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martes, 3 de marzo de 2020

La ruta viviente (I)

Bajo este sugestivo título se esconde una simple curiosidad. Hace un tiempo -sin ni siquiera saber yo cómo- vino a mis manos un álbum de cromos bastante peculiar. Y vintage, de 1960. Y además español, patrocinado por la Sociedad Nestlé: la ruta viviente: edición escolar.

La ruta viviente: educación vial para jóvenes carrozas (La Gaceta de Gea)
No hace falta más que echar un vistazo a su portada para darnos cuenta de qué va el invento: un manual de educación vial para niños, en el formato que gusta -o gustaba, no sé- a los guajes de ayer y hoy: los cromos. Una buena idea, vamos, de ayer, de hoy, de siempre: educar divirtiendo, coleccionando, intercambiando lo que uno tiene y el compañero no: un semáforo en ámbar, un indicador de carretera de 2º orden, una foto de primeros auxilios en carretera. En esta frívola entrada repasaremos este bonito álbum, para nostálgicos, curiosos y otros inadaptados.

Comienza nuestro álbum con una somera historia del automóvil, que comienza con los alemanes Otto, Daimler y Benz, que habían estudiado la adaptación del motor de gasolina al automóvil. No faltan aquí imágenes del primer automóvil de gasolina, de Daimler, de 1866, o el primer Ford, de 1892. Por cierto, fue éste último fabricante el que difundió el coche para todos los públicos con su Ford T, llamado T por "tin", en inglés hojalata. No lo sabía, como tantas otras cosas.

El primer coche sin caballos de los que relinchan (La Gaceta de Gea)
Parece ser que, tras la introducción del modelo T en las carreteras, hubo una fuerte contestación social, declarándole los periódicos una guerra sin cuartel, alegando que estos monstruosos cacharros aterrorizaban a la población, quienes actuaban directamente contra todo conductor que se preciase, pasando de simples insultos a verdaderas batallas campales. El texto detalla que, antes de la Primera Guerra Mundial, se consideraba acto "heroico" arrojar piedras sobre los automovilistas.

El Fiat 600, un mito de las carreteras españolas (La Gaceta de Gea)
Pero las cosas cambiaron para nuestro chapado y querido amigo, que se transformó en el medio de transporte por excelencia, como reza el álbum económico, práctico y eficaz, además de beneficioso para la economía nacional. Quién te ha visto y quién te ve ahora: desacreditado, demonizado, hecho un desecho moral. Y es que los tiempos cambian, aunque últimamente todo parezca tan rápido.

Pasando las páginas aparecen más cromos de coches de la época: un 600 y otros cuya marca no reconozco (quizás un Pegaso), así como un coche americano y la famosa furgoneta Wolkswagen de los surferos, originalmente una furgoneta de reparto.

El vehículo de reparto más cotizado en la actualidad, el salvavidas delata su futuro uso (La Gaceta de Gea)
Tras esta sección introductoria tenemos las reglas de circulación para peatones que, en la actualidad, casi todos los ídem nos saltamos. Entre otras preguntas interesantes, de gran aplicación, hay una que me parece relevante, porque yo mismo he presenciado como mucha gente lo desconoce completamente: ¿por dónde debe caminar el peatón en las carreteras? Pues nuestro texto dice que en caso de no existir andenes especiales los peatones circularán por el lado izquierdo de la carretera, de este modo pueden ver los vehículos que avanzan hacia ellos y evitarlos en caso de peligro, ya que es muy peligroso caminar por la zona derecha pues la visibilidad es muy mala y resulta difícil ser distinguidos por los conductores" Amén, a ver si alguno aprende...

Preciosa moto de la época, a juego con los calcetines (La Gaceta de Gea)
Después habla de varias reglas y consejos de la circulación para motoristas y ciclistas. Aquí si que hay tela que cortar, puesto que muchos de ellos son tan irresponsables, o más, que sus compañeros de cuatro ruedas. Especialmente los ciclistas -yo lo soy-, que a veces nos cargamos de una superioridad moral que nos hace obviar cualquier cuidado, no dándonos cuenta de nuestra propia fragilidad. Hay una pregunta curiosa ¿está permitido circular sin coger el manillar, si con ello puede llevarse mejor el objeto que transporte? Respuesta: no está permitido, y sólo es lícito llevar aquellos objetos que no impidan al conductor el perfecto manejo del vehículo. Es decir, que no puedes llevar al churro o la churri (viva la paridad) dejando el manillar, por muchas ganas que tenga la lectora o el lector, o viceversa. Al menos, en aquellos tiempos. En la actualidad lo mejor, si coges una bici, es llevar casco y armadura toledana, por si las moscas.

