lunes, 19 de diciembre de 2022

Rutas vintage: 1926, Sierra de Guadarrama II (explorando El Plantío)

Continuamos el periplo siguiendo las huellas de nuestra guía geológica de 1926 con destino la famosa Sierra de Guadarrama, que separa Madrid y Castilla y León compartiendo territorio. Como seguro nos acordamos, dejamos la anterior entrada en el puente de San Fernando.

Página de la guía
A partir de ese punto nuestra guía, que sigue en sus primeros kilómetros la vía de ferrocarril Madrid-Irún, avanza entre las cuencas sedimentarias de los ríos Guadarrama y Manzanares hasta alcanzar la colonia del Viejo Plantío, antaño un poblado de filosofía higienista (apoyado en los frondosos bosques de pinos del Monte del Pilar y el cazadero de El Pardo) y hoy un estrecho reducto encajonado entre la vía del tren y la autovía A-6. Por cierto nuestra guía explica, muy acertadamente, que los bosques cercanos semejan los de Extremadura, Salamanca o la Bética.

En 1926 la colonia estaba en su máximo apogeo, y duró así hasta la infausta y muy añorada por algunos Guerra Civil Española, que destruyó multitud de los "hotelitos" que servían de segundas residencias a pequeños burgueses y profesionales de la capital española.
Antes de comenzar a recorrer este peculiar enclave tenemos que explicar su morfología: se trata de una urbanización estrecha y larga entre la A-6 y la avenida de la Victoria (antigua N-VI), con una o dos calles paralelas a esta ultima y multitud de calles transversales que configuran manzanas más o menos cuadradas. La construcción del apeadero, en 1920, fomentó que la mayor densidad del poblado se diera alrededor del mismo, como luego veremos.
Reja original en C/ Pilar Andrade
Pues bien, comenzamos en el cruce de la avenida de la Victoria con la calle de Pilar Andrade. Avanzamos por ésta última y encontramos, a nuestra izquierda, una vieja y oxidada puerta de reja que nos permite imaginar el aspecto del barrio hace cien años, cuando todavía no se habían descubierto las bondades de las ristras de impersonales y anodinos chalets adosados. Detrás de la reja, un sencillo cubito.
Vivienda popular en peligro de extinción, en la C/ Pilar Andrade

Tras pasar la calle Rafael Villa encontramos, a la izquierda, una casita blanca de una altura construida en 1946, que me recuerda a las viviendas de Regiones Devastadas. Trato de grabarla en mi retina ya que no creo que dure mucho: si en una parcela puedes construir dos o tres alturas ¿por qué conformarnos con una?

Volvemos a la calle Rafael Villa y la cogemos en dirección noroeste. A la derecha, un grupo de viviendas unifamiliares de estética muy noventera, con una falsa fachada de ladrillo que quizás pretenda camuflar el funcional conjunto. En la esquina con la calle de Gerda Taro (legendaria fotógrafa que murió en la GCE aplastada por un tanque) encontramos un solar cerrado con otra reja antigua, quizás esperando chaletazo. A la derecha, unos interesantes chalets adosados de los años 60, con buenos ventanales y juegos de volúmenes. Más allá, a la izquierda, una casa blanca de dos alturas construida en 1950, que podría estar en cualquier pueblecito; tiene un emparrado muy chulo, por cierto. 

Casa neovernácula de 1960, en C/ Sáinz de la Calleja
Seguimos hasta la calle de Sáinz de la Calleja, que cogemos a la derecha hasta encontrar un interesante chalet que parece, con su entramado separando paños de ladrillo, una construcción vernácula salmantina o un caserío vasco, a elegir.

Volvemos a la calle de Rafael Villa, donde avanzamos entre casas sencillas, encaladas, de arquitectura popular, y chalets más modernos, algunos cúbicos pero sin estridencias: ibicencos, porqué no.

Pseudocaserío fake en José Lombana Iglesias esquina Faustino Garijo
Cruzamos la calle de Walman y avanzamos entre verdes muros de hiedra que esconden viviendas de varias épocas y estilos similares a los ya vistos. Giramos la izquierda en Carlos Dubois para coger, a la derecha, la calle de José Lombana Iglesias. En el cruce con Faustino Garijo encontramos otro sucedáneo de caserío, con entramado visto en la parte superior del hastial y alero volado; interesantes las caóticas rejas blancas.

Trasera de la villa "El Capricho", luego veremos la delantera
Cruzamos Montero Calvo y, en la esquina, encontramos un edificio casi totalmente tapado con una verde enredadera, lo que me hace recordar el famoso dicho de Frank Lloyd Wright "un médico puede enterrar sus errores pero un arquitecto apenas puede aconsejar a sus clientes que planten enredaderas". Un servidor lo ha sugerido en alguna obra suya y funciona, oiga.

Un poco más adelante, a la izquierda, encontramos la trasera de la villa más llamativa de El Plantío: "El Capricho", con su elegante torre que mezcla el estilo art decó con un regionalismo que recuerda a las casonas de indianos asturianas. A la vuelta del recorrido la visitaremos por su frente aunque observamos el par de copas que flanquean la entrada, símbolos de la abundancia de unos antiguos propietarios fetén

Vivienda de Antonio Palacios, arquitecto

Justo en la esquina con la calle de Cimarra descubrimos un precioso muro de ladrillo con una original rejería, de estilo art decó. Pertenece a la casa del gran arquitecto Antonio Palacios Ramilo, edificada en 1943 y en la que el propio Palacios murió en 1945. Se trata de una vivienda bastante discreta, de estilo regionalista que nada tiene que ver con los bizarros edificios pétreos diseñados por el arquitecto, como el Palacio de Telecomunicaciones (actual ayuntamiento de Madrid) o el Círculo de Bellas Artes.

Continuamos dejando atrás tres parcelas vacías -a ver lo que duran- y unos adosaditos hasta llegar a la calle de Ginés y Navarro, que nos fuerza a girar a la izquierda, llegando a la calle principal de El Plantío, la Avenida de la Victoria.

La parroquia de El Plantío, de 1940

Cruzamos la calle y, a la derecha, encontramos la iglesia del poblado, Nuestra Señora del Carmen, construida en 1940 en un estilo regionalista manchego. El blanco patio porticado, con columnas soportadas por pequeños contrafuertes, es verdaderamente agradable.

Frondoso arroyuelo

Avanzamos en dirección noroeste -junto a un murallón de interesantes adosados blancos y prismáticos- para toparnos con un frondoso regato con sauces llorones (que luego recorreremos de vuelta) y lo cruzamos por un puentecillo, enfilando la calle de Álvaro Caballero.

