lunes, 1 de enero de 2024

Unboxing literario: Joaquina Comas Ros y la exploración espeleológica en España

Continuamos la entrada anterior con el apéndice del maravilloso libro de Anton Lübke Los misterios del mundo subterráneo, esta vez escrito por una insigne dama española: doña Joaquina Comas Ros, también llamada -a la antigua usanza, qué le vamos a hacer- Joaquina Comas de Candel, por ser esposa del reconocido catedrático y geólogo Rafael Candel Vila.

No mucho se conoce sobre esta señora tan interesante, salvo que fue profesora de instituto y traductora de algunas obras de geografía y que, debido a su inveterada modernez para la época (años 30 del pasado siglo), fue expulsada -depurada, según el argot- de su plaza de profesora, acusándola de haberse valido de la influencia de su marido para obtener una mejor plaza docente en 1940, según este documento. En su descargo, Joaquina aludió al hecho que que Rafael Candel ya tenía una plaza en ese centro, así que ella optó por irse a vivir al lugar de la plaza de su marido, por reunificación familiar. Probablemente, tanto Joaquina como Rafael fueran víctimas de aquellos tiempos, personas con poca ideología y mucha biblioteca -ideología y biblioteca son excluyentes, como agua y aceite- que sólo querían sobrevivir y dedicarse a sus respectivas vocaciones sin más; para fanáticos, ya habría otros.

Fuera como fuese Joaquina sobrevivió sin irse al exilio, y se dedicó posteriormente a efectuar algunas traducciones de libros de geografía e, incluso, escribió el suyo propio, sobre la isla de Menorca.

La cervantina sima de Montesinos, en Ossa de Montiel (Albacete)

Tras esta breve reseña biográfica, entramos en el tema: la espeleología en España hasta 1961, fecha de publicación del libro de Lübke. Únicamente voy a reseñar lo que me ha parecido más significativo ya que se trata de una publicación exhaustiva, que enumera docenas de cavidades, y no es plan aburrir al personal más de la cuenta, que la atención sostenida escasea y el interés aún más.

Comienza la autora, como introducción, con una nota literaria: la sima de Montesinos, donde Sancho Panza y un estudiante descolgaron a un don Quijote ávido de exploración, precursor literario de la espeleología española:

"Pidió don Quijote al diestro licenciado le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos"[...]"En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella, era menester proveerse de sogas, para atarse y descolgarse en su profundidad. Don Quijote dijo que aunque llegase al abismo, había de ver dónde paraba; y, así, compraron casi cien brazas de soga, y otro día a las dos de la tarde llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren." Capítulo XXII.
Ya en la realidad Pascual Madoz, en su imprescindible Diccionario editado a mediados del siglo XIX, menciona algunas cavernas. A modo de ejemplo, reproduzco lo que Madoz cuenta sobre la cueva de Ardales, en el municipio homónimo.

Extracto del tomo III del Diccionario de Madoz, relativo al municipio de Ardales (Málaga)

Poco después, en 1869, apareció la Noticia sobre cavernas y simas primordiales de España, el primer catálogo de cavidades de España, a cargo del ingeniero y geólogo Casiano de Prado. En este catálogo se inspiró Gabriel Puig y Larraz para confeccionar el clásico Cavernas y simas de España, publicado en 1896, donde se describen, por municipios, numerosos ejemplos y su bibliografía.

Extracto de Cavernas y simas de España (Puig y Larraz)

Algo antes, en 1872, Juan Vilanova y Piera, el primer catedrático de paleontología de España, ya reseñaba, en sus numerosas publicaciones, ciertas cavernas siempre relacionadas con sus estudios de prehistoria. Es decir, era más arqueólogo que espeleólogo, con lo que comenzaba la sana costumbre de mezclar disciplinas, en este caso geología, antropología, botánica, zoología, arqueología y arte; costumbre que se ha ido perdiendo paulatinamente hasta la actualidad, donde la hiperespecialización es moneda corriente y nos entregamos a ella con la alegría del converso.

