martes, 3 de noviembre de 2026

Rutas vintage: 1926, la línea férrea Madrid-Sevilla IX (por Ciempozuelos)

Seguimos viaje al sur -tras visitar la localidad de Valdemoro, un pueblo con aires de ciudad- con una exploración extrema de Ciempozuelos, una interesante localidad en la vega del río Jarama. Nos basamos, como de costumbre, en la ruta de la primitiva vía férrea Madrid-Sevilla, publicada para el XIV Congreso Geológico Internacional de 1926, una guía geológica que nos sirve de excusa para llegar a la ciudad de Sevilla, en un futuro no muy lejano.

Extracto de nuestra guía geológica

Comienzo el periplo en el aparcamiento al N de la estación de ferrocarril, extrañamente concurrido a primera hora de la mañana de un día de julio. Tras desmontar mi híbrido y níveo corcel, enfilo el paseo de la Estación en dirección E. Casi en el cruce con la calle San Juan de Dios diviso un mesón de extraño nombre, que eleva mi sensor de buenrrollismo mañanero. No me equivoco: el café se deja ingerir sin escaldar la faringe y presenta ese aspecto característico de taberna española de toda la vida, thumbs up para estos locales en peligro de extinción.

Junto a la taberna

Henchido de prana cafetero prosigo por el paseo de la Estación, bordeado de nudosos árboles. Un monolito con placa indica el V centenario de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que se explica debido a la presencia cercana de un enorme complejo educativo y religioso.

Paseo arbolado

Llego a una desconchada escalinata doble, que da, de forma algo cutre, la bienvenida al parque de San Juan de Dios, el más grande de Ciempozuelos. A la derecha, al otro lado de la calle, se encuentra el Campus de Ciencias de la Salud San Juan de Dios, equipado con escuela privada de enfermería, residencia de la tercera edad y hospital.

Stairway to heaven

Asciendo y sigo por la vereda derecha del parque, hasta alcanzar la escalera que lleva a la segunda plataforma. Las sombras de los árboles se proyectan sobre el encalado bicolor -blanco y ocre esta vez-, muy típico de La Mancha pero que ya se respira en estas tierras madrileñas. Las pirámides que rematan los postes recuerdan antiguos hitos de carretera, de esos que emergen de vez en cuando -tímidos porque huelen piqueta- junto a nuestras modernas vías de comunicación.

Escalera manchega con hitos

Subo y encuentro, en medio del parque, un quiosco de música que parece esperar tiempos de jarana, de pasodoble en lugar de reguetón. 

Templete

Salgo del parque para discurrir pegado a la verja del complejo hospitalario, desde donde admiro una posmoderna y noventera ristra de viviendas de cuatro alturas, gran cornisa y mansardas (1994).

90s puro

En la esquina con la calle Padre Benito Menni, un moderno y blanco campanario hace de contrapunto de una poco agraciada iglesia, de aspecto industrial.

Cruz y diagonal
En el acceso de la iglesia se encuentra la escultura del padre Benito Menni, un monje severo -según su biografía- que no se llevaba bien con sus novicios, enterrado aquí mismo. Para salir corriendo del seminario con el cilicio en ristre, vamos. 

Cura malhumorado

Continúo por la calle del cura homónimo en dirección N, encontrando más viviendas noventeras.

Más 90s

Giro a la izquierda por la calle José María Benito Sierra. A la izquierda, en el borde superior de un blanco muro, unas cabezas parecen observar el mundo boca abajo. Me restriego los ojos, dilucidando si uno es muy fantasioso o estas extrañas manchas negras son obra del Banksy local.

Caras de Ciempozuelos

Niquelado: el primero es un hombre, se le ve el peinado pero no nariz ni ojos; los habrá perdido en la refriega.

Señor colgado

A la señora se le adivina la oreja, y el niño, niña o niñe está tocado de un gorrito de estilo papal. Una imágen psicofónica a la vez que ectoplásmica, sin duda alguna: el Mundo del Revés de Stranger Things.