Casona en C/ Álvaro Caballero esquina C/ Federico Agustí
En la esquina con la calle de Federico Agustí encontramos una reluciente villa de 1942 que parece asturiana, con elementos pintados en esquinas y vanos.

Cogemos esta calle, a la izquierda, hasta desembocar en la calle de Cuevas del Valle, limitada por la vía del tren. Un cercanías pasa raudo y veloz, cortando el murmullo incesante de la autovía A-6.

Tejado y toldos en calle Federico Agustí esquina Cuevas del Valle

En esta esquina encontramos un chalet equipado de larguísimo tejado y toldos a rayas muy vintage, evidenciando que se construyó en 1960.

Un "hotelito" de 1940, en C/ Cuevas del Valle
Seguimos Cuevas del Valle en dirección noroeste, con el talud de las vías a la izquierda. A la derecha aparece un pequeño chalet color crema construido en 1940, infiriendo que estamos alcanzando el núcleo más primitivo de El Plantío, que se configura en torno al antiguo apeadero ferroviario.

¿Rem Koolhaas en El Plantío?

En la esquina con la calle de Burgohondo encontramos un hotel de tres estrellas; extraña ubicación, pardiez ¿será un picadero?. Más adelante una extraña visión: un edificio blanco de picudos salientes, esquinas desmochadas y ventanales imposibles de limpiar, que inmediatamente me trae a la memoria la Casa da Música en Oporto, obra del vanguardista arquitecto Rem Koolhaas. Me parece un pegote de campeonato, pero lo que importa es que le guste al dueño, faltaría más.

Caserío de gran porte en C/ Domingo Álvarez
Llegamos a la calle de Domingo Álvarez y miramos en lontananza: a lo lejos otro pseudocaserío vasco, de gran porte. Mucho historicismo del norte de España por estos lares, por cierto. 

Tremendo mirador

En la esquina de Cuevas del Valle con Federico Oriol encontramos otro hito de la arquitectura moderna, un edificio de oficinas dotado de un impresionante mirador de 180º. Me presta más que el Koolhaas, sin duda.

Proseguimos hasta el final de la calle, donde encontramos un agradable restaurante en el antiguo edificio del apeadero de El Plantío, sustituido por la moderna estación de Majadahonda, algo más adelante. Luego inspeccionaremos el edificio en un mejor lugar.

Casa de 1929

Tiramos por la avenida de la Estación y luego a la izquierda, por la calle del Ferrocarril, bordeando un enorme colegio franqueado de multitud de modernos adosados. En la esquina con Virgen de Icíar se yergue una casa de estilo andaluz datada en 1929, la más antigua que hemos visto hasta ahora, y probablemente de lo poco que queda del Viejo Plantío en esta zona.

Racionalismo, para variar
Frente a la casa cogemos un paso peatonal, que nos lleva a la misma calle Virgen de Icíar. Casi al final de la calle encontramos, como último resto del Viejo Plantío, una blanca vivienda cúbica de 1950, de aspecto racionalista.

Salimos de nuevo a la avenida de la Victoria, esta vez metamorfoseada en un feo carril de incorporación a la A-6 con carril BusVAO, que seguimos a la izquierda. Al poco encontramos la entrada de una urbanización de bloques aislados en H que funcionan de forma autosuficiente, con bares y tiendas. Me cuelo por ahí pero no encuentro salida a la vía del tren, que es lo que intento lograr. Por tanto sigo por el carril anterior hasta alcanzar el enorme aparcamiento de la estación de Majadahonda, que bordeo por la izquierda por un sucio barrizal. Llego a una puerta abierta que me lleva al andén de la estación.

Andén de la estación de Majadahonda

Hay que cruzar al otro lado por eso de llegar al bosque del monte del Pilar, por donde volveremos. Para ello uso el subterráneo ad hoc, que me lleva al pequeño vestíbulo de la estación, por donde salgo a un destartalado aparcamiento.

Estación de Majadahonda

Frente a mí algo inesperado: un enorme edificio abandonado, con un entramado metálico de vigas inclinadas que esconde muros cortina de vidrio y paramentos ciegos pintarrajeados por los ubicuos Banksys de pacotilla. Me acerco y lo observo, a través de su vallado de obra. Dentro, un sujeto se mueve de un lado a otro como buscando algo. Me mira y agacha la mirada, como si no quisiera verse escrutado.

Monumento al despilfarro

Se trata del edificio de la London School of Economics, el típico proyecto faraónico de político megalómano y trincón apoyado por un banco o institución privada aún más oportunista, aderezado con el visto bueno por una población local que se pirra por tan fardón e identitario edificio. Un clásico a la altura de la Ciudad de la Justicia y tantas otras: regalar suelo público a instituciones privadas a cambio de no se sabe qué exactamente. Propongo un nuevo uso acorde con los tiempos: un botellódromo con distintos ambientes según renta per cápita, que en Majadahonda hay de todo y no se suelen juntar.

La London School of Economics
Tiro hacia el sureste adentrándome en el pinar, y subo por el camino que bordea el enorme mamotreto: la de pasta que se han dejado aquí. Encuentro una caseta semienterrada que exploro, encontrando un posible ramal abandonado de la conducción del Canal de Isabel II, cuyo depósito enterrado se encuentra unos cientos de metros al sur de donde me encuentro.

Ruina fontaneril

Desde este punto camino por el pinar siempre paralelo a la vía del tren, en dirección sureste. El suelo está húmedo y mullido por las últimas lluvias y los pinos piñoneros son de gran porte, con amplias copas en forma de paraguas. Miro hacia la Sierra, nuestro destino final, apreciando la conocida silueta del monte Abantos, tras El Escorial.

Nuestro destino final: el monte Abantos y la Sierra de Guadarrama

El mapa geológico me informa de que estoy pisando un suelo de arcosas gruesas y lutitas ocres, es decir, areniscas y sedimentos oscuros y compactados, pertenecientes a las cuencas fluviales de los ríos Manzanares y Guadarrama.

Setitas en el pinar, Collybia

En el suelo hay multitud de agrupaciones de setas, algunas muy pequeñas que parecen del género Collybia

Un cuesco de lobo, no pisar

También encuentro algunos ejemplares sueltos de Lycoperdon perlatum, conocido como pedo de lobo porque al pisarlo revienta soltando aire con esporas.

