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miércoles, 1 de julio de 2026

Micropaisajes X: la mítica gota de agua y sus secretos ocultos (Ia legendaria infusión de heno)

Continuamos la anterior entrada, en la que observamos diversos elementos de la célula vegetal, para cambiar totalmente de tercio con algo mítico, simbólico, que siempre ha representado la microscopía en su más pura esencia: la gota de agua, sucia, se entiende, ya que la del grifo no debería contener restos biológicos so pena de revolcón intestinal. 

Como siempre, estamos siguiendo el hilo argumental del magnífico y enciclopédico libro de Bruno P. Kremer Manual de Microscopía, aunque lo adaptaremos a la posibilidad técnica del que suscribe, mucho menor que la del autor del libro. Disclaimer de marras: todas las fotos son de un servidor a menos que se diga lo contrario, y en la redacción de esta entrada no hay IA; mejor o peor pero original, es lo que hay.

Y es que, volviendo al tema, la observación de la gota de agua sucia es lo primero que efectuó el gran pionero Anton van Leeuwenhoek con su primitivo microscopio, empleando agua de los abundantes lagos, charcos de lluvia y estanques que tenía a mano en Delft, su ciudad natal. Por cierto, de él se dijo que "se puede ver cómo el buen Leeuwenhoek no se cansa de hurgar por todas partes hasta donde su microscopio alcanza, y si buena parte de otros mucho más sabios hubieran dedicado el mismo esfuerzo, el descubrimiento de cosas bellas iría mucho más lejos". Amén, hermano.

Revisemos, de la mano de su propia obra Arcana naturae ope exactissimorum microscopiorum detecta, algunos descubrimientos acuáticos de este tremendo polímata, que hasta auguró la capacidad de la Tierra para acoger personas: 13.385 millones de almas encarnadas, basándose en un cómputo de microorganismos en la leche: eso sí que es cruzar disciplinas y lo demás tonterías.

Capacidad de carga de la Tierra, de la Arcana Naturae de Leeuwenhoek

En 1654 efectuó su primera observación de los animálculos, que es como denominó a los seres que pululaban por la gota de agua: se refería a bacterias y protozoos, también llamados protistas. En sus cartas aparecen, por orden cronológico, sus descubrimientos: bacterias de todo tipo, protistas como el Volvox, rotíferos, gusanos nematodos y algas. 

Diatomeas y nematodos, de la Arcana Naturae de Leeuwenhoek

Robert Hooke, el otro gran pionero de la microscopía, confirmó la existencia de estos animálculos, allá por 1677, en su publicación Lectures and Collections: microscopium. Desgraciadamente, no dejó dibujo alguno; quizás los animálculos se movían tan rápido que no le daba tiempo ni a agarrar la pluma. Como se comprobará, el movimiento rapidísimo es una constante en el mundo animal microscópico, por lo que el bueno de Hooke queda disculpado.

Tras esta intro histórica volvemos al libro de Kremer, y bajo sus instrucciones vamos a cocinar la también legendaria infusión de heno que, si es menester, permitirá observar infusorios, los animálculos de la infusión del heno. Además del Kremer voy a utilizar -por ser libros eminentemente prácticos y muy agradables de hojear- el ya conocido Atlas de Microscopía de Bernis Mateu, el Atlas de los Microorganismos de Agua Dulce de Heinz Streble y Dieter Krauter, y el maravilloso y vintage Freshwater Microscopy de W. Garnett. 

Del Atlas de los Microorganismos de Agua Dulce aporto una clave de identificación extremadamente útil, que emplearé en esta entrada con profusión.

 

  

Vamos a la práctica con esta infusión de heno, un delicioso té de paja seca que actúa como caldo de cultivo para toda clase de bichejos apasionantes. Así que, para empezar, me dirijo a una zona verde de mi ciudad, de esas dejadas de la mano de Dios, casi siempre espacios intersticiales junto a las grandes vías de comunicación, donde crecen, en primavera, grandes cantidades de gramíneas: avena loca y cebadilla ratonera, entre otras. Ya están secas, por lo que trinco un buen manojo. Además es necesaria agua sucia para inocular los animálculos, por lo que tomo una muestra de agua de una fuente ornamental cercana y para casa, con la satisfacción de una buena caza. Hiervo agua del grifo y la vierto en un tarro de boca ancha con el heno. Al enfriarse, inoculo el agua de la fuente y lo dejo infusionar, sin cerrar y a la sombra, un par de días, provocando la salida y disolución de un montón de nutrientes al agua que alimentarán a los seres que he inoculado con anterioridad.

Infusión (derecha) y agua para inocular (izquierda)

A los dos días observo que en la superficie del agua aparece una telilla grisácea y viscosa, que huele a ligera descomposición.

Moco flotante

Con la pipeta tomo una gota y la coloco en el portaobjetos excavado: aparecen miles de bacterias de todas las formas posibles, como pudimos observar en nuestra entrada monográfica sobre bacterias y otros seres de mal vivir.

A bajos aumentos e iluminación de contraste de fase, lo más llamativo son las largas y móviles cadenas de bacilos -denominados estreptobacilos- que forman la película viscosa. Quizás se trate de Bacillus subtilis, bacteria que se encarga de la fermentación ácida y de la descomposición de sustancias orgánicas. Además, según indican algunos estudios, esta bacteria tomada como probiótico podría mejorar los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

Subiendo los aumentos (usando un objetivo de contraste de fase de 40x), se observan los estreptobacilos acompañados de otras bacterias: cocos redondos y muy pequeños, bacilos sueltos, bastante móviles, y algún espirilo juguetón, con su característico movimiento de sacacorchos. 