¿La smart city del futuro? (La Gaceta de Gea)
Entramos en otra sección del álbum: las normas elementales para los conductores. Todas plenamente vigentes, incluso las normas para adelantar tranvías.  Tras ella, las señales de tráfico, agrupadas en cuatro categorías: señales de peligro (triangulares), preceptivas (redondas), informativas (rectangulares) y de ordenación y seguridad (marcas en el pavimento, luminosas y señales de agentes). Vamos a poner una página por cada tipo de señal, para admirar la belleza de sus dibujos, a pluma y acuarela, simplemente preciosos.

Señales de peligro (La Gaceta de Gea)
Señales preceptivas (La Gaceta de Gea)
Señales informativas ¿la del teléfono todavía se ve? (La Gaceta de Gea)
Después de esta bonita colección de señales vintage tan decorativas (ya me gustaría a mí tener alguna de éstas), entramos en las señales de ordenación y seguridad de la circulación.

Circulación en una ciudad que no reconozco ¿alguien sabe cuál es? (La Gaceta de Gea)
Se explica lo es un paso de peatones, la línea continua, discontinua y las flechas del suelo que indican las direcciones, llamadas aquí de preselección. También se explican las líneas blancas del pavimento que indican las plazas de aparcamiento. Todo exactamente igual que ahora, sólo cambian los modelos de vehículos, y de humanos, porqué no decirlo.

Plazas de aparcamiento (La Gaceta de Gea)

Dejamos ya esta ligera entrada, de las que permiten más deleitarse que pensar, hasta su continuación, donde hablaremos de semáforos, agentes de la circulación, señales ópticas y otros elementos carreteriles. Además, observaremos divertidas imágenes de la época, a todo color, que nos parecerán de otra galaxia, más que de otro tiempo.


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Elogio de lo pequeño (I)

En alguna ocasión me han preguntado -la última mi compañero @cronicasdefauna, en GeaXplora- ¿por qué te gusta tanto observar cosas al microscopio? Buena pregunta, me respondo a mí mismo antes de contestar. Y es que no es una pregunta fácil, como tantas otras que implican la intimidad de uno. Yo suelo responder que me relaja, porque es cierto. Únicamente a mí; no creo que muchos de los organismos que observo estén precisamente relajados. Quizás más ocupados en su propia supervivencia, en sus cortísimas vidas, en su propia fragilidad, de la que probablemente no sean conscientes ¿o sí?

Anton van Leeuwenhoek, el padre de la microscopía (El microscopio y sus secretos, Ed. Bruguera 1969)
Tal vez mi motivación sea esa: comparar mi privilegiada vida de humano autoconsciente -a veces- con la de estos pequeños seres inocentes, que creemos inferiores a nosotros ¿lo son en realidad? Yo no lo tengo tan claro, al menos en su esencia. No sabemos si son conscientes de sí mismos; ni siquiera si un perro o un gato sabe de su existencia, si se mira al espejo y se dice a sí mismo "ese soy yo, con mis manchitas, mi rabo, mi historia y mis creencias irracionales" Un ser humano no se puede poner en la piel de un individuo de otra especie; a veces, ni siquiera, en la de uno de la propia ¿cómo estar seguro? La ciencia no llega a descubrir el problema de la consciencia, valga la redundancia. Ojalá lo haga algún día.

Como eso es verdadero y sumamente cierto -eso creo- yo digo y repito que todos los seres vivos tienen autoconsciencia a su manera, y punto pelota, zanjo la discusión. Al que no le guste que abandone, por su propio bien, esta página.

