lunes, 27 de mayo de 2019

Incursiones cotidianas: flores del San Pedro


De todos es conocido que la primavera, la sangre altera. En mi caso para bastantes cosas: la alergia se abate sobre mí, es mi cumpleaños, hay fluctuaciones del tiempo -unos años llueve copiosamente, otros no- y, que por mayo era por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor apetece salir a ver estas últimas, como hice hace casi un año, en esta entrada tan colorida.

Esta vez toca otra montañita madrileña, quizás la más cercana a la capital: el conocido cerro de San Pedro. Hace unos diez años, en una excursión organizada por la Sociedad Geográfica Española, el gran montañero Pedro Nicolás, persona excepcional a la que tengo un gran aprecio (a pesar de haber compartido con él pocas experiencias), me descubrió esta pelada cima compuesta de gneis, como describimos en el itinerario geológico por la Sierra de Madrid.

Situación del cerro de San Pedro, al este de la carretera M-625 (Base mapa IGN)
Se trata de un cerro testigo u otero, que ha quedado como testimonio de un aplanamiento geológico de sus alrededores. Por tanto, goza de vistas panorámicas de 360º: hacia el oeste, el embalse de Manzanares el Real y La Pedriza; hacia el norte, la Sierra de la Cabrera; hacia el este, los cerros que descienden hacia la Dehesa de Moncalvillo y, hacia el sur, una vista espectacular de Madrid, con sus Cuatro Torres y su perpetua boina de contaminación, sumamente apreciable desde este magnífico mirador.

La ruta comienza junto a una antigua casilla de peón caminero, de las pocas que quedan en pie. Lo que más me gusta es su letrero vintage, que nos habla de épocas pasadas con esa tipografía tan de mitad del siglo XX. Decorado con los ubicuos y repugnantes grafitis, como no podía ser menos, desgraciadamente.

Casilla de peón caminero, con su asqueroso grafiti, una vergüenza (La Gaceta de Gea)
Comenzamos el ascenso: en la subida nos concentraremos en la geología y en si vemos algún animalillo chulo. Al principio el sendero discurre tendido, salpicado por arbolado disperso: poca sombra, por si a alguien se le ocurre venir en pleno verano. Después un repecho, quizás la cuesta más pronunciada, que nos lleva al cerro de la Prestancia, donde atravesaremos el murete de la divisoria.

Ascendiendo... (La Gaceta de Gea)
Aquí aparecen interesantes acúmulos de gneis, que se estratifican creando unas curiosas formaciones laminadas. Recordemos que el gneis es una roca bandeada, y unas bandas son más blandas que otras. La meteorización y erosión diferencial habrá hecho de las suyas en este entorno.

Meteorización que forma lajas en el gneis (La Gaceta de Gea)
De repente, observo por el rabillo del ojo que algo se mueve en una roca cercana: una hermosa lagartija. Aquí prefiero que hablen los expertos en el tema de Twitter: me confirman que se trata de un macho de Psammodromus algirus (lagartija colilarga), cuya identificación a cargo de @Sergio_Mazarro, @DrBioblogo y @SerpenIllus. Muchas gracias a todos, si se me olvida alguien que me disculpe.

Lagartija colilarga (La Gaceta de Gea)
Un poco más arriba una línea blanca dibujada en el suelo pétreo me llama la atención: es una vena de cuarzo, un pequeño filón hidrotermal dentro del gneis.

Vena de cuarzo en el gneis (La Gaceta de Gea)

Ascendiendo, ya cerca de la cumbre, me detengo junto a una gran roca cercana, Quizás el lector recuerde -aunque fue una de mis primeras entradas- lo ya comentado sobre los líquenes y su importancia. Pues a ello, hay varios tipos aunque me voy a detener en los líquenes crustáceos, que parecen pintar la piedra con sus vivos colores. Me dicen por aquí que parece una foto aérea, puede ser.

El amarillo parece un Rhizocarpon geographicum, bioindicador de una buena calidad del aire. Así que dónde veas un liquen amarillo, respira hondo. El gris de tamaño grande probablemente sea del género Lecidea, sin tener ni idea de la especie en concreto.



Llego a la cima, donde encuentro varios compañeros de fatigas, observando el magnífico paisaje. Me acerco al buzón de cumbre, de los pocos que quedan. Lo abro y escribo en el cuaderno fecha, nombre y frasecilla a lo Paulo Coelho, de esas que piden mármol. Me siento un ratito y emprendemos la bajada, que hay que ver flores.

Cima del cerro, mi mochila roja y buzón de cumbre (La Gaceta de Gea)
Lo primero que observo es una bonita flor blanca, de cinco pétalos, con una parte central amarilla. Puede tratarse de Helianthemum apenninum. Nótese que no he utilizado ninguna aplicación de móvil, simplemente foto y guía de identificación en papel, a la vieja usanza.


