viernes, 4 de febrero de 2022

Doug en el país de las maravillas

A veces surfear por internet le lleva a uno a descubrir cosas maravillosas, de esas que no se pueden perder, de esas que no deben quedar ocultas bajo el pegajoso biofilm de lo simple: descubrir seres humanos dotados naturalmente del mayor de los dones: la curiosidad, con permiso del sentido del humor. Y esta vez, como quien no quiere la cosa, estaba un servidor explorando el excelente foro sobre microscopía Microbehunter -con el ánimo de documentarme para una serie de nuevas entradas para este blog- cuando descubrí un hilo que me llevó a descargar este oscuro pdf, un cuaderno de observaciones naturales alojado en el prestigioso Quekett Microscopical Club.

Doug en su salsa

Lo primero que descubro es una especie de obituario de Douglas Turnbull Richardson (1919-2013), un señor inglés que dedicó su tiempo a observar la naturaleza en casi todas sus facetas; un naturalista de la vieja escuela, de esos que no se conforman con un píxel si pueden admirar la imagen entera. El que le hace el prólogo dice que, cuando el amigo Doug cumplió los 87 tacos, éste le pidió un ordenador para pasar sus notas a limpio así como una cámara digital y una cámara para adaptar al microscopio, una de sus pasiones. Y así continuó hasta el día de su muerte, a los nada despreciables 94, habiendo reunido una colección inmensa de fotos y observaciones que su propia familia no sabía qué hacer con ella. Así que hicieron un cómodo pdf y lo colgaron, esperando a que un españolito, deseoso de escudriñar la res extensa cual Descartes de barrio, lo sacara a la luz.


El paraíso: observación del agua de un pilón en primavera (sección I)

Pues a eso estamos; vamos a recorrer el curioso legado naturalista de este encantador personaje, por si podemos sacar algo a imitar: una inspiración, una metodología, una forma peculiar de ver las cosas. Y es que este hombre hizo de muchas cosas: químico analítico, entomólogo, espeleólogo, ictiólogo, botánico, "Natural Historian" (a esto no le encuentro traducción que suene bien) y miembro de un montón de sociedades científicas inglesas. Al lío; todas las imágenes están sacadas de su documento "Observations", a menos que se diga lo contrario.

El cuaderno se estructura en diversas secciones: apuntes y notas cortas de Historia Natural, notas cortas de carácter técnico, ejemplos de preparaciones microscópicas, varias secciones de fotografías (cristales, líquenes, hongos, entomología/zoología, microscopía, geología), y observaciones referidas a diferentes proyectos de investigación de ámbito local, centrados en su Yorkshire natal.

Observación espeleológica (sección I)

En la primera sección (observaciones y notas cortas) aparecen todo tipo de elementos: animales, tipos de arena y tierra y análisis químicos de cavernas, entre otros a modo de cajón de sastre, siempre referenciando cada observación con sus coordenadas geográficas, fecha, identificación y observaciones. Son especialmente curiosas sus anotaciones de fuentes y pilones en primavera ya que es bien sabido que, en esa época de año, se produce la aparición masiva de algas verdes con toda la efervescencia de organismos que se alimentan de ellas, verdadero paraíso de cualquier naturalista provisto de microscopio. Como se trata de ecosistemas de muy rápida evolución, Doug visita cada lugar varias veces sucesivas observando las especies que proliferan (cianobacterias, clorofíceas, diatomeas y ciliados normalmente) y las que han sido desplazadas.

La segunda sección consta de notas técnicas sobre la actividad del microscopista a la hora de crear preparaciones permanentes, como la tinción y el montaje de objetos. En este particular se detiene en hacer "reviews" e "unboxings" -disculpas pero en español sería mucho más largo- de productos alternativos al bálsamo del Canadá, que se emplea como "pegamento" entre el portaobjetos y el cubreobjetos.

Tallos vegetales teñidos con Wacker 3A (Alamy)

Respecto a las tinciones, Doug cuenta su experiencia con la nueva -en 2009, cuando el autor ya tenía 90 años- tinción triple Wacker 3A, que sirve para colorear secciones vegetales; o con el rosa de lignina para teñir el tegumento de insectos, con todos los pasos a seguir descritos con precisión milimétrica. No se libran los productos químicos como la lejía -ya sea dilución de hipoclorito sódico (agua de Javel) o de hipoclorito cálcico y potásico (agua de Labarraque)-, usada para eliminar el contenido celular en tejidos animales y vegetales, dejando únicamente la propia estructura celular vacía.