Ya finalizado el monólogo filosófico, diré que lo que más me mueve es la curiosidad, innata en mí. Doy gracias por tenerla sin duda alguna, aunque, a veces, la curiosidad mata al gato, ya se sabe. Aún recuerdo, con cierta nostalgia impropia en mí, mi primer contacto con la microscopía, a través de un maravilloso libro que mi madre me compró en la extinta Galerías Preciados de la calle Goya de Madrid, donde ahora se encuentra El Corte Inglés.


Con sus preciosas láminas a color, me impactó de tal forma que hasta lo leía -como recomiendan con ahínco los mejores proctólogos- sentado en el inodoro, imaginando que, algún día, vería esos ejemplares diminutos con mis propios ojos. Y ese día llegó, un día que estaba harto de suspender la asignatura "Cálculo de Estructuras III" en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, cuando me compré, de segunda mano, mi primer microscopio un poco serio, de la marca polaca PZO.

Actualmente, unos cuantos años después, no solo me motiva la curiosidad de observar lo pequeño en todas sus formas -lo animado o inanimado- sino también poder disfrutar de mis instrumentos vintage, cuya simple presencia en mi escritorio me produce un gran placer estético; es algo identitario para mí, como para otros es una ideología política, un equipo de fútbol o un Porsche Cayenne, por decir algunas plausibles alternativas. Por tanto, exhibiré mis microscopios sin pudor alguno.

El primero, y que más me gusta, es un Carl Zeiss Jena Lu Wd E de la década de 1940, armado con un condensador de campo claro descentrable, para iluminación de campo claro y oblicua. Y con su espejo, como las viejas glorias de la microscopía. Su sola visión y manejo es una delicia, exudando calidad por los cuatro costados.

Zeiss Jena Lu Wd, una belleza vintage (La Gaceta de Gea)
Otro de mis metálicos amigos es un Carl Zeiss Jena Nf, algo más moderno (1955-1965) y más polivalente que, además, dispone de iluminación integrada. Puedo elegir entre dos condensadores: uno con un revólver triple, que me ofrecen campo claro y campo oscuro, y un condensador de contraste de fase, que es el que más uso al ofrecer unas vistas espectaculares de seres trasparentes, que no se apreciarían con campo claro.

Zeiss Jena NF, versatilidad total (La Gaceta de Gea)
También poseo un Lomo MBR-3, aparato soviético copia de los Zeiss Jena (aquí se puede leer la apasionante historia de esta sinergia, que empezó tras la Segunda Guera Mundial), que uso indistintamente para cualquier técnica de iluminación, un Meopta en la sede de GeaXplora y un Lomo MBR-1, de viaje, en el maletero de mi Toyota Auris, por si surge la oportunidad. Ah, y un microscopio chino también copia de Zeiss Jena, en mi refugio vallisoletano. ¿Demasiados? Tal vez.

Ya efectuadas las presentaciones, nos podemos preguntar ¿qué podemos observar al microscopio? La respuesta es simple: todo lo que sea pequeño, vivo o muerto. Empecemos por lo muerto, que hay mucho y variado, comenzando con las preparaciones con especímenes ya montados. Pueden adquirirse cajas monotemáticas (zoología, histología, botánica) y cajas variadas, con multitud de especímenes diferentes. Son muy didácticas y útiles para introducirse en este apasionante y relajante mundo. En Ebay pueden obtenerse, también, cajas de preparaciones antiguas normalmente provenientes de hospitales, de contenido histológico o patológico, que pueden dar bastante grima al usuario.

Como ejemplo, voy a presentar algunos ejemplos de mis preparaciones montadas. Las fotos están sacadas con una sencilla cámara USB montada en el ocular del microscopio.

Diatomeas con iluminación de contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Unas preparaciones muy bonitas son las de diatomeas y radiolarios. Las primeras son algas que constan de una cajita de sílice que alberga el contenido celular. Cuando mueren, se depositan y forman un polvo que es muy utilizado como fertilizante natural. Las segundas son unas amebas con esqueleto de sílice, usualmente marinas, con unos caparazones muy curiosos. Cuando muere el animal, estos caparazones se depositan en el fondo del océano.

Esqueletos de radiolarios al contraste de fase (La Gaceta de Gea)

También es posible hacer fotos, cuando se tienen preparaciones con especímenes grandes, sacando varias imágenes y componiéndolas. Yo utilizo, para ello, un programa gratuito llamado Hugin, que funciona muy bien. Dejo unos bonitos ejemplos, fotografiados con iluminación de campo claro.