Helianthemum apenninum (La Gaceta de Gea)
Bajando con cuidado por el resbaladizo camino, observo a mi derecha algo que revolotea. Me quedo quieto, con la vana esperanza de que el bicho se quede quieto y lo pueda inmortalizar con mi compacta. Va descendiendo y, finalmente, se posa sobre una piedra del sendero, moviendo sus alas ligeramente, como amenazando largarse. Meto el zoom a tope, para no acercarme, y disparo como un loco, a ver si sale algo. Pues sí, qué suerte.

Issoria lathonia (La Gaceta de Gea)
Consulto en Twitter, y me responde rápidamente @Sergio_Mazarro, un monstruo de la identificación animal, al quite como si le fuera la vida en ello. Me comenta que se trata de Issoria lathonia, también conocida como "Sofía y espejitos", por los reflejos del envés de las alas. Preciosa, sin duda.

Un poco más abajo me fijo en unas pequeñas flores amarillas arracimadas: puede tratarse de Lotus pedunculatus, aunque no estoy muy seguro, ya que soy más curioso que experto.

¿Lotus pedunculatus? (La Gaceta de Gea)
Muy cerca, una bella composición de flores blancas y violeta: podría tratarse de Erodium cicutarium la violeta y la blanca una Anthemis cotula o manzanilla hedionda, porque huele fatal, aunque a mí no me parecía tanto; será cosa de la alergia.

Erodium cicutarium y Anthemis cotula (La Gaceta de Gea)
Al otro lado del camino me encuentro unos ejemplares de Ranunculus montanus, con sus flores tan características.

Ranunculus montanus (La Gaceta de Gea)
Muy cerca unas flores grandes, amarillentas, muy llamativas, como pequeños soles: podría tratarse de una especie de Tephroseris, aunque no estoy seguro del todo.

Seguimos descendiendo; hace una solana tremenda. Es lo que tiene este cerro, la espiritualidad se paga con el abrasamiento en la nuca.

Descenso con vistas... (La Gaceta de Gea)
Un poco más abajo encuentro un par de plantas que no reconozco. Por cierto, a través de Twitter me dice la bióloga que hay una aplicación de identificación de plantas que se denomina PlantNet. Muchas gracias, lo probaré.



Pos ni idea, oiga (La Gaceta de Gea)

La primera es una flor blanca, arracimada, muy llamativa. @DrBioblogo me comenta que puede ser del género Armeria, con muchas subespecies. El amigo @SteppeRunner me dice es un ajo (Allium sp.). Pues no soy capaz de elegir, oiga ¡muchas gracias a los dos!

Crucífera seguro ¿Coincya o Arabis? (La Gaceta de Gea)

De esta crucífera me contestan los dos tuiteros anteriores, dos naturalistas de raza. @DrBioblogo me dice que puede ser Coincya monensis subsp. orophila. La verdad es que se parece mucho. El amigo @SteppeRunner  me la identifica como del género Arabis, dentro de las crucíferas (con cuatro pétalos en forma de cruz). Yo creo que puede ser cualquiera de las dos ¡muchas gracias de nuevo!

En cualquier salida al campo, por estos lares, siempre aparecen las lavandas. En este caso un aromático cantueso, Lavandula stoechas, del que el insigne botánico Pío Font Quer dice que la esencia, mezclada con agua, sirve para lavar las heridas.

Cantueso (La Gaceta de Gea)
 Otro clásico es un espinoso cardo, en este caso parece un Carduus platypus.

Carduus platypus (La Gaceta de Gea)
Más abajo, una Tuberaria guttata, con su preciosa flor amarilla con manchitas negras. Una preciosidad.

Tuberaria guttata (La Gaceta de Gea)
Ya estamos casi abajo; empezamos a ver zarzas y enebros (Juniperus). Por cierto, hay uno con una curiosa forma de animal, muy llamativo. No hay que acercarse a acariciarlo, que pincha.

Enebro con forma de animal, muy curioso (La Gaceta de Gea)
Ya estamos llegando a nuestro destino final, aquí aparecen ya las florecillas amarillas de la Genista florida, o simplemente retama. Arbusto sencillo pero que me encanta por su coraje, resistiendo lo que le echen. Todo un ejemplo de superación y resiliencia.

Me acordaba, por otras veces que he ascendido este cerro, de que había un pilón muy cerca del aparcamiento. Veo un montón de zarzas a la izquierda, según bajo. Me acerco y poco queda del pilón, está derruido por uno de sus lados. Encuentro un poquito de agua al lado y cojo una muestra, para que no pare la afición microscópica. Luego veremos lo que hay.

De esta forma volvemos a nuestro punto de partida, sabiendo que podemos volver en cualquier momento. En momentos de bajón, de agobio o de todo lo contrario, la montaña es un bálsamo para el cuerpo y la mente.

Y qué montaña más accesible a Madrid hay que este no tan humilde cerro. Es un secreto, así que no se lo digáis a nadie...


