miércoles, 31 de julio de 2024

Incursiones cotidianas: Madrid, circunvalando Usera (I)

Seguimos con otra entrega de la serie "incursiones cotidianas", esta vez dedicada a Usera, un distrito con mucha personalidad, antaño dedicado a la recepción de emigrantes de otras zonas de España y hoy transformado en el modernillo barrio chino de la capital, lugar privilegiado de propuestas gastronómicas y artísticas. En esta ruta mañanera vamos a circunvalar la zona central del distrito dejando fuera los barrios de Orcasitas y Orcasur, que ya exploramos en otra entrada. Al tener mucha chicha a pesar de no llevar más de tres horas de caminata, voy a dividir el recorrido en dos cómodos fascículos, por eso de no aburrir al personal.

Salgo de la boca del metro de Plaza Elíptica, frente al colegio San Viator. Gente por todos los lados, ambiente frenético; cruzo la A-42 hasta alcanzar el inicio de la calle de Marcelo Usera, vía principal del distrito que lo divide en dos, de oeste a este.

Un colorido mural me da la bienvenida al barrio de Moscardó, el más norteño de Usera. Se trata de "La Caída", de un tal 3TTman, unas criaturas que caen cachondeándose de todo y de todos. El argumento es quizás algo tontuno, pero es divertido y los colores son agradables: thumbs up, como diría Nerón.

Mural "La Caída"

Por cierto, este mural se sitúa en el testero de un denso bloque de viviendas de 13 alturas, diagonal a la calle Marcelo Usera, perteneciente al Grupo Marcelo Usera  de la Obra Sindical del Hogar (1955), un conjunto de protección oficial de bloques abiertos situados en diagonal, paralelos o perpendiculares a las calles, que forman sombríos y agradables espacios entre ellos.

Cojo la calle de San Magín, hacia el S. De frente, unos bloques de 5 alturas dotados de las típicas "chimeneas" de ascensores instalados a posteriori. Unos cedros de buen porte enmarcan el paisaje urbano, con el añadido sonoro de la ubicua verborrea de las cotorras argentinas, animadas por el frescor de esta mañana de julio.

Bloque con "chimeneas", en calle San Magín

Tiro por un espacio ajardinado, entre dos bloques, hasta encontrar una oficina de Correos bastante escondida, como sin ganas de hacerse notar. Detrás encuentro la plaza de San Elías, con su obligatorio parque infantil bordeado por unos interesantes bloques de 6 alturas con torre de ascensor central, lo que les otorga una severa simetría con tres balcones y tres ventanas a cada lado, por piso. Qué tranquilidad, oiga.

Bloque simétrico en plaza de San Elías

Sigo por la calle de San Elías hasta llegar al parque de Olof Palme (antes llamado cerro del Basurero), donde encuentro una fuente ornamental de fuerte simbolismo, que parece no pegar mucho en esta zona tan popular. En un lado encuentro el caduceo de Hermes, el más canallita de los dioses del Olimpo, patrono de peregrinos, senderistas, ladrones, mensajeros y demás gente de mal vivir: una navaja suiza hecha dios. Por cierto, el caduceo -con su doble serpiente enroscada- simboliza el comercio, siendo fácilmente confundido la vara de Esculapio que, con una sola serpiente, simboliza la medicina. También se dice, se cuenta, se piensa, que Hermes fue un personaje histórico llamado el Trismegisto, el tres veces grande, que escribió el apasionante Corpus Hermeticum, la biblia de los alquimistas, de claro sabor neoplatónico.

Fuente con el caduceo de Hermes

Cojo la calle de Cerecinos en dirección sur, encontrando el CEIP República de Venezuela, con un edificio de aulas de aspecto moderno dotado de una rotunda retícula de tres alturas.

CEIP República de Venezuela

Sigo hasta encontrar la parroquia de San Juan de Ávila (1967), en ladrillo rojo y planta triangular quebrada por la puerta principal; en ortofoto parece un embudo que desemboca en la calle Marina Usera, vía principal del barrio de Zofío, en el que nos adentramos.