Preparaciones de raíces, tallos y flores de angiospermas (sección III)

También expone diversas metodologías, algo desordenadas aunque perfectamente explicadas, de recolección, limpieza, montaje y tinción de insectos, pelos, polen, hongos, algas, escamas de peces y organismos acuáticos, con una precisión que ya quisiera para sí el excelente manual de microscopía de Kremer. Un aspecto que explica, muy curioso, es la técnica de disección y preparación de egragópilas para su examen microscópico, así como la extracción de pólenes, la disección de hormigas y la recolección y observación de arenas y detritus marino; vemos que el viejo Doug no solo daba de comer a las palomas en el parque, desde luego.

Preparaciones de arena y conchas marinas (sección III)

Mucho menos tećnica y más pintoresca es la tercera sección, donde nos enseña sus preparaciones de todas las temáticas posibles: de botánica, arenas, malacología, histología y zoología. Algunas son tan bonitas y están tan bien preparadas que me parecen verdaderas maravillas: donde el arte y la ciencia confluyen.

Preparaciones de conchas marinas y de órganos de insectos; la de arriba es una pasada (sección III)

La sección IV expone fotografías microscópicas de sustancias químicas mediante la técnica de la polarización: al rotar dos cristales (el polarizador y el analizador) las diferentes vetas de la sustancia cambian de color, creando efectos muy plásticos. Simplemente se trata de disolver la sustancia (que puede ser, por ejemplo, un medicamento) en agua, poner una gota sobre el portaobjetos y dejarlo secar. Mientras tanto la sustancia cristaliza en función de sus propiedades, y se observa al microscopio girando los prismas. Fácil, ¿no?

Sustancias químicas a la luz polarizada (sección IV)

En este caso, Doug nos presenta ácidos orgánicos y sus sales, como el ácido tartárico, el cítrico o el salicílico, bastante fáciles de conseguir puesto que se utilizan en el sector de la alimentación.

Líquenes de todo tipo (sección V)

En la sección V aparecen multitud de fotografías macro, realizadas con cámara convencional, de líquenes, uno de los organismos que más cariño tengo sin duda, por humildes y simpáticos. Y aquí echa el resto con 80 fotos de líquenes de variados colores y morfologías. Algunas imágenes corresponden a ejemplares recolectados muchos años antes, de la propia colección del autor, con lo que se aprecia su empeño para sistematizar y ordenar sus pertenencias antes de que, posiblemente, acabaran en el cubo de la basura. Uno es muy fan de los líquenes crustáceos de color ocre o amarillento, como los del género Caloplaca o los Lepraria, bien representados aquí.

Setas en la sección VI

La sección VI expone fotos macro de multitud de hongos y setas; bastantes observaciones datan de los años 70 del pasado siglo (se nota en la calidad de las fotos escaneadas). Mis favoritas son las setitas minúsculas: la Hypholoma fasciculare, frecuente en los bosques de pinos, y la Lachnellula subtillissima, con su curioso sombrero invertido.

Agallas en el sección VII
En la sección VII tenemos fotografías de botánica, en especial plantas no vasculares como las briofitas (musgos y hepáticas), además de una gran colección de fotos de semillas y agallas -tumores vegetales- de todas las formas y colores: en robles, abetos, ortigas, endrinos, rosales, helechos...: nada escapa a la observación de nuestro amigo. Las hepáticas me parecen muy top, como diría un buen millenial: la extraña Marchantia polymorpha y las Conocephalum, que tapizan suelos muy húmedos y resguardados del sol, normalmente cerca de fuentes o arroyos.

Avispas y sus nidos (sección VIII)

La sección VIII trata sobre zoología y hay de todo aunque no demasiado bien clasificado: anfibios y sus mudas, insectos (coleópteros, abejas y avispas, etc), quelicerados (arañas y opiliones), miriápodos (ciempiés, milpiés y otras asquerosidades), moluscos, equinodermos y esponjas. Mis favoritos son los tricópteros, que viven en su bolsito de seda, como el Allogamus auricollis o el gran Halesus radiatus.