PD: Ponemos nuestra muestra de agua en la platina de mi microscopio Zeiss Jena de los años 50, a 200 aumentos con la técnica de contraste de fase, para encontrarnos unas ubicuas algas verdes, como corresponde a la primavera. En este caso unos hermosos ejemplares de Cystococcus, que parecen rotar sobre sí mismos...

lunes, 13 de mayo de 2019

Rutas vintage: Campo de Calatrava (I)

Como probablemente recordará el posible lector, hace unos meses comenzamos una nueva sección: las rutas vintage, realizadas con alguna guía de viajes no contemporánea, de forma que podamos apreciar los cambios -si los hay- entre los paisajes pretéritos y los actuales. Las inauguramos con una ruta geológica por el sur de Madrid en dos cómodas entradas: una hasta Aranjuez y la otra de vuelta a Madrid.

En este caso particular, vamos a elegir una guía menos especializada, una guía turística al uso: Excursiones Inéditas desde Madrid, de Roberto Fernández Peña, una serie de tres volúmenes impresos en 1970, con lo que ello implica política y socialmente. Hoy en día no son tan originales, pero sí interesantes por lo que cuentan, un tiempo afortunadamente pasado pero que, desde el punto de vista sentimental, puede traer buenos recuerdos a más de uno.

Página del libro con sello del anterior propietario (La Gaceta de Gea)
Desde luego, está muy bien que aparezca el sello del anterior propietario, un tal Luis del Olmo (no creo que se trate del famoso locutor), de forma que, al prestarlo, nadie se lo adjudique, costumbre hispánica como pocas. También me resulta graciosa la coletilla para "fines de semana", "puentes" y pequeñas vacaciones. Hay cosas que no varían, desde luego.


Comenzamos con una ruta por el Campo de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real, comarca no profusamente visitada pero merecedora de admiración por sus variados paisajes, desde los cerros, lomas y llanos cerealistas del norte hasta el piedemonte adehesado de Sierra Morena, amén de monumentos únicos e interesantes. Esta zona toma su nombre de la militar Orden de Calatrava, una institución católica fundada en el siglo XII que ha perdurado hasta nuestros días en forma de asociación, pero sin renunciar a sus principios fundacionales de fraternidad y autoperfeccionamiento individual.

Esquema de la ruta (La Gaceta de Gea)
Nuestra primera parada es Valdepeñas, población más conocida por su enorme producción vitivinícola que por sus demás atracciones, puesto que haberlas haylas. Antes de acceder a la localidad por la A-4 nos fijamos, a la izquierda, en el Monumento a la Victoria o del "Ángel de la Paz" según esta guía (tenemos que darnos cuenta de a qué victoria y paz se refiere; hay que recordar que es de tiempos de Franco, con lo que ello implica ideológicamente), en la cumbre del cerro de las Aguzaderas, obra del escultor Juan de Ávalos, que participó en el controvertido Valle de los Caídos. Glosa el autor de la guía, con inveterada fe: el monumento une a la sencillez de su motivo la grandiosidad de sus proporciones. Épico siempre dentro de su época, valga la redundancia.


Hoy en día se encuentra en estado ruinoso, pero el cerro posee unas expansivas vistas de la ciudad y de las estribaciones norteñas de Sierra Morena.
 
Molino de Gregorio Prieto (La Gaceta de Gea)
Dirigiéndonos al casco de Valdepeñas encontramos un elemento arquitectónico mucho menos escorado políticamente: el molino de Gregorio Prieto, el más grande de España según nuestra guía, hoy denominado molino de Valdepeñas. Alrededor del rotundo y perfectamente conservado ejemplar, de tres alturas, admiramos un cuidado espacio ajardinado, en cuyo lateral se ubica en la actualidad el museo de los Molinos Gregorio Prieto, sito en una casona típica manchega, donde se expone toda la obra del ilustre pintor dedicada a los molinos. La guía nos dice que fue el primero (1948) edificado a raíz del llamamiento que en tal sentido hizo la "Asociación de Amigos de los Molinos". Dentro del propio molino descubrimos un interesante museo etnográfico dedicado a las tradiciones locales. Dedicado al mismo artista también podemos visitar la fundación Gregorio Prieto, donde se expone su obra, relacionada con varias vanguardias pictóricas de principios del siglo XX.

Nos dirigimos, como reza la guía, por la antigua y larga calle Real, hoy Seis de Junio (hoy en día se sigue denominando así en conmemoración de la sublevación contra las tropas francesas acaecida en Valdepeñas en 1808), hasta llegar a la colorida y escasamente ajardinada, algo dura en mi opinión, Plaza de España, donde emerge la iglesia gótico-renacentista de Nuestra Señora de La Asunción, dotada de la principal Puerta del Sol, una filigrana del gótico isabelino.

La plaza destaca por su animación, que discurre en las múltiples terrazas junto a los soportales; en los restaurantes cercanos se puede degustar la sabrosa cocina manchega, según se testimonia minuciosa y repetidas veces en el inmortal libro de Cervantes, el pisto manchego, el potaje y las gachas, estrellas de la gastronomía local.