Me fijo en la entrada, que parece querer absorber, cual agujero negro, cualquier partícula que tenga a bien acercarse. La escalinata está pintada de vivos colores, recordándome a la arquitectura brasileña. Por cierto, bonita frase la de la derecha: escasamente meapilística, como debe ser. Eso sí, el edificio que la porta -despachos parroquiales, parecen ser- es más feo que mandar a la abuela a por droga, y no pega nada con la chula parroquia.

Parroquia-embudo de San Juan de Ávila, con frase mística

Tiro hacia el sur por la calle de Marina Usera, con mucho ambiente de barrio y pequeñas tiendas de las de toda la vida. Parece ser que, en esta calle, estaba situada la trinchera del bando republicano en la Guerra Civil Española.

Al N de esta zona -de manzanas largas y estrechas, muy densas, y edificios cada uno de su padre y de su madre- se levantaba la Colonia Zofío (1950) de la Obra Sindical del Hogar, al igual que la ya mencionada en la calle Marcelo Usera. Se componía de bloques de dos y cuatro alturas rellenos de viviendas enanas de unos treinta metros cuadrados, construidos sobre un terreno muy arcilloso, lo que propició su ruina y posterior demolición.

Edificio en Marina Usera con Silvio Abad (1943)
La calle desciende suavemente; los edificios, no muy altos en general, alternan el ladrillo rojo -bloques de los años 60- y el revoco color crema los de los años 40-50, de dos o tres alturas, de aspecto muy sencillo y popular.
Edificio en Marina Usera con Marina Vega (1955)
La calle termina abruptamente contra una agradable terraza, que bordeo por la derecha hasta encontrar la calle del Centeno, una zona de relucientes bloques lineales de ladrillo con terrazas, dotados de espacios ajardinados de circulación.

Bloque en calle del Centeno (1968)
Sigo en dirección S entre bloques de 5 alturas bastante agradables, con ascensores externos. Los parterres están perfectamente podados, parece una zona de lujo.

Bloque en calle del Centeno (1968)
Alcanzo la calle de la Paloma, donde se encuentra el polideportivo municipal de Orcasitas (2002). Me fijo en su graderío cubierto y, como telón de fondo, los blocazos de viviendas del muy interesante Poblado Dirigido de Orcasitas, que ya exploramos anteriormente.
Polideportivo de Orcasitas
Tiro hacia el E hasta alcanzar la calle de Rafael Ybarra. Al otro lado descubro un edificio de claro aspecto corbusieresco: la residencia San Vicente-ANDE (1976) para discapacitados psíquicos. Una obra del mejor brutalismo madrileño, con su hormigonazo visto, sus ventanales horizontales y su aspecto recio: me putoflipa, como todo el brutalismo.
Residencia ANDE, placer para los sentidos
Detrás, por eso de compensar, aparece una residencia de ancianos (1999) pegada al punto limpio del barrio. Poco agraciada la pobre, en un lugar bastante inhóspito: de noche igual acojona.
Residencia de ancianos
Tomo la calle de Rafael Ybarra en dirección N, encontrando el primer atisbo de cultura china: la Escuela Panda (1981), con su torre semicircular de aspecto racionalista.
Territorio amalillo

Llego a una zona verde o más bien amarilla, un solar agostado que asciende hasta la alargada comisaría de policía de Usera (2010), un interesante edificio moderno, muy horizontal, con vistas para que no se escape nada.

Una franja del secarral está ocupada por el huerto urbano Pachamama, un espacio aterrazado lleno de plantas, utensilios de jardín y un trabajado espantapájaros que me trae a la mente la canción de John Mellencamp.

