lunes, 15 de octubre de 2018

Incursiones cotidianas: el jardín del cabo

Inauguramos, en la presente entrada, una nueva sección: las incursiones cotidianas. Según la Real Academia Española, una incursión es una "penetración de corta duración en territorio enemigo", lo que la diferencia de una excursión, que suele ser más larga y localizada en entornos más remotos. Por tanto, se trata de un paseo corto, de exploración mayoritariamente urbana, aunque no necesariamente en territorio enemigo, o sí. Cotidiana es porque se desarrollará en lugares fácilmente accesibles pero quizás no del todo apreciados en todas sus dimensiones posibles, como suele pasar.

Empezamos con un jardín. Pero no un jardín cualquiera: se trata del cabo de las Huertas o de la Huerta, situado en plena ciudad de Alicante. Más que un jardín es un peculiar entorno rocoso dotado de una interesante flora, utilizado por lugareños, perros y turistas como parque, con todo los positivo y negativo que este uso reporta: relajación, preciosas puestas de sol, gente en bolas, deporte, vandalismo, basura y, probablemente, algún que otro acto ilícito. Esta mezcla algo hippie me recuerda al gran Without A Net de los Grateful Dead; suena el Walkin' Blues mientras tecleo como un loco.

El castillo de Santa Bárbara, sobre el centro de Alicante, desde el cabo de las Huertas (La Gaceta de Gea)

Comienza el paseo en el extremo sur de la avenida de Niza, alias Paseo Marítimo, con sus palmeritas de turno, un interesante carril bici y la fantástica playa de San Juan. El paseo termina abruptamente donde se ubica el Monumento a los Pensionistas, una pareja que mira encandilada el horizonte, quizás calculando si la exigua pensión va a llegar para alimentar a todos los hijos, nietos, yernos, nueras y a la madre que los parió a todos.

Desde aquí nos dirigimos hacia el cabo por la orilla de la playa; al final encontramos unas rocas cubiertas por arribazones, acumulaciones húmedas o secas de restos de Posidonia oceanica, planta endémica del Mediterráneo, de gran valor ambiental y como bioindicador, que forma verdes praderas submarinas llenas de vida. Los arribazones estabilizan la playa, impidiendo la pérdida de arena por viento y oleaje.

Accedemos al cabo propiamente dicho; un ancho camino de tierra nos da la bienvenida. A la izquierda el mar, a la derecha un amplio terreno en cuesta: ralo, pedregoso, reseco, dotado de vegetación rastrera y arbustiva. Al final del camino, una ristra de viviendas adosadas de aspecto setentero se desliza hacia el mar, delimitando el terreno perteneciente al faro. Nos fijamos en la vegetación: aparece la Carpobrotus edulis, la invasora uña de gato, a la que gusta especialmente la tierra salina: es una planta halófila.

La uña de gato, invasora e ubicua en el cabo (La Gaceta de Gea)
También encontramos numerosas matas del agradable Crithmum maritimum, el hinojo marino, con sus arracimadas florecillas y sus tallos suculentos. Según el insigne Pío Font, se trata de una planta antiescorbútica, muy utilizada en Cataluña: "En ninguna parte de España, que yo sepa, son más apreciados los hinojos marinos que en Cataluña: los cogen cuando están en su mayor vigor y los ponen en adobo con vinagre, para conservarlos y comerlos en todo tiempo, y particularmente en el invierno, en ensalada, y de otros varios modos". Habrá que probarlo, sin duda.


El hinojo marino, abundante en las costas rocosas del Mediterráneo. Detrás, espinosas matas de cambronero (La Gaceta de Gea)


Completa la trilogía el cambronero, Lycium intricatum, un reseco arbustillo espinoso y frágil.

A la altura de las viviendas adosadas, el camino gira a la derecha, ascendiendo hacia las urbanizaciones que coronan el cerro del cabo. No queda más remedio que continuar de frente por una senda que dobla todo el cabo, finalizando en la cala Cantalar, donde existe una microrreserva de flora, bastante sucia, por cierto.

Vamos a efectuar un recorrido geológico por este paraíso de arenisca; extraigo de mi irrompible mochila esta ruta, cortesía de la Universidad de Alicante, alma mater de insignes investigadores, entre ellos del aspirante al Nobel Francis Mojica.

A unos 20 metros del punto anterior desciendo por las plataformas rocosas, de formas caprichosas, hasta llegar hasta la línea costera. Me sorprende un gran escarabajo negro que huye despavorido: se trata de un ejemplar del género Blaps, absolutamente inofensivo, que se alimenta de materia en descomposición.

Un escarabajo del género Blaps. Parece ser que por la forma del ovopositor se puede adivinar la especie. Si alguen lo sabe, que lo diga, porfa (La Gaceta de Gea)
En este punto -según la guía geológica- se localizan pequeños acantilados y plataformas de abrasión costera, compuestas de areniscas del Mioceno Superior.

Plataformas de abrasión compuestas de arenisca, sobre ellas abundante material fosilífero. Al fondo, la playa de San Juan y la localidad del Campello (La Gaceta de Gea)
Sobre estas formaciones se aprecia un microconglomerado fosilífero, más reciente: a simple vista se ven restos de conchas y demás huesecillos calcáreos. Sobre ellos descansa una arenilla de erosión; recojo una muestra para observarla con la lupa binocular. Se trata de una capa de sedimentos de playas y dunas fósiles del Cuaternario, de más de 100.000 años de antigüedad.