Señora y niño

Impresionado por el inesperado carácter mistérico del lugar, alcanzo la plaza de la Virgen Antigua, que quizás tenga que ver con las anteriores apariciones. No mucho que ver, una plaza del antiguo centro del pueblo rellena como se ha podido buenamente: palmeritas y arenero de excreción canina.

Poco que rascar, para los humanos

Tiro por la calle de los Frailes Viejos en dirección NE, y luego la calle de los Caretos ¿será por las caras de antes? al N. Allí, sobresaliendo como un pincho moruno, aparece una torreta de hormigón que emerge del complejo de San Juan de Dios ¿será una torre de vigilancia para nadie se fugue de las convivencias? Por aquí, según las Minutas del IGN, había un manicomio, quizás relacionado con la misteriosa torreta (o no).

Vigilancia religiosa

Sigo por la travesía de Beatriz Galindo para internarme en la plaza de Cuevas de la Barrera, un espacio sin salida rodeado de viviendas dosmileras de cuatro alturas (2004).

Fondo de saco
Sigo por la calle de Beatriz Galindo hasta llegar a la plaza de las Fuerzas Armadas, un agradable triángulo arbolado con bancos y juegos infantiles.

Plaza FFAA

Tiro por la calle de las Fuerzas Armadas en dirección O. Antes del final de la calle, a la derecha, encuentro una fascinante casa de dos alturas con parasol de púas (2004), que literalmente pincha a la vista.

Casa Erizo

Alcanzo la calle Jerónimo del Moral, que tomo en dirección NO. Al poco encuentro una casa vieja de dos plantas con enredaderas (1918), que amenaza ruina progresiva.

Casa vegetal

Por cierto es curioso cómo el verde se come la casa, dejando apreciar el evocador balcón con barandilla de forja y contraventanas de madera.

Combinación

Poco más adelante, pasado el cruce con la calle de los Frailes Viejos, encuentro el antiguo matadero de Ciempozuelos (1900), un bonito edificio industrial similar a la estación de tren, con la característica arquitectura neomudéjar de la época. Una pena que se encuentre sin uso: punto negativo para el actual alcalde de este municipio y todos los anteriores.

Matadero esperando su San Martín

Justo al lado se encuentra un pintoresco taller mecánico abandonado (1963), testigo de que esta calle era la carretera que atravesaba el pueblo antes de la construcción de la autovía. Aún se pueden degustar algunos rótulos vintage, como el cartel de la famosa marca francesa de neumáticos.

Taller out of time

Unos metros más adelante, a la derecha, aparece la biblioteca municipal (2008), un funcional y anodino edificio de vidrio y fachada aplacada.

Sólo para leer

Al otro lado de la calle aparecen unas casas de una y dos alturas de aspecto vetusto. Una de ellas es curiosa, dotada de rejas abombadas blancas, porche y pintura simulando despiece (1950).

Casita pintoresca

Justo después la cosa se pone fea, con una torre de nueve alturas (1974) dominando esta parte del pueblo. Una cruz en la planta baja sacraliza el conjunto: eso nunca viene mal, por si las moscas.

Torre

En la esquina con la calle Galicia surge una ristra de muy sencillas viviendas de una altura en ladrillo (1962), con telón de fondo de espigados pinos.

Sencillo no, lo siguiente

Alcanzo la carretera M-404, de imponente tráfico. Al otro lado el camposanto, cementerio, cortijo de los callaos quizás no tan callados. Silencioso, vacío, parado, como debe ser. Como diría el gran Elías Canetti, que muera la muerte.

Muera la muerte

Vuelvo a cruzar la carretera y regreso al pueblo por la misma calle hasta coger la calle Henares a la derecha. Allí encuentro unas primitivas viviendas continuas de una altura con torretas (1945), que ocupan una sola manzana y poseen ese definible aroma a pueblo.

Viviendas de pueblo

Llego a la avenida de Madrid y tiro a la derecha, por la calle de Isaac Albéniz. con su escalinata lateral y sus sobrios edificios de cuatro alturas (2004).