Pólipo de Alcyonum (La Gaceta de Gea)
El primero es un pólipo de Alcyonum, una especie de coral. Como mide unos cuantos milímetros, he tenido que componer varias fotos.

Colonia de pólipos de Obelia (La Gaceta de Gea)

Aquí tenemos una composición de una colonia de pólipos de Obelia, un género de medusa que comienza su vida formando una especie de arbolillo con otras compañeritas de farra. Este arbolillo puede medir hasta 1 centímetro, con lo que he tenido que componer varias fotos.

Terminamos esta primera entrada con una sección de lombriz de tierra, una bonita y vieja preparación a la que tengo mucha estima por lo bien que se aprecian las tripas de animal.

Sección de lombriz de tierra (La Gaceta de Gea)

Se trata de una sección de casi 20 milímetros, con lo que tuve que sacar 20 fotos y componerlas. Quedó bastante bien, para ser una preparación de casi 100 años de antigüedad.

Terminamos esta primera entrada de "Elogio de lo pequeño" precisamente elogiando lo pequeño ya que, en mi opinión, los extremos se tocan y se puede apreciar lo grande en lo pequeño y viceversa. Por eso me gustan tanto la microscopía y la astronomía; para mí son lo mismo a escala diferente, pero la esencia profunda de todos los objetos, al final, es la misma. Una vibración, como parece predicar la física cuántica.


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lunes, 24 de junio de 2019

Rutas vintage: "tourismo" por el Canal de Isabel II (II)

Quizás el posible lector recuerde nuestra exploratoria anterior entrada sobre los elementos ingenieriles más primitivos del Canal de Isabel II, donde recorríamos diversos lugares desde la presa del Pontón de la Oliva, explorando sifones y acueductos -algunos bastante perdidos- hasta finalizar en la localidad de El Molar, observando previamente el acueducto del Regachuelo. Todo esto, por cierto, muy bien acompañados por el ingeniero jefe del Canal en 1911, don Ramón de Aguinaga, que escribió el cuadernillo que nos hace de improvisada guía.

Sector explorado, extraído del mapa que trae el cuaderno. El sifón del Guadalix, comienzo de nuestro recorrido, arriba a la derecha. El del Bodonal, abajo a la izquierda
Abrimos el librito y observamos que nuestra primera parada se sitúa al norte de San Agustín de Guadalix, una zona montuosa poblada por un espeso encinar, de forma diamentralmente opuesta al secarral situado al este de El Molar. Una delicia: se nota la afluencia de bicicletas, excursionistas, domingueros e inclasificables como nosotros.

Mapa con la situación del sifón del Guadalix
Partimos de una pista que comienza al norte del pueblo, en una urbanización, antes de alcanzar el polígono industrial. Dicha pista serpentea hacia el norte, acomodándose a la topografía, hasta alcanzar el cerro de los Castillejos, tras el cual aparecen un par de casetas del Canal que no parece que tengan demasiado uso.

Detalle de una de las casetas en la parte alta del sifón del Guadalix, parece que sin uso (La Gaceta de Gea)
Por aquí no hay forma de bajar al acueducto, que se adivina entre la vegetación y la maleza. Desandamos el camino hasta que llegamos a una curva pronunciada al este del paraje "El Canchal", donde dejamos el coche como podemos. Desde aquí parte una senda, no especialmente marcada, que baja hasta un paraje muy bello y frondoso, con grandes árboles, donde encontramos, casi por sorpresa, el acueducto y el sifón del Guadalix.

El acueducto del Guadalix, qué pena la basura de grafitis (La Gaceta de Gea)
Aquí lo tenemos: 40 metros del longitud, 8,40m de altura máxima y 5 arcos de 6m de luz. También con su casetita, que se adivina arriba, entre el follaje de los árboles. Muy bonito lugar; la única pena son los autodenominados artistas urbanos, en este caso destrozando el patrimonio histórico rural. Una vergüenza, pero a esos les dará igual; no creo que posean tan preciado bien.