Molones opiliones (sección VIII)

Los mamíferos están representados únicamente por animales domésticos y murciélagos, lo que evidencia la pasión (por mí compartida) de Doug por las cuevas y las ruinas.

Algas verdes (sección IX)
La sección IX trata sobre microfotografía, que Doug empezó a practicar en 2007, a los 88 años, con gran éxito ya que sus imágenes son muy buenas. Tenemos de todo: histología (tejidos animales y vegetales), órganos de animales, diatomeas preciosas, algas verdes, esporas y micelios de hongos, y todo tipo de animales marinos y terrestres. Me han llamado mucho la atención estas microfotos: los órganos de la abeja Apis mellifera teñidas con azul de solofenil (un colorante textil), la cianobacteria Nostoc commune (con la técnica del contraste de fase) y el delicado hidrozoo -y pequeño arbolito- Obelia geniculata.

Órganos de animales (sección IX)
También, aunque no son suyas, nos enseña su colección de preparaciones de petrología, es decir, lo que se conoce como láminas delgadas. Se trata de preparaciones bastante caras, ya que es necesario cortar las piedras o minerales a un espesor de unas 30 micras haciéndolas traslúcidas, con una cortadora radial.
Láminas delgadas (sección IX)

Muy coloridas son las imágenes del yeso, la peridotita y la filita, debido a que las fotos está tomadas con los nícoles cruzados, de forma que se maximiza el contraste.

Cortes histológicos de tallos (sección IX)

La histología vegetal se encuentra bien representada: secciones de tallos mostrando el floema y el xilema así como cortes variados de hojas y raíces, casi todos vivamente teñidos con safranina (que tiñe el núcleo celular de rojo) y azul alcián.

Minerales (sección X)

La sección X muestra fotografías macro de minerales, cada uno con su identificación, fecha, fórmula química y lugar de recolección. Entre los ejemplares más hermosos tenemos la fluorita -con todas sus variedades cromáticas- y los minerales radiactivos como el uranofano y la autunita, con ese brillo amarillo fuerte que avisa de su peligrosidad.

Análisis microscópico de una cagada de murciélago (sección XI)

La sección XI, denominada "Balsam Post Articles", es una mezcolanza de temas más bien prácticos, como puede ser diseccionar y analizar una deyección de murciélago para encontrar restos de tejidos animales, consejos para disfrutar de la microscopía en familia (observando especialmente pelos de mascotas) y cómo preparar secciones de champiñones, entre otras recetas prácticas de las que se podrían sacar multitud de experimentos escolares.

Muestreo en Castle Woods (sección XII)
La sección XII recoge un proyecto de investigación sobre la biodiversidad en una zona de Yorkshire, en el que se aprecia la metodología de recogida de datos por muestreo encontrando cientos de especies animales y vegetales. Además recoge datos de pH del suelo y dureza del agua, por eso de contextualizar las especies en su medio. La sección XIII es un estudio similar en otra zona.

Croquis de investigación (sección XIV)
La sección XIV es otro proyecto de investigación, esta vez con espeleología incluida, siguiendo el curso de un río y sus tributarios. Además de las especies se toman datos de pH, alcalinidad, dureza y temperatura del agua en cada tramo. Las secciones XV y XVI son datos y bibliografía relativos a los proyectos anteriores.

¿Qué se puede sacar en claro de todo esto?

Además de su innegable valor científico, propio seguramente de toda una vida de curiosidad incesante o de su sistematización quizás algo caótica, lo que me aporta es que un señor mayor, en lugar de abandonar a la vida antes de que la misma le abandone a él, hace justo lo contrario: toma carrerilla a los casi 90 años de edad y se embarca en un proyecto que desafía a su propia senectud, quizás reclamando su pedazo de inmortalidad a través de unos simples escritos.

Fuese como fuese, me gustaría que el viejo Doug hubiera rasgado el velo de Isis triscando por el campo, con su cámara en una mano y su libreta en la otra, para seguir haciendo lo mismo que tanto amaba.