La colorida Plaza de España de Valdepeñas, presidida por la iglesia de La Asunción (La Gaceta de Gea)
También se pueden visitar, según nuestro épico autor, centenares de bodegas, algunas de ellas enormes, que guardan el vino de mesa más famoso de España...necesitando el visitante solamente pedir permiso y entrar, y quedarse sorprendido ante las gigantescas tinajas. Qué fácil parecía ser todo en aquella época...

Avanzamos hasta el kilómetro 220 de la A-4, nos desviamos y, a unos 4 Km, aparece, en un pequeño valle arbolado junto al arroyo de la Virgen, el Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes y su anexa e interesantísima plaza de toros cuadrada construida en 1641, en mi opinión la más peculiar de toda España junto con la famosa plaza del Coso, en Peñafiel (Valladolid).

Santuario de Las Virtudes y plaza de toros (La Gaceta de Gea)
El rojizo color almagre con el que están pintadas las galerías, balaustradas y barreras de la plaza contrasta con la blancura del encalado y calidez de la piedra del Santuario, de estilo mudéjar en su artesonado de par y nudillo y elementos barrocos en la Capilla Mayor, además de unos frescos verdaderamente inesperados.

Desde aquí enfilamos a la localidad de Viso del Marqués, donde emerge, desde la lejanía, la sorprendente mole del Palacio del Marqués de Santa Cruz, de estilo renacentista italiano y erigido por el célebre almirante don Álvaro de Bazán, cuyo escudo de armas remata el balcón principal del edificio. Nuestro cicerone lo califica de milagro humano, mostrando la magnificencia de su patio, la monumentalidad de la escalera y la belleza de sus riquísimos frescos. En su interior alberga el Archivo-Museo Álvaro de Bazán, existiendo en su índice más de 65.000 legajos de historia de la Marina desde 1784 hasta la Guerra Civil Española. Como curiosidad, en la iglesia parroquial que se alza junto al palacio se encuentra, colgado sobre el coro, un cocodrilo disecado que don Álvaro se trajo de una de sus correrías por Egipto.

El palacio del Viso del Marqués (La Gaceta de Gea)

Desde aquí nos dirigimos hasta el algo caótico Calzada de Calatrava, desde donde, cogiendo una escénica carretera (cuidado, la señalización es bastante precaria) hacia el sur en dirección a Villanueva de San Carlos. A los pocos kilómetros atisbamos, a la izquierda, los descarnados muros del castillo musulmán de Salvatierra, defensa, en el siglo XII, de la frontera cristiana, que cortaba el avance de las tropas musulmanas hacia el norte.

El paisaje es de transición entre la llanura cerealista y latifundista de La Mancha, de materiales calizos, y los relieves de Sierra Morena . Destacan los materiales volcánicos en algunas zonas, muy fértiles, de aspecto negruzco. Este paisaje queda salpicado por viviendas de segunda residencia, quinterías (casas de labor) y cortijos organizados alrededor de un patio central. A medida que nos acercamos a la Sierra se reducen los aprovechamientos ganaderos para transformarse en espeso monte mediterráneo, escasamente transitado.

Castillo de Salvatierra desde el castillo de Calatrava la Nueva (La Gaceta de Gea)
Desde aquí, a escasa distancia se divisa, sobre el piramidal cerro del Alacranejo, el imponente Sacro Convento y Castillo de Calatrava la Nueva (no confundir con el de Calatrava la Vieja), conceptuado como una de las fortalezas roqueras más impresionantes e históricas del mundo, que unía, a su sin par valor estratégico, la de ser atalaya formidable sobre todas las tierras circundantes. Fue construido a partir de la importante victoria en la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, lo que supueso un retroceso del dominio almohade y el avance de las tropas cristianas hasta la línea del río Tajo.



Castillo de Calatrava la Nueva (La Gaceta de Gea)
El acceso a la fortaleza se produce por el camino empedrado original de 1560, bastante estrecho para la circulación de dos vehículos (algunos autobuses) en sentidos contrarios, por lo que habrá que extremar la precaución.

Desde el aparcamiento se aprecia un gran campo visual, que ofrece una excelente panorámica de la estepa cerealista, con marcadas diferencias cromáticas entre los cultivos, de tierras rojizas, y las sierras, de potentes y afilados roquedos metamórficos y volcánicos.

El recinto del castillo alberga, encerrado en unas potentes murallas cuyo adarve se puede recorrer, un burgo con tiendas, huertas, talleres, almacenes, un molino y viviendas alrededor del convento, hospedería e iglesia. Ésta última es la parte del conjunto que mejor se conserva, resaltando sobre la puerta la grandiosa claraboya, en forma de estrella, ordenada colocar por los Reyes Católicos en 1541 para dar más luz al templo. En su interior se combina la oscura piedra volcánica de pilares y nervaduras con el ladrillo de las bóvedas de crucería, con la sencillez estilística cisterciense patente en las ménsulas en cul-de-lampe y en la escasez decorativa del conjunto, reflejo de las severas reglas de San Benito.