El huerto Pachamama y la comisaría de policía, al fondo

Scarecrow en el huerto Pachamama
Dejo la comisaría a la izquierda mientras subo pisoteando toda clase de gramíneas resecas hasta que diviso, a la derecha, una especie de pirámides de colores: es el surrealista Cinema Usera, una pantalla de cine con gradas alrededor, de aspecto abandonado. Eso sí, ubicado en lo alto de un cerro con impresionantes vistas al oeste de la ciudad: una especie de Café del Mar pero sin café y sin mar.
El Cinema Usera, lo más surrealista del barrio

Sigo hacia el E por la calle del Cristo de la Victoria, internándome en el conjunto urbanístico de la Cornisa de Orcasitas (1983), dedicado a la absorción de los núcleos chabolistas que había por la zona en los años 70. Estamos en el barrio de Almendrales, por cierto.

A la izquierda unos bloques de 4 alturas, muy curiosos por sus portales enmarcados con unos salientes y rematados por tejadillos que parecen toldos; en la calle trasera estos bloques mutan en naves industriales de una altura.

Bloques con naves industriales, calle Cristo de la Victoria
A la derecha, unas manzanas abiertas por una abertura central, que llevan a jardincillos semiprivados. Los edificios son iguales a los del otro lado de la calle, aunque éstos se agrupen en forma de rectángulo: un copypaste arquitectónico en toda regla.
Manzanas abiertas ajardinadas
Un poco más adelante encuentro un bar con nombre de ciudad castellana, por cuya barra se desliza un barman de blanco y cuidado bigote a lo Julio Verne ¿qué puede salir mal? Decido repostar con un pincho de tortilla de excelente factura y textura, como parte integral de la experiencia exploratoria.
Central Telefónica Almendrales

Más adelante, a la izquierda, diviso un opaco y contundente edificio de ladrillo, de estilo industrial: es la Central Telefónica Almendrales (1974), rellena de carísimos equipos de telecomunicaciones. Una gran antena, a modo de pincho sobre un trozo de bizcocho, domina la vista.

Tras pasar una escuela infantil giro a la derecha, descendiendo por la calle del Cristo de la Vega. Encuentro unos espartanos bloques de 5 alturas (1959) y, tras ellos, un triángulo ajardinado.

Descendiendo por la calle Cristo de la Vega

Tomo una calle peatonal a modo de pasarela, llamada Hernández Requena, en dirección E. A los lados emergen unos curiosos bloques de 4 alturas con plantas descentradas en forma de escalera (1985).

Bloques de plantas descentradas, calle Hernández Requena
Alcanzo una glorieta, ya en la calle de Tomelloso, Al otro lado surgen los primeros bloques del Poblado Dirigido de Almendrales (1959), en el que trabajaron algunos de los mejores arquitectos de la época: Javier Carvajal, Corrales y Molezún y García de Paredes.
Bloque tipo del Poblado de Almendrales

Los bloques constan de 6 alturas, presentando una extraña forma aserrada -interrumpida por ventanales que dan a cocinas y salones- que aporta gran plasticidad al conjunto. Desde fuera muy agradable aunque, como de costumbre, habría que preguntar a los moradores para confirmar la bonhomía de estas viviendas.

Prosigo entre unos de estos bloques y un espacio de locales de una altura, hasta alcanzar el CEIP Nuestra Señora de la Fuencisla (1975), un edificio prismático forrado de paneles blancos, de poca personalidad aunque funcional. Lo más interesante es el colorido mural, que suele acompañar a las escuelas infantiles por defecto.