¡Doug, hermano, estés donde estés, no te olvides de observar!

viernes, 7 de enero de 2022

Rutas anárquicas: el Tajo, de Colmenar de Oreja a Fuentidueña

Seguimos donde finalizamos la entrada anterior: bajo el puente de Villarrubia, que conecta los municipios de Colmenar de Oreja (Madrid) y Villarrubia de Santiago (Toledo). Oteo el paisaje circundante, bastante antropizado por las ubicuas graveras aunque idílico por la presencia del espeso bosque de galería del río; entre ellos, un marchito cartel me da la bienvenida. Por cierto, todas las imágenes son de un servidor.

El sitio de mi recreo

Cruzo un puentecillo de madera sobre una acequia y atravieso la hierba húmeda por las lluvias recientes hasta alcanzar una edificación abandonada, en cuyo desvaído rótulo aún se puede leer la palabra "bar". Me deslizo al interior, topándome con una barra de ladrillo refractario de fondo vintage de animal print -uséase de guepardo- abominablemente setentero.

Bar con corral tradicional anexo

Atravieso las habitaciones, esquivando trozos de ladrillo y cerámica, hasta llegar a un antiguo corral anexo, donde me llaman la atención una serie de cerchas de madera que sostienen la techumbre, con unos tirantes en tijera todavía no atacados por xilófagos.

Cerchas en tijera

Regreso a mi 4x2 para consultar el mapa geológico del IGME, por eso de tener una composición de lugar adecuada: por aquí hay una "explotación subterránea, por el método de cámaras y pilares, de sulfato sódico (thenardita y glauberita). Se trata de uno de los pocos ejemplos mundiales de explotación subterránea de estos minerales" No sé dónde estará esta mina tan exclusiva; a ver si la encontramos, sería primicia mundial.

Sigo por el camino que deja el canal a la izquierda y, a la derecha, campos de cultivo y el río. Voy muy despacio, mosqueado porque veo que, entre las piedrecillas aplastadas de la pista, asoma una capa fangosa de arcilla expansiva, lo peor de lo peor en húmedo ya que se pega a los neumáticos favoreciendo el patinaje artístico, cosa que quiero evitar a toda costa. 

Para el río me voy

Avanzo -con la marcha B metida en mi compacto híbrido- mientras el Tajo se va acercando progresivamente y el camino embarrándose y llenándose de las ramas secas de la vegetación de ribera. Noto algo de patinaje, con lo que me muevo hasta que las ruedas de estribor se asientan sobre el lateral del camino, de hierba limpia, mientras las de babor se hunden en la arcilla. Salvado (de momento) avanzo hasta un puente sobre el canal de regadío, de gran anchura y aspecto inquietante.

Vine por la izquierda, sigo por la derecha

Sigo por una pista, algo más ancha, que discurre con el canal a la derecha. Me llega a la mente la cantidad de veces que he oído hablar de gente que la ha palmado precipitándose en una acequia: ésta se presenta ad hoc para tal menester por la cercanía al camino, por lo que extremo la precaución con el barrillo resbaladizo. A la mínima me doy la vuelta, vamos.

A la izquierda, en la otra orilla del río y a lomos del escarpe del páramo, la silueta blanca de la ermita de Nuestra Señora de Castellar. Justo debajo un complejo industrial que parece una central térmica, a juzgar por su gran cúpula metálica. Consulto el Google Maps -manita de santo- y me aclara que se trata de lo que antes hemos buscado: la famosa mina subterránea de sulfato sódico, la Minera Santa Marta. Por cierto, cualquier lector currela puede llevar el camión a que se lo carguen con tan preciado polvillo blanco.

La ermita del Castellar (izquierda) y la mina de sulfato sódico

A unos cientos de metros encuentro, a la izquierda, una interesante mansión agrícola en ruinas: la casa de Biedma. Me apetecería explorarla ya que está completamente abierta pero, por su aspecto, infiero la presencia de dulces perretes, con lo que el instinto de conservación obliga a proseguir; no serían los primeros que me dan un susto de muerte, para deleite de su dueño.

La casa de Biedma

El terreno de la izquierda empieza a elevarse y el río, otra vez, se acerca, estrechando la pista y la cercanía de la inquietante acequia gigante. Un charco de mal augurio; las ruedas patinan y el carro se desliza lateralmente. Doy marcha atrás, salgo y valoro la situación: veo que, entre la pista y el canal, hay unos 30 centímetros de hierba. Conteniendo la respiración monto las ruedas derechas en la hierba, con lo que salvo los muebles jurándome a mí mismo que no volveré a salir tras una época de lluvias persistentes. 

