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miércoles, 5 de febrero de 2020

Impactos ambientales: el esquí (I)

Comenzamos una nueva sección en nuestro blog: los impactos ambientales. No se pretende, con esta sección, demonizar nada, ni siquiera a nosotros mismos ya que todos, queramos o no, ejercemos una presión sobre el medio.

Sin embargo, es bueno recordar las actividades que se pueden disfrutar al aire libre, de forma que estimemos una gradación -siempre sujeta a discusión- de las que más y menos agreden al medio, por pura curiosidad malsana. O por investigar, influir o incluso adoctrinar, aunque ésto último no me lo creo mucho, por la escasa proyección mediática de este blog. Y que yo prefiero que la gente piense un poco, tenga algo de independencia, lo consulte con la almohada. Y si ésta responde, tanto mejor.

Comenzamos esta serie con un deporte invernal muy popular, mediático y que reparte mucha pasta en ciertas zonas de alta montaña: el esquí en todas sus modalidades.

Estación de Valdesquí, entre Madrid y Segovia (Wikipedia)
Ciertamente, el esquí es una actividad humana antigua, tanto como la propia caza, ya que el hombre ha necesitado desplazarse en todo tipo de terrenos, en medios hostiles como los territorios nevados y helados, más abundantes en tiempos pretéritos que en la actualidad, cortesía de nuestro querido e ignorado cambio climático. De hecho, el ser humano ya sabía desplazarse de esta forma antes de la invención de la rueda, allá por el cuarto milenio antes de Cristo. De hecho hay evidencias arqueológicas, corroboradas por algunos historiadores griegos como Plinio o Heródoto, que mencionan rudimentarias raquetas, pieles o calzados especiales. En el norte de Noruega, más concretamente en la isla de Rooya, se encuentra uno de los testimonio más antiguos del uso de esquíes en forma de petroglifo.

Petroglifo de la isla de Rooya, en Noruega, ahora vandalizado (Smithsonianmag)
Desgraciadamente, el lugar ha sido vandalizado y destrozado por unos simpáticos jóvenes. Como vemos, esto no ocurre únicamente en España, sino también en determinados países que fardan de civilizados, de hygge, de minimalismo guay, de sociedades fetén. Aquí todos tenemos defectos, unos y otros, en nuestra civilizada Europa. Si no que se lo digan a los de las islas Feroe, con sus carnicerías de ballenas.

Hablando de arqueología, en Hoting (Noruega) apareció un trozo de madera de 4.500 años de antigüedad, supuestamente un esquí, aunque algunos autores sostienen que el primitivo esquí se originó en Asia Central, en la región de Altai, desde donde radió a otros lugares.

Ya en la época contemporánea, las primeras carreras de esquí se celebraron en Noruega entre 1850 y 1860, tras las innovaciones de Sondre Nordheim realizadas en Telemark.

Nordheim esquiando al estilo Telemark (historia del esquí)
 A partir de este momento empezó a popularizarse este deporte, gracias a la travesía de Nansen en 1888, a través de Groenlandia, toda una gesta de este gran personaje. Después hubo otros pioneros, como Mathias Zdarsky o Arnold Lunn, el inventor del slalom, en 1911. Desde entonces se han creado federaciones y multitud de campeonatos, lo que ha generado una gran afición de carácter puramente estacional. En todo el territorio español existen más de 40 estaciones de esquí alpino y de fondo.

Hay multitud de modalidades de esquí, la más conocida (y agresora del medio) es el esquí alpino, ya que depende de la estaciones de esquí. Esta modalidad se desarrolla en pistas descendentes de diferente dificultad, de muy fáciles (verdes), fáciles (azules), difíciles (rojas) y muy difíciles (negras). Para acceder a la parte superior de estas pistas es imprescindible la ayuda de los remontes mecánicos, con telesillas, telesquís y telecabinas.

También tenemos el esquí de travesía, que es un paseo, más bien horizontal, por el campo nevado, sin ayudas. Muy parecido al puro montañismo, y no tan lesivo para el medio ambiente. Otra modalidad parecida es el esquí de fondo o nórdico, en el que el deportista se desliza con esquíes y bastones por circuitos ya trazados. Para ello también existen estaciones especializadas. Hay otras modalidades menos conocidas y practicadas:  snowboard,  monoesquí, heliesquí, motoesquí, Telemark, trineos o parapente con esquíes. Nos vamos a centrar especialmente en los impactos del esquiador alpino y de fondo y, especialmente, en las estaciones de esquí.

En invierno, el suelo de algunas zonas en altitud se cubre de una gruesa capa de nieve, que lo protege de las actividades humanas de otras épocas del año. De la misma forma, también la vegetación queda protegida y aislada del viento gélido y las bajas temperaturas, favoreciendo su conservación y "descanso". Sin embargo, todas las benéficas propiedades protectoras de la nieve únicamente ocurren cuando su espesor es suficientemente grande.