Por el amable pinar

Sigo por el pinar -paralelo a la vía- hasta que veo el edificio del antiguo apeadero, reconvertido en restorán. Sobre el balcón central unos azulejos rezan "El Plantío-Majadahonda (APTRO)", evidenciando que no fue solo apeadero sino también apartadero: un lugar donde los trenes podían desviarse y aparcar, además de coger y dejar pasajeros.

Sendero ferroviario
Seguimos pegados a la verja de las vías hasta que no podemos más: una valla nos impide toda progresión; menos mal que un buen samaritano hizo un boquete por el que se puede acceder al recinto ferroviario, por lo que avanzo a unos metros de la vía del tren sin elementos de separación, por un sendero bien marcado. Un padre y su niña recogen ramas y restos de troncos, supongo que para alimentar la chimenea y, de paso, joder al autócrata ruso.

Arroyo de Valhondillo

Llegamos al arroyuelo de antes (el de los sauces llorones): ocasión inmejorable para regresar a El Plantío cruzando el tremendo borde (como bien diría Kevin Lynch) que es una vía férrea. Avanzo por el túnel, sorteando cantos rodados y enormes charcos, hasta llegar a la calle de Cuevas del Valle y, siguiendo el regato, a la avenida de la Victoria. 

Puerta con anagrama en Avenida de la Victoria
Prosigo en dirección sureste hasta alcanzar el Colegio Japonés de Madrid y, al lado, una casona abandonada de curiosa puerta con anagrama, de estilo art decó (1940).

"El Capricho" por delante

Unos doscientos metros más adelante encontramos el frente de "El Capricho", una villa de 1950 de espectacular torre flanqueada por pináculos.

Acceso al monte del Pilar

Un poco más adelante y a la derecha, una elegante rampa de época -las bolas lo delatan- lleva a cruzar la vía y acceder al monte del Pilar, verdadera razón de ser del Viejo Plantío, asueto y asoleo de los antiguos pobladores.

Terminamos con un extinto y antiguo vivero

Más allá, a la izquierda, observamos un abandonado vivero que comenzó sus andadas en 1955 y las finalizó recientemente. Una parcela de suelo industrial (así lo expresa el Catastro) que veremos en qué se transforma ¡hagan juego, señores!.

Pues finalizamos nuestro periplo de hoy donde lo comenzamos, y bien que ha merecido la pena. Hemos seguido nuestra vieja guía geológica descubriendo este enclave tan peculiar, plagado de preexistencias y sabor añejo que nos han retrotraído casi un siglo atrás, descubriéndonos otros matices que quizás no nos esperábamos.

Sin embargo todavía quedan varias entradas para alcanzar nuestro objetivo: la Sierra de Guadarrama, que los maestros Hugo Obermaier y Juan Carandell tienen mucho que ofrecernos.


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miércoles, 9 de noviembre de 2022

Rutas vintage: 1926, Sierra de Guadarrama I (Madrid-puente de San Fernando)

Tras el éxito de crítica y público de nuestra anterior entrada sobre XIV Congreso Geológico Internacional, que se celebró en Madrid en 1926, volvemos a la carga con otra ruta de esas de las que hacen época, nunca mejor dicho: la excursión B-2 desde Madrid capital a la Sierra de Guadarrama.

Libro y cuadernillo

Además, hay de detrás de esto una historia muy curiosa, de esas serendipias que pasan de vez en cuando e inspiran otros temas, que salen tangenciales sin que uno se lo proponga. Resulta que, al recibir el libro desde una librería de Alemania (compré el libro por Abeboks, y en francés por equivocación), me percaté de que estaba firmado por el anterior propietario: H. Cloos. Coño, me dije, si tengo un libro de un tal Hans Cloos en la estantería, llamado Diálogo con la Tierra.

Esto es para nota
Y, efectivamente, el libro me ha venido directamente de la biblioteca de Hans Cloos, uno de los geólogos alemanes más prominentes, que hizo estudios pioneros en las fallas tectónicas, además de ser un viajero y explorador avezado. Como no podía ser menos y dada la extraña casualidad, tengo el honor de dedicarle estas entradas. Espero que no se me queje el amigo Hans, desde el otro barrio.

La guía de la excursión está escrita por Hugo Obermaier y Juan Carandell Pericay: el primero prehistoriador, paleontólogo y cofundador de la arqueología española; el segundo geólogo y catedrático, sabio de todo un poco. Un par de buenos ejemplares a la altura de otros eruditos-exploradores que triscaban los campos en aquella época, como Henri Breuil, Juan Cabré, Teilhard de Chardin o Norbert Casteret.

Vista de la Sierra desde un aeroplano: justo debajo la Casa de Campo, al fondo las cumbres dibujadas en el gráfico de arriba

Partimos de la Estación del Norte o de Príncipe Pío, donde partía la línea ferroviaria Madrid-Irún que, más o menos, vamos a tratar de seguir hasta alcanzar la Sierra de Guadarrama. Nos situamos frente a la entrada sur de la estación, de aspecto afrancesado y edificado sobre las terrazas aluviales cuaternarias ligadas al río Manzanares, que tenemos a nuestra espalda. A lo Phileas Fogg comprobamos la hora en el reloj que corona la fachada, ya que es bien sabido que a los viajeros vintage nos va tal costumbre, por eso de tratar de revivir -aunque sea un ratito- un pasado ya pasado, valga la redundancia: son las 9:28 de un 31 de octubre de 2022.

Iniciamos la ruta

Sin más dilación cogemos la denominada Senda Real o GR-124, un presunto camino que serviría para salir de Madrid de forma peatonal, esquivando la maraña de autovías, líneas férreas, muros pintarrajeados, vallados insalvables u otros elementos de mal agüero que, con toda probabilidad, saldrán a nuestro paso ¿o no?

Lugar divertido

Cogemos el paseo de la Florida en dirección NO, por la orilla derecha, hasta llegar a un edificio de dos alturas que parece una muralla, con su pared inclinada: se trata de Casa Mingo, una antigua pollería situada en los antiguos almacenes de la Estación del Norte. Sin duda es uno de los comedores más costumbristas de Madrid: lugar cachondo donde los haya para culminar -si se hace a la inversa- la ruta que nos ocupa.

Rodeo las ermitas gemelas de San Antonio de la Florida y, por detrás, asciendo a una plataforma junto a las vías del tren. Me encuentro con lo esperable: un espacio de transición rodeado de los inevitables muros "decorados", un espacio multifuncional en el más amplio de los sentidos, incluso como punto limpio. Urbanpunk, me viene, y me acabo de inventar un término a mayor gloria del Imperio Británico.