La central eléctrica de Valdajos

Llego a un cruce de caminos que lleva, a la izquierda, a la central y presa de Valdajos. Tiro a la izquierda para llegar a una pista asfaltada, de mucho mejor aspecto, que continúo a la derecha. Me fijo en los hitos kilométricos del Plan Peña, que evidencian que estamos en una antigua carretera: consulto las minutas del IGN y, efectivamente, presenta puntos kilométricos. Arqueología caminera de la buena.

Mojón kilométrico

Avanzamos dejando labores mineras a la izquierda. Me llama la atención una de ellas en la que se ha profundizado la extracción hasta conseguir un paisaje que recuerda vagamente a las cárcavas de las Bardenas Reales, aunque en sustrato de arenas, limos y grava rojiza.

Vista pintoresca

Poco más al este, a la altura del paraje "Vega Corbera", la antigua carretera deja paso a una pista embarrada hasta las trancas, innegociable, que me obliga a retroceder.

Se acabó lo que se daba
Regreso por la misma pista y, a la altura del paraje "Canta y Llora" (qué grande es la toponimia) y a la derecha me fijo en unos abrigos de aspecto natural. Me acerco para contemplar una curiosidad geológica: un afloramiento de conglomerados de hermosos clastos blanquecinos, cementados con una matriz fina de arena. En la ladera se dispersan ejemplares de esparto (Stipa tenaccisima) que, junto con tomillos y aulagas, forman un peculiar atochar.

Conglomerados y atochar

Seguimos por la pista hasta el cruce de la carretera de Colmenar a Villarrubia, donde encuentro una interesante edificación vernácula construida en mampostería irregular y revestida con barro y yeso. Me llama la atención la puerta y ventana de cuarterones, en relativo buen estado de conservación.

Interesante vivienda vernácula

Cojo la carretera hasta la entrada de Colmenar de Oreja y me desvío a la derecha, hacia Villamanrique de Tajo, donde trato de alcanzar de nuevo mi querido Tajo, recalando en el Parque Fluvial del pueblo. Cruzo un puente sobre el canal y encuentro el equipamiento usual: canchas, juegos infantiles, papeleras y la infalible fuente sin caño, todo un clásico español.

El río tras el carrizal

Me acerco a la orilla del Tajo, pero se oculta tras un espeso carrizal. A lo lejos diviso el escarpe y una silueta montada sobre el mismo, que parece artificial. Consulto el topográfico, que me informa de un castillo en lontananza. Allá que voy.

Sigo por la calle que discurre al este, dejando el río a la derecha. Llego al cruce con la M-319, que recorro hasta que gira abruptamente a la izquierda, aparcando a la derecha, donde sale una senda que discurre bajo el cortado, en dirección OSO. Pienso la manera de atacar el castillo de Alboer con rapidez y eficacia, mientras observo su dramática figura amplificada por la gran oquedad que mira al río.

El dramático castillo de Alboer

Intento subir por un pequeño cañon al oeste del castillo, pero rápidamente un espeso zarzal me corta el rollo. Decido volver -he perdido demasiado tiempo con el percance del barro- aunque me fijo en el propio cortado, donde se alternan estratos de margas y yesos de forma muy patente.

Estratificación de yesos y margas

Justo en la vertical del castillo surge una pequeña cueva. La exploro: nada mejor para un servidor que un hermoso bujero. Se trata de un pasillo recto con hornacinas laterales, posiblemente dedicadas a albergar tinajas de vino.

Perdón por la horrible foto

Vuelvo al cocherito leré y pongo destino a Fuentidueña de Tajo, última parada. Al entrar en el pueblo, en el primer cruce giro al sur por la avenida Elena Soriano, hasta que llego al Tajo, que cruzo por un estético puente de hierro roblonado de tablero liso, el más antiguo de este tipo de toda la Comunidad de Madrid, inaugurado en 1871. 

Veo un cartel que lleva a la ermita de Alarilla, por lo que sigo una pista de tierra que discurre con el Tajo a la derecha. A la altura de unas canteras el camino muta a barrizal y no tengo tiempo de recorrer el trayecto a pie, por lo que me abstengo de continuar.