Gruesa capa de nieve en Sierra Nevada (Pixabay)
Sin embargo, en la línea de árboles, zona de transición entre la vegetación baja de alta montaña, cubierta, y los grandes árboles alpinos, el espesor de la nieve desciende, y algunas plantas afloran sobre la nieve. Aquí es donde los jóvenes y tiernos rebrotes pueden ser arrancados por los esquiadores, cuando pasan por lugares cercanos a este límite, lo que incide en la correcta regeneración del bosque, y en la huida del los animales que allí viven, por la desaparición de su hábitat. Un ejemplo sería el topillo nival o neverón, que puede vivir cerca de estos entornos, en Sierra Nevada o en el Sistema Central.

El topillo nival, un auténtico superviviente (El Guadarramista)
Esta fauna también puede verse afectada por la práctica del esquí fuera de pistas o caminos acondicionados para esta actividad. El invierno es un periodo crítico para muchas especies animales, ya que la temperatura es muy baja y escasea la comida. Algunas han resuelto el problema hibernando, reduciendo su metabolismo al mínimo, lo que les permite vivir a expensas de sus reservas de grasa durante los meses invernales.

Otros animales presentan diferentes estrategias, como ralentizar sus actividades vitales con el fin de ahorrar el máximo de energía.

De esta forma, la presencia continuada de esquiadores en su hábitat puede resultar en la huida del animal y abandono de su refugio, con el gasto energético extra que esto le supone, lo que compromete su propia supervivencia.

Esquí de fondo en España (Mundo Deportivo)
Según algunos estudios realizados en países alpinos, la incursión de esquiadores en algunos bosques ha provocado alteraciones en determinadas poblaciones de urogallos, rebecos y corzos. En España este hecho no es tan habitual debido a que las prácticas de esquí suelen confinarse a las propias estaciones.

En cuanto a la práctica del esquí en pista o circuitos señalizados, los esquiadores pueden causar escasos daños, puesto que el impacto ambiental ya se ha producido antes, durante la fase de construcción de las mismas. De todas formas, en España tenemos el problema ubicuo, que comparten esquiadores, excursionistas, ciclistas, cazadores, organizadores de carreras y todo lo que se menee en el campo, es el abandono indiscriminado de basura. Es, por ello, necesario tener presente que toda la basura dejada sobre la nieve emergerá milagrosamente cuando ésta ya no exista, dejando un panorama verdaderamente desolador, ya que la materia orgánica y los restos biodegradables tardan mucho más en descomponerse en suelos nevados.

Volveremos a insistir sobre el impacto ambiental del esquí en una próxima entrada dedicada a las estaciones de esquí, lugar de peregrinaje de tantos y tantos aficionados.

lunes, 20 de enero de 2020

Elogio de lo pequeño (II)

Continuamos nuestra anterior entrada "Elogio de lo pequeño", que finalizamos mostrando el juego que dan las preparaciones microscópicas ya preparadas, valga la redundancia, ya sea compradas nuevas, en tiendas especializadas, o antiguas, en plataformas como Ebay. Para los novatos recomiendo adquirir las primeras, en las que suele rotularse cada preparación con el especimen, tipo de sección y de tinción, entre otros datos.

Por cierto, no he hablado todavía del arte de la tinción, que no es otra cosa que teñir, con diversos colorantes, nuestro espécimen, de forma que se resalten algunos componentes del mismo. Los colorantes básicos más utilizados son el azul de metileno, eosina, violeta de genciana, fucsina, safranina y Lugol. El azul de metileno, por ejemplo, puede teñir organismos sin matarlos, conociéndose esta técnica como coloración vital. También se puede dar rienda suelta a la imaginación y teñir con tinta china, de bolígrafo, colorantes alimentarios, pinturas varias y demás productos. Aquí es donde la ciencia deja paso al arte ¡quizás algún lector descubra una tinción que sirva para alguna novedosa aplicación!

Muestra teñida (Wikipedia)

Seguimos con los especimenes muertos, que son pocos y cobardes. A partir de este momento, todas las imágenes y vídeos están tomados por un servidos, con su modesto, algo arcaico pero eficaz equipamiento.

Y no hay nada más muerto que un producto químico. Aunque no tan muerto, oiga, porque si ese producto se disuelve en agua, se deposita sobre el portaobjetos y se deja secar, suele cristalizar de una manera u otra, dejando bellísimas maclas de colores cuando se observan al microscopio de polarización. Veamos algunos ejemplos.


En este vídeo podemos apreciar ácido ascórbico recristalizado sobre el portaobjetos. Al girar el filtro polarizador, del microscopio de polarización, vemos cómo los cristales van cambiando de color, según las características de sus diferentes moléculas, creando un efecto muy estético. Incluso, me atrevería a decir que se puede hacer arte, como demostré en las entradas Micropaisajes (I) y Micropaisajes (II).

Otro ejemplo, más llamativo, es la cristalización del oxalato de hierro, producto que obtuve al limpiar hierro oxidado con ácido oxálico. Simplemente se diluye una pequeña cantidad del polvo naranja en agua, se deja una gota en el portaobjetos y voilá, un precioso mosaico multicolor que se obtiene girando el prisma polarizador del microscopio.


