lunes, 1 de diciembre de 2025

Micropaisajes VIII: el universo en una célula (orgánulos: entre núcleos y vacuolas)

Continuamos la anterior entrada -dedicada a la morfología celular- explorando las interioridades de la célula, sus orgánulos y todas esas cosas que flotan, cual bebé en la tripa de su madre, en los confines de la pared celular. Como siempre, estamos siguiendo el hilo argumental del magnífico y enciclopédico libro de Bruno P. Kremer Manual de Microscopía


Disclaimer de turno: como siempre, todas las fotos son de un servidor a menos que se diga lo contrario, y en la redacción de esta entrada no hay IA ni se la espera. 

La primera experiencia explicada en el libro también es la más fácil e inmediata: rascarse el interior de la mejilla con el dedito (limpio y con las uñas cortadas, si puede ser) o con una cucharilla. Un servidor elige la segunda opción, por eso de recoger la mayor cantidad de epitelio bucal posible.

Coloco el espeso líquido en un porta y procedo a la tinción, de izquierda a derecha, con los colorantes rojo Congo, azul de metileno y solución de Lugol, para comparar observaciones. Por añadir rapidez, pongo el porta en el calientatazas para evaporar el agua, y después lo enjuago con agua limpia, para eliminar el exceso de colorante.

Epitelio bucal: preparación con rojo Congo, azul de metileno y Lugol
Primero observamos las células escuamiformes, laminares y arrugadas, del epitelio bucal, teñidas con Lugol. La solución de Lugol es un colorante que reacciona con las proteínas y el almidón volviéndolos marrones y azules, y es muy efectivo en células vegetales. En este caso tenemos una célula animal, por lo que el efecto de coloración es prácticamente nulo.

Al microscopio se observa una célula típicamente animal, rodeada de su membrana plasmática, muy delicada con multitud de arrugas y pliegues, y con un núcleo celular muy marcado. Parecen pequeños huevos fritos, por sacar la analogía chorra del día.

Epitelio bucal como huevos fritos, bajos aumentos, tinción de Lugol

Con azul de metileno la cosa cambia: las células se colorean pudiéndose apreciar mejor el núcleo, muy oscuro, y las formas recortadas y caprichosas de las células.

Epitelio bucal, bajos aumentos, tinción con Azul de Metileno  

Subiendo los aumentos se observa que, además del núcleo, también aparecen diferentes orgánulos. El azul de metileno tiñe especialmente los núcleos celulares y las bacterias, que circulan, a millones, por toda la preparación, como bastoncillos mucho más diminutos que las propias células epiteliales. 

La muestra teñida con rojo Congo es ligeramente diferente: el tinte muestra más afinidad por el citoplasma que por el núcleo, de forma contraria a la tinción con azul de metileno. 

Epitelio bucal, aumentos medios, tinción con rojo Congo

A mayores aumentos, encuentro una especie de cabeza de perro que me hace gracia: sus vivos ojillos me observan con curiosidad, aunque realmente se trate de dos núcleos celulares casi superpuestos.

Perro mirando a izquierda, altos aumentos, tinción con rojo Congo
Con iluminación de contraste de fase la membrana celular es mucho más patente, ya que se destaca contra el fondo, casi negro. En su interior los núcleos brillan como un sol, y alrededor se arremolinan cadenas de orgánulos, visualmente más oscuros.

Epitelio bucal, altos aumentos, iluminación de contraste de fase

Proseguimos con un clásico de la microscopía de células vegetales: la observación de la epidermis de la escama de cebolla. Encuentro, en mi colección personal, una preparación casera de cebolla, teñida con eosina, y otra de muda de reptil, una de esas interesantes guarrerías con las que uno se topa ya sea en el campo o en su propia keli. Además, estos dos tejidos poseen ciertas similitudes, aunque una esté compuesta de células vegetales y la otra de células animales.

Preparaciones caseras de mi colección personal
Las células de epidermis de cebolla semejan hexágonos aplastados; las membranas plasmáticas son extremadamente finas, conteniendo un líquido acuoso en el que flota el núcleo -que se aprecia como una mancha ovalada algo más oscura- además de otras pequeñas esferas móviles llamadas vacuolas. 

Epidermis de cebolla, bajos aumentos
Elevando aumentos se aprecia mejor el núcleo, de color rojizo, la membrana plasmática y las diminutas vacuolas, pequeños depósitos que contienen sustancias fundamentales para la vida del vegetal como sales, metabolitos y pigmentos. Además rellenan la célula otorgándola turgencia y estabilidad.

Epidermis de cebolla, altos aumentos

La muda de reptil -la exuvia o capa córnea- es una epidermis al igual que la de la cebolla, con las particularidades de la célula animal: la principal diferencia es su forma, más o menos redonda en lugar de hexagonal. En este caso son células escamosas, ya muertas, cuyas gruesas membranas está compuestas de queratina, una proteína fibrosa muy dura y resistente.

Muda de reptil, bajos aumentos

La mayoría de las escamas son planas, como corresponden a un pellejo, un recubrimiento. Sin embargo, también se distinguen escamas tridimensionales que parecen salientes, como pinchos: se trata de escamas carenadas o quilladas, típicas de las lagartijas y culebras de toda la vida. 

Escama carenada en muda de reptil, altos aumentos

Seguimos con las células animales. Nuestro manual indica que debemos coger una muestra de panceta fresca, pero un servidor es fit y no ingiere semejante bomba calórica salvo fiestas de guardar. Lo sustituyo por un trozo de saludable y magra carne de pavo, que corto transversalmente con el bisturí, coloco sobre el portaobjetos y observo bajo luz polarizada. Se aprecian las fibras musculares, longitudinales, así como los glomérulos de grasa que parecen recubrirlas.