La ermita de Alarilla (izquierda arriba)

El topográfico marca un yacimiento visigodo en las inmediaciones, que me lleva a ascender un repecho junto a la pista, situándome en el lugar de la presunta necrópolis. Nada, ni rastro de la misma; únicamente bastantes huellas de jabalí y sus inequívocas hozaduras.

Lugar de la presunta necrópolis visigoda

Culmino la ruta visitando el castillo de Fuentidueña, la estrella del lugar. Dejo el vínculo en un espacio ad hoc junto al mismo, que me da la bienvenida con su fuerte y bidimensional paredón de fábrica de ladrillo, tapial y mampostería irregular, que recuerda a un decorado de obra de teatro. Lo más interesante es su torre del homenaje, con sus torrecitas esquineras.

Circundo el castillo y encuentro, en la misma explanada, un depósito de agua reconvertido en el mirador de Doña Urraca por la Comisión de Festejos del pueblo, según explica un cartel anexo. Muy interesante esto de aprovechar las cosas aunque a priori sean, como mínimo, feas. Y el que lo feo -no siempre- tiene sabor y personalidad y, para ello, el tiempo suele ayudar con su inconfundible pátina. Desde allí disfruto de una panorámica del pueblo y del castillo, con la satisfacción del deber cumplido.

El castillo de Fuentidueña desde el depósito-mirador

Terminamos este ejercicio de anámnesis animando -como de costumbre- al personal para que salga, mire, apunte y, si encuentra algo mejor que la jodía realidad, que lo exponga.

Aquí está un servidor para escuchar.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Estrellas en la piedra (y II)

Continuamos la anterior entrada buscando esas conexiones entre el cielo y lo construido por nuestros ancestros: la arqueoastronomía.

Nos vamos a Galicia, tierra muy rica en asentamientos prehistóricos, castros celtas, seres feéricos, Santas Compañas, abuelas de la curva, petroglifos y unos túmulos funerarios colectivos denominados mámoas, todos ellos entre los jirones del poblamiento diseminado gallego, un micromundo urbanístico y sociológico en sí mismo digno de estudio.

Comenzamos con una mámoa, el dolmen de Axeitos, cerca de Puebla del Caramiñal y entre las preciosas rías de Arosa y Muros, inserto en un bosque caducifolio verdaderamente hermoso.

Dolmen de Axeitos (La Gaceta de Gea)

Se trata de una tumba de corredor que consta de una cámara poligonal -de ocho ortostatos inclinados- y el corredor, de únicamente tres piedras. La laja horizontal es innecesariamente grande para tapar la cámara sepulcral, otorgando un aspecto verdaderamente tosco al conjunto, como corresponde a sus más de seis milenios de antigüedad. Las antas gallegas poseen una sutil diferencia con sus homólogas alentejanas (ver entrada anterior): los ortostatos que delimitan la cámara sepulcral no se apoyan unos en otros, sino que son independientes entre sí.

Su orientación es inequívoca: al estesureste (ESE), según nuestra rosa de los vientos, con un azimut de 107 grados.

La orientación del dolmen de Axeitos: sureste, azimut 107º (base Google Earth)

Otro insigne dolmen galego, el de Dombate, se orienta con precisión a la salida del sol en el solsticio de invierno, con un azimut de 127º.

Nos vamos para Andalucía con el objeto de estudiar las orientaciones de, quizás, los mejores dólmenes de la Península Ibérica: los de Antequera, las denominadas cuevas de Menga, Viera (en el mismo emplazamiento) y el tholos del Romeral, construidos en el tercer milenio antes de Cristo. El dolmen de Viera consta de un corredor que lleva a una cámara cuadrada, bastante pequeña, cubriéndose con un túmulo de 50 metros de diámetro. Su orientación es estesureste, concretamente 96º.

El dolmen de Menga (cesarlopezgomez.com)

El dolmen de Menga, junto al anterior, es un enorme sepulcro de corredor -el mayor de la Península Ibérica- con con una cámara funeraria de nada menos que 6 metros de anchura y 3,5 metros de altura, casi . Sus lajas de cubierta, se estima, deben pesar unas 180 toneladas ¿cómo las levantarían? Un enigma ibérico que podría ser resuelto por los escultores de los moais en la inefable isla de Pascua.