Dejamos los especímenes inertes para centrarnos en la observación in vivo. Indudablemente es mucho, muchísimo, lo que se puede observar en una gota de agua bien escogida. Casi en cualquier muestra de agua -exceptuando la del grifo y el agua embotellada- posee microorganismos dignos de observación. Hay que buscar, especialmente, aguas naturalmente "sucias", con detritos y materia orgánica en descomposición: muestras de estanques, lagunas con vegetación de ribera, pilones de fuentes, abrevaderos, charcos de aguas turbias y demás. Estas muestras son especialmente valiosas en primavera, cuando miles de millones de algas colonizan la superficie de las aguas más eutrofizadas.

Comenzamos con lo más abundante que uno se puede encontrar en nuestra querida gota: algún ciliado. Los hay de todas la formas y tamaños posibles, desde el famoso paramecio hasta ejemplares de formas extrañas, incluso poligonales, que bien parecen cualquier otra cosa antes que un animal minúsculo. Incluso, ¡creo que no sería muy difícil encontrar una nueva especie!

Observemos un hermoso paramecio al contraste de fases. Se trata de un organismo muy interesante, especialmente por su vacuola pulsátil.


De vez en cuando se pueden observar ciliados curiosos, como este posible Linolotus (es difícil tener plena seguridad con tal cantidad de especies, ya lo comprobará el lector si se aficiona). Así, en imágenes, es difícil hacerse una idea del gran interés de los ciliados y otros protistas microscópicos, ya que lo más curioso e hipnótico es, sin duda, su comportamiento.

Posible Linolotus, al contraste de fase (La Gaceta de Gea)
Vamos a observar este singular animalillo en el siguiente vídeo. Sus movimientos -salvando las distancias- recuerdan vagamente a los de una comadreja olisqueando en el campo ¡cuánta ternura puede despertar un organismo tan sencillo!


Vamos a dejar los ciliados para introducirnos en uno de los animales microscópicos más comerciales: la ameba. Es un organismo que suele habitar los fondos de las charcas, donde se dedica a buscar alimento entre los detritos, mediante sus famosos pseudópodos.

Algunas amebas pueden causar enfermedades, pero no es lo habitual. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido contacto con estos animales tan abundantes ¡y aquí seguimos! Por tanto, que no cunda el pánico. Aquí observamos una hermosa Amoeba proteus buscándose la vida, al microscopio de contraste de fase.


En una próxima entrada seguiremos mostrando más maravillas microscópicas extraídas de mi archivo personal. Espero que el posible lector quede interesado por este aparato que es símbolo de la ciencia, de la curiosidad y del deseo, casi infantil aunque profundamente humano, de ver lo que no se ve, de atisbar lo que se intuye, de poner luz en la tiniebla.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Un animalario como Dios manda

Siete y media de la mañana del 19 de agosto de 2019. Hace un frío que pela y me dispongo, con cierta expectación, a disfrutar de una experiencia espiritual única en el mundo: el baño en las piscinas milagrosas de Lourdes. Y no es que uno sea demasiado pío, sino lo que se podría llamar un cristiano sui géneris, de los que no va a misa ni está de acuerdo con bastantes (muchos) postulados de la Iglesia, pero que sabe que sí existe un Dios, Logos, Verbo o como cada uno lo quiera llamar, al que le cuento mis alegrías y penas, sintiéndome de alguna forma reconfortado y escuchado. Un Dios bastante personal, oiga.

No pude evitar enamorarme de esta Señora (La Gaceta de Gea)
Después de dos horas de espera, entro en el recinto de los baños, rodeado de indios de la India, valga la redundancia ¿conversos o habrán integrado a la Virgen en su panteón, me pregunto? Un hospitalario me hace un gesto y me pregunta de dónde soy, en francés. Digo que español; se me nota en la perspicaz mirada. Llaman a un señor que andaba por allí ayudando, también español. Le pregunto: es el padre Miguel Ángel, de los Franciscanos Conventuales de Madrid ¿casualidad?. Me ayuda con el proceso del baño, impresionante en su rito y emoción. Me dejo llevar, es lo que hay que hacer. Me agarran dos hospitalarios y me sumergen en las gélidas aguas, para sacarme ipso facto. El padre Miguel Ángel me asegura que los milagros existen ¡Amén! Muchísimas gracias, querido hermano. Doy un abrazo al personal, emocionado, y salgo al exterior tiritando de frío, con una sensación extraña. Alea jacta est.

Es hora de partir de este lugar sagrado que me ha gustado más de lo que esperaba. Se puede aducir que es pura comercialidad religiosa, y lo es, pero únicamente a extramuros del recinto religioso. Dentro solo hay entrega y alegría, eso es lo que yo lo he percibido. Y fuera, ¿acaso es pecado aprovechar la potencialidad económica de un lugar especial? Yo creo que no, lo espiritual y lo material son las dos caras de una misma moneda, perfectamente compatibles. Además, ninguna religión, creencia o filosofía se libra del comercialismo de sus lugares sagrados, hasta donde yo sé. Que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Es hora de visitar otro lugar especial: el Parque Animalario de los Pirineos, muy cerca de Lourdes. Por cierto, muchas gracias a mi infalible y querido compañero de @geaxplora, el gran @cronicasdefauna, por la identificación de algunos animales.

