jueves, 1 de octubre de 2026

Micropaisajes XI: la mítica gota de agua y sus secretos ocultos (a la vera del arroyo)

Continuamos la entrada anterior, en la que observamos diversos organismos de la gota de agua de la infusión de heno, con otras fascinantes gotas de agua: las naturales, sin preparar, que se pueden encontrar en charcas, arroyos y otras masas de agua.

Como siempre, estamos siguiendo el hilo argumental del magnífico y enciclopédico libro de Bruno P. Kremer Manual de Microscopía, siempre adaptado a las posibilidades técnicas, científicas y argumentativas del que suscribe. También emplearemos, al igual que en la entrada anterior, el Atlas de Microscopía de Bernis Mateu, el Atlas de los Microorganismos de Agua Dulce de Heinz Streble y Dieter Krauter, y el Freshwater Microscopy de W. Garnett. Disclaimer de turno: todas las fotos son de un servidor a menos que se diga lo contrario, y en la redacción de esta entrada no hay IA.

Me dirijo a un parque de mi ciudad, levantado sobre una antigua escombrera. Por allí discurren un par de arroyos naturalizados, de esos con puentecillos y pequeñas cascadas para salvar el desnivel. En una orilla, la corriente se remansa por la presencia de juncos y carrizo, mientras unas ranas lo dan todo a volumen brutal. Me acerco sigilosamente y todas se callan a la vez, como si tuvieran un fino sensor acústico incorporado. Agarro el frasco de boca ancha e introduzco una buena cantidad de agua mezclada con materia orgánica superficial y barro, para que haya de todo. Examino la muestra para comprobar que no haya introducido ningún renacuajo, ya que tendría que regresar a devolverlo, como buen hijo de vecino.

Toma de muestra
Al llegar al lab y dejar reposar la muestra para que se recupere de la agitación, observo que una buena parte de la materia orgánica flota en el agua, formando una especie de galleta verdosa. 

Burger vegana

Tomo, con pinzas y aguja enmangada, una pequeña muestra de la galleta, que deshago convenientemente en el portaobjetos. Una gota de agua, el cubre y a observar con iluminación de contraste de fase y pocos aumentos. Aparecen dos hermosas diatomeas o algas con frústula o caparazón de sílice, según la clave de identificación del Atlas de los Microorganismos de Agua Dulce, reproducido en la entrada anterior. Una Navicula se divorcia, con cierto desdén, de una larga Nitzschia serpentiraphe, con sus estrías laterales densas y muy marcadas. Por cierto, existen unas diatomeas denominadas pseudo-nitzschias que son venenosas al pegarse a las conchas de cangrejos de mar, peces y moluscos; la mariscada bien limpia, gracias.

Muy cerca, a la izquierda, aparece otra delicada Navicula, esta vez completamente transparente y con finas costillas transversales. En su interior vibran, al son del movimiento browniano y plenos de vidilla fotosintética, los cloroplastos, aunque también podrían ser gotas lipídicas de reserva.

Pongo la iluminación en campo claro, por eso de observar organismos opacos, no transparentes. Salta a la vista un alga verdeazulada filamentosa, con una "cabeza" que parece una diminuta y serpiente: una Oscillatoria brevis, una bacteria cianofícea que produce, en condiciones específicas de humedad y temperatura, el olor a tierra o geosmina. Curiosamente gira su cabeza, sin ojos pero al acecho, de un lado al otro, como buscando algo. Comida no será, ya que es una bacteria fotosintética unicelular y no necesita; será diversión o puro placer estético, como hacen los pluricelulares humanos.


Este hecho se puede apreciar en el siguiente video, donde otra Oscillatoria brevis, moviendo su cabeza para ver si no viene alguien en dirección contraria, cruza por encima de una Spyrogira mucho más grande que ella. La Spyrogira es un alga verde filamentosa y mucilaginosa, que se caracteriza por la disposición en hélice de sus cloroplastos, que se parece sospechosamente al ADN. Se reproduce por conjugación, de forma muy curiosa: un filamento se pega a otro formando una especie de escalera, y se pasan el material genético de una célula a otra. Al final se forma una espora con la bebé alga y a correr.

Muy cerca, una simpática bola con pinchos gira sobre sí misma siguiendo la corriente del agua: podría tratarse de un heliozoo -una ameba esférica con axopodios- o de un infusorio suctor tipo Sphaerophrya sol, a gusto del consumidor.

Muy cerca, un fascinante rotífero con lorica juega con una bola de nutrientes, haciéndola girar con sus larga nariz y sus dos coronas de cilios que emplea para alimentarse. Los rotíferos son animales pluricelulares, dotados de un potente aparato masticador que se mueve como una pequeña trituradora.

Rotífero loricado según Freshwater Microscopy

Este ejemplar -cuya especie no he podido determinar por su extraña lorica en forma de corazón- parece un hembra y lleva un huevo, que eclosionará en poco tiempo. Sin duda el rotífero es uno de los animales microscópicos más monos y cuquis, con permiso de los peludos gastrotricos y de los famosos tardígrados. 