Como un náufrago en el océano bacteriano, quieto como si va vida le fuera en ello, un globo con un par de flagelos móviles flota distraído. En su interior flotan otras esferas, vibrantes de vida.

Echo mano de la clave del Atlas de los Microorganismos de Agua Dulce, como en todos lo casos: podría ser una Polytoma uvella, un alga clorofícea. En su interior posee unas vacuolas específicas para el almacenamiento de almidón (leucoplastos), y no posee cloroplastos para hacer la fotosíntesis. Un alga capada, vamos.

Seguimos observando: unos ciliados planos con forma de oreja o judía aplastada me deleitan con sus graciosos y espasmódicos movimientos, como si estuvieran a un paso del frenopático, con la ansiedad propia de un estoico que se tiene que recordar constantemente que es mortal.

Podría ser un ejemplar de Colpidium campylum, con su pico que utiliza para devorar algas verdes.

Colpidium y Coleps, de Freshwater microscopy

Muy cerca, hacia la izquierda del ciliado, encuentro una bola luminosa de la que entran y salen montones de bacilos. Recuerda a un pequeño sol eyectando cantidades ingentes de plasma al Sistema Solar, por lo que lo llamaré Sol Invictus, en honor al dios romano.

Un poco más allá, otra esfera ciliada parecida a la anterior, pero algo más grande. Podría ser otra Polytoma o una Chlamydomonas variabilis, un alga verde que no hace la fotosíntesis y se rellena de gránulos de almidón.


Muy cerca encuentro un ejemplar con forma de huevo, más grande que las algas biflageladas, y que parece rodearse de cilios. Un núcleo muy grande y un embudo superior que hace de boca saltan a la vista, con lo que podría tratarse de una Holophyra teres, aunque existen unas cuantas especies de ciliados que poseen una configuración similar, por lo que esta identificación no es más que un brindis al sol o wishful thinking, como decimos los políglotas de salón.

No muy lejos encuentro un ciliado muy grande con el cuerpo en forma de campana, sin duda una Vorticella campanula que se ha soltado del pedúnculo, que suele anclar estos animales a las plantas u otras superficies. También es muy característico su macronúcleo alargado con forma de salchicha. Con sus cilios orales parece estar saludando o diciendo adiós a la vida: da penilla, la pobre.

Tras el bajón ponemos la iluminación de campo oscuro, para simular un cielo donde las estrellas no parecen tener muy claro que se tienen que quedar quietas: observamos bacterias, y unos cuantos ciliados devorándolas con ansia viva. 

Vuelvo a la iluminación por contraste de fase. Ahí, entre tanta bacteria trémula, flota una Scenedesmus armatus, un alga clorofícea compuesta de cuatro células. Cada célula terminal posee un par de cuernos como cilios, algo curvados. Estas algas se utilizan, a escala industrial, para la producción de biodiésel y purificación de aguas residuales.

A los diez días vuelvo a tomar una muestra de la infusión, con el objeto de comprobar si los organismos aparecen y desaparecen por oleadas, como los diferentes insectos que colonizan los cadáveres para su degradación.

Lo primero que llama la atención es que hay más, muchos más animálculos. Los primeros que observo tienen forma cilíndrica y parecen rígidos, y poseen unas líneas transversales y longitudinales que semejan los paralelos y meridianos de la Tierra, además de multitud de cilios por todo el cuerpo: quizás se trate de unos Coleps nolandi, ciliados que se caracterizan por poseer un caparazón de placas de carbonato cálcico.

En otro lugar, abrumados y confundidos por tanto Coleps dándolo todo, se observan unos ciliados mucho más grandes que giran como los coches de choque en una feria, y cuyo interior está repleto de una sustancia móvil con orgánulos verdes. Quizás se trate de ejemplares de Nassula ornata, ciliados grandes que se alimentan de cianobacterias y algas microscópicas de todo tipo, y que en su interior exhiben una variada gama de colores: como una buena ensalada, vamos.


Echando mano del Atlas de Microscopía, en su sección dedicada a los infusorios, se recomienda el uso de la nigrosina para mejorar el contraste de estos protozoos, que suelen ser bastante transparentes. En las dos figuras de abajo a la derecha se puede apreciar el efecto de negativo que esta tinción procura.

Así pues, con la pipeta, tomo una gota de nigrosina al 0.5% y la vierto en el borde del cubreobjetos, con lo que el colorante se va difundiendo por toda la muestra.

Un gran ejemplar de Nassula ornata se recorta contra el agua grisácea, cortesía de la nigrosina. En su extremo izquierdo observo una corriente de agua en forma de remolino: quizás el animal esté haciendo de vientre, una constante en cualquier ser encarnado que se precie.

Un poco más allá encuentro un Coleps a la deriva para, después, rotar sobre sí mismo exhibiendo la imponente ingeniería bandeada de su caparazón. En un momento, una pequeña "oreja" le tienta por si fuera comestible; un bocado demasiado duro, quizás. Echando imaginación este Coleps recuerda, vagamente, a los Antiguos, unos horrendos seres con forma de barril de los libros de Lovecraft.

En otro punto, entre un detritus plagado de diatomeas y algas verdes, encuentro unas  pelotas quietas cuyo contenido interno rota de un lado a otro, como un extraño motor cuántico. Quizás unas algas Trachelomonas vestidas con sus loricas o caparazones, pero no estoy seguro.

Dejo secar la preparación con la nigrosina, matando impunemente todos los organismos. Ya seca, la preparación resulta bonita aunque los ciliados quedan resecos como pasas, no muy fotogénicos. Eso sí, los Bacillus subtilis quedan guapísimos.