Orientaciones del dolmen de Viera (estesureste) y del de Menga (peña de los Enamorados)

Este gran monumento -junto con los demás dólmenes Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- está orientado, de forma anómala, al noreste, en dirección directa a la Peña de los Enamorados, un monte calizo sumamente expresivo con la forma de una cara que mira al cielo: el equivalente español de otros peñascos mistéricos como la Torre del Diablo o Ayers Rock.

Como para no fijarse... (Monplamar)

El tholos del Romeral, 1700 metros al noreste de los anteriores, es otro enorme ejemplar, con un corredor de 14 metros y una cámara sepulcral de 5 metros de diámetro, cubierta con una gran losa. De regalo este monumento trae una cámara auxiliar más pequeña, desviada del eje principal.

El dolmen del Romeral, apuntando a la sierra
Posee una orientación muy extraña: 199º de azimut, lo que corresponde al sursuroeste, justamente hacia la sierra del Torcal, donde se encuentra el famoso y onírico paisaje.

Volvemos al centro a estudiar las orientaciones de los famosos verracos vettones y, entre ellos, quizás los más famosos: los Toros de Guisando, cuatro impresionantes ejemplares graníticos -de tamaño natural- situados en las estribaciones de la sierra de Gredos, entre las localidades de San Martín de Valdeiglesias (Madrid) y El Tiemblo (Ávila).

Los Toros desde la barrera (La Gaceta de Gea)

Estos toros fueron esculpidos en la Edad de Hierro, entre los siglos III y IV a.C., luego son muy posteriores a los monumentos ya tratados.

En lugar de mirar a la salida del sol, estos bichos miran a la puesta del sol en el equinoccio -de primavera u otoño, no se sabe- con un azimut de 268º, orientación oeste. También miran al cerro de Guisando aunque no a su cima, descartando una orientación topográfica a la manera de Menga con la Peña de los Enamorados.

Orientación al ocaso equinoccial de los Toros de Guisando
Nos vamos a las Islas Baleares, primero a Mallorca y después a Menorca, donde encontramos el talayot de Capocorb Vell y la naveta des Tudons.

Talayot de Capocorb Vell (Pinterest)
Capocorb Vell se encuentra cerca de Lluchmajor, sur de Mallorca. Se trata de un conjunto ceremonial con cinco talayots circulares y tres cuadrados, con puertas de acceso. Las orientaciones de los elementos circulares parece que se dirigen al orto solar en el solsticio de Verano, unos 60º, según el libro de Belmonte Avilés. La disposición del eje del conjunto es claramente noreste-suroeste, pero no queda claro que signifique algo astronómicamente hablando.

Varias orientaciones en Capocorb Vell: este, sur y suroeste

Saltamos a Ciudadela de Menorca para visitar la naveta des Tudons, una tumba colectiva al estilo de las antas o dólmenes pero 3000 años más modernas, notándose en su morfología: me recuerda a una pequeña pirámide maya pero realmente es una naveta menorquina, llamada así porque parece un barco boca abajo.

La naveta des Tudons (Wikimedia Commons)

Parece ser que en las excavaciones de este monumento encontraron más de 100 cadáveres en dos niveles, en el interior de la naveta: en el inferior los cadáveres y, encima de ellos, el osario para los fiambres ya descarnados.

La naveta, orientada al suroeste

Su orientación axial es muy clara: 245º suroeste, lo que parece inferir que señalan el ocaso helíaco en algún momento de año, probablemente en los solsticios. Hay que distinguir que esta orientación, que aparece en los sepulcros megalíticos baleares, es opuesta a la que suelen tener los sepulcros peninsulares, que suelen mirar al orto -amanecer- helíaco. Diferentes puntos de vista.

Nos vamos al otro archipiélago español: las fastuosas Islas Canarias -en estos momentos en vilo por el posible agotamiento del volcán Cumbre Vieja- y, más concretamente, a Tenerife, donde encontramos las misteriosas pirámides de Güímar, también conocidas como los Majanos de Chacona, cuyo fascinante museo fue concebido por el explorador -y vividor confeso- Thor Heyerdahl.