Dejamos aquí esta primera entrega de esta ruta vintage. En la siguiente enfilaremos al norte, hacia la localidad de Almagro y más allá.

lunes, 29 de abril de 2019

Incursiones cotidianas: pedruscos por el norte de Madrid

En esta nueva entrega de las incursiones cotidianas, aptas para un día de asueto, de dolce far niente, vamos a ver más pedruscos. Y es que a uno le gusta observarlos porque presentan una gran ventaja respecto a otros elementos naturales como las plantas y, sobre todo, los animales, esquivos como ellos solos excepto para el ojo entrenado, que los hay: no se mueven; siempre estáticos, dóciles. Esperando a ser contemplados o analizados.

Por aquí pasaremos: vistas desde el puerto de Arrebatacapas (La Gaceta de Gea)
Como el que suscribe siempre ha pensado que en esta vida hay que ser agradecido, voy a dar las gracias al IGME, el Instituto Geológico y Minero de España, por publicar este itinerario geológico que es el que seguiremos en esta entrada, con algunas obligadas modificaciones.

El documento presenta una buena introducción a la geología de Madrid, con lo que voy a hacer un esfuerzo de condensación. Por un lado tenemos la Sierra de Madrid y aledaños, al noroeste, territorio presionado antrópicamente como pocos aunque se conserve, excepto en algunas zonas, milagrosamente bien. Por otro, la denominada Cuenca de Madrid al sur de la región, que ya comentamos en la entrega I y II de la ruta vintage por esta interesante área con aires de estepa mongola.

A grandes rasgos, la primera está formada por rocas muy antiguas; las más vetustas las metamórficas y siempre heterogéneas esquistos y gneises, seguidas de las pizarras arcillosas y las cuarcitas. Después observamos lo que el imaginario colectivo define la Sierra de Guadarrama: el granito en todas sus formas paisajísticas: bolos, berrocales, pedrizas o canchales, entre otros. Realmente no hay tanto granito: es una leyenda urbana, pues compite seriamente en abundancia con el gneis, pero éste no forma paisajes tan llamativos y reconocibles. En realidad el gneis es la versión metamórfica del granito, por lo que presenta una estructura en bandas denominada foliación, siendo el granito más homogéneo por no haber estado sometido a grandes presiones y temperaturas, por lo que es una roca magmática o plutónica.

Itinerario (IGME)
La Cuenca de Madrid es una depresión formada mediante materiales depositados por lagos o antiguas corrientes de agua, de mayor o menor antigüedad dependiendo de la zona en concreto. Suele componerse de rocas sedimentarias.

Tipos de rocas (Pinterest)
Entre la Sierra y la Cuenca tenemos una zona de transición: en ella aparecen sedimentos arenosos depositados por los cauces de los riachuelos que bajaban de las cumbres serranas, como los que vamos a observar en la primera parada.

Parada 1 (La Gaceta de Gea y Google Maps)
Según nuestra guía, el orden de las paradas va en función de la edad de las rocas: de las más modernas hacia atrás en el tiempo, por lo que comenzaremos con las rocas sedimentarias y finalizaremos con las magmáticas.

La parada 1 se sitúa nada más pasar San Agustín de Guadalix, en dirección a Burgos. Hay dos opciones para alcanzar el talud, que se aprecia muy bien desde la carretera, a la izquierda. Una posibilidad que no contempla la guía es aparcar en la explanada que queda pasado el restaurante "Las Cubas", visible por el puentecillo peatonal que alcanza la otra orilla, donde nos recibe un bareto abandonado y, vigilando la infumable y asquerosa escombrera, nuestro sufrido y arenoso objetivo. El acceso que recomienda la guía es con cambio de sentido más adelante, pero creo que es más práctico el que propongo ya que después debemos dirigirnos al norte, hacia la siguiente parada.

Nuestro objetivo en su bellísimo entorno. (La Gaceta de Gea)

Nos acercamos al talud con cuidado, ya que en el suelo puede haber cristales rotos y otros potenciales peligros. Lo observamos de arriba a abajo, apreciándose una cierta estratificación interrumpida por pequeñas cárcavas, fruto de la erosión del agua, además de ubicuas matas de fragante tomillo (Thymus), que consolidan en cierto modo la arena, aunque se deshace fácilmente mostrando pequeños granos de cuarzo, feldespato y mica, testimonio de un estrato superior de rocas graníticas disgregadas, procedentes del arrastre de cauces fluviales que se han ido filtrando hacia abajo.

La arcosa en detalle (La Gaceta de Gea)


Realmente estas arenas se denominan arcosas de la Facies Madrid, areniscas rojizas ricas en feldespatos, típicas de climas secos como el que nos ocupa. Lo que más se aprecia, al menos en la zona baja del talud, son pequeños trozos irregulares de cuarzo translúcido y feldespatos, observándose escasa cantidad de mica.