Para arriba

Tomo la calle de Santa Clara en dirección S. A unos metros, a la derecha, encuentro el bonito portón trasero del convento Mater Dei, de las monjas franciscanas de Santa Clara y fundado en 1609.

Convento

Más abajo, en el cruce con la avenida de la Beata María Antonia de la Misericordia, encuentro un parquecillo reseco, que aguanta los rigores del verano como puede.

Zona "verde"

Tomo la susodicha avenida en dirección O, equipada con unas buenas viviendas a rayas de siete alturas (1974).

Modelo a rayas

Más allá, a la derecha, el convento de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, monjas especializadas en acoger y ayudar a mujeres maltratadas y en riesgo de exclusión social. Lo que está claro es que este municipio está especializado en cuestiones religiosas, educativas y sociales, por la abundancia de espacios dedicados a ello.

SOS mujeres

Cojo la calle de la Estrella en dirección S. A la derecha encuentro unas características viviendas con soportales (1970), algunos cerrados y tuneados y otros non.

Soportales

Giro a la derecha, hasta la plaza del Pintor Goya. Nada que ver aquí, salvo una agradable zona verde y unos soportales de aspecto muy urbano.

Soportales grises

Alcanzo, en dirección S, la ermita del Consuelo, una iglesia renacentista del siglo XVI con aderezos barrocos. Sus rotundos volúmenes blancos quedan matizados por el recercado crema de sus ventanas, y las sombras de los árboles cobijan multitud de señoras que descansan del ajetreo del mercadillo adyacente.

Ermita guapa

Detrás de la ermita encuentro una rotonda, donde comienza el grueso del mercadillo: pan, frutas y verduras, bragas y calzones premium, fragantes encurtidos, sartenes y cacerolas chinescas, todo amenizado por algunos tenderos vociferantes y el olor de una ristra de chorizos curtiéndose al sol.

Mercadillo animado

Giro a la derecha por la calle de Prado Rendo, donde me sorprende una posmoderna línea de chalets de dos alturas con arcos (1991), a lo casonas de indianos versión casual.

Casonas

Driblo por la calle de San Francisco, llegando a una buena zona deportiva con unas útiles canchas, aptas para todo tipo de bailes, quedadas, tardeos e incluso deportes.

Pistas

Sigo por la calle de la Cruz Verde en dirección N. A la derecha y al fondo se dejan ver los cerros yesíferos del Castillejo y El Espartal, ralos y algo desolados, como corresponde a estas tierras ya cercanas a la estepa castellano-manchega.

Cerros al fondo

En la bifurcación, me desvío a la izquierda por la calle de San Sebastián, donde encuentro una amplia vivienda de dos alturas, cubierta a dos aguas y zócalo de azulejos (1959).

Casa tocha

Sigo por la travesía de San Sebastián en dirección N, hasta llegar a una zona estrecha pasado el cruce con la calle de la Virgen. El suelo y las farolas indican que nos adentramos en el centro histórico de Ciempozuelos. A la izquierda, unas pequeñas viviendas de dos alturas con balcón corrido (1971).

Balcones guapos

Llego al cruce con la calle Mayor, señal inequívoca de que estoy llegando al centro del pueblo. De frente encuentro una peculiar vivienda achaflanada de dos alturas con mirador superior (1983).

Mirador total

Tiro por la calle Mayor en dirección NE, hasta alcanzar una zona verde triangular. Allí, como una reliquia del pasado, se encuentra la Sala Mayor (1900), un viejo cine con un diseño art-decó evocador y chulo a más no poder. Todo es una joya para el que tenga suficiente vista: una magnífica puerta y una aún mejor tipografía, en un colorido logo que recuerda explícitamente al juego de los bolos.

Sala Mayor

Avanzo por la calle Mayor hasta encontrar el encantador y animado centro neurálgico de Ciempozuelos: la plaza de la Constitución, presidida por la torre del Reloj y el Ayuntamiento. Un espacio precioso, con sus soportales y balcones de madera, en la línea de otras plazas mayores vecinas de aire manchego, como la de Chinchón o la de Colmenar de Oreja.