Situación del acueducto de la Retuerta

Regresamos por el senderillo hacia el polvoriento coche -lávalo guarro- y volvemos unos 200m para coger la pista de la izquierda que, dirigiéndose hacia el suroeste, nos deja frente al acueducto de la Retuerta, rodeado de una espesa vegetación de monte mediterráneo. Ahí van las estadísticas, para los ingenieros más vocacionales: 100m de longitud, 28,20m de altura máxima y 2 cuerpos de arcos (1 en el bajo y 8 en el alto). Uno de los más largos del recorrido junto con el de Colmenarejo -que veremos en breve- y el de Amaniel, ya en la ciudad de Madrid.

Acueducto de la Retuerta (La Gaceta de Gea)
Poco se adivina del arco del piso inferior: parece engullido por los sedimentos arrastrados por el arroyo homónimo, los cereales salvajes y las encinas y enebros. Por lo demás, muy pintoresco.

Avanzamos hasta que llegamos a un cruce, en el que nos encontramos una agradable sorpresa: un panel de interpretación que señala la "Ruta de los Acueductos", cuya frase lapidaria reza:
"Descubre acueductos escondidos y una espléndida vegetación mediterránea presidida por la encina, el enebro y la coscoja"
Pues vamos a ello.

Situación de los acueductos de la Sima y Valcaliente
Continuamos por la pista para encontrarnos con el acueducto de la Sima, semioculto entre la vegetación. 67m de largo, 26m de altura máxima y dos cuerpos de arcos, 1 en el bajo (prácticamente inapreciable) y 7 en el cuerpo alto.

Acueducto de la Sima, en medio del monte (La Gaceta de Gea)
Se trata de una pista muy transitada; es necesario tener mucho cuidado, especialmente con los ciclistas. El que avisa no es traidor.

La pista serpentea hacia el sur, donde encontramos el descansadero de Valcaliente y su acueducto homónimo, mucho más sencillo: 40m de longitud, 16m de altura máxima y 3 arcos. En su medallón central vemos la fecha de construcción: 1854.

Acueducto de Valcaliente, con su medallón de fecha (La Gaceta de Gea)
Seguimos nuestra ruta cruzando -precaución, amigo conductor, hay mucho tráfico- la carretera M-104, que liga San Agustín de Guadalix con Colmenar Viejo, para seguir por la pista del Canal, que prosigue un poco a la izquierda del cruce.

Situación del acueducto de Colmenarejo, al sur de la M-104
Descendemos por la pista hasta alinearnos con el gran acueducto de Colmenarejo, con sus 119m de longitud, 19m de altura máxima y 15 arcos. Toda una magna obra de ingeniería olvidada, como todo el Canal.

Acueducto de Colmenarejo (La Gaceta de Gea)
Como no me podía privar de semejante perspectiva fugada, dibujé un rápido boceto del monumento, a pluma y acuarela, por eso de poner algo de "arte" en mis entradas.

Dibujo del que escribe (La Gaceta de Gea)

Pasamos con el coche por debajo de uno de los arcos del puente para llegar, en unos cientos de metros, al acueducto de Cabeza Cana (por si no se ha dado cuenta el lector, estos puentes cogen su nombre de los arroyos que salvan), de 61m de largo, 16,50m de altura máxima y 6 arcos.

Situación de los acueductos de Cabeza Cana y Mojapán
La verdad es que es bastante parecido al anterior, pero sustancialmente más corto y no especialmente fácil de fotografiar, por la espesa vegetación.

Acueducto de Cabeza Cana (La Gaceta de Gea)

Proseguimos por la pista hasta encontrarnos un sencillo pero muy bonito acueducto curvado: el de Mojapán. Sus modestas credenciales: 32,50m de largo, 18m de alto y 3 arcos. Pequeño pero armonioso, y con un nombre que abre el apetito. Hora ya va siendo.

Acueducto de Mojapán (La Gaceta de Gea)
Seguimos, hacia el sur, el trazado del Canal, hasta cruzarnos con otra pista, denominada cordel de Valdemilanos, una vía pecuaria.

Situación del acueducto de la Parrilla, junto a la vía pecuaria
La pista baja, curvándose, hasta que aparecen unos hermosos árboles alineados que dejan ver, a la derecha, el acueducto de la Parrilla, con un diseño muy original, diferente a los ya comentados. Posee 57m de longitud, 8m de altura máxima y 6 arcos, esta vez no de medio punto, sino rebajados.