CEIP Nuestra Señora de la Fuencisla
Tomo una calleja peatonal entre la escuela y los bloques, esta vez revocados y pintados, con sus rejas y carpinterías en blanco.
Bordeando la escuela
Avanzo hasta encontrar un impresionante edificio-transformador de Hidroeléctrica Española (1960), que debía suministrar energía al Poblado Dirigido. Se trata de una torreta prismática sostenida por cuatro vigas prefabricadas en forma de letra pi, doble hilera de ventanales cuadrados y cubierta plana con doble voladizo.
Transformador de Hidroeléctrica Española, una pasada
Frente al transformador -y enmarcado por los bloques aserrados- encuentro un edificio comercial de una altura, ocupado por una agradable y concurrida terraza. Se trata de uno de los edificios de equipamientos del Poblado Dirigido, diseñado para ser más o menos autosuficiente.
Bloque aserrado y edificio de comercios
Tras una rotonda llego a la plaza del Campo de Criptana, un espacio de tierra rodeado de varios edificios pertenecientes al Grupo de Viviendas para la Obra Sindical del Hogar (1960): un garaje exento a la izquierda, un alargado bloque de locales de frente, y una hilera de casas bajas, de dos plantas, a la derecha. Éstas últimas fueron diseñadas por el gran Javier Carvajal, y poseen un local y dos viviendas cada una, con cubiertas inclinadas a ambos lados.
Plaza del Campo de Criptana y casas bajas de la OSH
Atraído como velutina a la cerveza, me cuelo por una calleja intermedia entre dos hileras de casas de una altura; la sensación es de encontrarme en una urbanización playera con sus jardincillos privados, sus rejas verticales y toldos verdes.
Chalets de una altura, Torrevieja style
A la izquierda encuentro un bloque-pantalla (1959) tras la asociación vecinal, escalonado y muy opaco al tratarse de las zonas traseras de las viviendas, accesibles desde galerías horizontales -de cierto aire playero- en la calle del Santuario; el contraste entre ambas fachadas es extremo, opacidad contra apertura, yin contra yang, como diría un maestro taoísta. Cortesía, por cierto, del gran Javier Carvajal.
Trasera del bloque-pantalla de Javier Carvajal, no perderse la fachada a la calle del Santuario
Tiro a la derecha, hacia la calle de Piedrabuena, donde encuentro la parroquia de Nuestra Señora de la Fuencisla (1961), diseñada por José María García de Paredes. La fachada es muy severa, en ladrillo rojo; únicamente los salientes y el zócalo gris dan algo de movimiento. El interior, al que no he podido acceder, muestra unos pilares metálicos que sostienen una serie de lucernarios en retícula cuadrada. Una pasada, que me recuerda en cierto modo al interior de la mezquita de Córdoba pero en low cost.
Parroquia de la Fuencisla
Subo una escalinata por detrás de la parroquia, hasta alcanzar la calle del Santuario, que cojo a la derecha, en dirección N. A la izquierda encuentro una rotunda manzana cerrada, perteneciente a la Remodelación de la Colonia de los Almendrales (1984). Poco interesante, por decir algo.

Bloque cerrado de la Remodelación de la Colonia de los Almendrales

Un poco más adelante, a la derecha y entre los interesantes bloques aserrados -ya vistos- del Poblado Dirigido de Almendrales, surge una agradable terraza de nombre asertivo, con mural que evoca el mar de Madriz.

Terraza colorida
Alcanzo la calle de las Hijas de Jesús; de frente el antiguo Cine Lux (1962, cerrado en 1972), hoy sala de ensayos del Centro Dramático Nacional, con su fachada de inspiración racionalista.
El antiguo Cine Lux
A la derecha, descendiendo la calle de las Hijas de Jesús hacia la avenida de Córdoba, me topo con un espacio multifuncional entre dos aceras: es el Jardín Vecinal de Emiliano, ejecutado y diseñado por el vecino homónimo. Consta de jardineras con materiales reciclados, carteles y una pequeña caseta con biblioteca, que un niño trata de abrir infructuosamente. Otra agradable iniciativa vecinal, como tantas en estos barrios.
Biblioteca en el Jardín Vecinal de Emiliano
Aquí finaliza la primera entrega de esta ruta de exploración rodeando el distrito de Usera, que finalizará en una próxima entrega. El que quiera evadirse podrá coger el metro en la estación de Almendrales, bajando esta calle y a la derecha.

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viernes, 28 de junio de 2024

Micropaisajes II: naturaleza inorgánica (cristalización de soluciones concentradas)

Continuamos la entrada anterior dedicada a lo más básico que se puede observar con un microscopio, teniendo como guía el libro de Bruno P. Kremer Manual de Microscopía, una auténtica delicia llena de experimentos apasionantes para asueto del niño -exterior o interior, es lo mismo- con ganas de descubrir por sí mismo los límites de la percepción visual. Todas, absolutamente todas las imágenes son del que suscribe, a menos que se diga lo contrario.