El paisaje queda constituido por pequeños cerros, algunos hirsutos y otros con pequeños bosquetes de encina que descienden, entre secos arroyos y caminos carreteros, hacia los escarpes del río Jarama y su fértil vega, en las inmediaciones de la localidad de Fuente el Saz de Jarama.

Posición de la parada 2, pasado El Espartal (La Gaceta de Gea)



Una vez examinado el afloramiento, cogemos el coche y nos dirigimos hacia El Vellón, desde donde tomamos una carreterilla que desciende, entre laderas y pequeños valles, hacia el poblado de El Espartal. En el PK 4,5 nos fijamos, a la derecha, en la prominente figura de la atalaya del Vellón, una torre vigía circular construida por los musulmanes en el siglo XI. Actualmente es una torre de vigilancia de los Servicios Forestales.

Más allá de El Espartal y justo antes del puente de Malacuera, sobre el arroyo homónimo, surge una granja y una pista bien marcada a la izquierda, donde podemos dejar el coche. Tomamos el camino hasta que nos encontramos con un sendero que asciende, hacia la derecha, por la ladera del talud. Antes de una curva pronunciada, encontramos el afloramiento a la izquierda.

Afloramiento de la parada 2, se aprecia la capa superior de conglomerado y la inferior, remetida, de arenisca erosionada por el agua (La Gaceta de Gea)
Se trata de una roca de conglomerado, compuesta de fragmentos irregulares de otras rocas o minerales, cementados mediante carbonatos. En este caso se aprecia perfectamente cómo el conglomerado se apoya en una capa de arenisca, que además se encuentra erosionada por un riachuelo que debía existir antes de que se depositara la capa que dio origen al conglomerado.

Rodeando el afloramiento se sigue apreciando el paleocanal (la parte inferior erosionada) y unas fracturas verticales de roca más alterada.

Vista del conglomerado mostrando los clastos (fragmentos) de minerales, especialmente cuarzo (La Gaceta de Gea)
Desde este punto podemos apreciar una bonita vista del Jarama, sus bosques de galería y campos de cereal.

Cogemos de nuevo el vínculo para enfilar hacia Torrelaguna, al norte, donde podemos comer o, si aún es demasiado pronto, comprar unos churros (hay una excelente churrería) y disfrutar de su cuidado casco histórico, donde destaca la iglesia gótica de Santa María Magdalena, con su decoración gótica, especialmente en las puertas y pináculos, además de su algo extraña configuración exterior, causada por la profusión de capillas laterales que envuelven sus tres naves.

Curiosa planta de la iglesia de Santa María Magdalena, en Torrelaguna (torrelagunaweb.es)

Cogemos la carretera que se dirige hacia El Berrueco, la M-131, que asciende a media ladera hasta alcanzar el puerto de Arrebatacapas, donde se puede dejar el coche en una pista junto a una torreta metálica. Allí se aprecia la Sierra de Guadarrama en todo su esplendor; si se continúa por el sendero que surge hacia el oeste, en descenso, se puede acceder a la atalaya árabe de Arrebatacapas, similar a la de El Vellón pero sin uso en la actualidad.

Esquema de la peligrosa parada 3: extremar las precauciones en fin de semana (La Gaceta de Gea)
Hay que extremar las precauciones: los fines de semana esta ruta es muy transitada por ciclistas y moteros, lo que, unido a la cantidad de curvas sin visibilidad, afilados quitamiedos y estrechos arcenes, la hacen extremadamente peligrosa para quien ose cruzarla o caminar por sus laterales. Hecha la obligada advertencia, seguimos la carretera a pie hasta que, a la izquierda, aparece el talud, tras la ruina de una antigua construcción del Canal de Isabel II.

Afloramiento de la parada 3: de arriba a abajo dolomía, arenisca y arena (La Gaceta de Gea)
Se compone de estratos, bastante marcados, de dolomía (similar a la caliza pero añadiendo magnesio a su composición), arenisca y arenas provenientes de un antiguo lecho marino. En la curva siguiente el talud deviene en negruzco, evidenciando la presencia de pizarra, roca que se origina por metamorfismo de bajo grado (presión y temperatura no especialmente elevada) de rocas sedimentarias de grano fino. Hay de todo en esta parada, desde luego.

Seguimos la carretera en dirección a El Berrueco, la siguiente parada del itinerario. Sin embargo, nos llama la atención el desvío a la presa del Atazar, que cogemos. En las arboladas laderas de la derecha aparece la pizarra en ingentes cantidades, en masa y en lajas, de las que tradicionalmente se han utilizado para la construcción de los edificios de los conocidos Pueblos Negros, algunos en la provincia de Madrid y muchos más en la de Guadalajara.

Lajas sueltas de pizarra cerca de la presa del Atazar (La Gaceta de Gea)
Llegamos a la presa del Atazar, una presa de tipo bóveda (de "pared" curvada) construida sobre pizarras. Como me chiva mi cuñada, excelente ingeniera de Caminos, Canales y Puertos (y presas): el estribo izquierdo está apoyado sobre pizarras con los planos de esquistosidad inclinados. Eso hizo que se resbalara por lo que hubo que aplicarle un cosido de bulones. Probablemente por esta razón la presa no se puede llenar del todo.