Preparación seca, teñida con nigrosina
Aquí finalizamos esta primera entrega sobre la gota de agua, ese micromundo tal vez poblado de seres conscientes, como algunos sesudos estudios indican. En próximas entradas seguiremos observando estos animálculos extraños, divertidos, olvidados, ubicuos, que tantas alegrías pueden dar a las mentes suficientemente curiosas y despiertas.

CONTINUARÁ

viernes, 4 de febrero de 2022

Doug en el país de las maravillas

A veces surfear por internet le lleva a uno a descubrir cosas maravillosas, de esas que no se pueden perder, de esas que no deben quedar ocultas bajo el pegajoso biofilm de lo simple: descubrir seres humanos dotados naturalmente del mayor de los dones: la curiosidad, con permiso del sentido del humor. Y esta vez, como quien no quiere la cosa, estaba un servidor explorando el excelente foro sobre microscopía Microbehunter -con el ánimo de documentarme para una serie de nuevas entradas para este blog- cuando descubrí un hilo que me llevó a descargar este oscuro pdf, un cuaderno de observaciones naturales alojado en el prestigioso Quekett Microscopical Club.

Doug en su salsa

Lo primero que descubro es una especie de obituario de Douglas Turnbull Richardson (1919-2013), un señor inglés que dedicó su tiempo a observar la naturaleza en casi todas sus facetas; un naturalista de la vieja escuela, de esos que no se conforman con un píxel si pueden admirar la imagen entera. El que le hace el prólogo dice que, cuando el amigo Doug cumplió los 87 tacos, éste le pidió un ordenador para pasar sus notas a limpio así como una cámara digital y una cámara para adaptar al microscopio, una de sus pasiones. Y así continuó hasta el día de su muerte, a los nada despreciables 94, habiendo reunido una colección inmensa de fotos y observaciones que su propia familia no sabía qué hacer con ella. Así que hicieron un cómodo pdf y lo colgaron, esperando a que un españolito, deseoso de escudriñar la res extensa cual Descartes de barrio, lo sacara a la luz.


El paraíso: observación del agua de un pilón en primavera (sección I)

Pues a eso estamos; vamos a recorrer el curioso legado naturalista de este encantador personaje, por si podemos sacar algo a imitar: una inspiración, una metodología, una forma peculiar de ver las cosas. Y es que este hombre hizo de muchas cosas: químico analítico, entomólogo, espeleólogo, ictiólogo, botánico, "Natural Historian" (a esto no le encuentro traducción que suene bien) y miembro de un montón de sociedades científicas inglesas. Al lío; todas las imágenes están sacadas de su documento "Observations", a menos que se diga lo contrario.

El cuaderno se estructura en diversas secciones: apuntes y notas cortas de Historia Natural, notas cortas de carácter técnico, ejemplos de preparaciones microscópicas, varias secciones de fotografías (cristales, líquenes, hongos, entomología/zoología, microscopía, geología), y observaciones referidas a diferentes proyectos de investigación de ámbito local, centrados en su Yorkshire natal.

Observación espeleológica (sección I)

En la primera sección (observaciones y notas cortas) aparecen todo tipo de elementos: animales, tipos de arena y tierra y análisis químicos de cavernas, entre otros a modo de cajón de sastre, siempre referenciando cada observación con sus coordenadas geográficas, fecha, identificación y observaciones. Son especialmente curiosas sus anotaciones de fuentes y pilones en primavera ya que es bien sabido que, en esa época de año, se produce la aparición masiva de algas verdes con toda la efervescencia de organismos que se alimentan de ellas, verdadero paraíso de cualquier naturalista provisto de microscopio. Como se trata de ecosistemas de muy rápida evolución, Doug visita cada lugar varias veces sucesivas observando las especies que proliferan (cianobacterias, clorofíceas, diatomeas y ciliados normalmente) y las que han sido desplazadas.

La segunda sección consta de notas técnicas sobre la actividad del microscopista a la hora de crear preparaciones permanentes, como la tinción y el montaje de objetos. En este particular se detiene en hacer "reviews" e "unboxings" -disculpas pero en español sería mucho más largo- de productos alternativos al bálsamo del Canadá, que se emplea como "pegamento" entre el portaobjetos y el cubreobjetos.

Tallos vegetales teñidos con Wacker 3A (Alamy)

Respecto a las tinciones, Doug cuenta su experiencia con la nueva -en 2009, cuando el autor ya tenía 90 años- tinción triple Wacker 3A, que sirve para colorear secciones vegetales; o con el rosa de lignina para teñir el tegumento de insectos, con todos los pasos a seguir descritos con precisión milimétrica. No se libran los productos químicos como la lejía -ya sea dilución de hipoclorito sódico (agua de Javel) o de hipoclorito cálcico y potásico (agua de Labarraque)-, usada para eliminar el contenido celular en tejidos animales y vegetales, dejando únicamente la propia estructura celular vacía.

Preparaciones de raíces, tallos y flores de angiospermas (sección III)

También expone diversas metodologías, algo desordenadas aunque perfectamente explicadas, de recolección, limpieza, montaje y tinción de insectos, pelos, polen, hongos, algas, escamas de peces y organismos acuáticos, con una precisión que ya quisiera para sí el excelente manual de microscopía de Kremer. Un aspecto que explica, muy curioso, es la técnica de disección y preparación de egragópilas para su examen microscópico, así como la extracción de pólenes, la disección de hormigas y la recolección y observación de arenas y detritus marino; vemos que el viejo Doug no solo daba de comer a las palomas en el parque, desde luego.