Urbanpunk

Estamos en el parque de la Bombilla. Hacia el noroeste una pasarela salta las vías hacia el cementerio de la Florida, lugar ignoto e interesante donde los haya. No cruzamos, nos quedamos a la izquierda de las vías, recorriendo un camino bordeado de parterres tapizados de truños de perro: un lugar ideal para aliviarse, seguro que habilitado a tal efecto. Ante la invitación procedo frente a un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.

Kiosko algo sucio

Pasa el cercanías, un grupo de niños los contemplan alborotados. De frente, un kiosko con cartones y enseres variados, junto a unas pistas deportivas. Sigo por la Senda del Rey, entre buenos ejemplares arbóreos, y asciendo a la derecha por un bulevar hasta encontrar una marchita pérgola, con una somera lámina de agua detrás.

Parterre suburbano

Observo lo más interesante del conjunto: una Wisteria sinensis o glicina, de vainas parecidas a algarrobas que albergan judías tóxicas.

Edificio del complejo deportivo "La Bombilla"

Avanzamos cruzando una llamativa plaza, algo dura, hasta un interesante edificio perteneciente al complejo deportivo del parque de la Bombilla. Bajo una fina lámina de hormigón se articulan muros de ladrillo y ventanales, con interesantes patios de luz y un pinpón vandalizado, seguramente transformado en mesa de botellones. Una castaña se me cae encima, como el que no quiere la cosa.

Bernardo O'Higgins

Las vías del tren viran hacia el suroeste, por lo que no tenemos más remedio que cruzarlas por debajo. Llegamos a una estatua situada en un lugar que parece no pertenecerle, presidiendo una maraña de carreteras y puentes. Se trata de Bernardo O'Higgins, un general chileno considerado padre de su patria.

Los dos puentes de los Franceses, el viejo y el nuevo

Cruzo la avenida de Séneca por debajo del puente nuevo de los Franceses, sostenido en su vano ventral por unos pilares de hormigón en V bajo la M-500; al fondo el puente de los Franceses original, de 1862, con sus cinco arcos de medio punto que salvan el Manzanares.

Sendero de incorporación


Prosigo a la derecha del carril de incorporación a la M-30, donde encuentro un sendero -bastante agradable, quién lo diría- entre el recinto de la UNED y la propia carretera. Al otro lado un recinto que pone "Escuadrón de la Policía", o algo así.

Un conejo, raudo como el rayo, se introduce en su madriguera. Le he cortado el rollo, qué le vamos a hacer: rewilding a tope. A mi izquierda encuentro una sucesión de edificios interesantes cortesía de la UNED, la universidad más grande de España. Un servidor la ha probado, y es un buen sitio siempre y cuando uno tenga estómago. Queda dicho.

Observamos el cubo de la biblioteca de la UNED, un presunto hito de la arquitectura madrileña que me parece soso y carcelario a morir, cuestión de gustos. 

Brutalismo on fire

La cosa mejora al alcanzar la Facultad de Humanidades, antes Colegio Mayor Siao-Sin, destinado originalmente a alumnos chinos (!). Se trata de un templo al brutalismo más burro, con su toque Le Corbusier y sus enormes jácenas en U, de claro influjo metabolista. Arquitectura para paladares exigentes.

Chopo y bujero

Llegamos a un edificio con planta en peine, lo que aumenta la superficie acristalada, y una cubierta con óculos que da luz a los patios: se trata de la Facultad de Económicas y Empresariales, un interesante edificio especialmente en su parte trasera, que es la que estamos observando.

La Senda Real se ensancha

Más allá el campus universitario da paso a una zona de huertas y cultivos, con lo que la zona de la Senda -bordeada por poderosos chopos y fresnos que evidencian un bosque de galería- se ensancha dejando a la derecha el Palacio de la Moncloa, donde mora el apolíneo y vacuo presidente del Gobierno de España. Me fijo en su muro perimetral y en el propio palacio, edificado en 1949 sobre los terrenos del Real Sitio de la Moncloa, una finca agrícola perteneciente a la aristocracia allá por el siglo XVII.

Muro de la Moncloa

Un estruendo de disparo seco corta el viento, dándome un susto de muerte. Infiero que viene de la Moncloa ¿qué estarán haciendo? Visualizamos el mapa geológico: estamos en un terreno formado por cantos y gravas sobre terraza de arenas, arcillas y limos.

Llegamos al cruce con la calle que lleva a la entrada del palacio, la cruzamos y seguimos por la Senda Real. A la izquierda nos encontramos un cartel de interpretación, de esos que casi nadie mira.

Cartel

Nos informa que la Senda Real que estamos transitando data de la época de Enrique III de Castilla, cuando a éste se le ocurrió construir un pabellón de caza en el cercano monte de El Pardo. Aquí se encuentra el Centro de Experimentación de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, una lugar dedicado a cultivos, laboratorios agronómicos y naves ganaderas, todo ello dedicado a la investigación.

Pasado este complejo aparece in austero edificio de ladrillo rojo, perteneciente al complejo de Veterinaria de la Complutense: se trata del Hospital Clínico Veterinario, seguramente lo mejor de Madrid en cuidados veterinarios. 

Me han alegrado el día

En un lateral un vallado y una tolva con paja. Me acerco y, al otro lado de la verja, unas ovejas se acercan, quizás esperando su ración de pienso, luego existo. Sus bocas esbozan una ligera sonrisa y su mirada, fija en mí, brilla con la fina inteligencia que solo puede otorgar el herbivorismo gregario.

Sigo hasta que llego a una pasarela que cruza la M-30. Huele bastante mal, y me da por pasar al otro lado. La razón es que aquí se encuentra la EDAR "Viveros de la Villa", una estación depuradora de gran plasticidad visual.

Con razón olía mal

Se trata de una obra del arquitecto Javier Feduchi Benlliure, finalizada en 1985. La repetición de sus piscinas, algunas cubiertas y otras no, unidas al olor a alcantarilla, crean un efecto lisérgico, hipnótico. Como telón de fondo los pinares del Club de Campo, un selecto club solo apto para prohombres y promujeres.

Regreso por la pasarela y cruzo por debajo de un ramal de la M-30, para encontrarme con la Granja Docente de la Complutense, que ocupa el espacio intersticial entre la M-30 y la A-6, junto a un nudo de comunicaciones en toda regla. Unas vacas blancas con manchas pastan ajenas a todo el tinglado.