Los majanos de Chacona, hacia el orto helíaco en el solsticio de invierno y ocaso en el solsticio de verano (La Gaceta de Gea)

Este complejo posee dos orientaciones axiales: hacia la salida del sol en el solsticio de invierno (que es la salida del sol más meridional del año) y hacia la puesta del sol en el solsticio de verano (el ocaso más septentrional del año), dirigiéndose la primera hacia la isla de Gran Canaria, y la segunda hacia la Caldera de Pedro Gil, los restos de una serie de conos volcánicos colapsados, desplazados y erosionados. Esta última puesta de sol es muy curiosa porque es doble: el sol se oculta por un saliente de la caldera en el borde sur, vuelve a aparecer y se oculta definitivamente: un fenómeno de puesta doble en el solsticio de verano, el 21 de julio.

Los majanos y sus orientaciones

Ahora bien ¿qué son realmente estas pirámides escalonadas? ¿tienen algo que ver con la pirámide de Zoser, las de Monte Albán o la de Choga Zanbil? Pues parece que no, pequeño saltamontes: se supone -aunque no se sabe a ciencia cierta- que las de Güímar no son más que majanos -acumulaciones de piedras- puestos en bonito por avezados agricultores tinerfeños en el siglo XIX, después de haberse pensado que se trataba de ruinas guanches o de la propia Atlántida. Una virguería etnográfica sorprendente por su belleza, diseño y cualidad científica, capaz de engañarnos a todos los que vemos arqueología en cuanto nos topamos con unos pedruscos demasiado ordenados. Hasta algunas fuentes citadas en el libro de Belmonte Avilés elucubran que el dueño de la finca en el que están las pirámides era miembro de la masonería. Vaya usted a saber.

Finalizamos la entrada con dos monumentos bastante desconocidos, de los que vamos a extraer sus posibles orientaciones a modo de ejercicio práctico de lo aprendido en estas dos entradas sobre arqueoastronomía. Y es que ya, a estas alturas, el posible lector puede entender que el que suscribe es mucho más investigador que divulgador; la diferencia: el primero expone sus propias conclusiones y el segundo las de los demás. Nada que objetar a ninguna de las dos posturas, como no podía ser menos.

Nos vamos a la provincia de Cádiz, más concretamente al norte de la localidad de Alcalá del Valle, donde nos encontramos los dólmenes de los Tomillos, tres ejemplares medianos de cámara y corredor, colapsados por el tiempo.

Dólmenes de los Tomillos (La Gaceta de Gea)

Sacamos la brújula in situ, que nos muestra un azimut axial de 195º o 15º para el dolmen más grande, orientación sursuroeste o nornoreste, que no coincide con nada de lo visto anteriormente en cuestión de solsticios, amaneceres o atardeceres. Sin embargo sí que se orienta hacia el peñón de Montentier, la elevación más llamativa de toda la zona ¿orientación hacia un hito topográfico? Puede ser, o no.

Los dólmenes ¿hacia dónde apuntan?

Nos vamos a la meseta, más concretamente a un pueblo de la Alcarria denominado Aguilar de Anguita, para encontrar un dolmen absolutamente desconocido: el del Portillo de las Cortes, en medio de un sembrado al noreste de la ermita de Nuestra Señora del Robusto. Se trata de un pequeño dolmen de cámara y corredor, descubierto y excavado por el marqués de Cerralbo en 1912.

El dolmen de Aguilar de Anguita, unos pedruscos sospechosamente colocados (La Gaceta de Gea)

Su orientación es clara: estesureste, con un azimut de 98º, claramente hacia la salida del sol al igual que el ya visto dolmen de Viera.

Terminamos aquí nuestra aventura arqueoastronómica con un encargo a quien haya podido leer esto (hasta el final, se entiende). Hoy en día todos tenemos una brújula, el propio teléfono móvil si está bien calibrado ¿porqué no hacer arqueoastronomía? Quizás aquel montículo extraño o alineación de piedras se orienta hacia el este o el oeste, o hacia algún lugar llamativo ¿porqué no podemos aportar algo original y único a la ciencia, descubrir nosotros algo que se haya pasado por alto? Esto y mucho más se puede hacer con la simple curiosidad, el amor al conocimiento que otorga la libertad, la cualidad más elevada de la persona como diría mi admirado sabio Antonio Escohotado.

Pues nada, a ello que para luego es tarde.

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