Preparaciones de arena y conchas marinas (sección III)

Mucho menos tećnica y más pintoresca es la tercera sección, donde nos enseña sus preparaciones de todas las temáticas posibles: de botánica, arenas, malacología, histología y zoología. Algunas son tan bonitas y están tan bien preparadas que me parecen verdaderas maravillas: donde el arte y la ciencia confluyen.

Preparaciones de conchas marinas y de órganos de insectos; la de arriba es una pasada (sección III)

La sección IV expone fotografías microscópicas de sustancias químicas mediante la técnica de la polarización: al rotar dos cristales (el polarizador y el analizador) las diferentes vetas de la sustancia cambian de color, creando efectos muy plásticos. Simplemente se trata de disolver la sustancia (que puede ser, por ejemplo, un medicamento) en agua, poner una gota sobre el portaobjetos y dejarlo secar. Mientras tanto la sustancia cristaliza en función de sus propiedades, y se observa al microscopio girando los prismas. Fácil, ¿no?

Sustancias químicas a la luz polarizada (sección IV)

En este caso, Doug nos presenta ácidos orgánicos y sus sales, como el ácido tartárico, el cítrico o el salicílico, bastante fáciles de conseguir puesto que se utilizan en el sector de la alimentación.

Líquenes de todo tipo (sección V)

En la sección V aparecen multitud de fotografías macro, realizadas con cámara convencional, de líquenes, uno de los organismos que más cariño tengo sin duda, por humildes y simpáticos. Y aquí echa el resto con 80 fotos de líquenes de variados colores y morfologías. Algunas imágenes corresponden a ejemplares recolectados muchos años antes, de la propia colección del autor, con lo que se aprecia su empeño para sistematizar y ordenar sus pertenencias antes de que, posiblemente, acabaran en el cubo de la basura. Uno es muy fan de los líquenes crustáceos de color ocre o amarillento, como los del género Caloplaca o los Lepraria, bien representados aquí.

Setas en la sección VI

La sección VI expone fotos macro de multitud de hongos y setas; bastantes observaciones datan de los años 70 del pasado siglo (se nota en la calidad de las fotos escaneadas). Mis favoritas son las setitas minúsculas: la Hypholoma fasciculare, frecuente en los bosques de pinos, y la Lachnellula subtillissima, con su curioso sombrero invertido.

Agallas en el sección VII
En la sección VII tenemos fotografías de botánica, en especial plantas no vasculares como las briofitas (musgos y hepáticas), además de una gran colección de fotos de semillas y agallas -tumores vegetales- de todas las formas y colores: en robles, abetos, ortigas, endrinos, rosales, helechos...: nada escapa a la observación de nuestro amigo. Las hepáticas me parecen muy top, como diría un buen millenial: la extraña Marchantia polymorpha y las Conocephalum, que tapizan suelos muy húmedos y resguardados del sol, normalmente cerca de fuentes o arroyos.

Avispas y sus nidos (sección VIII)

La sección VIII trata sobre zoología y hay de todo aunque no demasiado bien clasificado: anfibios y sus mudas, insectos (coleópteros, abejas y avispas, etc), quelicerados (arañas y opiliones), miriápodos (ciempiés, milpiés y otras asquerosidades), moluscos, equinodermos y esponjas. Mis favoritos son los tricópteros, que viven en su bolsito de seda, como el Allogamus auricollis o el gran Halesus radiatus.

Molones opiliones (sección VIII)

Los mamíferos están representados únicamente por animales domésticos y murciélagos, lo que evidencia la pasión (por mí compartida) de Doug por las cuevas y las ruinas.

Algas verdes (sección IX)
La sección IX trata sobre microfotografía, que Doug empezó a practicar en 2007, a los 88 años, con gran éxito ya que sus imágenes son muy buenas. Tenemos de todo: histología (tejidos animales y vegetales), órganos de animales, diatomeas preciosas, algas verdes, esporas y micelios de hongos, y todo tipo de animales marinos y terrestres. Me han llamado mucho la atención estas microfotos: los órganos de la abeja Apis mellifera teñidas con azul de solofenil (un colorante textil), la cianobacteria Nostoc commune (con la técnica del contraste de fase) y el delicado hidrozoo -y pequeño arbolito- Obelia geniculata.

Órganos de animales (sección IX)
También, aunque no son suyas, nos enseña su colección de preparaciones de petrología, es decir, lo que se conoce como láminas delgadas. Se trata de preparaciones bastante caras, ya que es necesario cortar las piedras o minerales a un espesor de unas 30 micras haciéndolas traslúcidas, con una cortadora radial.
Láminas delgadas (sección IX)

Muy coloridas son las imágenes del yeso, la peridotita y la filita, debido a que las fotos está tomadas con los nícoles cruzados, de forma que se maximiza el contraste.

Cortes histológicos de tallos (sección IX)

La histología vegetal se encuentra bien representada: secciones de tallos mostrando el floema y el xilema así como cortes variados de hojas y raíces, casi todos vivamente teñidos con safranina (que tiñe el núcleo celular de rojo) y azul alcián.

Minerales (sección X)

La sección X muestra fotografías macro de minerales, cada uno con su identificación, fecha, fórmula química y lugar de recolección. Entre los ejemplares más hermosos tenemos la fluorita -con todas sus variedades cromáticas- y los minerales radiactivos como el uranofano y la autunita, con ese brillo amarillo fuerte que avisa de su peligrosidad.