Siguiendo los apartados del manual, el siguiente es la microscopía de cristales diminutos, que trata sobre la cristalización de diferentes productos químicos, unos inorgánicos y otros orgánicos. Es decir, los que no están basados en el carbono y los que sí lo están.

El apartado microscopía de cristales diminutos, del Manual de Microscopía
En esta entrada estudiaremos la cristalización de productos químicos a partir de soluciones concentradas. Y qué mejor que utilizar los productos de un juguete vintage que compré por dos perras en el Rastro de Madrid, mi apasionante paraíso de lo inútil, del materialismo absurdo aunque con identidad y personalidad.

Pues sí, estos botecitos de plástico rellenos de sustancias de colores pertenecen al Cheminova, el sustituto barato del legendario Quimicefa, el juguete científico más peligroso de la década de los ochenta y noventa. Como estos productos se supone que no caducan, o caducan poco, los utilizaré aquí. Y si están caducados es lo mismo, algo saldrá. Total, todo acaba saliendo y en este blog no hay trampa ni cartón.

Productos del Cheminova, comprados en el Rastro

Pero primero vamos a repasar el Manual, por eso de la parte teórica. Para observar el crecimiento de cristales a partir de soluciones concentradas se puede utilizar prácticamente todo lo que la química describe, especialmente compuestos salinos siempre y cuando no sean venenosos y sean solubles en agua o etanol, el alcohol de 96º de toda la vida. Los compuestos insolubles no sirven, ya que casi siempre vamos a utilizar soluciones acuosas no demasiado concentradas: una punta de espátula de sustancia disueltos en 1-2 ml de agua.

Cristalización del nitrato de potasio sobre el calentador de tazas

La técnica es la siguiente:

Se toman un par de gotas de esta disolución -ya sea con espátula, cucharilla o pipeta- y se dejan sobre el portaobjetos hasta que se sequen y se produzca la cristalización. Para acelerar el proceso es muy útil disponer de una pequeña estufa de laboratorio o, mucho más cómodo y sirve para lo mismo, un barato calentador de tazas, de esos que se enchufan al USB del ordenador. En caso de que la sustancia sea soluble en etanol el calentador no hace falta, ya que los alcoholes son mucho más volátiles que el agua y la cristalización es mucho más rápida. También se pueden efectuar mezclas de soluciones -aunque ojo con lo que se mezcla- con resultados espectaculares, en los que se crean intersecciones y fronteras entre las dos sustancias.

La cristalización se observa bajo el microscopio usando iluminación polarizada, lo que implica la utilización de unos filtros especiales, o iluminación de campo claro con luz oblicua.

La iluminación polarizada consta de dos filtros: el filtro polarizador se sitúa entre la fuente de luz y bajo la preparación, y el filtro analizador sobre la preparación, entre el objetivo y los oculares. El filtro polarizador (el inferior) puede ser rotado, y deja pasar la luz sin obstáculos si la dirección de ésta se encuentra en paralelo con el analizador (el filtro superior).

Filtro polarizador (abajo) y preparación con ferricianuro de potasio cristalizado

Si la posición de los dos filtros forman un ángulo recto (nícoles cruzados en el argot más técnico), la luz seleccionada por el polarizador encuentra una barrera en el analizador, con lo que el fondo visual se oscurece a excepción de las partes de la preparación que tengan cristales que desvíen la luz polarizada (birrefringentes), que se observarán de diferentes colores. Si se gira el polarizador unos 45º se generar imágenes muy brillantes y coloridas de las estructuras birrefringentes que pueda haber en la preparación, de gran potencial artístico y creativo, que es lo que vamos a explorar a continuación.

Objetos muy adecuados para la observación microscópica con luz polarizada son, además de los cristales, los pelos de animales (por ejemplo en las egagrópilas), plumas de aves, escamas de pescado o paredes celulares vegetales.