Granja

Cruzamos la A-6 por debajo, alcanzando un punto limpio. Después volvemos a pasar por debajo de un ramal de autovía; vaya lío, aunque sin pérdida. A nuestra izquierda, un pinar de pino piñonero. Encontramos otra pasarela, que esta vez cruza la carretera de la Dehesa de la Villa. Al otro lado encontramos otro bosquecillo.

Bosquecillo

Sigo por la Senda Real pegado al carril de incorporación a la M-30, en una vorágine mareante de asfalto: carriles, autovías, carreteras y coches, muchos coches. A la izquierda se halla la pequeña y elegante Puerta de Hierro, en un espacio de acceso prácticamente imposible. Construida en 1751 como puerta de acceso al monte de El Pardo en estilo barroco francés, resiste empequeñecida al desarrollismo rampante aunque necesario en una ciudad de este tamaño, no nos pongamos tremendos.

La Puerta de Hierro, de acceso imposible

Seguimos por la Senda hasta alcanzar otra pasarela peatonal, ya en pleno Anillo Verde Ciclista, por lo que extremo las precauciones y cruzo al otro lado hasta llegar al histórico puente de San Fernando, construido en 1749, donde finaliza la primera etapa de la ruta.

Sobre el puente de San Fernando

Observo las dos estatuas que flanquean los pretiles: se trata de San Fernando y Santa Bárbara, es decir, el rey Fernando VI y su señora Bárbara de Braganza. Un pelotón de ciclistas senior me pide que les haga una foto de grupo: les echo más de 70 tacos de vellón, y parecen gozar de una lozanía y una alegría envidiables. Así da gusto, oiga.

El Manzanares

Observo el río: una bandada de ánades reales nada sin preocupación. Me pregunto cómo será la siguiente etapa de nuestro camino a la Sierra de Guadarrama, guiados por una antigua guía geológica. Supongo que, al salir de Madrid, el paisaje y sus características se irán haciendo más naturales, aunque no más interesantes. Porque lo más importante, como nos gusta recordar, no es lo que miras, sino cómo lo miras.

Y en eso estamos...

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domingo, 16 de octubre de 2022

Unboxing literario: Lübke y la exploración espeleológica (I)

Continuamos la entrada anterior sobre el precioso libro generalista de Anton Lübke, editado en 1961 y plagado de evocadoras imágenes, en blanco y negro sobre fondo amarilleado y envejecido, que tengo el placer de desvelar para asueto y solaz de mis presuntos lectores.

Vamos pues, siguiendo el guión de este libro aunque sin copiar -eso denota incapacidad y mal gusto a partes iguales- a recorrer la historia de la espeleología desde la Edad Media hasta la fecha de edición del libro. Y no nos referimos al uso de las cuevas como refugio o vivienda, tan antiguo como la Humanidad, sino al momento en el que las cuevas fueron exploradas por su valor científico, estético o, simplemente, por pura curiosidad. En esta entrada (de dos, por lo menos) vamos a recorrer esta historia desde sus primeros albores, algo magufos como corresponde la la época (siglo XV) hasta el comienzo de la investigación propiamente científica de las cavernas (siglo XIX).

Una exploración espeleológica literaria: Don Quijote en la sima, defendiéndose de los animales (Grabado de Gustavo Doré, Cervantes Virtual)

Comenzamos en 1490, Alemania: Hans Breu exploró la cueva de Sofía, con el objetivo de encontrar salitre para fabricar pólvora, uno de sus componentes. En esa época estaba de moda buscar la terre nitreuse (los nitratos y fosfatos del salitre) en cuevas horizontales, donde también se encontraban -ya que estamos- oro, plata y otros elementos útiles.

La cueva de Sofía (Frankenjura)   

De 1535 nos ha llegado un legajo de un tal Berthold Buchner, en el que se narra la exploración de la cueva de Breitenwinner acompañado de otros lugareños de Amberg, Alemania. Un dato curioso es que, por primera vez, se enumera el material que se emplea para la exploración: linternas, yesca, cuerdas, escalas, martillos, picos y, cómo no, pan y vino, para que todo se haga más llevadero.

Huesos en la cueva de Breitenwinner (greaterancestors)

También describe la exploración, donde lo principal era asegurarse la salida mediante una cuerda, a lo hilo de Ariadna, y, para horror de las almas más sensibles, esto se conseguía marcando con señales las paredes de la cueva. Descendieron la friolera de dos mil metros para encontrarse una sala llena de huesos, que ellos tomaron como "de gigantes". Más allá otra sala, con esqueletos humanos empotrados en la roca, lo que engoriló a la peña haciéndolos picar como locos para llevarse lo que pudieran, cosa que yo también hubiera hecho en su lugar y época, qué coño. Tras ésta, varias salas más llenas de huesos hasta que encontraron una cascada de un río subterráneo y, adyacente a ésta, una especie de capillas con esculturas y una fuente, donde refrescaron el vino, y otros elementos curiosos descritos por Buchner. Afortunadamente y tras no pocos accidentes, todos consiguieron salir de la cueva más o menos ilesos.

treppe in der maximiliansgrotte schauhöhle
La cueva de Maximiliano, hogar de la estalactita más tocha de Alemania (Maximiliansgrotte)

En 1596, también en Alemania, se exploró la cueva de Maximiliano, con el objeto de conseguir oro a partir de placeres auríferos y salitre, desmenuzando estalactitas y estalagmitas. Parece ser que este objetivo tan poco ecológico fracasó, pero se descubrieron cosas interesantes. De las paredes -a modo de limpieza- se retiró la capa más blanda denominada nihilum album, vendiéndose después como ungüento medicinal, al igual que los dientes de oso de las cavernas, que trituraron para ese mismo fin, y la terra sigillata, un barro excelente para la piel. Pragmatismo germánico: del cerdo, hasta los andares.

Portada de Le Monde Sousterrein, del extraño Jacques Gaffarel

Poco después pululaba por este mundo el gran polímata y jesuita excéntrico Athanasius Kircher -al cual prometo una entrada dedicada a su figura-, que escribió Mundus Subterraneus en 1646, basándose en la obra de Jacques Gaffarel, un curioso cura experto en Cábala que escribió Le Monde Sousterrein. A la moda de entonces nos presenta el siguiente título, algo calenturiento:

"El mundo subterráneo, o descripción histórica y filosófica de los más bellos antros y las más raras grutas de la Tierra, cavidades, agujeros, bodegas, guaridas secretas, construcciones ocultas de diversos animales, tribus desconocidas; de los abismos, gargantas, maravillosas hendiduras de montañas; fosas memorables, minas famosas de toda clase; habitaciones subterráneas, criptas, catacumbas, templos tallados en la roca, pozos de mina, fuentes extraordinarias, peñas colgantes, cisternas, depósitos de agua y, en general, de todas las cavernas, cuevas y cavidades más famosas del mundo, con todas las notabilidades que encierran."