Activo la iluminación de contraste de fase -mucho más adecuada para observar organismos transparentes- y tomo otra muestra de agua del río, con abundante materia orgánica. Encuentro una tranquila bola de pinchos, que parece la cabeza de una maza: se trata de un Pediastrum, un alga verde cocal o clorofícea colonial, formada por muchas células similares agrupadas en forma de estrella.


Muy cerca, observo a altos aumentos una Oscillatoria brevis, fijándome en el movimiento etéreo de su interior, mientras surca la gota de agua. Pareciera que, en lugar de agua, poseyera una especie de fuego acuoso en su citoplasma: alquimia microscópica, porqué no. 

Me detengo a observar las fantásticas formas de las diatomeas, extremadamente abundantes en toda la muestra.

Diatomeas según el Atlas de Microscopía

La primera puede ser una Navicula o una Pinnularia, no queda claro debido a la forma rectilínea de sus extremos. 

No sé
La segunda es claramente una Navicula, muy reconocible por su movimiento, como un barco a la deriva lento pero seguro. 

Navicula
La tercera podría ser una Synedra o una Fragilaria, debido a su forma lanceolada y sus puntas casi rectas. Como se puede comprobar, identificar correctamente diatomeas no es tan fácil. 

Tampoco sé
La cuarta es mucho más fácil: su forma de S la delata. Se trata de una Gyrosigma acuminatum, una diatomea de aspecto elegante y estilizado, como de pasarela. En la foto se aprecian dos ejemplares: el de la izquierda está vivo y muestra su cloroplasto central; el de la derecha está muerto, por lo que sus frústulas se aprecian en todo su esplendor. Qué bonito, oiga. 

Gyrosigma

Muy cerca, un organismo con forma de bombilla se desplaza rápidamente con su único flagelo por delante, un flagelo acroconto. No es un zooflagelado, se le nota en esa línea negra que une sus extremos; muy probablemente se trata de un alga dorada -crisofícea- del género Chromulina o un euglénido del género Peranema.

Atrapado en una masa de algas filamentosas, un bicho con patas y pelos, de tamaño grande comparado con los anteriores, intenta zafarse de forma histérica: es un ostrácodo del género Cypris, un pequeño crustáceo dotado de caparazón y diferentes apéndices.Es un buen indicador de la calidad ambiental, y sus fósiles se utilizan en estudios paleoambientales.

Algo a la izquierda, encuentro la maravilla de maravillas: un banco de nerviosos ciliados del género Vorticella, uno de mis protistas favoritos por simpáticos y vivarachos, con su pedúnculo retráctil a punto de contraerse a la mínima. Estos ejemplares parece que están bailando, si nos ponemos poéticos.

Por allí, otro rotífero -esta vez sin lorica- enseña, con orgullo, su enorme nariz, por lo que habrá que llamarle Cyrano de Bergerac, en honor al pionero de la literatura de ciencia-ficción.

Con grandes aumentos observo el interior de una Spyrogira, con sus cloroplastos de forma helicoidal y esas pequeñas esferas negras, los pirenoides, que vibran plenas de vida. Tal vez este fluido vibrante, esta corriente de energía -poniéndonos inusualmente especulativos aunque nunca fantasiosos- podría tratarse del élan vital de Bergson o, incluso, del anima mundi de Schelling. Estos máquinas, al contemplar absortos el interior vívido de la Spyrogira, hubieran pensado lo mismo, sin duda alguna.

Del Freswater Microscopy sacamos esta ilustración de las partes constituyentes de la Spyrogira.

Spyrogyra según Freshwater Microscopy

Muy cerca, también debatiéndose entre la maraña de algas, encuentro un tardígrado, animalillo achuchable donde los haya y muy famoso porque entra en criptobiosis en cuanto deja de tener agua disponible. Además recuerda a animales mucho mayores, con su hocico, sus inteligentes ojillos y sus patas rematadas en tres uñas. Este ejemplar está haciendo patinaje sobre el cristal del portaobjetos, superficie poco fiable para clavar las uñas y poder moverse a su antojo.


 Y una diatomea Gyrosigma algo loca, tirándose por un trampolín y volviendo a subir.

Y, para terminar esta entrada dedicada a estos personajes tan variopintos, la joya de la corona, el protozoo más famoso y temido con justicia y sin ella: la ameba.

Spyrogyra según Freshwater Microscopy

Este ejemplar es muy pequeño y se encarga de dar cariño  a unas algas flageladas que ni se inmutan, acariciándolas con su suave y acogedor ectoplasma.

Con este icónico organismo finalizamos la última entrada de esta serie dedicada a la gota de agua. Hemos observado una buena variedad de organismos, unicelulares y pluricelulares, tanto vegetales -algas flageladas y filamentosas, diatomeas - como animales, rotíferos, tardígrados, crustáceos, ciliados y amebas. En próximas entregas más universo microscópico, de la mano del Manual de Microscopía de Bruno Kremer.

CONTINUARÁ

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