Tras el inciso técnico, comenzamos con el nitrato de potasio (KNO3), una sal que se encuentra, de forma natural, en el guano excretado por los murciélagos en las cuevas. Esta sustancia se recoge y se sumerge en agua, se filtra y se recogen los cristales del nitrato de potasio en el agua de filtración. En plan industrial -de forma mucho más rápida que recogiendo mierda de murciélago- se obtiene mediante la reacción del nitrato de sodio y el cloruro de potasio.  

Es un producto químico importante, utilizado para la producción de cristal, esmaltes para recubrimiento de superficies cerámicas o metálicas, tratamientos de metales y pólvora, entre otros.

Nitrato de potasio de densidad intermedia, formando líneas con ángulos fijos

A la luz polarizada es muy interesante, mostrando zonas más o menos densas de cristalización. En las zonas de densidad intermedia se forman cristalizaciones alargadas que forman ángulos fijos de aproximadamente 80º, que varían de color al giro del filtro polarizador. 

En las zonas más densas, con mayor cantidad de cristalización, se mantiene el ángulo de 80º entre las líneas, formando maclas rotundas a la luz polarizada.

Nitrato de potasio muy saturado, como brochazos de pintura acrílica

En las áreas menos saturadas aparecen cristales sueltos a modo de pequeñas gemas que parecen zafiros, rubíes, esmeraldas o, simplemente, granos de arena fina. Si uno recorre lentamente la preparación echando imaginación, se pueden reconocer pareidolias variadas como caras, cabezas de animales y objetos varios. Como muestra en la siguiente imagen se aprecia una cara con ojo, nariz puntiaguda, boca y barbilla. ¿Casualidad? Quizás...

Nitrato de potasio poco saturado, formando la cara de un personaje con piedras preciosas

Seguimos con el cloruro amónico (NH4Cl), una sal que se encuentra de forma natural en la orina, los excrementos y los depósitos volcánicos.

En la industria se obtiene por reacción del amoniaco con ácido clorhídrico. Es muy estable, pero al calor se descompone liberando amoniaco y ácido clorhídrico en forma de un vapor de olor insoportable.

Su uso principal es en la agricultura como fertilizante nitrogenado, aunque también se emplea en la fabricación de baterías, para regular el pH de soluciones, en alimentación como regulador de acidez y en medicina como expectorante.

Cloruro amónico, parece la foto aérea de un área montañosa a la iluminación oblicua

La cristalización de este producto responde levemente a la luz polarizada, por lo que no produce colores rotundos y saturados. Sin embargo, muestra imágenes muy variadas e interesantes.

Algunas parecen zonas montañosas que forman cordeles, collados y valles, otras hojas de helecho.

Cloruro amónico, parece una espiral con una cruz al fondo
Otras imágenes muestran lo que parecen espirales oníricas, con zonas cristalizadas en forma de líneas más anchas o más estrechas que forman estructuras ortogonales, que se cruzan y unen con zonas más macizas, como estratos rocosos blanquecinos de margas o calizas.

Cloruro amónico, líneas de cristalización
Haciendo zoom a las líneas, éstas forman preciosas imágenes muy contrastadas y en relieve, que parecen carreteras o incluso formas urbanas increíbles.

Vamos con el nitrato de estroncio (Sr(NO3)2), una sal muy oxidante que se utiliza en pirotecnia, fabricación de cristales LCD y pinturas.

Al microscopio no presenta coloración notable a la luz polarizada, pero sí una especie de aura monocroma, etérea, donde flotan pequeños cristales rómbicos en forma de estrella, que parecen emerger de una fuente luminosa. Una visión algo metafísica, sin duda.

Nitrato de estroncio, cristales que salen del sol

Ampliando estos cristales se puede admirar su configuración: los hay de todas las formas posibles, aunque predominan los que parecen pequeñas pirámides rómbicas o pentagonales.

Nitrato de estroncio, cristales variados

Nitrato de estroncio, cristales ampliados

Seguimos con el sulfato de hierro (III) (Fe(SO3)3·9H2O), la sal de hierro más oxidada, muy reconocible por su cantoso color amarillo. Se emplea en el tratamiento de aguas residuales como floculante, es decir, sustancia capaz de "juntar" las partículas sólidas que hay en un líquido para que se puedan retirar fácilmente. Además, por su color amarillo-ocre, se utiliza como pigmento.