Análisis microscópico de una cagada de murciélago (sección XI)

La sección XI, denominada "Balsam Post Articles", es una mezcolanza de temas más bien prácticos, como puede ser diseccionar y analizar una deyección de murciélago para encontrar restos de tejidos animales, consejos para disfrutar de la microscopía en familia (observando especialmente pelos de mascotas) y cómo preparar secciones de champiñones, entre otras recetas prácticas de las que se podrían sacar multitud de experimentos escolares.

Muestreo en Castle Woods (sección XII)
La sección XII recoge un proyecto de investigación sobre la biodiversidad en una zona de Yorkshire, en el que se aprecia la metodología de recogida de datos por muestreo encontrando cientos de especies animales y vegetales. Además recoge datos de pH del suelo y dureza del agua, por eso de contextualizar las especies en su medio. La sección XIII es un estudio similar en otra zona.

Croquis de investigación (sección XIV)
La sección XIV es otro proyecto de investigación, esta vez con espeleología incluida, siguiendo el curso de un río y sus tributarios. Además de las especies se toman datos de pH, alcalinidad, dureza y temperatura del agua en cada tramo. Las secciones XV y XVI son datos y bibliografía relativos a los proyectos anteriores.

¿Qué se puede sacar en claro de todo esto?

Además de su innegable valor científico, propio seguramente de toda una vida de curiosidad incesante o de su sistematización quizás algo caótica, lo que me aporta es que un señor mayor, en lugar de abandonar a la vida antes de que la misma le abandone a él, hace justo lo contrario: toma carrerilla a los casi 90 años de edad y se embarca en un proyecto que desafía a su propia senectud, quizás reclamando su pedazo de inmortalidad a través de unos simples escritos.

Fuese como fuese, me gustaría que el viejo Doug hubiera rasgado el velo de Isis triscando por el campo, con su cámara en una mano y su libreta en la otra, para seguir haciendo lo mismo que tanto amaba.

¡Doug, hermano, estés donde estés, no te olvides de observar!

miércoles, 5 de febrero de 2020

Impactos ambientales: el esquí (I)

Comenzamos una nueva sección en nuestro blog: los impactos ambientales. No se pretende, con esta sección, demonizar nada, ni siquiera a nosotros mismos ya que todos, queramos o no, ejercemos una presión sobre el medio.

Sin embargo, es bueno recordar las actividades que se pueden disfrutar al aire libre, de forma que estimemos una gradación -siempre sujeta a discusión- de las que más y menos agreden al medio, por pura curiosidad malsana. O por investigar, influir o incluso adoctrinar, aunque ésto último no me lo creo mucho, por la escasa proyección mediática de este blog. Y que yo prefiero que la gente piense un poco, tenga algo de independencia, lo consulte con la almohada. Y si ésta responde, tanto mejor.

Comenzamos esta serie con un deporte invernal muy popular, mediático y que reparte mucha pasta en ciertas zonas de alta montaña: el esquí en todas sus modalidades.

Estación de Valdesquí, entre Madrid y Segovia (Wikipedia)
Ciertamente, el esquí es una actividad humana antigua, tanto como la propia caza, ya que el hombre ha necesitado desplazarse en todo tipo de terrenos, en medios hostiles como los territorios nevados y helados, más abundantes en tiempos pretéritos que en la actualidad, cortesía de nuestro querido e ignorado cambio climático. De hecho, el ser humano ya sabía desplazarse de esta forma antes de la invención de la rueda, allá por el cuarto milenio antes de Cristo. De hecho hay evidencias arqueológicas, corroboradas por algunos historiadores griegos como Plinio o Heródoto, que mencionan rudimentarias raquetas, pieles o calzados especiales. En el norte de Noruega, más concretamente en la isla de Rooya, se encuentra uno de los testimonio más antiguos del uso de esquíes en forma de petroglifo.

Petroglifo de la isla de Rooya, en Noruega, ahora vandalizado (Smithsonianmag)
Desgraciadamente, el lugar ha sido vandalizado y destrozado por unos simpáticos jóvenes. Como vemos, esto no ocurre únicamente en España, sino también en determinados países que fardan de civilizados, de hygge, de minimalismo guay, de sociedades fetén. Aquí todos tenemos defectos, unos y otros, en nuestra civilizada Europa. Si no que se lo digan a los de las islas Feroe, con sus carnicerías de ballenas.

Hablando de arqueología, en Hoting (Noruega) apareció un trozo de madera de 4.500 años de antigüedad, supuestamente un esquí, aunque algunos autores sostienen que el primitivo esquí se originó en Asia Central, en la región de Altai, desde donde radió a otros lugares.

Ya en la época contemporánea, las primeras carreras de esquí se celebraron en Noruega entre 1850 y 1860, tras las innovaciones de Sondre Nordheim realizadas en Telemark.

Nordheim esquiando al estilo Telemark (historia del esquí)
 A partir de este momento empezó a popularizarse este deporte, gracias a la travesía de Nansen en 1888, a través de Groenlandia, toda una gesta de este gran personaje. Después hubo otros pioneros, como Mathias Zdarsky o Arnold Lunn, el inventor del slalom, en 1911. Desde entonces se han creado federaciones y multitud de campeonatos, lo que ha generado una gran afición de carácter puramente estacional. En todo el territorio español existen más de 40 estaciones de esquí alpino y de fondo.

Hay multitud de modalidades de esquí, la más conocida (y agresora del medio) es el esquí alpino, ya que depende de la estaciones de esquí. Esta modalidad se desarrolla en pistas descendentes de diferente dificultad, de muy fáciles (verdes), fáciles (azules), difíciles (rojas) y muy difíciles (negras). Para acceder a la parte superior de estas pistas es imprescindible la ayuda de los remontes mecánicos, con telesillas, telesquís y telecabinas.