Carne de pavo, bajos aumentos, luz polarizada con analizador sin cruzar
Girando el prisma analizador, las membranas celulares se tiñen ópticamente de un azul violáceo, dando la sensación de que estas células poseen una morfología tubular.

Carne de pavo, misma vista que la anterior, luz polarizada con analizador cruzado

Volvemos a las células vegetales, donde nuestro manual hace hincapié en la detección de vacuolas, utilizando para ello pulpa de baya de aligustre. Como no dispongo de este material, voy a utilizar una rica y sana compota de manzana además de unas bayas de Juniperus que birlé en un parque de mi ciudad.

Las células de la manzana asada, vistas al microscopio, aún se muestran lo suficientemente turgentes y definidas, y son vagamente esféricas u ovaladas. Los núcleos celulares no son patentes.

Compota de manzana, bajos aumentos
Subiendo aumentos, salta a la vista una bella célula poligonal que encierra un arrugado amiloplasto, una vacuola especializada que almacena gránulos de almidón.

Célula con amiloplasto, compota de manzana, altos aumentos
Pasamos a la pulpa del Juniperus communis, un arbusto ornamental también conocido como enebro. Sus pequeños frutos -o más técnicamente gálbulos- al ser machacados en un mortero, desprenden un olor muy característico, y se emplean para fabricar ginebra y como aderezo culinario

Juniperus communis de parque urbano
Tras machacar las bayas y degustar su aroma embriagador, coloco algo de la pulpa sobre el portaobjetos, iluminando con polarización. A bajos aumentos y analizador cruzado, se aprecian unas células rellenas de un fluido birrefringente, posiblemente los aceites esenciales que otorgan al fruto su olor tan característico. 

Pulpa de baya de Juniperus, bajos aumentos, polarización
A mayores aumentos se aprecia la diferencia de coloración óptica del interior de la célula, cuya vacuola ocupa la práctica totalidad de la misma.

Pulpa de baya de Juniperus, altos aumentos, polarización

Continuamos con las vacuolas con un producto rico y sano a más no poder: el pepinillo agridulce, un básico de cualquier nevera que se precie. 

Corto el pepinillo en sentido transversal, cerca de un extremo, y me como el resto del pepinillo pidiendo salud para el amable lector o la amabla lectora. De la puntita, con un bisturí corto una delgada capa y al microscopio. 

Pepinillo, bajos aumentos

Aparecen multitud de hermosas y abultadas células esféricas llenas de agua, que se apretujan unas contra otras en un denso tejido húmedo. Dentro de cada una encontramos un núcleo de gran tamaño -en el que se puede apreciar el pequeño nucleolo en su interior- así como su membrana plasmática, similar a un globo lleno de agua que se aplasta contra los que tiene a su alrededor.

Pepinillo, aumentos medios

Nuestra última experiencia por hoy corresponde a un objeto que ha pasado a los anales de la historia de la microscopía: el corcho, tal y como lo observó un de los padres de la microscopía: el insigne Robert Hooke en su obra magna, la Micrographia. Por cierto, Hooke fue el primero en utilizar la palabra célula (cell) al observar la sección del corcho con su rudimentario microscopio, comparando sus estructuras a las celdas de los panales de abejas, y a las habitaciones de los monjes en los monasterios.

Abro, pues, la observación XVIII de la Micrografía (edición en español del Círculo de Lectores): "De la estructura o textura del corcho y de las celdas o poros de algunos cuerpos esponjosos semejantes"

Corcho en la Micrographia
Nos dice Hooke;

Cogí un trozo bien claro de corcho y con un cortaplumas tan afilado como una navaja de afeitar, corté un trozo, dejando su superficie extraordinariamente lisa. Al examinarlo luego con mucha diligencia con un microscopio pensé que podía ver cómo aparecía un poco poroso, pero no era capaz de distinguir los poros con la suficiente claridad como para estar seguro de que lo eran, y mucho menos para estar seguro de cuál era su forma. Sin embargo, juzgando por la ligereza y blandura del corcho que sin duda su textura no podía ser tan delicada que, de recurrir a una mayor diligencia, no pudiera quizá hallar el modo de discernirla con un microscopio, con el mismo cortaplumas afilado separé de la anterior superficie lisa un trozo extraordinariamente delgado y, colocándolo en un portaobjetos negro, dado que se trataba de un cuerpo blanco, y proyectando sobre él luz con una gruesa lente plano-convexa, pude percibir con enorme claridad que estaba todo perforado y poroso, muy a la manera de un panal, aunque sus poros no eran regulares.

Con el bisturí, y cierta dificultad por la dureza del corcho, corto una fina sección longitudinal, que se desmenuza parcialmente. Al microscopio observo lo mismo que Hooke: multitud de celdillas con sus membranas plasmáticas lignificadas: al tratarse de un tejido muerto, no posee contenido celular alguno.

Corcho, sección longitudinal, bajos aumentos

De esta forma tan histórica finalizamos esta entrada sobre células y vacuolas. En las siguientes continuaremos repasando el manual de Kremer, para observar paredes celulares y demás apasionantes materias.

CONTINUARÁ 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entrada destacada

Incursiones cotidianas: arquitectura de una playa invernal

Una de las actividades más placenteras -al menos para el que suscribe- es un paseo invernal por una playa desierta. Y si es un playazo, mejo...