Presa del Atazar, en el recuadro el estribo que hubo que reparar para evitar males mayores (La Gaceta de Gea)
En cristiano, esto quiere decir que la pizarra, al estar inclinada de forma similar a un tejado, hacía que el hormigón se deslizara, por lo que hubo que asegurarlo con bulones -unos tornillos gigantes- a la roca.

Proseguimos hasta el pequeño pueblo de El Atazar, uno de los más remotos de la provincia, dotado de una plaza muy agradable donde destaca la espadaña de su iglesia, construida enteramente de pizarra.

La animada (en un soleado sábado) plaza principal de El Atazar (La Gaceta de Gea)

Desandamos el camino hacia El Berrueco, pueblo granítico y serrano por excelencia, como su nombre indica ya que un berrueco es un bolo de granito. Poco antes de llegar al desvío que antes hemos tomado para ir al Atazar, a mano izquierda surge otra torre vigía, la de Torrepedrera, similar a las anteriores.

Aparcamos en la plaza principal de El Berrueco, donde nos espera el Museo de la Piedra al Aire Libre, un itinerario etnográfico muy original que muestra las distintas formas y usos en los que puede ser trabajado el granito. Hay de todo: ruedas de molino, potro de herrar, abrevadero y una hornilla palomera escultórica, muy bonita.

Fuente con pilón tallada en granito, en El Berrueco (La Gaceta de Gea)
Por cierto, nuestro itinerario nos indica que hay dos tipos de granito: el leucogranito, más duro y claro por poseer mucho cuarzo y feldespato (félsico), y el monzogranito, más blando y oscuro al tener menos cuarzo y más magnesio (máfico). Sutilezas para entendidos, aficionados y legos en la materia, porqué no. Seguro que el lector es capaz de diferenciarlos.

La última parada del itinerario (parada 5) se sitúa junto a la autovía A-1, en la salida de hacia Cabanillas de la Sierra pero tomando la vía de servicio hacia el norte. Como el que escribe es sincero y de donde crece la palma, dirá que no pudo aparcar en las inmediaciones.

Aloramiento de gneis de la parada 5 (La Gaceta de Gea)
El afloramiento de gneis del Paleozoico es de los más antiguos de la Comunidad de Madrid. En este caso, se trata de gneises glandulares, lo que quiere decir es que posee una estructura en bandas, típica de estas rocas, con inserciones más o menos extensas de cristales de otros minerales.

Parada 5: afloramiento de aparcamiento complicado (Street View)
Como esta roca es muy importante en la geología madrileña, voy a dejar un gráfico muy explicativo de las "50 sombras del Gneis", como se expone en el excelente librito, muy recomendable Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama, de Ediciones La Librería.

Tipos de gneis (Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama)

De esta forma tan gráfica, exponiendo taxativamente que el gneis -contrariamente a lo que la mayoría de la gente piensa, incluso yo- es la piedra más ubicua de la Sierra de Madrid, en todas sus variedades, finalizamos este interesantísimo itinerario cortesía del IGME.

¡Hasta la próxima!

lunes, 15 de abril de 2019

Territorios filatélicos (II)

Continuamos la entrada anterior dedicada a la filatelia y su relación con el paisaje y los monumentos españoles, que hay muchos y muy valiosos, por si alguien todavía duda de todas las atracciones interesantes que jalonan nuestro hermoso país.

Si más dilación comenzamos en Galicia, más concretamente en la poco visitada ciudad de Orense, en la que se encuentra el importante convento de San Francisco, que se refleja en este sello de 2 Ptas. de 1970.

Sello con el claustro del convento de San Francisco (La Gaceta de Gea)
Se trata de un importantísimo monumento; su claustro gótico es lo más sobresaliente del complejo, ya que la fachada y cabecera de la iglesia fue trasladada a un parque de la ciudad, quedando el claustro adosado a sus restos y al Museo Arqueológico Provincial. Sus 65 arcos soportados por columnas dobles exhiben capiteles decorados con seres fantásticos y motivos vegetales, a la usanza románica, que se pueden apreciar con bastante detalle en el propio sello.

De la cosecha de 1977 nos llega este sello de 2 Ptas. que representa el acueducto romano de la granadina Almuñécar, del siglo I dC, que abastecía de agua la antigua ciudad romana de Sexi. Es el mejor conservado de Andalucía y muestra cinco tramos a lo largo de más de 7 Km de recorrido.

Sello con el acueducto de Sexi, en Almuñécar, Granada
El sello nos muestra el tramo III del acueducto con dos arcadas sobre el cauce del río Seco. El contraste entre la vegetación y el cauce del río, dibujada con pequeñas rayitas en todas direcciones, el acueducto en perspectiva y el cielo en un gris más degradado con nubes, a rayas horizontales, me parece muy sugerente.