Entrada de la Cova Negra, explorada por Vilanova y Piera a mediados del siglo XIX
Vilanova y Piera nos legó grandes exploraciones como la de la Cova Negra (Játiva), que descubrió en 1872. En esta cueva, a lo largo de sucesivas excavaciones, se han recuperado restos de neandertales clásicos.

Las cuevas del Artá, en Mallorca, fueron las primeras cavernas estudiadas desde el punto de vista geomorfológico. El geógrafo y abolicionista de la esclavitud Isidoro de Antillón y Marzo las describe en sus Elementos de la geografía astronómica, natural y política de España y Portugal (1824).

Descripción de las cuevas del Artá, en los Elementos de la geografía astronómica, natural y política de España y Portugal (1824)
Sin embargo, el gran hito de la espeleología española del siglo XIX fue la visita de Edouard-Alfred Martel a las cuevas del Drach, en 1896.

Lago Martel, en las cuevas del Drach (Mallorca)

Su compañero Louis Armand confeccionó un plano de la cavidad, extremadamente detallado para la época, que fue usado hasta 1924.

Plano de Louis Armand de las cuevas del Drach, en el Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España de 1897 (Biblioteca Digital Hispánica)

La visita de Martel causó verdadero furor en España, especialmente en Cataluña, donde realizó la exploración de la cueva de Fou de Bor y del macizo de Montserrat. En este último entorno el gran pionero fue el farmacéutico benedictino Gerardo Joana y Vidal, que en 1826 ya se había triscado toda la sierra en busca de especies botánicas para su convento. Otros muchos exploradores siguieron sus pasos en Cataluña, y los geólogos y paleontólogos Norberto Font y Sagué y Mariano Faura Sans confeccionaron sendos catálogos de las cavidades catalanas.

En Zaragoza, el entomólogo jesuita Longinos Navás Ferrer publicó sus exploraciones de la cueva de la Maderuela (1900) y de la sima de Ricla (1903). Como curiosidad, es de reseñar que el padre Navás es el entomólogo más prolífico de la historia de España en cuanto a publicaciones y especies descritas: el puto amo del mundo de las seis patas, hecho demostrado en su colección personal, que se exhibe en el museo de Ciencias Naturales de Zaragoza.

Longinos Navás, el más grande entomólogo español

En Cantabria, zona riquísima en cuevas, abrigos, simas, oquedades y agujeros varios, el paleontólogo y sacerdote Jesús Carballo García-Taboada -entre curas anda el juego- efectuó varias exploraciones importantes, en compañía de eminencias como Emile Cartailhac, el abate Henri Breuil y Hugo Obermaier, de quieres hablamos en entradas anteriores. La más conocida es su exploración (1924-1941) de la cueva del Pendo, un importante yacimiento arqueológico con pinturas parietales zoomorfas y piezas de hueso grabadas, del periodo Magdaleniense.

Excavación de la cueva del Toll (Moiá, Barcelona), mostrando los diferentes estratos arqueológicos

Tras el lógico hiato causado por la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra, en los años 50 del pasado siglo comenzó a resurgir el interés espelelógico, y muchos fueron los exploradores que se lanzaron -quizás como terapia post-traumática- a las delicias del mundo subterráneo. Como son muchos, voy únicamente a citar los más interesantes, para que esta entrada no se vaya de madre.

En Cataluña, el ingeniero José María Thomas Casajuana -del Grupo de Montaña de Barcelona- realizó importantes excavaciones como la de la cueva del Toll, donde encontraron restos del mítico oso de las cavernas.