El acueducto de la Parrilla (La Gaceta de Gea)
Desde aquí seguimos la pista hacia el sur; el paisaje torna de montuoso a más seco y pelado. Atisbamos algunos otros acueductos que no aparecen en nuestro cuardernillo de 1911: Almenara, Registro, del Gitano o del Tejar, entre otros ejemplos. Van apareciendo urbanizaciones, lo que evidencia que nos estamos acercando a la localidad de Tres Cantos y al Soto de Viñuelas, cuyo muro empezamos a avistar a la izquierda y al que prácticamente nos adherimos.

Situación del sifón del Bodonal

Justo antes de llegar a la urbanización "Soto de Viñuelas" y, tras dejar a la derecha el desvío al sifón, descendemos por la pista, divisando a la derecha la infraestructura. Que no tiene acueducto, para variar.

El sifón del Bodonal (La Gaceta de Gea)

La caseta del sifón, aún siendo la misma, ha sufrido algunas modificaciones, nada excepcional si contamos con que más de 100 años nos contemplan. Atrás quedó el desagüe de la cámara, y las canalizaciones de agua salen de la parte baja de la caseta, cosa que no ocurría -a tenor de la foto- en 1911.

Finalizamos aquí nuestro recorrido por este tramo del Canal, aunque seguiremos explorando tan interesante y desconocida infraestructura, que permite que disfrutemos -mientras haya- de una de las mejores aguas corrientes de España.

Todo un lujo, oiga...

Sigue aquí

lunes, 15 de abril de 2019

Territorios filatélicos (II)

Continuamos la entrada anterior dedicada a la filatelia y su relación con el paisaje y los monumentos españoles, que hay muchos y muy valiosos, por si alguien todavía duda de todas las atracciones interesantes que jalonan nuestro hermoso país.

Si más dilación comenzamos en Galicia, más concretamente en la poco visitada ciudad de Orense, en la que se encuentra el importante convento de San Francisco, que se refleja en este sello de 2 Ptas. de 1970.

Sello con el claustro del convento de San Francisco (La Gaceta de Gea)
Se trata de un importantísimo monumento; su claustro gótico es lo más sobresaliente del complejo, ya que la fachada y cabecera de la iglesia fue trasladada a un parque de la ciudad, quedando el claustro adosado a sus restos y al Museo Arqueológico Provincial. Sus 65 arcos soportados por columnas dobles exhiben capiteles decorados con seres fantásticos y motivos vegetales, a la usanza románica, que se pueden apreciar con bastante detalle en el propio sello.

De la cosecha de 1977 nos llega este sello de 2 Ptas. que representa el acueducto romano de la granadina Almuñécar, del siglo I dC, que abastecía de agua la antigua ciudad romana de Sexi. Es el mejor conservado de Andalucía y muestra cinco tramos a lo largo de más de 7 Km de recorrido.

Sello con el acueducto de Sexi, en Almuñécar, Granada
El sello nos muestra el tramo III del acueducto con dos arcadas sobre el cauce del río Seco. El contraste entre la vegetación y el cauce del río, dibujada con pequeñas rayitas en todas direcciones, el acueducto en perspectiva y el cielo en un gris más degradado con nubes, a rayas horizontales, me parece muy sugerente.

De 1964 nos llega este sello de 1 Pta., que nos muestra las famosas cuevas del Drach, en la isla de Mallorca, cerca de Manacor, patria chica del gran Rafa Nadal.

Sello mostrando espeleotemas de las cuevas del Drach, en Mallorca (La Gaceta de Gea)
Se trata de un complejo de cuatro cavidades que albergan en su interior una verdadera maravilla geológica: el lago Martel, uno de los lagos subterráneos más extensos del mundo, en el que, incluso, se ofrecen diariamente conciertos de música clásica mientras se puede disfrutar de un agradable recorrido en barca. En el sello únicamente se aprecian estalactitas y estalagmitas a doble tinta, dibujadas con líneas y cuadraditos. Una delicia.

Volvemos a Andalucía con este ejemplar de 1964, en el que se representa el interior de la Mezquita de Córdoba, uno de los monumentos más conocidos y visitados de toda España.