Restos de fósiles calcáreos en la capa del Cuaternario (La Gaceta de Gea)
Asciendo de nuevo al camino, donde encontramos una hermosa chumbera, Opuntia ficus-indica, mostrando sus vivos colores al atardecer.


Colorida chumbera (La Gaceta de Gea)
Sigo unos 35 metros por el camino, a la derecha, tras la verja del terreno del faro -que, por cierto, es un faro de luz blanca, de ocultación con grupos de 5 destellos, como vimos en una entrada anterior- observamos un curioso estrato laminado en forma de surco o artesa, típico de dunas convertidas en rocas por la acción del viento, denominadas eolianitas, ¡qué interesante!

Eolianitas bajo el faro (La Gaceta de Gea)
Un poco más allá bajamos hacia un mojón que delimita el dominio marítimo-terrestre, donde encontramos más eolianitas, esta vez con aspecto de esponja o termitero, denominadas rizocreciones, causadas por las raíces de las plantas sobre las primitivas dunas. Recojo el cadáver de un mosquito enorme y colorido, luego lo observaremos más detenidamente.

Rizocreciones (La Gaceta de Gea)
Junto a estas curiosas formaciones observamos una panorámica de la costa: nos llaman la atención unos dedos que entran y salen del mar, se trata de una morfología dentada causada por la erosión diferencial, es decir, el mar se ha comido las areniscas finas y ha dejado las de grano grueso, más duras y resistentes a la erosión.

Morfología dentada por erosión diferencial (La Gaceta de Gea)
Volviendo al mojón observo una planta de hojas muy verdes y lustrosas, casi bruñidas; no tengo ni idea de la especie pero me recuerda un poco a algunas plantas tapizantes de la media y alta montaña del Sistema Central.

Ni idea pero mola (La Gaceta de Gea) NOTA: Según la identificación de @DrBioblogo (Twitter) se trata de Capparis spinosa
Sigo un sendero paralelo al anterior pero más accidentado, próximo al mar. En este punto se alternan pequeños acantilados con plataformas costeras planas, parcialmente sumergidas en el mar, formando bañeras, pequeñas calas y diversos temas relacionados con el karst litoral. Veamos algunos.

Socavadura o notch, causada por la energía de las olas. Me recuerda a la célebre ola de Hokusai (La Gaceta de Gea)
La socavadura o notch es similar a una ola de piedra, valga el símil lírico. El oleaje erosiona la pared vertical del acantilado hasta reducir progresivamente su parte inferior, quedando una especie de visera.

Las plataformas de abrasión marina son superficies planas, muy agradables; dan ganas de tumbarse sobre ellas. Debido a la acción de las olas y del viento la parte de la plataforma litoral que linda con el mar se ha desgastado formando microdolinas, depresiones circulares similares a las marmitas de gigante, y pequeños lapiaces, como venas y fisuras labradas en la piedra.

Microdolinas en la plataforma de abrasión costera (La Gaceta de Gea)
En las paredes del acantilado se aprecian unas coqueras -como se dice en el argot arquitectónico, como no soy geólogo me lo puedo permitir- en la arenisca: se trata de la erosión alveolar de la arenisca, causada por la acción de los aerosoles marinos, ricos en sales, que se introducen en la roca, disgregándola.

Erosión alveolar (La Gaceta de Gea)
Observando estas formas un visitante inesperado emerge de una oquedad: se trata de un bonito opilión o araña pataslargas, que corre como si la vida le fuera en ello, cosa bastante probable. Intento bloquearle la ruta con el pie, pero da media vuelta a toda velocidad. Vuelvo a bloquearle otra vez, con la cámara compacta disparando, intentando hacerle una foto decente. Giro raudo en la otra dirección, agachado, persiguiendo a la araña de marras. Un pescador en pelotas, caña en mano, vuelve la cabeza y me mira extrañado: "hay gente pa tó", parece que piensa, parafraseando a Rafael el Gallo en conversación con el gran José Ortega y Gasset. Eso mismo pienso yo.

La mejor foto que le pude sacar al opilión (La Gaceta de Gea)
Asciendo de nuevo al camino que bordea el faro. Un poco más hacia el sur, a la derecha y arriba, diviso un gran abrigo; la guía geológica me dice que es un tafoni: el material interior, húmedo, saturado, se descomponga rápidamente dentro de la masa pétrea más seca. El viento remata la faena, llevándose los restos de la descomposición y despejando la cavidad.

Tafoni en la arenisca (La Gaceta de Gea)
Ya es casi de noche y hay que regresar. La incursión ha merecido la pena. Me pregunto ¿cuánta gente de la que pulula por aquí conoce lo que yo he descubierto gracias a la guía? Pocos, siendo optimista. En tu pueblo o ciudad siempre hay cosas interesantes, sólo hay que tener curiosidad. Lo demás llega solo, incluyendo la documentación, que es probable que se encuentre en Internet.

Por tanto, si tienes curiosidad, la exploración comienza sobre el felpudo de tu casa ¿a qué esperas?

PD: habíamos recogido arena fosilífera y un mosquito enorme, veamos lo que son.

Pequeños gasterópodos, bivalvos y restos de antozoos, en la arenilla del cabo (La Gaceta de Gea)
El mosquito gigante resultó ser una inofensiva típula, más seca que la mojama (La Gaceta de Gea)

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