También tenemos el esquí de travesía, que es un paseo, más bien horizontal, por el campo nevado, sin ayudas. Muy parecido al puro montañismo, y no tan lesivo para el medio ambiente. Otra modalidad parecida es el esquí de fondo o nórdico, en el que el deportista se desliza con esquíes y bastones por circuitos ya trazados. Para ello también existen estaciones especializadas. Hay otras modalidades menos conocidas y practicadas:  snowboard,  monoesquí, heliesquí, motoesquí, Telemark, trineos o parapente con esquíes. Nos vamos a centrar especialmente en los impactos del esquiador alpino y de fondo y, especialmente, en las estaciones de esquí.

En invierno, el suelo de algunas zonas en altitud se cubre de una gruesa capa de nieve, que lo protege de las actividades humanas de otras épocas del año. De la misma forma, también la vegetación queda protegida y aislada del viento gélido y las bajas temperaturas, favoreciendo su conservación y "descanso". Sin embargo, todas las benéficas propiedades protectoras de la nieve únicamente ocurren cuando su espesor es suficientemente grande.

Gruesa capa de nieve en Sierra Nevada (Pixabay)
Sin embargo, en la línea de árboles, zona de transición entre la vegetación baja de alta montaña, cubierta, y los grandes árboles alpinos, el espesor de la nieve desciende, y algunas plantas afloran sobre la nieve. Aquí es donde los jóvenes y tiernos rebrotes pueden ser arrancados por los esquiadores, cuando pasan por lugares cercanos a este límite, lo que incide en la correcta regeneración del bosque, y en la huida del los animales que allí viven, por la desaparición de su hábitat. Un ejemplo sería el topillo nival o neverón, que puede vivir cerca de estos entornos, en Sierra Nevada o en el Sistema Central.

El topillo nival, un auténtico superviviente (El Guadarramista)
Esta fauna también puede verse afectada por la práctica del esquí fuera de pistas o caminos acondicionados para esta actividad. El invierno es un periodo crítico para muchas especies animales, ya que la temperatura es muy baja y escasea la comida. Algunas han resuelto el problema hibernando, reduciendo su metabolismo al mínimo, lo que les permite vivir a expensas de sus reservas de grasa durante los meses invernales.

Otros animales presentan diferentes estrategias, como ralentizar sus actividades vitales con el fin de ahorrar el máximo de energía.

De esta forma, la presencia continuada de esquiadores en su hábitat puede resultar en la huida del animal y abandono de su refugio, con el gasto energético extra que esto le supone, lo que compromete su propia supervivencia.

Esquí de fondo en España (Mundo Deportivo)
Según algunos estudios realizados en países alpinos, la incursión de esquiadores en algunos bosques ha provocado alteraciones en determinadas poblaciones de urogallos, rebecos y corzos. En España este hecho no es tan habitual debido a que las prácticas de esquí suelen confinarse a las propias estaciones.

En cuanto a la práctica del esquí en pista o circuitos señalizados, los esquiadores pueden causar escasos daños, puesto que el impacto ambiental ya se ha producido antes, durante la fase de construcción de las mismas. De todas formas, en España tenemos el problema ubicuo, que comparten esquiadores, excursionistas, ciclistas, cazadores, organizadores de carreras y todo lo que se menee en el campo, es el abandono indiscriminado de basura. Es, por ello, necesario tener presente que toda la basura dejada sobre la nieve emergerá milagrosamente cuando ésta ya no exista, dejando un panorama verdaderamente desolador, ya que la materia orgánica y los restos biodegradables tardan mucho más en descomponerse en suelos nevados.

Volveremos a insistir sobre el impacto ambiental del esquí en una próxima entrada dedicada a las estaciones de esquí, lugar de peregrinaje de tantos y tantos aficionados.

lunes, 20 de enero de 2020

Elogio de lo pequeño (II)

Continuamos nuestra anterior entrada "Elogio de lo pequeño", que finalizamos mostrando el juego que dan las preparaciones microscópicas ya preparadas, valga la redundancia, ya sea compradas nuevas, en tiendas especializadas, o antiguas, en plataformas como Ebay. Para los novatos recomiendo adquirir las primeras, en las que suele rotularse cada preparación con el especimen, tipo de sección y de tinción, entre otros datos.

Por cierto, no he hablado todavía del arte de la tinción, que no es otra cosa que teñir, con diversos colorantes, nuestro espécimen, de forma que se resalten algunos componentes del mismo. Los colorantes básicos más utilizados son el azul de metileno, eosina, violeta de genciana, fucsina, safranina y Lugol. El azul de metileno, por ejemplo, puede teñir organismos sin matarlos, conociéndose esta técnica como coloración vital. También se puede dar rienda suelta a la imaginación y teñir con tinta china, de bolígrafo, colorantes alimentarios, pinturas varias y demás productos. Aquí es donde la ciencia deja paso al arte ¡quizás algún lector descubra una tinción que sirva para alguna novedosa aplicación!

Muestra teñida (Wikipedia)

Seguimos con los especimenes muertos, que son pocos y cobardes. A partir de este momento, todas las imágenes y vídeos están tomados por un servidos, con su modesto, algo arcaico pero eficaz equipamiento.

Y no hay nada más muerto que un producto químico. Aunque no tan muerto, oiga, porque si ese producto se disuelve en agua, se deposita sobre el portaobjetos y se deja secar, suele cristalizar de una manera u otra, dejando bellísimas maclas de colores cuando se observan al microscopio de polarización. Veamos algunos ejemplos.