Se obtiene, en la industria química, mediante reacción del ácido sulfúrico con una solución caliente de sulfato de hierro (II), con ácido nítrico o agua oxigenada (peróxido de hidrógeno) como agente oxidante.

Sulfato de hierro (III), una cabeza de mono
Presenta, en la preparación, una fuerte coloración a la luz polarizada, a diferencia de los anteriores ejemplos. Los cristales son amorfos y variados en tamaño. 
Sulfato de hierro (III), bonitas texturas
Al aumentar los aumentos -valga la redundancia- se aprecia, en los cristales más grandes, interesantes texturas que recuerdan a los granos de arena de playa: pequeñísimos huecos a modo de coqueras, degradados como escaleras, cortes rotundos y coloridos así como otras divertidas formas y figuras. Para echar un buen rato de contemplación, sin duda.

Sulfato de hierro (III), como escamas de reptil o patas de pollo

El ácido tánico (C76H52O46) se usa en el curtido de pieles, como fijador de tejidos, en tintas, fotografía, encolado y mordiente para papel. Se trata de un compuesto orgánico de formulación compleja, con multitud de anillos aromáticos, grupos hidroxilo y puentes de hidrógeno.

Ácido tánico, como la arcilla seca de un embalse
Como toda sustancia orgánica se encuentra directamente en la naturaleza: en bebidas como el vino tinto, té, café, y vegetales como los frutos del bosque (arándanos especialmente) y en las espinacas, entre otras insípidas aunque deliciosas verduras. Se acumula en las cortezas, raíces y hojas de los árboles, aunque en menor proporción.
Ácido tánico, parece un tipo de escritura
Al microscopio presenta una consistencia no cristalina, y no produce coloración a la luz polarizada. Parece más bien un jarabe que cuando se seca se agrieta, recordando al fondo de un lago seco en verano. Menos llamativo que los anteriores pero interesante, sin duda.

Pasamos al carbonato de sodio (Na2CO3), una sal blanquecina muy utilizada para la fabricación de vidrio, jabón y pinturas.

Se fabrica industrialmente mediante el famoso método Solvay, empleando como productos dióxido de carbono, sal común (cloruro sódico) y amoníaco.

Carbonato de sodio, evidentemente una vaca lechera o toro bravo, a elegir
Al microscopio presenta una polarización media, debido a que los cristales son de pequeño tamaño. Aún así, éstos se agrupan de forma bastante curiosa, como en grupos redondeados con forma vegetal, como si fueran algas, flores o coliflores, por decir algo serio. Esto es ciencia pura y lo demás tonterías.
Carbonato de sodio, parece un micelio de hongos a la iluminación oblicua
Al hacer zoom -pasando del objetivo de 10x al 20x- se aprecia más esta configuración globular. Cambio la iluminación a oblicua cerrando el diafragma del condensador y descentrándolo, con el objetivo de dar relieve a la preparación por medio de sombras más o menos oscuras.
Carbonato de sodio, algas flotando en la playa
También se aprecia su parecido con las feofíceas, uséase las algas pardas que uno puede encontrarse en la playa, tras una jornada de mala mar.

Seguimos con el omnipresente hidrógenocarbonato de sodio (NaHCO3), más conocido como bicarbonato a secas. Es empleado popularmente para contrarrestar la acidez estomacal, ya que al contacto con el ácido produce gas carbónico -un regüeldo de profundidad insondable- y agua, neutralizando el propio ácido. Además de este prosaico uso, también se emplea en cocina, pirotecnia, desinfección y un montón de cosas más.

Bicarbonato de sodio, ramilletes de flores

Al miscroscopio presenta una configuración muy similar a su producto hermano, el carbonato de sodio, siendo la única diferencia que el bicarbonato posee un hidrógeno más y un sodio menos en su fórmula.

