas casas de una y dos alturas. Dejo una bonita fuente de piedra -hay varias en el pueblo- para internarme en una zona verde parcialmente ajardinada, sombría. La pista gira abruptamente al O, entre extensos regadíos.
Una pequeña señal llama la atención: el mausoleo paleocristiano de Las Vegas, un enorme edificio octogonal, no visitable ya que se encuentra en una finca privada, vallada como era de esperar.
| Aquí no hay nada que ver |
Consulto el mapa, que me dice que no hay una forma sencilla de llegar a Talavera de la Reina por esta margen del Tajo, por lo que doy la vuelta cogiendo la TO-1263 al E. Antes de la glorieta, a la derecha, aparco en el pequeño caserío de San Antonio.
Un engalanado pozo preside la plaza principal, en cuyo extremo un arco con campana marca su calle principal, de las dos que tiene.
| Plaza del pozo |
En el extremo del pueblo encuentro una escultura metálica triangular, lo que indica que me encuentro frente a la Escuela de Herreros Ramón Recuero, una escuela de forjadores con alojamiento incluido y pinta de experiencia única, de esas que no se olvidan. Y la casa y finca es preciosa, al menos por fuera, con celosías y demás detalles de forja, en plan moderno.
| Escuela de Herreros |
Alcanzo la glorieta y cojo la TO-1262 en dirección N, con el objeto de pasar a la otra margen del Tajo y continuar el periplo hacia Talavera.
Llego al puente sobre el río, y giro a la derecho por una pista de tierra, que en realidad es el Camino Natural del Tajo. Desmonto y tomo una vereda que baja hacia el puente. Aquí el río es ancho y baja tranquilo, como un espejo, bordeado de una espesa vegetación de ribera.
| Tajo amplio |
En la siguiente rotonda, tiro por la N-Va en dirección O, con el Tajo y sus cultivos herbáceos a la izquierda. Tras unos pocos kilómetros me adentro en el polígono industrial Soto de Cazalegas, tan poco interesante como la mayoría de sus congéneres.
A la altura del PK 110 la carretera cruza el río Alberche, muy próximo a su desembocadura en el Tajo. La exploración se impone por lo que giro a la derecha por el camino de los Veratos, para luego coger la pista que sale a la derecha, donde desembarco.
| Bunker |
Por dentro estremece, en su gloriosa y algo creepy decrepitud.
| Mola todo |
Alcanzo el puente sobre la amplia cuenca, reseca en este punto, del Alberche. Tras éste surgen los arranques del puente Viejo, sobre un terreno aluvial de arenas y cantos rodados, acompañados de abundantes restos de ladrillos y demás basura.
| Puente antiguo |
En algunas pilas del puente Viejo se pueden apreciar el arranque de los arcos, en piedra; mientras que las mismas están construidas en ladrillo macizo. Mucho paseante y ciclista por aquí, debe ser una ruta clásica de la zona.
| Restos del puente Viejo |
Sigo por la N-Va hacia Talavera, con el objetivo de no meterme en la ciudad que, aunque frecuentemente pasada de largo, posee abundantes rutas turísticas que la cubren.
Justo en la glorieta de entrada a la ciudad cojo la calle Fundidores hacia el S, hasta alcanzar el puente de Castilla-La Mancha. Se trata del puente atirantado más alto de España y el segundo más alto de Europa, con 192 metros de altura. Muy espectacular pero poco uso, me parece a juzgar por su tráfico casi nulo.
| Puente decorativo |
Lo cruzo y, en la primera glorieta, tomo la primera salida hacia la calle Mira el Río, una amplia cañada -el cordel de las Merinas- que lleva al parque de los Sifones, un amplio espacio verde a la verita del río.
A la derecha, un depósito de agua da la bienvenida al aparcamiento del parque.
| Depósito de bienvenida al 0% TAE |
Tomo una vereda que gira en dirección NO bajo la carretera N-502a, con un brazo del Tajo a la derecha. A la izquierda aparece un parque con palmeras, en plan fino con su pulcro césped cortado y una construcción de piedra que parece un palacete.
| Sitio fisno |
Algo más adelante, entre la espesa vegetación de ribera, aparece el Puente Romano o Viejo, que seguramente sea más viejo que romano. Se trata de una construcción medieval sobre supuestos cimientos romanos, destruido a menudo por las crecidas del Tajo. Muy vintage, probablemente el highlight talaverano.
| Puente Viejo y brazo sur |
| Hidroeléctrica y andamios |
En este punto el puente, en ladrillo y de aspecto árabe, se aprecia en su esplendor.
| Puente de ladrillo |
Regreso al río, que discurre tranquilo en dirección SO. Ha sido un recorrido exploratorio no muy largo, desde Malpica de Tajo, pero intenso, especialmente en sus peculiares caseríos Bernuy, Las Vegas y San Antonio, entre otras delicias paisajísticas y patrimoniales.
En próximas entregas seguiremos el curso de nuestro gran río ibérico aguas abajo, hasta donde la mirada -y la posibilidad- alcancen.
CONTINUARÁ