En sus páginas -que no he podido ojear al no encontrarse más que en la Biblioteca Nacional de Francia- cuenta las peripecias de todo tipo de personajes y lugares extraños: profetas, cabalistas, filósofos, poetas y santos, entre acontecimientos extraños y fuerzas misteriosas que predisponen al regocijo o al llanto, a la locuacidad o taciturnidad, a la sanación o a la muerte. Todo muy mágico y nada científico, lo que corresponde a un amante de la Cábala, la astrología y la alquimia, que era lo que se llevaba entonces.

El milagro de San Genaro: fenocristales de augita expelidos por el Vesubio (Prodigiosis Crucibus)

En cuanto al amigo Kircher, uno de sus mayores éxitos -que fueron muchos; éste era un auténtico genio, el puto amo- es el Diatribe de Progidiosis Crucibus, un texto de 1661 (anterior al Mundus Subterraneus), en que trata de obtener conclusiones basadas en demostraciones empíricas, refutando las explicaciones sobrenaturales o mágicas. El objeto de este libro es desmontar, mediante la observación racional, la opinión popular de que los cristales en forma de cruz que aparecieron tras la explosión del Vesubio de 1660 eran una señal de que San Genaro, el patrón de Nápoles, los iba a proteger del volcán, aunque otros pensaban que era un signo de la ira de Dios.

Depósitos subterráneos de magma (Libro V Mundus Subterraneus)

Kircher se dio cuenta de que esos cristales cruciformes únicamente se encontraron sobre ciertas ropas húmedas, con lo que pudo inferir que la ceniza volcánica, al posarse sobre la tela, cristalizaba ortogonalmente siguiendo las fibras de la misma. Hizo él mismo el experimento, y pudo comprobar que se formaban cristales de augita

Vamos a simular el fuego subterráneo (Libro VIII Mundus Subterraneus)

Pues bien, este mismo espíritu racional quedó plasmado en el Mundus Subterraneus, gran obra en 12 libros en los que, más que de espeleología propiamente dicha, trata temas variados: en el Libro I, el centro de la Tierra, su paradoja y geometría; Libro II, geografía y accidentes de la Tierra; Libro III, hidrografía, náutica, mareas; Libro IV, denominado "pirología" (estudio sobre el fuego, relacionado con el vulcanismo); Libro V, sobre el origen de los lagos, manantiales y ríos; Libro VI, del elemento Tierra, que produce el mundo subterráneo (química, trata sobre el nitrógeno, aluminio, etc); Libro VII, de los minerales que forman la corteza terrestre; Libro VIII, sobre piedras talladas, animales de las cavernas, hombres y demonios; Libro IX, sobre venenos, plantas y sustancias medicinales; Libro X, sobre metalurgia; Libro XI, sobre alquimia; Libro XII, sobre temas variados, incluyendo numerosos experimentos científicos.

El dragón de las cavernas, como lo mires te deja petrificado (Libro VIII Mundus Subterraneus)
Es muy reseñable que, en cada capítulo, se explican los procedimientos para hacer experimentos caseros sobre el tema en cuestión. Se trata de una obra que no ha sido nunca traducida: únicamente se encuentra en latín, con la dificultad que eso entraña. Es por ello todavía más apasionante, y constituye todo un reto a cualquiera que se quiera acercar a esta obra magna, misteriosa a más no poder.

Corales y demás "frutos marinos" (Libro IX Mundus Subterraneus)

Un tiempo más tarde, hacia 1771, el párroco naturalista y curioso Johann Friedrich Esper exploró la cueva de Gailenreuth, en la que encontró multitud de huesos de animales extintos además de una mandíbula y una "paletilla" humana. Esto le llevó a pensar, en plan científico, que los osos de las cavernas -unos bichos del pleistoceno- convivían con estos humanos de buen rollito, lo que desató una polémica agria con el sabio de referencia de aquella época, Georges Cuvier, que argumentó que esa coexistencia era imposible.

Cueva de Gailenreuth, según Esper (Lindhall)

Sin embargo, por primera vez, nuestro cura detectó que un fémur, de los que sacó de la cueva, estaba horriblemente deformado, infiriendo que el dueño tuvo cáncer de huesos; por tanto, quizás el primer paleoforense, el creador de la paleopatología.

Sección de la cueva de Maximiliano, por Adalbert Neischl (Lochstein)

Los trabajos de Esper revolucionaron la espeleología de la época, y entre 1789 y 1827 aparecieron numerosos trabajos sobre exploración de cuevas en Alemania, Francia y Suiza, destacando Adalbert Neischl, que estimó la conveniencia de levantar planos de las cuevas como condición previa de la exploración científica, inaugurando la espeleología moderna.

Finalizamos esta entrada sobre la exploración de las cuevas justo antes de poderse llamar espeleología, antes de ser propiamente científica. En la próxima entrega repasaremos la espeleología clásica, ya a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

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jueves, 18 de agosto de 2022

Unboxing literario: Maravillas y Progresos del siglo XIX (y II)

Continuamos la entrada anterior sobre la publicación "Maravillas y Progresos del Siglo XIX", donde hemos vivido un peligroso periplo en globo, el último grito en tecnología eléctrica, la imaginación de Julio Verne y las últimas expediciones naturalistas por América entre otros interesantes temas, siempre narrados desde la maravilla por el progreso, de dejar atrás siglos y siglos en los que las cosas evolucionaban de forma relativamente lenta -a veces a cuentagotas- para tomar carrerilla de forma exponencial, como podrían decir el tecnólogo e inventor Ray Kurzweil o el psicólogo evolucionista flower power Steven Pinker.

El rey de los coleópteros

Seguimos pues con un artículo sobre la incipiente ciencia de la entomología, iniciada no mucho antes de esta publicación por William Kirby e impulsada por la potente Royal Entomological Society, una de esas inestimables sociedades científicas que, desgraciadamente, sólo suelen aparecer en países anglosajones, quizás por el prestigio que otorgan a sus miembros, y éstos a sus comunidades.