Tal vez este hecho explique que aquí no aparecen únicamente configuraciones globulares a modo de algas, sino también ramilletes de hojas que se rematan en flores.

Bicarbonato de sodio, ripples de las dunas
También, en algunas zonas más diluidas y menos cristalizadas, aparecen ondulaciones que recuerdan a las ripples, rizaduras u ondulitas producidas por el aire sobre la arena o la piedra.
Bicarbonato de sodio, el auténtico Mar de los Sargazos
En otras zonas los ramilletes recuerdan a los sargazos y a las algas rojas, las rodofíceas.

Continuamos con un producto de la química orgánica, el ácido tartárico (C4H6O6). Está presente, de forma natural, en muchas frutas y el vino, y se usa como aditivo alimentario.

Una curiosidad de este ácido es que fue el que causó el descubrimiento de la quiralidad química, es decir, la capacidad para rotar la luz polarizada. Básicamente es lo que estamos haciendo aquí con el microscopio: rotar el filtro polarizador para observar los cambios producidos por la luz en la sustancia en cuestión.

Ácido tartárico, cabeza de pájaro
A la luz polarizada, como cabría esperar tras las experiencias de Jean Baptiste Biot y Louis Pasteur, esta sustancia se comporta de forma espectacular, con unos colores vibrantes, muy saturados. Al giro del polarizador, los colores de los cristales formados -bastante grandes comparados con las anteriores sustancias- se transmutan formando una paleta que ningún pintor podría igualar.
Ácido tartárico, islote en el Pacífico
Al subir los aumentos para observar los detalles de los cristales, se aprecia la textura de su superficie: alguna rugosidad pero, en término general, son lisos como los cantos en la playa.
Ácido tartárico, cristales aumentados

Terminamos esta entrada con el ferricianuro de potasio (K3[Fe(CN)6]), una sustancia también llamada rojo de Prusia. Se utiliza en fotografía -como agente oxidante en un proceso para eliminar la plata de los negativos y positivos) y para la preparación de pigmentos. 

Ferricianuro de potasio, como algas diatomeas con forma de barco
Al microscopio de polarización presenta, en las zonas menos densas, cristales alargados que parecen diatomeas de la especie Navicula, por eso de ser concreto que siempre queda bien.

Ferricianuro de potasio, exfoliación en cristales
Al pasar al objetivo de 20x se observa la superficie de los cristales, muy parecidos a la arena de playa. Muchos de ellos presentan una exfoliación que recuerda a la roca pizarra.

Ferricianuro de potasio, claroscuro
En zonas más densas abundan los claroscuros, zonas luminosas y oscuras cavernas; la vida misma contenida en un amasijo de cristales ¡quién lo diría!

Tras esta breve aunque carnosa reflexión, nos despedimos hasta la siguiente entrada sobre el libro Manual de Microscopía, con el que seguiremos explorando el mundo inorgánico acompañados por nuestro más fiel compañero inanimado: el microscopio.

PD: Como, en la actualidad, todo el mundo está utilizando la puñetera inteligencia artificial, uno, que no es inmune a la presión de los medios, necesitaba experimentar por sí mismo la tan supuestamente revolucionaria tecnología.

Manos a la obra, a ver qué sale. Me registro en la web leonardo.ai, por lo visto un sitio puntero de IA generativa de imágenes.

Tecleo un prompt, uséase ristra -como de morcillas- de palabras generativas, con la ligereza y seguridad que otorga la gratuidad del asunto: chemical products seen by a microscope with polarized light.

Sale esto, entre otras imágenes blandengues y surrealistas:

Imagen propia generada con leonardo.ai

Pues oiga, ni tan mal, aunque no tenga nada que ver con la realidad. Aún así, siento decir que ésta última es mucho, mucho más bonita e interesante porque implica un Misterio insondable, algo elusivo, que se escurre entre las manos. En la IA no hay misterio, únicamente algoritmos, trampas.

Aunque, pensándolo bien, ¿se podría introducir, como el alma en el cuerpo, el Misterio en los algoritmos? Ya veremos.

CONTINUARÁ

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