Acceso al parque (topopyrenees.com)
Lo primero que llama la atención es el edificio de acceso, muy bonito, sencillo e integrado, con sus lamas de madera horizontales que dan sensación de calidez, de respeto por el entorno. Empezamos bien.

Accedemos y compramos dos entradas de adultos, a 19,50€ cada una. Nos dan un folleto con el mapa del complejo. Casi nada: un restaurante, una tienda de recuerdos llena de simpáticos peluches, un bar abierto en verano, dos zonas de picnic y, lo mejor, tres ecolodges, cabañas para pasar la noche en el sitio, rodeados de animales: marmotas, osos o lobos, a elegir, a 390€ la noche. Que tome nota algún inteligente propietario de finca rústica, aquí puede estar el futuro: en el avistamiento de animales, flora, fotografía nocturna, astronomía o dormir en un bosque con todas las comodidades, en silencio.

El recorrido se estructura por zonas temáticas. La primera de ellas, que se accede a través del edificio principal, denominada "Las alas de la Naturaleza", un espacio cerrado por una tela metálica, casi imperceptible, que alberga numerosas especies de aves de todo tipo, con su lámina de agua a modo de charca.

Montones de aves en un espacio imperceptiblemente cerrado (La Gaceta de Gea)
Entre las más espectaculares: espátula blanca (Platalea leucorodia), grulla damisela (Anthropoides virgo), garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), carraca (Coracias caudatus) o el ibis eremita (Geronticus eremita).

Buenos carteles de interpretación, con la información de vulnerabilidad de la especie (La Gaceta de Gea)
Seguimos la ruta hacia la sección "El filo del agua", donde encontramos las siempre simpáticas nutrias en un acuario semiabierto, donde podemos admirarlas nadando y en superficie. Todo excelentemente presentado.


Nutria jugueteando (La Gaceta de Gea)
También encontramos coipúes (Myocastor coypus), unos roedores sudamericanos parecidos a los castores. Se considera especie invasora en Europa.

Coipú nadando, parece una rata gorda (La Gaceta de Gea)
Lo siguiente que vemos es una charca, muy bien acondicionada con plantas acuáticas, lentejas de agua y nenúfares, donde tenemos dos especies de zampullines: el zampullín común y zampullín cuellinegro. Todo, por supuesto, con sus carteles de interpretación en francés, inglés y español.

Tras ello, una exposición, verdaderamente útil, de modelos de las serpientes que uno se puede encontrar en la zona sur de Europa. Por eso de educar a la peña al respecto de que la mayoría de estos ejemplares no son ni venenosos ni peligrosos, a menos que uno los pise inadvertidamente o los intente agredir. Ellos se defienden, igual que haría el pacífico lector, en su caso.

Modelos educativos de serpientes (La Gaceta de Gea)
Ascendemos por el camino de madera para llegar a donde pululan las estrellas del parque: las marmotas. Hay que hacer cola: alimentar -con calabacín y zanahoria troceada- estos simpáticos animales no se hace todos los días. Toda una experiencia que merece la pena, aunque me queda la duda si las marmotas no engordarán demasiado siendo alimentadas a todas horas. Quizás la hibernación ponga las cosas en su sitio.


Marmotas ansiosas (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la sección "La tierra de los carnívoros", donde encontramos linces boreales o euroasiáticos (Lynx lynx), ocelotes (Leopardus pardalis), tayras o hurones (Eira barbara), pandas rojos (Ailurus fulgens) y osos pardos (Ursus arctos). Por supuesto, todos estos carnívoros disponen de numerosos árboles, roquedos y un gran espacio para expandirse; desde luego no da la sensación de hacinamiento ni de tristeza por parte de los animales, sino de una cierta tranquilidad. Los animales están lustrosos y bien alimentados.

Lynx lynx, el lince boreal, descansando en su árbol (La Gaceta de Gea)
Oso pardo pirenaico, posando en su roquedo (La Gaceta de Gea)
Llegamos al espacio "La granja de los pichones", donde nos encontramos animales domésticos, de granja, y algunas aves. Muy interesante para los niños y las nuevas generaciones de humanos que no han salido de las urbes. Aquí pueden tener contacto visual -y táctil- con ovejas, vacas y cabritas, deliciosas para el personal más menudo.

Ascendemos, por el camino en cuesta, al "Valle de las rapaces", donde se pueden avistar estas magníficas aves. Como el día es lluvioso, no consigo ver ninguna excepto unos cuervos en su espacio cerrado.

Cuervos (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la zona "Montañas del mundo", donde encontramos ciervos, muflones (Ovis orientalis), corzos (Capreolus capreolus), y cabras montesas (Capra pyrenaica). Por cierto, había un corzo joven muy cerca del camino, agachado, mirándome fijamente. Yo no sé para un niño pero yo, como adulto, sentí una ternura indescriptible por aquel precioso ejemplar.