De 1964 nos llega este sello de 1 Pta., que nos muestra las famosas cuevas del Drach, en la isla de Mallorca, cerca de Manacor, patria chica del gran Rafa Nadal.

Sello mostrando espeleotemas de las cuevas del Drach, en Mallorca (La Gaceta de Gea)
Se trata de un complejo de cuatro cavidades que albergan en su interior una verdadera maravilla geológica: el lago Martel, uno de los lagos subterráneos más extensos del mundo, en el que, incluso, se ofrecen diariamente conciertos de música clásica mientras se puede disfrutar de un agradable recorrido en barca. En el sello únicamente se aprecian estalactitas y estalagmitas a doble tinta, dibujadas con líneas y cuadraditos. Una delicia.

Volvemos a Andalucía con este ejemplar de 1964, en el que se representa el interior de la Mezquita de Córdoba, uno de los monumentos más conocidos y visitados de toda España.

Sello mostrando las dobles arquerías de la Mezquita de Córdoba (La Gaceta de Gea)
¿Qué decir de este importantísimo edificio? Poco que no se haya dicho ya, por lo que describiré someramente el sello, en el que se representa el bosque de columnas de piedras nobles sobre las que descansan los arcos dobles de herradura con dovelas multicolores, formando un enorme entorno en el que es bastante fácil perder la orientación, especialmente si se está algo alejado de la zona catedralicia, en mi humilde opinión de bastante menor interés que el primitivo edificio islámico. La doble tinta degrada las arquerías traseras intentando aportar perspectiva de distancia aunque, en mi opinión, la zona más lejana queda muy empastada.

Nos vamos a Castilla-La Mancha, en concreto a su capital, la imperial Toledo, ciudad laberíntica, misteriosa y apasionante como pocas, para admirarla desde el Puente de San Martín, representado en este sello de 2 Ptas. de 1975.

Sello mostrando una vista de Toledo (La Gaceta de Gea)
Desde este puente gótico-mudéjar, que salva las aguas del Tajo para acceder al centro histórico de la ciudad, se aprecian las lejanas torres de sus múltiples iglesias, además de la imponente aguja de la Catedral Primada, que salpican la ciudad entre sus apretadas y retorcidas calles. El elemento dominante es la torre del monasterio de San Juan de los Reyes, una obra maestra del gótico isabelino dotado de un claustro de gran ornamentación y filigrana decorativa; sin duda, uno de los edificios más bellos de la ciudad.

De 1975 nos llega este curioso sello un tanto diferente a los demás: la prisión de Miguel de Cervantes o, lo que es lo mismo, el sótano del Museo Casa de Medrano, un caserón típicamente manchego en Argamasilla de Alba (Ciudad Real).

Sello con la presunta prisión de Cervantes (La Gaceta de Gea)
Es una historia curiosa: la tradición afirma que Don Miguel comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha encerrado entre estos enjabelgados muros blancos. En la actualidad, la estancia únicamente se decora con un poyo o banco de piedra, una sencilla mesa castellana con su silla además de espada, lanza y bacín (yelmo) -los símbolos de Don Quijote- en la pared del fondo. El sello muestra muchos más elementos: jarras y copas encima de la mesa, barriles y otros elementos etnográficos manchegos, mucho menos espartano y más agradable, a mi juicio. El color azulado del frente del sello enmarca la perspectiva de la cueva, dejando una estampa bastante fotogénica.

Continuamos con otra visión bucólico-etnográfica: este sello de 5 Ptas. de 1975, mostrándonos una calle del famoso pueblo blanco de Mijas, en plena Costa del Sol, en Málaga.

Sello con una calle de Mijas, Málaga (La Gaceta de Gea)
No le falta de nada: viviendas blancas con sus típicas rejas y sus macetas floreadas colgando de la pared, el farol en forma de arco con su retorcido emparrado o buganvilla, el empedrado de la calle y, para rematar la imagen típica y tópica, un paisano avanzando hacia el espectador, tocado con gorra y montando un sufrido borrico. Igual es un burro-taxi.

Finalizamos la serie filatélica con un sello de 2 Ptas. que representa una curiosa vista aérea del Campo de Gibraltar.

Sello con vista aérea de Gibraltar (La Gaceta de Gea)
Sin duda un sello peculiar por dos razones: la perspectiva tan elevada, ya que en casi todos los sellos analizados la vista se sitúa a la altura del espectador y, además, no se aprecia construcción alguna en el propio Peñón. La ciudad de Algeciras, entonces un pueblo pesquero, se recorta abruptamente contra una "tierra de nadie" que lo separa de la Roca, que carece de todas las infraestructuras y edificaciones que posee en la actualidad. Es realmente curioso que el entorno se presente tan desértico, quizás hubiera alguna razón oculta para ello. Vaya usted a saber.

Finalizamos con esta curiosidad histórica la serie filatélica de paisajes y monumentos españoles.

Continuaremos, en algún momento, con otros interesantes sellos aunque, como es costumbre en esta bitácora, iremos por otros derroteros.

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