En este vídeo podemos apreciar ácido ascórbico recristalizado sobre el portaobjetos. Al girar el filtro polarizador, del microscopio de polarización, vemos cómo los cristales van cambiando de color, según las características de sus diferentes moléculas, creando un efecto muy estético. Incluso, me atrevería a decir que se puede hacer arte, como demostré en las entradas Micropaisajes (I) y Micropaisajes (II).

Otro ejemplo, más llamativo, es la cristalización del oxalato de hierro, producto que obtuve al limpiar hierro oxidado con ácido oxálico. Simplemente se diluye una pequeña cantidad del polvo naranja en agua, se deja una gota en el portaobjetos y voilá, un precioso mosaico multicolor que se obtiene girando el prisma polarizador del microscopio.


Dejamos los especímenes inertes para centrarnos en la observación in vivo. Indudablemente es mucho, muchísimo, lo que se puede observar en una gota de agua bien escogida. Casi en cualquier muestra de agua -exceptuando la del grifo y el agua embotellada- posee microorganismos dignos de observación. Hay que buscar, especialmente, aguas naturalmente "sucias", con detritos y materia orgánica en descomposición: muestras de estanques, lagunas con vegetación de ribera, pilones de fuentes, abrevaderos, charcos de aguas turbias y demás. Estas muestras son especialmente valiosas en primavera, cuando miles de millones de algas colonizan la superficie de las aguas más eutrofizadas.

Comenzamos con lo más abundante que uno se puede encontrar en nuestra querida gota: algún ciliado. Los hay de todas la formas y tamaños posibles, desde el famoso paramecio hasta ejemplares de formas extrañas, incluso poligonales, que bien parecen cualquier otra cosa antes que un animal minúsculo. Incluso, ¡creo que no sería muy difícil encontrar una nueva especie!

Observemos un hermoso paramecio al contraste de fases. Se trata de un organismo muy interesante, especialmente por su vacuola pulsátil.


De vez en cuando se pueden observar ciliados curiosos, como este posible Linolotus (es difícil tener plena seguridad con tal cantidad de especies, ya lo comprobará el lector si se aficiona). Así, en imágenes, es difícil hacerse una idea del gran interés de los ciliados y otros protistas microscópicos, ya que lo más curioso e hipnótico es, sin duda, su comportamiento.

Posible Linolotus, al contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Vamos a observar este singular animalillo en el siguiente vídeo. Sus movimientos -salvando las distancias- recuerdan vagamente a los de una comadreja olisqueando en el campo ¡cuánta ternura puede despertar un organismo tan sencillo!


Vamos a dejar los ciliados para introducirnos en uno de los animales microscópicos más comerciales: la ameba. Es un organismo que suele habitar los fondos de las charcas, donde se dedica a buscar alimento entre los detritos, mediante sus famosos pseudópodos.

Algunas amebas pueden causar enfermedades, pero no es lo habitual. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido contacto con estos animales tan abundantes ¡y aquí seguimos! Por tanto, que no cunda el pánico. Aquí observamos una hermosa Amoeba proteus buscándose la vida, al microscopio de contraste de fase.


En una próxima entrada seguiremos mostrando más maravillas microscópicas extraídas de mi archivo personal. Espero que el posible lector quede interesado por este aparato que es símbolo de la ciencia, de la curiosidad y del deseo, casi infantil aunque profundamente humano, de ver lo que no se ve, de atisbar lo que se intuye, de poner luz en la tiniebla.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Elogio de lo pequeño (I)

En alguna ocasión me han preguntado -la última mi compañero @cronicasdefauna, en GeaXplora- ¿por qué te gusta tanto observar cosas al microscopio? Buena pregunta, me respondo a mí mismo antes de contestar. Y es que no es una pregunta fácil, como tantas otras que implican la intimidad de uno. Yo suelo responder que me relaja, porque es cierto. Únicamente a mí; no creo que muchos de los organismos que observo estén precisamente relajados. Quizás más ocupados en su propia supervivencia, en sus cortísimas vidas, en su propia fragilidad, de la que probablemente no sean conscientes ¿o sí?

Anton van Leeuwenhoek, el padre de la microscopía (El microscopio y sus secretos, Ed. Bruguera 1969)
Tal vez mi motivación sea esa: comparar mi privilegiada vida de humano autoconsciente -a veces- con la de estos pequeños seres inocentes, que creemos inferiores a nosotros ¿lo son en realidad? Yo no lo tengo tan claro, al menos en su esencia. No sabemos si son conscientes de sí mismos; ni siquiera si un perro o un gato sabe de su existencia, si se mira al espejo y se dice a sí mismo "ese soy yo, con mis manchitas, mi rabo, mi historia y mis creencias irracionales" Un ser humano no se puede poner en la piel de un individuo de otra especie; a veces, ni siquiera, en la de uno de la propia ¿cómo estar seguro? La ciencia no llega a descubrir el problema de la consciencia, valga la redundancia. Ojalá lo haga algún día.

Como eso es verdadero y sumamente cierto -eso creo- yo digo y repito que todos los seres vivos tienen autoconsciencia a su manera, y punto pelota, zanjo la discusión. Al que no le guste que abandone, por su propio bien, esta página.

Ya finalizado el monólogo filosófico, diré que lo que más me mueve es la curiosidad, innata en mí. Doy gracias por tenerla sin duda alguna, aunque, a veces, la curiosidad mata al gato, ya se sabe. Aún recuerdo, con cierta nostalgia impropia en mí, mi primer contacto con la microscopía, a través de un maravilloso libro que mi madre me compró en la extinta Galerías Preciados de la calle Goya de Madrid, donde ahora se encuentra El Corte Inglés.