Cabaña para avistamiento de lobos, con su cristalera de seguridad (La Gaceta de Gea)
Tras los corzos y demás animales "comestibles", llegamos a la zona de los lobos ibéricos ¿Será casualidad que estén tan cerca? Prefiero no pensarlo. Escruto la parcela y no veo ningún ejemplar. Posiblemente se concentren en el área más íntima y difícil de avistar. De noche saldrán, digo yo.

Lo que sí se aprecia es el ecolodge dedicado al avistamiento nocturno de lobos, "La cabaña del trampero". Una noche aquí debe ser toda una experiencia, con su lógico precio.

"La cabaña del trampero", alojamiento para ver lobos (La Gaceta de Gea)
La última parada es "Los bosques húmedos", donde encontramos más especies de nutrias, pajarillos de las selvas y pequeños monos muy curiosos, como el tití emperador (Saguinus imperator).

Mono bigotudo denominado tití emperador, me recuerda a alguien (La Gaceta de Gea)
Tras este recorrido de una dos o tres horas volvemos a la tienda del parque zoológico, donde montones de peluches esperan a niños y mayores que todavía no han perdido el contacto con su niño interior. Y es que ¿por qué se asocia forzosamente un animalario o zoológico con la infancia? ¿es que el adulto ha perdido la relación con las demás especies de animales que viven en nuestro querido planeta? A lo mejor nos da vergüenza reconocer que nos podemos enternecer con estos animales, que en su mayoría sólo quieren vivir y que se les trate bien o, como mínimo, que se les ignore.

Considero que este parque es un modelo impecable de integración de investigación, entretenimiento, conservación y negocio sostenible. Y es que el negocio es compatible con casi todo, si se hace de forma respetuosa y ética.

Me gustaría conocer y ayudar a promover iniciativas de este tipo en España. Si alguien es tan amable de mostrarme alguna que ya exista, se lo agradecería. Se me puede alcanzar en Twitter @geaxplora, @javiermfrico o @cronicasdefauna o en el correo geaxplora@gmail.com.

¡Muchas gracias y hasta la próxima!

domingo, 21 de julio de 2019

Rutas vintage: "tourismo" por el Canal de Isabel II (III)

Con esta veraniega entrada finaliza la apasionante trilogía dedicada al sector más antiguo del madrileño Canal de Isabel II, que se iniciaba en la presa del Pontón de la Oliva (en la primera entrada al respecto), terminando junto al Soto de Viñuelas, en esta segunda entrada, ya cerca de la ciudad de Madrid. Recordaremos que las fotografías originales, dentro de la improvisada guía turística que nos lleva por estos lugares, fueron tomadas en 1911.

Pues bien, continuamos nuestro periplo saltándonos, desgraciadamente y por imperativo legal, el acueducto de Valdealeas, uno de los más largos del trazado. Es una pena, pero está incorporado a la finca "Soto de Viñuelas", a la cual, según me ha comentado un amigo de Tres Cantos, no se puede acceder al ser privada. Una pena, ya que sería muy interesante poder visitar este magno monumento.

Nos dirigimos hacia el sur en busca del acueducto de Vallegrande, para lo que cogemos una pista que se adentra en el monte de Valdelatas, al sur del Campus de Cantoblanco, perteneciente a la Universidad Autónoma de Madrid. Recorremos, hacia el este, cerca de 1 km, cogemos el primer desvío hacia la derecha y allí está, escondido en el frondoso pinar, hacia la izquierda.

Situación del acueducto de Vallegrande (La Gaceta de Gea)
Se trata de un acueducto de 47,30m de longitud y 10m de altura máxima, dotado de 7 arcos. El entorno del Monte de Valdelatas es bastante bonito, al menos para los que nos encantan las pequeñas lomas cubiertas de pinos piñoneros, con su amplia copa en forma de paraguas. Un verdadero oasis verde muy próximo a la ciudad.

Acueducto de Vallegrande (La Gaceta de Gea)
Tras visitar este montuoso entorno, nos planteamos un reto: descubrir el acueducto del Sotillo. Y no es porque no se localice cerca del anterior, sino porque no aparece en el mapa topográfico más que con el topónimo "El Sotillo" y, además, el acceso es bastante más complejo de lo que pudiera parecer, confundiendo al explorador más centrado.

Vamos con las señas. Volvemos hacia el norte por la vía de servicio que nos lleva, de nuevo, a Cantoblanco. Encontramos una rotonda que nos lleva a cruzar la M-607, donde alcanzamos otra rotonda. Desde aquí, cogemos una pista hacia el sureste. En el primer cruce, nos desviamos por la pista de la derecha, que pasa por debajo de la vía férrea. Después el cruce hacia el sur, a la izquierda. Desde aquí recorremos un par de kilómetros, sin desviarnos del camino, hasta llegar al paraje "Las Higueras", donde cogemos la pista a la derecha, que nos lleva, al pasar una gran curva, al acueducto. ¿No quedamos en que era un reto?

Situación del acueducto del Sotillo
Y aquí está nuestro monumento, que presenta 72,40m de longitud, 6m de altura máxima y 13 arcos, siendo el más "bajito" de todos si comparamos la proporción entre su longitud y altura máxima.