Prospecciones en Ibiza
Thomas Casajuana -gran aficionado a los antros subterráneos- efectuó varias exploraciones en las Islas Baleares, allá por 1952. Como la isla de Ibiza aparecía escasamente representada en el catálogo de Puig y Larraz, hicieron una prospección completa, localizando, entre muchas otras, la sima más importante de la isla: el Avenc des Ramells, dotada de formaciones y espeleotemas de muy buena factura.
Boca del Avenc dels Ramells, en Ibiza

En Ramales de la Victoria (Cantabria) el tan citado Thomas Casajuana exploró, en 1958, la cueva de Cullalvera. Una caverna impresionante: doce kilómetros de recorrido, cinco lagos, un río subterráneo y una boca enorme, monumental, donde habitaron poblaciones de Sapiens hace 12.000 años. Además presenta, como bonus, pinturas de caballos en negro y signos claviformes en rojo.

La tremenda cueva de Cullalvera (Játiva, Alicante)

Nos vamos de pinturas rupestres al corazón de la Sierra Morena, a Fuencaliente (Ciudad Real). Allí, en 1783, el erudito cura de Montoro, Fernando López de Cárdenas, describió un abrigo cuarcítico repleto de extrañas pinturas que creyó que eran fenicias o cartaginesas. El abrigo de Peña Escrita presenta figuras humanas estilizadas, tanto sedentes como en pie, acompañadas de figuras de animales y figuras más o menos geométricas de difícil transcripción.

Pinturas del abrigo de Fuencaliente, la Peña Escrita (Fuencaliente, Ciudad Real)

Un personaje muy interesante fue el paleontólogo, arqueólogo y  geólogo Eduardo Hernández Pacheco, al que tengo en especial estima ya que le dediqué la primera entrada de este blog, nada menos. En 1913 don Eduardo, acompañado del mítico Juan Cabré, escudriñó las pinturas rupestres de la cueva del Tajo de las Figuras, en Benalup-Casas Viejas (Cádiz).

Cueva del Tajo de las Figuras (Benalup-Casas Viejas (Cádiz)
El abrigo presenta figuras de aves, mamíferos y algunas figuras antropomorfas, presuntamente del Neolítico. Fue una de los primeros hallazgos adscritos al arte sureño, el rupestre del extremo sur de la península ibérica, muy interesante aunque eclipsado por el arte rupestre levantino.
Cacería de jabalíes en cueva Remigia, por Juan Bautista Porcar (Ares del Maestre, Castellón)

Un ejemplo de colaboración multidisciplinar fue la de la Cova Remigia, en el barranco de la Gasulla (Ares del Maestre, Castellón), descubierta por el pintor Juan Bautista Porcar e investigada a pachas con Hugo Obermaier y Henri Breuil en 1935. En este abrigo aparecen escenas de caza, recolección y guerra: humanos con arcos, cápridos, bóvidos y cérvidos, huellas, rastros y pistas, composiciones con objetos y cestos, guerreros esquemáticos y posibles escenas de sacrificios rituales. 

Dejamos el pequeño paseo por el arte rupestre para internarnos en la flora y fauna de las cavernas españolas, la bioespeleología fósil.

Cueva de Son Apats (Campanet, Mallorca), con cráneo, mandíbula y reconstrucción de Myotragus balearicus

Un ejemplo de ello son las cuevas de Campanet (Campanet, Mallorca), exploradas en 1946 por nuestro ya conocido José María Thomas Casajuana y el hidrogeólogo Noel Llopis Lladó. Allí encontraron restos, entre estratos estalagmíticos, del bóvido Myotragus balearicus, un antílope pequeñito, manejable, a escala española. Su peculiaridad estriba en que su cráneo presenta los ojos de frente, no en los lados como en los demás bóvidos. Se trata de una cualidad que los emparenta -al menos morfológicamente- más con los animales cazadores que con los de presa.

Distribución de los coleṕteros en España, según Francesc Español

La bioespeleología española de esa época, y más concretamente el estudio de los coleópteros cavernarios, está dominada por los trabajos de Francesc Español Coll, tras más de treinta años explorando cavernas. Español Coll encontró, además de coleópteros, otros insectos como los ortópteros Dolichopoda bolivari y Gryllomorpha dalmantina (dos grillos de las cavernas), dípteros tipúlidos del género Chionea, arácnidos y ácaros, gasterópodos como Hyalina y quirópteros como Myotis y Rhinolophus. Descubrió más de cuarenta taxones, por lo que se le considera el padre de la bioespeleología española.