Pues bien, el autor hace una cariñosa defensa de la vida de los insectos, que se creía baladí y despreciable en otro tiempo, y que, a finales del XIX, se pone en valor su estudio y conocimiento:

"Desde el Goliath gigante, ese rey de los coleópteros, el mayor de los insectos conocidos, que impera en las abrasadas regiones del Africa equatorial, hasta esos insectos microscópicos y casi sin nombre , que en número indecible pululan por do quiera hay vida vegetal ó animal, ¡cuántos obreros dia y noche funcionan en nuestro provecho, y cuántos también apartados de su centro natural, ó llamados involuntariamente por el hombre, trabajan en nuestro daño ó ruina."

Se centra especialmente en el interés del conocimiento de los insectos para el control de plagas, ya que llegue un dia en que ese noble deseo de averiguar las causas primeras, nos dé á conocer las de horribles pestes y espantosos contagios que no nosotros tan sólo, sino muchos de los que á estos estudios se dedican, creen deber hallar en los insectos microscópicos.

Demodex, el verdadero animal de compañía (Formaciondentalfones)

Podría quizás referirse nuestro autor a los ácaros, esas arañitas que son los verdaderos animales domésticos, de más compañía que perros y gatos ya que siempre los llevamos encima, incluso en las pestañas. Por cierto, estos animalillos -ya se habrá escandalizado el avezado lector- no son insectos ya que tienen ocho patas en lugar de seis: es un arácnido, no un insecto. Es tan importante ésto como saber que se dice alminar o minarete, no alminarete.

También los hay benéficos: los mimáridos, unas pequeñas y benéficas avispas cuya máxima -o más bien mínima- expresión es Dicopomorpha echmepterygis, que parasita otras especies que suelen considerarse pestes de las cosechas. Como vemos no hace falta tenerle tanto miedo a lo pequeño, ya que es más apasionante que casi cualquier otra cosa y merece la pena conocerlo y, como ya hemos intuido, sólo lo que se conoce se puede amar.

Cambiamos de tercio, recordando que estamos revisando una publicación generalista de 1876 que podría asimilarse a la estadounidense Popular Mechanics o a la española Muy Interesante, con la diferencia que -en esa época y al menos en España- el porcentaje de analfabetos era superior al 70%, lo que infiere que la difusión de estas publicaciones estaba reservada únicamente a los estratos más cultos y pudientes. Ahora mismo Internet -y, por tanto, todo el conocimiento de la historia de la Humanidad- llega, de forma barata, a unos 5 billones de personas en el mundo, a un 62% de la población mundial ¿quién tiene las agallas de decir que el mundo va a peor, a pesar de los problemas a los que nos enfrentamos?

Un músculo sano que necesita acción

 "El corazon y el cerebro, bien que convergiendo cada uno a dos grandes funciones absolutamente diferentes, tienen entre si y a cada instante relaciones forzosas y necesarias al funcionamiento normal del organismo. El cerebro, en primer lugar, ó al menos el sistema encefalico, da al corazon la órden de contraerse y dilatarse alternaivamente y dispone sábiamente estos movimientos alternativos. El corazon, a su vez, envia al cerebro la sangre necesaria á su nutricion y á la reparacion de las pérdidas que experimenta incesantemente, como todos los demás órganos, por el hecho mismo de su funcionamiento fisiológico. De otra parte, toda sensación un poco viva percibida por el cerebro, determina, como es sabido, una aceleración rápida de los movimientos del corazon: el temor, la cólera, la alegría, el amor, y hacen, como se dice, palpitar el corazón, lo que significa que los latidos son más rápidos."

Aquí tenemos un artículo sobre anatomía, por eso de ilustrar y educar a la par que divertir. Viene con dos grabados: el primero del corazón, con sus ventrículos, válvulas, venas y arterias, así como un esquema del intercambio gaseoso de la sangre; y el otro referido al cerebro, con sus lóbulos, el infundíbulo hipotalámico, el quiasma óptico y el cerebelo.

El cerebro, órgano presente en algunos humanos

Regresamos a lo que más nos suele motivar: la exploración de lugares recónditos, a ser posible oscuros y húmedos; y, para ello, nada mejor que un bosque primitivo:

"¿Debemos llamar bosque virgen ó primitivo á toda clase de bosque espeso y silvestre, cubierto de árboles vigorosos sobre los cuales jamás puso el hombre su mano destructora? Este nombre no puede convenir á un gran número de comarcas diferentes bajo la zona templada y hasta bajo la zona glacial. Pero sí se quiere particularmente designar con este nombre la impenetrabilidad de una vasta selva, la imposibilidad de abrirse paso con el hacha por entre los árboles que á veces tienen de ocho á diez pies de diámetro, los bosques vírgenes pertenecen exclusivamente á las regiones tropicales. Y no debe creerse tampoco que sean siempre, como asi se imagina generalmente en Europa, que sean las robustas enredaderas y espinosos zarzales los que hacen impenetrables las selvas vecinas al Ecuador. Estos inconvenientes son por lo común los menos. El obstáculo principal lo ofrecen las plantas arborescentes, que no dejan ningún espacio vacío en un suelo en donde casi todos los vejetales pasan á ser leñosos."

Lugar algo tétrico

La verdad es que este artículo no podría empezar mejor ya que, en el mejor tono de ecólogo -que no ecologista- conservacionista nos dice que estos bosques son, en primer lugar, ponderadores químicos de la atmósfera para la cual renuevan de continuo el oxígeno que la respiración de los animales y los fenómenos de combustión transforman en ácido carbónico; y en segundo lugar, para ser, en cierto modo, el conservatorio de una multitud de animales de todas clases : mamíferos, aves y reptiles, que hallan reunidos en ellos los dos principios esenciales de su existencia: el alimento y el abrigo.

Y no se queda allí sino que, ya en 1876, se tiene una vaga idea de lo que, más de un siglo después y con una población mundial que pasa de 1.500 millones a 8.000 millones de habitantes, sería la preocupación medioambiental:

"En la América del Norte, la civilización ha destruido en 300 años, lo que veinte ó mas siglos habían acumulado en el antiguo continente. Tan solo en la América meridional y central, en las grandes islas del Océano Pacifico, como Borneo, Sumatra, Madagascar y Java, puede contemplarse aun, con toda su silvestre majestad la prodigiosa flora de los trópicos, reunida en masas profundas e impenetrables, dignas todavía del nombre de bosques virgenes ó primitivos."