El vandalizado acueducto del Sotillo, una pena (La Gaceta de Gea)
Nos acercamos campo a través, mientras decenas de conejos saltan alrededor de la maleza, buscando cobijo; hacía tiempo que no veía tantos. Ya se veía venir: en un sitio tan alejado y a la vez cercano de la capital no podían faltar las firmas de los Banksys de pacotilla sobre el monumento, acompañadas de la mugre acostumbrada: trozos de plástico, latas, servilletas sospechosas y demás delicatessen. Luego estos pollos hablan de arte, será del de los demás.

Tras inmortalizar la maltrecha infraestructura volvemos hacia la pista, no sin antes fijarnos en un mojón que sobresale del acueducto en su extremo, mostrando su nombre. Qué agradable sorpresa; reconozco que ver estos rótulos antiguos ya casi enterrados, con esa tipografía vintage, me fascina. Y es que a uno siempre le ha tirado la exploración -encontrar cosas perdidas u olvidadas- más que a un tonto un lápiz, como decía mi padre.

Un singular mojón (La Gaceta de Gea)
Ahora ya sí que nos adentramos en la jungla urbana, en busca de los acueductos que nos quedan hasta llegar al depósito elevado de Chamartín, fin de nuestro largo periplo.

Buscamos el siguiente acueducto, el de Claudieta, sin fortuna, ya que está enterrado bajo la avenida de la Ilustración.

Los desaparecidos acueductos de Claudieta y Valdeperales
Tampoco hay suerte con el siguiente, el acueducto de Valdeperales, parece que "tragado" por el sistema de alcantarillado de la ciudad, por la zona de la avenida de Monforte de Lemos.

Ya en la ciudad: acueductos de los Pinos, Traviesa y Valdeacederas (La Gaceta de Gea)
Menos mal que los tres siguientes sí están conservados, integrados en un gran parque lineal con dos nombres: parque de los Pinos y parque Rodríguez Sahagún. Para acceder cogemos el paseo de la Dirección -denominado así por seguir la dirección del Canal- y aparcamos cerca del cruce de éste con la avenida de Asturias. Entramos en el parque y ahí está, cruzando, casi de forma perpendicular, el paseo principal de este sector del parque, el acueducto de los Pinos.


El acueducto de los Pinos, integrado en el parque homónimo (La Gaceta de Gea)
Presenta las siguientes credenciales: 33m de longitud, 9,80m de altura máxima y 5 arcos. El acueducto está convenientemente pintarrajeado, como no podía ser menos. Al menos, estar integrado en un parque le puede garantizar una cierta supervivencia, siempre que a las autoridades municipales les interese invertir en educar a la masa, claro.

Nos ayudamos del trazado del Canal para llegar al siguiente acueducto, bastante cercano. Para ello tomamos el camino perimetral del parque, dejando siempre a la izquierda el paseo de la Dirección. Tras un breve paseo ahí está, con sus tres arcos, 19,50m de longitud y 9,80m de altura máxima: el acueducto de la Traviesa.

Acueducto de la Traviesa (La Gaceta de Gea)
Con sus tres arcos rebajados, su lámina de agua y su fuentecilla, se podría considerar, como diría cualquier influencer de moda, muy cuqui, para lo que estamos acostumbrados.

Seguimos por el camino perimetral hasta cruzar la calle Capitán Blanco Argibay, que separa el parque de los Pinos del de Rodríguez Sahagún, donde observamos un cartel blanco y azul del Canal. De esos, a estas alturas de la expedición, hemos tenido que ver muchos.

Acueducto de Valdeacederas (La Gaceta de Gea)
Seguimos el camino y, a unos minutos, descendemos hacia una hondonada algo desangelada y dejada de la mano de Dios. Encontramos el sucio y "decorado" acueducto de Valdeacederas, de 5 arcos, 30,60m de longitud y 9m de altura máxima. Una pena. A vuelapluma, a uno se le ocurre que podrían poner unas placas metálicas en estos monumentos para señalar su importancia, pero me temo que eso es pedirle mucho a una empresa suministradora de aguas, aunque luego se jacte de sus fundaciones y demás.


Acueductos desaparecidos de Barrancos y Obispo

Tras éste, nos quedan únicamente tres: el de Barrancos, el del Obispo y el de Amaniel. Del primero no queda nada, del segundo dos arcos en la calle Marqués de Viana y del de Amaniel, todo. De hecho ¿qué madrileño no habrá pasado alguna vez por la calle Pablo Iglesias?
 
Situación del acueducto de Amaniel y del Depósito
Esta vez no necesitamos coger el coche, en transporte público vamos sobrados. Salimos en la estación de Metro Cuatro Caminos. Desde aquí, enfilamos la avenida de la Reina Victoria hasta el cruce con la calle Pablo Iglesias, que recorremos durante diez minutos, hasta que llegamos al acueducto de Amaniel. Se trata del acueducto más largo: 124m de longitud, 10,50m de altura máxima y 17 arcos. Un gran monumento en el que casi nadie repara.