Con sus preciosas láminas a color, me impactó de tal forma que hasta lo leía -como recomiendan con ahínco los mejores proctólogos- sentado en el inodoro, imaginando que, algún día, vería esos ejemplares diminutos con mis propios ojos. Y ese día llegó, un día que estaba harto de suspender la asignatura "Cálculo de Estructuras III" en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, cuando me compré, de segunda mano, mi primer microscopio un poco serio, de la marca polaca PZO.

Actualmente, unos cuantos años después, no solo me motiva la curiosidad de observar lo pequeño en todas sus formas -lo animado o inanimado- sino también poder disfrutar de mis instrumentos vintage, cuya simple presencia en mi escritorio me produce un gran placer estético; es algo identitario para mí, como para otros es una ideología política, un equipo de fútbol o un Porsche Cayenne, por decir algunas plausibles alternativas. Por tanto, exhibiré mis microscopios sin pudor alguno.

El primero, y que más me gusta, es un Carl Zeiss Jena Lu Wd E de la década de 1940, armado con un condensador de campo claro descentrable, para iluminación de campo claro y oblicua. Y con su espejo, como las viejas glorias de la microscopía. Su sola visión y manejo es una delicia, exudando calidad por los cuatro costados.

Zeiss Jena Lu Wd, una belleza vintage (La Gaceta de Gea)
Otro de mis metálicos amigos es un Carl Zeiss Jena Nf, algo más moderno (1955-1965) y más polivalente que, además, dispone de iluminación integrada. Puedo elegir entre dos condensadores: uno con un revólver triple, que me ofrecen campo claro y campo oscuro, y un condensador de contraste de fase, que es el que más uso al ofrecer unas vistas espectaculares de seres trasparentes, que no se apreciarían con campo claro.

Zeiss Jena NF, versatilidad total (La Gaceta de Gea)
También poseo un Lomo MBR-3, aparato soviético copia de los Zeiss Jena (aquí se puede leer la apasionante historia de esta sinergia, que empezó tras la Segunda Guera Mundial), que uso indistintamente para cualquier técnica de iluminación, un Meopta en la sede de GeaXplora y un Lomo MBR-1, de viaje, en el maletero de mi Toyota Auris, por si surge la oportunidad. Ah, y un microscopio chino también copia de Zeiss Jena, en mi refugio vallisoletano. ¿Demasiados? Tal vez.

Ya efectuadas las presentaciones, nos podemos preguntar ¿qué podemos observar al microscopio? La respuesta es simple: todo lo que sea pequeño, vivo o muerto. Empecemos por lo muerto, que hay mucho y variado, comenzando con las preparaciones con especímenes ya montados. Pueden adquirirse cajas monotemáticas (zoología, histología, botánica) y cajas variadas, con multitud de especímenes diferentes. Son muy didácticas y útiles para introducirse en este apasionante y relajante mundo. En Ebay pueden obtenerse, también, cajas de preparaciones antiguas normalmente provenientes de hospitales, de contenido histológico o patológico, que pueden dar bastante grima al usuario.

Como ejemplo, voy a presentar algunos ejemplos de mis preparaciones montadas. Las fotos están sacadas con una sencilla cámara USB montada en el ocular del microscopio.

Diatomeas con iluminación de contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Unas preparaciones muy bonitas son las de diatomeas y radiolarios. Las primeras son algas que constan de una cajita de sílice que alberga el contenido celular. Cuando mueren, se depositan y forman un polvo que es muy utilizado como fertilizante natural. Las segundas son unas amebas con esqueleto de sílice, usualmente marinas, con unos caparazones muy curiosos. Cuando muere el animal, estos caparazones se depositan en el fondo del océano.

Esqueletos de radiolarios al contraste de fase (La Gaceta de Gea)

También es posible hacer fotos, cuando se tienen preparaciones con especímenes grandes, sacando varias imágenes y componiéndolas. Yo utilizo, para ello, un programa gratuito llamado Hugin, que funciona muy bien. Dejo unos bonitos ejemplos, fotografiados con iluminación de campo claro.

Pólipo de Alcyonum (La Gaceta de Gea)
El primero es un pólipo de Alcyonum, una especie de coral. Como mide unos cuantos milímetros, he tenido que componer varias fotos.

Colonia de pólipos de Obelia (La Gaceta de Gea)

Aquí tenemos una composición de una colonia de pólipos de Obelia, un género de medusa que comienza su vida formando una especie de arbolillo con otras compañeritas de farra. Este arbolillo puede medir hasta 1 centímetro, con lo que he tenido que componer varias fotos.

Terminamos esta primera entrada con una sección de lombriz de tierra, una bonita y vieja preparación a la que tengo mucha estima por lo bien que se aprecian las tripas de animal.

Sección de lombriz de tierra (La Gaceta de Gea)

Se trata de una sección de casi 20 milímetros, con lo que tuve que sacar 20 fotos y componerlas. Quedó bastante bien, para ser una preparación de casi 100 años de antigüedad.

Terminamos esta primera entrada de "Elogio de lo pequeño" precisamente elogiando lo pequeño ya que, en mi opinión, los extremos se tocan y se puede apreciar lo grande en lo pequeño y viceversa. Por eso me gustan tanto la microscopía y la astronomía; para mí son lo mismo a escala diferente, pero la esencia profunda de todos los objetos, al final, es la misma. Una vibración, como parece predicar la física cuántica.


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