Siendo este artículo tan bonito y profundo, no me resisto a trasladar el epílogo del mismo, un canto a la belleza y salvajismo de la vida natural, a su vitalidad y contradicciones, a su intensidad: una experiencia similar a la experimentada por Kurtz en la novela de Joseph Conrad:

"A la luz de los primeros rayos del sol, los insectos, las aves, los monos y sus congeneres, despiertan y se ponen en movimiento, se ocupan de su desayuno, después juegan, gritan, cantan ó saltan. Aquella exuberancia de vida va menguando á medida que los rayos solares van siendo mas ardientes, para reanimarse á puesta de sol y cesar al cerrar la noche. Entonces el espectáculo cambia: de un Edén lleno de alegría y de movimiento que antes era, pasa á ser una Tebaida triste y silenciosa. Es la hora en que los carniceros salen de sus antros; estos no juegan, ni gritan, ni saltan; pero es preciso que coman, y lo peor es que se comen á los otros. Entonces empieza la caza sin compasión; por doquiera las ramas crujen bajo el peso de unos y otros; en todas partes la hojarasca que cubre el suelo suena bajo los pasos precipitados de perseguidores y perseguidos; sombras fugitivas, formas indecisas, se cruzan en la oscuridad; ojos sanguinolentos brillan como carbunclos entre las matas; rugidos de furor hacen estremecer los ecos de la selva, mezclados con gritos de espanto de los que sucumben, gemidos de agonía de los que son devorados palpitantes."

Nada más que añadir; volvemos a cambiar de tercio hacia un lugar civilizado, quizás en exceso: ese lugar rebosante de cuantas bancarias opacas, evasión de impuestos, chocolates y pelucos de lujo: Suiza.
"Entre las maravillas de la Suiza, ninguna mueve en tan alto grado la sorpresa y curiosidad como la vista de los glaciares. Vivísimas son las sensaciones que experimenta el viajero que los vé por vez primera recorriendo el dilatado trecho que va desde Berna á Lausana ó mejor á Ginebra. Allí los elevados Alpes alzan sus cimas cubiertas de nieve de una blancura deslumbradora, brillando de un modo admirable á la luz del sol. Al caer de la tarde, cuando la llanura ya hace rato que está envuelta en las sombras del crepúsculo, aquellas alturas se pintan de un color rosáceo; pero apenas dejan de dar en ellas los rayos solares, se oscurecen de repente y acaban por desaparecer en la oscuridad de la noche."
De los que ya no quedan

Pues bien, la Suiza también tiene altas montañas y glaciares, de los que cada día quedan menos. Pero que no cunda el pánico: el ser humano común -vamos a poner el 80% de la población- no es reactivo ni mucho menos proactivo, porque sabe que ya llegará el 20% restante a sacarle las castañas del fuego. Si el lector es de los segundos, pues ya sabe.

El artículo, más adelante, versa sobre las características geomorfológicas del paisaje glaciar: lenguas, neveros, circos y cantos erráticos: una delicia.

Lindo gatito

Vamos a analizar uno de los sentidos, la vista, y el animal que lo ejemplifica: el lince. Es por esta analogía que algunos sabios fundaron en Italia la Academia del Lince, porque, al adoptar esta denominación, quisieron únicamente indicar, aludiendo á una fábula generalmente conocida, que se proponían, en sus investigaciones, de no limitarse á la superficie, sino ver cuanto fuera posible el fondo de las cosas. Curiosísimo.

"Varias especies de animales vén muy bien en la oscuridad; así es que la vista penetrante que los antiguos atribuyen al lince no nos daría por sí solo una indicación suficiente para asegurarnos de la identidad del animal en cuestión, y tanto podria ser una zorra como un gato; pero nos dicen también que el lince cubre con tierra sus orines, y este hábito no nos deja ya duda sobre su identidad y á cual de los dos géneros debemos colocarlo."

Nos acaba de dar una pista para reconocer, sobre el terreno, la presencia de linces como el insigne lince ibérico, orgullo peninsular dotado de un fino instinto para morir aplastado en carretera. Nos recreamos en sus costumbres deyectoras:

"Es muy probable que el lince, lo propio que el gato doméstico, si cubre sus orines es por temor de manchar su piel; pero los antiguos no se contentaban con una explica­ción tan sencilla. Suponían pues, que si lo hacia era por pura malicia, á fin de privar de ellos á los hombres, porque en efecto, según Plinio, era un excelente remedio para ciertas enfermedades. No se limitaron á esto únicamente, sino que no tardaron en decir que aquellos orines se cristalizaban y transformaban en una piedra preciosa."

Efectivamente, una costumbre muy humana ha sido restregarse con los orines de diversos animales; de hecho, la abuela del que suscribe, en su juventud, usaba el pis de tortuga para el acné, y las piedras bezoares siempre han sido bastante buscadas. El artículo pasa del lince a las piedras preciosas orgánicas, y nos habla del succino: "el ámbar amarillo, ó succino, se pescaba en otro tiem­po, como se receje todavía al presente, en las costas de Prusia, y desde allí iba, después de haber pasado por muchas manos, hasta los países mas apartados; porque siempre ha sido un objeto de adorno para ciertos pueblos."

Dama del Sáhara
Terminamos en un lugar exótico, el litoral mediterráneo de África, donde se nos narran algunas impresiones de viajeros por Argelia, visitando lugares como Cydama o Ghadames:

"Algunas veces la mirada se hunde en una especie de antros profundos, gigantescos embudos de bordes redondeados y obtusos, abiertos por los torbellinos del simun, y cuyo fondo está salpicado, revuelto y algunas veces lleno de restos informes de animales. Otras veces, penetrando el sol en ello a su fondo brilla con un fulgor plateado, y en ciertas ocasiones tiene todas las apariencias de un lago de superficie reverberante. Es una capa caliza mas ó menos extensa, puesta en descubierto, la que presenta aquella falaz ilusión. Un silencio de muerte reina en aquella inmensa desolacion, infierno, en el cual la ardiente imaginación de Dante hubiera podido arrojar á sus condenados. Y cuando el poderoso soplo de simun, levantando las olas con indecible furor, cambia en incandescente horno todo aquel caos, solo se oyen alaridos y horribles sollozos por do quiera; y es porque tan solo gemidos y rechinamientos puede exhalar aquel mundo que parece haber vivido."

Con esto terminamos nuestro unboxing de esta peculiar revista, de una época en la que la humanidad asistía a una revolución que no ha parado hasta hoy. Si nuestros tatarabuelos pudieran estar hoy aquí darían fe de ello, a buen seguro.
 

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