Acueducto de Amaniel (La Gaceta de Gea)
En este caso se hace muy patente la diferencia entre ambos entornos, en sus 108 años de diferencia: el primero, en las afueras de la ciudad; el segundo, plenamente integrado en el centro de Madrid. Llama la atención la diferencia de pendiente del terreno en el lado sur del acueducto, a la derecha de la imagen; parece como si se hubiera rellenado de forma muy patente.

Volvemos a la glorieta de Cuatro Caminos, donde nos desviamos, por la calle Bravo Murillo hacia el sur. A cinco manzanas nos da la bienvenida el que es, probablemente, el monumento más conocido -y original- del Canal de Isabel II: el depósito elevado de Chamberí.

El depósito elevado de Chamberí (La Gaceta de Gea)
De un estilo que yo calificaría como híbrido de neomudéjar y modernismo, este monumento se utiliza, de forma acertada en mi opinión, como sala de exposiciones fotográficas.

Ya sí que podemos relajarnos en su jardín anexo, pensando en todos los acueductos y sifones que hemos visitado desde el Pontón de la Oliva hasta aquí. Algunos más ocultos que otros, pero la mayoría desconocidos y apasionantes.

Y es que no nos damos cuenta de la suerte que tenemos los madrileños: poder gozar de una de las mejores aguas potables del mundo. Y todo eso gracias al esfuerzo de muchas personas, desde hace más de un siglo. Uno de ellos fue don Ramón de Aguinaga, que nos ha llevado, a través de su centenario cuaderno, a explorar, descubrir y aprender a través de su itinerario.

Si don Ramón levantara la cabeza se sentiría profundamente orgulloso, a buen seguro.

lunes, 24 de junio de 2019

Rutas vintage: "tourismo" por el Canal de Isabel II (II)

Quizás el posible lector recuerde nuestra exploratoria anterior entrada sobre los elementos ingenieriles más primitivos del Canal de Isabel II, donde recorríamos diversos lugares desde la presa del Pontón de la Oliva, explorando sifones y acueductos -algunos bastante perdidos- hasta finalizar en la localidad de El Molar, observando previamente el acueducto del Regachuelo. Todo esto, por cierto, muy bien acompañados por el ingeniero jefe del Canal en 1911, don Ramón de Aguinaga, que escribió el cuadernillo que nos hace de improvisada guía.

Sector explorado, extraído del mapa que trae el cuaderno. El sifón del Guadalix, comienzo de nuestro recorrido, arriba a la derecha. El del Bodonal, abajo a la izquierda
Abrimos el librito y observamos que nuestra primera parada se sitúa al norte de San Agustín de Guadalix, una zona montuosa poblada por un espeso encinar, de forma diamentralmente opuesta al secarral situado al este de El Molar. Una delicia: se nota la afluencia de bicicletas, excursionistas, domingueros e inclasificables como nosotros.

Mapa con la situación del sifón del Guadalix
Partimos de una pista que comienza al norte del pueblo, en una urbanización, antes de alcanzar el polígono industrial. Dicha pista serpentea hacia el norte, acomodándose a la topografía, hasta alcanzar el cerro de los Castillejos, tras el cual aparecen un par de casetas del Canal que no parece que tengan demasiado uso.

Detalle de una de las casetas en la parte alta del sifón del Guadalix, parece que sin uso (La Gaceta de Gea)
Por aquí no hay forma de bajar al acueducto, que se adivina entre la vegetación y la maleza. Desandamos el camino hasta que llegamos a una curva pronunciada al este del paraje "El Canchal", donde dejamos el coche como podemos. Desde aquí parte una senda, no especialmente marcada, que baja hasta un paraje muy bello y frondoso, con grandes árboles, donde encontramos, casi por sorpresa, el acueducto y el sifón del Guadalix.

El acueducto del Guadalix, qué pena la basura de grafitis (La Gaceta de Gea)
Aquí lo tenemos: 40 metros del longitud, 8,40m de altura máxima y 5 arcos de 6m de luz. También con su casetita, que se adivina arriba, entre el follaje de los árboles. Muy bonito lugar; la única pena son los autodenominados artistas urbanos, en este caso destrozando el patrimonio histórico rural. Una vergüenza, pero a esos les dará igual; no creo que posean tan preciado bien.

Situación del acueducto de la Retuerta

Regresamos por el senderillo hacia el polvoriento coche -lávalo guarro- y volvemos unos 200m para coger la pista de la izquierda que, dirigiéndose hacia el suroeste, nos deja frente al acueducto de la Retuerta, rodeado de una espesa vegetación de monte mediterráneo. Ahí van las estadísticas, para los ingenieros más vocacionales: 100m de longitud, 28,20m de altura máxima y 2 cuerpos de arcos (1 en el bajo y 8 en el alto). Uno de los más largos del recorrido junto con el de Colmenarejo -que veremos en breve- y el de Amaniel, ya en la ciudad de Madrid.

Acueducto de la Retuerta (La Gaceta de Gea)
Poco se adivina del arco del piso inferior: parece engullido por los sedimentos arrastrados por el arroyo homónimo, los cereales salvajes y las encinas y enebros. Por lo demás, muy pintoresco.