Sello mostrando las dobles arquerías de la Mezquita de Córdoba (La Gaceta de Gea)
¿Qué decir de este importantísimo edificio? Poco que no se haya dicho ya, por lo que describiré someramente el sello, en el que se representa el bosque de columnas de piedras nobles sobre las que descansan los arcos dobles de herradura con dovelas multicolores, formando un enorme entorno en el que es bastante fácil perder la orientación, especialmente si se está algo alejado de la zona catedralicia, en mi humilde opinión de bastante menor interés que el primitivo edificio islámico. La doble tinta degrada las arquerías traseras intentando aportar perspectiva de distancia aunque, en mi opinión, la zona más lejana queda muy empastada.

Nos vamos a Castilla-La Mancha, en concreto a su capital, la imperial Toledo, ciudad laberíntica, misteriosa y apasionante como pocas, para admirarla desde el Puente de San Martín, representado en este sello de 2 Ptas. de 1975.

Sello mostrando una vista de Toledo (La Gaceta de Gea)
Desde este puente gótico-mudéjar, que salva las aguas del Tajo para acceder al centro histórico de la ciudad, se aprecian las lejanas torres de sus múltiples iglesias, además de la imponente aguja de la Catedral Primada, que salpican la ciudad entre sus apretadas y retorcidas calles. El elemento dominante es la torre del monasterio de San Juan de los Reyes, una obra maestra del gótico isabelino dotado de un claustro de gran ornamentación y filigrana decorativa; sin duda, uno de los edificios más bellos de la ciudad.

De 1975 nos llega este curioso sello un tanto diferente a los demás: la prisión de Miguel de Cervantes o, lo que es lo mismo, el sótano del Museo Casa de Medrano, un caserón típicamente manchego en Argamasilla de Alba (Ciudad Real).

Sello con la presunta prisión de Cervantes (La Gaceta de Gea)
Es una historia curiosa: la tradición afirma que Don Miguel comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha encerrado entre estos enjabelgados muros blancos. En la actualidad, la estancia únicamente se decora con un poyo o banco de piedra, una sencilla mesa castellana con su silla además de espada, lanza y bacín (yelmo) -los símbolos de Don Quijote- en la pared del fondo. El sello muestra muchos más elementos: jarras y copas encima de la mesa, barriles y otros elementos etnográficos manchegos, mucho menos espartano y más agradable, a mi juicio. El color azulado del frente del sello enmarca la perspectiva de la cueva, dejando una estampa bastante fotogénica.

Continuamos con otra visión bucólico-etnográfica: este sello de 5 Ptas. de 1975, mostrándonos una calle del famoso pueblo blanco de Mijas, en plena Costa del Sol, en Málaga.

Sello con una calle de Mijas, Málaga (La Gaceta de Gea)
No le falta de nada: viviendas blancas con sus típicas rejas y sus macetas floreadas colgando de la pared, el farol en forma de arco con su retorcido emparrado o buganvilla, el empedrado de la calle y, para rematar la imagen típica y tópica, un paisano avanzando hacia el espectador, tocado con gorra y montando un sufrido borrico. Igual es un burro-taxi.

Finalizamos la serie filatélica con un sello de 2 Ptas. que representa una curiosa vista aérea del Campo de Gibraltar.

Sello con vista aérea de Gibraltar (La Gaceta de Gea)
Sin duda un sello peculiar por dos razones: la perspectiva tan elevada, ya que en casi todos los sellos analizados la vista se sitúa a la altura del espectador y, además, no se aprecia construcción alguna en el propio Peñón. La ciudad de Algeciras, entonces un pueblo pesquero, se recorta abruptamente contra una "tierra de nadie" que lo separa de la Roca, que carece de todas las infraestructuras y edificaciones que posee en la actualidad. Es realmente curioso que el entorno se presente tan desértico, quizás hubiera alguna razón oculta para ello. Vaya usted a saber.

Finalizamos con esta curiosidad histórica la serie filatélica de paisajes y monumentos españoles.

Continuaremos, en algún momento, con otros interesantes sellos aunque, como es costumbre en esta bitácora, iremos por otros derroteros.

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