Fragmento del legajo de Francesc Español Coll (Archivo del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona)

La flora cavernícola, a diferencia de la fauna, fue menos estudiada en el periodo anterior a 1960, aspecto que reflejó doña Joaquina en su apéndice al libro de Lübke. Únicamente cita un par de trabajos del gran Ramón Margalef, uno relativo a la flora de Baleares y otro a la del País Vasco y Navarra.

"Flora" de las cavernas, algas y diatomeas (Materiales para la hidrobiología de la Isla de Ibiza, Ramón Margalef)

Examinando su publicación sobre las prospecciones que efectuó en los riachuelos de Ibiza, realmente no aparece la flora de las cuevas como tal, sino organismos microscópicos como algas verdes, rojas y diatomeas. No hay especies realmente vegetales, aunque este hecho no desmerece este trabajo delicioso de leer, por lo exhaustivo, evocador y bien escrito: una maravilla.

El trabajo de Joaquina Comas finaliza con un tema fundamental, pocas veces valorado por la comunidad científica: la puesta en valor de las cavernas. Generar pasta para poder investigar y divulgar, y viceversa; no hay pecado en ello, aunque haya algunos puros de corazón a los que les parece mal.

Cuevas del Drach, en la actualidad (cuevasdeldrach.com)

En este sentido, la cuevas españolas más visitadas a lo largo de la historia son las que son parte de santuarios, como la de Covadonga (Asturias), la de Manresa (Barcelona), San Saturio (Soria), la Cueva Santa de Altura (Castellón, como curiosidad se venera a la patrona de los espeleólogos españoles), o la Cuevita de Artenara (Gran Canaria).

La Cueva Santa de Altura (altura.es)

Dentro de las cuevas no sujetas a devociones religiosas, cita las más visitadas en los años 50 del pasado siglo: Drach y Nerja, entre otras.

Las ya mencionadas cuevas del Drach (Mallorca), muy visitadas desde antiguo, poseen la peculiaridad de que fueron iluminadas, en 1935, por el diseñador de las fuentes y cascadas de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929: el "mago de la luz" Carles Buïgas

Gruta de las Maravillas, en Aracena (Huelva)  

Plano de la cueva de las Maravillas, lo que se había descubierto en la época (1961)

También cita la preciosa cueva de las Maravillas, en Aracena (Huelva), una de las pocas ubicadas en el centro de una localidad, justo debajo del castillo. 

Ballet vintage en las cuevas de Nerja
No podían faltar las cuevas de Nerja (Málaga), descubiertas en 1959 en plena explosión turística de la Costa del Sol. Para dar más uso a la caverna se habilitó una gran sala de espectáculos donde, para festejar la inauguración de la cueva el 14 de junio de 1960, actuó el ballet La Tour de Paris, con gran éxito de crítica y público.

La cueva de San José y su río subterráneo (covesdesantjosep.es)

Doña Joaquina finaliza el recorrido de las cuevas turísticas de España con la cueva de San José (Vall d'Uxó, Castellón), que no es más -ni menos- que un río subterráneo y su galería, navegable en más de un kilómetro.

Llegamos al final de esta entrada, en la que hemos repasado -de forma somera, por cuestión de espacio- el apéndice del libro Los misterios del mundo subterráneo, de Anton Lübke, escrito por la española Joaquina Comas Ros. Literatura, exploración, antropología, geología, paleontología, arte: la realidad multiforme de la buena ciencia, la que entendían estos personajes añejos, curiosos, que no se conformaban con sus parcelitas de saber, en esa época difícil y compleja de la primera mitad del siglo XX.

Entrada destacada

Incursiones cotidianas: arquitectura de una playa invernal

Una de las actividades más placenteras -al menos para el que suscribe- es un paseo invernal por una playa desierta. Y si es un playazo, mejo...