Avanzamos hasta que llegamos a un cruce, en el que nos encontramos una agradable sorpresa: un panel de interpretación que señala la "Ruta de los Acueductos", cuya frase lapidaria reza:
"Descubre acueductos escondidos y una espléndida vegetación mediterránea presidida por la encina, el enebro y la coscoja"
Pues vamos a ello.

Situación de los acueductos de la Sima y Valcaliente
Continuamos por la pista para encontrarnos con el acueducto de la Sima, semioculto entre la vegetación. 67m de largo, 26m de altura máxima y dos cuerpos de arcos, 1 en el bajo (prácticamente inapreciable) y 7 en el cuerpo alto.

Acueducto de la Sima, en medio del monte (La Gaceta de Gea)
Se trata de una pista muy transitada; es necesario tener mucho cuidado, especialmente con los ciclistas. El que avisa no es traidor.

La pista serpentea hacia el sur, donde encontramos el descansadero de Valcaliente y su acueducto homónimo, mucho más sencillo: 40m de longitud, 16m de altura máxima y 3 arcos. En su medallón central vemos la fecha de construcción: 1854.

Acueducto de Valcaliente, con su medallón de fecha (La Gaceta de Gea)
Seguimos nuestra ruta cruzando -precaución, amigo conductor, hay mucho tráfico- la carretera M-104, que liga San Agustín de Guadalix con Colmenar Viejo, para seguir por la pista del Canal, que prosigue un poco a la izquierda del cruce.

Situación del acueducto de Colmenarejo, al sur de la M-104
Descendemos por la pista hasta alinearnos con el gran acueducto de Colmenarejo, con sus 119m de longitud, 19m de altura máxima y 15 arcos. Toda una magna obra de ingeniería olvidada, como todo el Canal.

Acueducto de Colmenarejo (La Gaceta de Gea)
Como no me podía privar de semejante perspectiva fugada, dibujé un rápido boceto del monumento, a pluma y acuarela, por eso de poner algo de "arte" en mis entradas.

Dibujo del que escribe (La Gaceta de Gea)

Pasamos con el coche por debajo de uno de los arcos del puente para llegar, en unos cientos de metros, al acueducto de Cabeza Cana (por si no se ha dado cuenta el lector, estos puentes cogen su nombre de los arroyos que salvan), de 61m de largo, 16,50m de altura máxima y 6 arcos.

Situación de los acueductos de Cabeza Cana y Mojapán
La verdad es que es bastante parecido al anterior, pero sustancialmente más corto y no especialmente fácil de fotografiar, por la espesa vegetación.

Acueducto de Cabeza Cana (La Gaceta de Gea)

Proseguimos por la pista hasta encontrarnos un sencillo pero muy bonito acueducto curvado: el de Mojapán. Sus modestas credenciales: 32,50m de largo, 18m de alto y 3 arcos. Pequeño pero armonioso, y con un nombre que abre el apetito. Hora ya va siendo.

Acueducto de Mojapán (La Gaceta de Gea)
Seguimos, hacia el sur, el trazado del Canal, hasta cruzarnos con otra pista, denominada cordel de Valdemilanos, una vía pecuaria.

Situación del acueducto de la Parrilla, junto a la vía pecuaria
La pista baja, curvándose, hasta que aparecen unos hermosos árboles alineados que dejan ver, a la derecha, el acueducto de la Parrilla, con un diseño muy original, diferente a los ya comentados. Posee 57m de longitud, 8m de altura máxima y 6 arcos, esta vez no de medio punto, sino rebajados.

El acueducto de la Parrilla (La Gaceta de Gea)
Desde aquí seguimos la pista hacia el sur; el paisaje torna de montuoso a más seco y pelado. Atisbamos algunos otros acueductos que no aparecen en nuestro cuardernillo de 1911: Almenara, Registro, del Gitano o del Tejar, entre otros ejemplos. Van apareciendo urbanizaciones, lo que evidencia que nos estamos acercando a la localidad de Tres Cantos y al Soto de Viñuelas, cuyo muro empezamos a avistar a la izquierda y al que prácticamente nos adherimos.

Situación del sifón del Bodonal

Justo antes de llegar a la urbanización "Soto de Viñuelas" y, tras dejar a la derecha el desvío al sifón, descendemos por la pista, divisando a la derecha la infraestructura. Que no tiene acueducto, para variar.

El sifón del Bodonal (La Gaceta de Gea)

La caseta del sifón, aún siendo la misma, ha sufrido algunas modificaciones, nada excepcional si contamos con que más de 100 años nos contemplan. Atrás quedó el desagüe de la cámara, y las canalizaciones de agua salen de la parte baja de la caseta, cosa que no ocurría -a tenor de la foto- en 1911.

Finalizamos aquí nuestro recorrido por este tramo del Canal, aunque seguiremos explorando tan interesante y desconocida infraestructura, que permite que disfrutemos -mientras haya- de una de las mejores aguas corrientes de España.

Todo un lujo, oiga...

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