Plaza chulérrima

Me cuelo por un estrechamiento en la esquina SE de la plaza, encontrándome en el otro gran espacio público del municipio: la plaza de Ventura Rodríguez, dedicada al insigne arquitecto neoclásico, paisano de aquí. Casi de frente se recorta, a contraluz, la silueta de la Aguadora, homenaje a las señoras vintage que llevaban el agua, en cómodas tinajas, de la fuente situada en esta plaza a sus domicilios: los albores del Crossfit, sin lugar a dudas.

Aguadora

Más allá, la estatua del ilustre titular de la plaza, como no podía ser menos.

Señor con peluca

Alcanzo el lateral de la iglesia de Santa María Magdalena (s. XV-XVI), un templo bastante recio y austero, sin concesiones, no frills.

Iglesia a prueba de bombas

Al otro lado de la plaza, junto al pasaje de la Iglesia, encuentro, tras una verja, una agradable terraza preparada para la ocasión, equipada con unas interesantes palabras motivacionales.

Fijo

Sigo por el pasaje hasta toparme con el Centro de Salud. Al N, en la esquina de la plaza de las Palmeras con el paseo de la Estación, encuentro el esquinazo de un abandonado palacete de aspecto decimonónico, del que no he encontrado referencias. Lo que sí parece claro es que, en el mapa de las minutas del IGN y en la primera edición del MTN50, aparecen varios edificios en esta ubicación, lo que permite inferir que, a raíz de la construcción de la línea férrea y la propia estación -a finales del siglo XIX- proliferaron aquí tanto palacetes como hoteles -chalets- vacacionales.

Palacete p'al arrastre

Giro espasmódicamente alrededor de mi eje de simetría y observo la inefable y durérrima -ni una sombra, oiga- plaza de las Palmeras o Plaza Mayor, rodeada de posmodernas viviendas (1994) y el pobre palacete en ruinas, triste y horrorizado ante tanto feísmo reconcentrado. 

Plaza "Mayor"

Me consuelo echando otro vistazo al palacete, con su interesante chaflán, ventanas y rejería bien hecha. A ver si a alguna avispada autoridad municipal -si es que las hubiera- se le ocurre transformar este edificio en algo útil: una biblioteca o viviendas sociales de lujo, por ejemplo.

Lo único que sube el listón

Tiro al E y luego driblo por la calle del Arroyo a la derecha, hasta la calle de las Cuestas. De frente surge un descampado lleno de coches, amén de expansivas vistas a la campiña de Aranjuez.

A lo lejos

Tomo la calle de la Cuesta a la izquierda hasta llegar a la preciosa estación de Ciempozuelos, inaugurada en 1851, coetánea de las de Pinto y Valdemoro. El primer edificio es un almacén y muelle de carga de mercancías, con su tejado a dos aguas y aleros volados sostenidos por trabajadas escuadras en hierro forjado.

Almacén

Justo a la izquierda emerge el edificio de viajeros con sus habituales dos plantas: la inferior originalmente se componía de vestíbulo, despacho de billetes, telégrafo y salas de espera, y la superior albergaba las viviendas del jefe de estación y de los operarios. El diseño es similar a las estaciones anteriormente vistas: muros de mampostería con recercados y líneas horizontales en ladrillo visto.

Edificio de viajeros

Al lado, semioculta tras unos árboles, surge la caseta de enclavamientos, donde se encontraba la mesa de palancas para mover las agujas de las vías.

Caseta de enclavamientos

Detrás, un transformador y vías férreas sobre fondo de cerros suaves despide esta entrada sobre la localidad de Ciempozuelos, de aire manchego y atmósfera relajada, nada que ver con sus bulliciosos vecinos del norte, ya explorados en entregas anteriores.

Hasta la próxima estación

En próximos fascículos seguiremos hacia el sur, hacia Sevilla, sientiendo el traqueteo de nuestro trenecito vintage, como si viajáramos cómodamente allá por 1926.

CONTINUARÁ 

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